domingo, 29 de abril de 2007

LAS TORTUGAS NINJA


Guión y dibujos Kevin Eastman y Peter Laird
Colección de cinco tomos de 260 páginas B/N
Precio: 15 c/u
Norma Editorial  


Hablando con Kevin Eastman -creador de Las Tortugas Ninja junto con Peter Laird- en el Salón Internacional del cómic de Barcelona 2.004, éste me confesó que la razón de crear a los personajes se debió a que nos pareció a los dos la idea más disparatada y tontorrona de cuantas habíamos tenido hasta entonces. No sabíamos qué hacer y mientras estábamos ojeando un antiguo cómic de Daredevil nos llegó la “inspiración”. A partir de ahí, todo fue más fácil.

Estoy de acuerdo en la que la idea es, a todas luces, disparata –y mucho- aunque no creo que sea tan tontorrona como Eastman pensaba y, en cierta manera, piensa hoy en día, aunque le está tremendamente agradecido por lo que vino después.
En una época donde se trata de reinventar la post-modernidad, si es que alguna vez existió, y demostrar la cuadratura ya no del círculo sino del mismo concepto de cultura, Las Tortugas Ninja siguen siendo una brisa de aire fresco en medio de tanta deconstrucción y patrañas por el estilo.
Tengo claro que detrás de la mayoría de las críticas sólo se esconde la envidia de una industria –y unos aficionados- que no trata muy bien a quienes triunfan, sea de la manera que sea.

Con el paso de los años ha quedado claro que Eastman y Laird no pretendían crear el cómic definitivo, referente para las nuevas generaciones, o por lo menos no lo creo –sobre todo tras conversar con Eastman-.
Su interés era contar una historia de aventuras, plagada de referencias de la literatura, los cómics, el cine y la televisión de las últimas décadas del pasado siglo. Y para ello no se les ocurrió nada mejor que recurrir a las tan oportunas mutaciones producto de alguna malévola sustancia –tal y como indica el manual de estilo del maestro Stan Lee- y transformar a cuatro tortugas y una rata en unos héroes que rivalizarían con el mismo Bruce Lee.

El mismo origen de los personajes está calcado de Daredevil, uno de los personajes preferido de ambos autores –en especial Eastman-. De la colección de “El hombre sin miedo”, sobre todo de la etapa de Frank Miller, Eastman y Laird también se apropiaron de conceptos como el maestro Stick transformado ahora en la rata Splinter; el perverso clan del Pié, remedo de la mortífera Mano que entrenara a Elektra Natchios; y la propia dinámica de los enfrentamientos entre los seguidores de Shedder, líder del clan del Pié, y Splinter, al mando de sus tortugas ninja.
Las influencias de la obra Ronin, también de Frank Miller, se pueden ver desde la portada del primer número.
Después sólo quedaba añadir alguna invasión alienígena, científicos locos, una bella investigadora –April O´Neil-, un vigilante que recuerda en estética al Jason cinematográfico de Viernes 13, Casey Jones, y escoger un escenario –Nueva York y sus cloacas- para desarrollar la historia.

No negaré el atrevimiento de los autores en ponerle a sus creaciones mutadas nombres de los grandes creadores del renacimiento italiano, dado que en los EEUU la cultura general es cuanto menos demasiada especializada. Sus tortugas llevan nombres tan conocidos –o por lo menos deberían serlo- como Leonardo –en memoria de Leonardo Da Vinci-; Raphael –que comparte nombre con el pintor Raffaello Sanzio, pintor de la Madonnas renacentistas por excelencia-; Michelangelo –por el escultor y pintor, Michelangelo Buonarroti-; y Donatello, la tortuga creativa del grupo, que toma su nombre del reputado escultor renacentista de mismo nombre.

Dentro del grupo, Leonardo ejerce las labores de líder y hermano mayor, aunque todas nacieran el mismo día. Armado con dos afiladas katanas, siempre está dispuesto a defender al resto de sus compañeros. Raphael representa al anti-héroe del grupo, reflexivo y un tanto esquivo. Poseedor de una tremenda habilidad con los sais, Raphael es quien sigue de manera más fiel las enseñanzas del maestro Splinter en cuanto a la reflexión interior que todo ninja debe procesar.
Michelangelo es el polo opuesto de Raphael, una tortuga amante de la aventura, las peleas contra el clan del Pié, la pizza y los cómic. En su vida siempre hay tiempo para la diversión, aunque, cuando la cosa se pone fea, sus nunchakus rivalizarían con los del mismo Bruce Lee.
Donatello, tal y como ya hemos dicho, es el inventor del grupo. Muy bien podríamos denominarlo el McGyver del grupo, capaz de transformar una desvencijada furgoneta en un vehículo sacado de una película de ciencia ficción.

Junto a ellas, se sienta, siempre en actitud seria, pero condescendiente con sus jóvenes aprendices, el maestro Splinter. Lo de condescendiente y/ o tolerante viene por un dato que no hay que olvidar; el título original de la colección es Teenage Mutant Ninja Turtles- o, lo que es lo mismo, Tortugas adolescentes mutantes ninjas.
Está claro que un título así quedaría muy largo para traducirlo a nuestro idioma, pero al omitir dicho término se olvida que estamos tratando con jovencitos, dotados de caparazones, piel viscosa y habilidades de lucha propias de los míticos ninja, aunque sólo son unos adolescentes.

Otro dato a tener en cuenta es que Eastman tenía 22 años –Laird es ocho años mayor- cuando se publicaron por primera vez Las Tortugas Ninja, lo cual explica sus ganas de experimentar y, en cierta manera, de no pensarse mucho las cosas. Eastman tampoco dudó en utilizar referencias cinematográficas como las películas de ninjas que por aquel entonces comenzó a producir la recordada Cannon Group Inc, con títulos como Enter the Ninja, Revenge of the Ninja o American Ninja que llenaban los cines de todo el mundo.

Frank Miller confesó, en su día, que él se basó en películas clásicas del cine de Hong-kong como Ninja in the Dragon´s Den, las películas de samurais y las producciones de Bruce Lee para planificar sus secuencias de luchas en los números de Daredevil en los que apareció Stick, Elektra y La Mano y todo el mundo se quedó encantado.

Sea como fuere, Eastman y Laird presentaron su atrevida creación en una convención comiquera celebrada en el Sheraton Hotel de Portsmouth, New Hampshire, en 1.984. Dados sus recursos económicos se imprimieron tres mil copias del primer número, en blanco y negro, en un formato mayor del habitual para un comic-book para poder aprovechar las dimensiones del papel en su totalidad. El caso es que, casi el mismo día que el número se puso a la venta, aquel primer número se agotó, desatándose una auténtica fiebre verde entre los aficionados.
Un mes después, el precio de aquella primera edición -$1.50- se había multiplicado por cincuenta y sus autores, sin saber muy bien ni cómo ni por qué, pasaron a ser unas celebridades dentro del mundo del noveno arte.

Lo más curioso del caso es que la serie fue rápidamente adoptada por los más pequeños, algo que no deja de ser sorprendente merced a elementos como la violencia –tan patente como pudiera ser la del maestro Miller en Daredevil- cosa que nunca termina por gustar a los padres.
Encima, al ser una historia en blanco y negro, con un estilo a veces de difícil definición, tampoco se me antoja como aquella que más pudiera gustar a los pequeños de la casa. No obstante, Las Tortugas llegaron para quedarse y, dos décadas después continúan siendo un referente de la cultura popular contemporánea.

El resultado de todo supuso para ambos autores convertirse en multimillonarios y en capaces de poder decidir sobre su futuro profesional. La primera decisión fue desarrollar, de manera organizada, su editorial Mirage Studios –llamada así por el milagro de Las Tortugas- y comenzar una expansión que llevó a los personajes, además del formato grafico, a otros medios como el cine, la televisión, los videojuegos y el merchandising más variados.

Eastman compró la revista Heavy Metal y fundó el Words and Pictures Museum, el cual tiene como misión la conservación, exhibición e interpretación del noveno arte y todas sus influencias.
Después, tras abandonar Mirage, fundó la editorial Tundra, la cual debió cerrar sólo tres años después por la caradura de muchos autores que llegaron a cobrar sus buenas cantidades de dinero por trabajos que nunca se realizaron. Aquello le supuso un buen contratiempo a Eastman –dotado de una excesiva vena filantrópica – aunque, al final, allí estaban sus Tortugas para solucionar el entuerto.
En la actualidad trabaja junto a amigos como el siempre peculiar Simon Bisley, disfruta de la compañía de su mujer –la espectacular modelo Julie Strain- y no se olvida de cuidar a sus Tortugas.

Laird, por su parte, continúa formando parte del organigrama de Mirage Studios, interviniendo en el desarrollo de proyectos relacionados o no con las Tortugas Ninja, a la vez que es el responsable de Xenic Foundation, creada para la defensa de los derechos de autor de los artistas gráficos.

Cuando se anunció, durante el año 2006, que las Tortugas Ninja volverían otra vez más a las pantallas de los cines, también se dijo que tanto Eastman como Laird estarían involucrados en el proyecto como responsables de la historia.
La nueva aventura en pantalla grande de Las Tortugas Ninja está filmada en formato de animación digital y es responsabilidad de Kevin Munroe, acreditado animador que ha trabajado con las principales compañías relacionadas con la animación –desde Disney a Fox Kids, pasando por Cartoon Network, Nickelodeon y la compañía de Jim Henson-. Munroe está ahora involucrado en la adaptación, también en animación digital, de Gatchaman, más conocida en nuestro país como La batalla de los planetas o Comando-G.

La película ha contado con las voces de actores tan conocidos como Patrick Stewart, Laurence Fishburne, Sara Michelle Gellar, la actriz china Ziyi Zhang, el director Kevin Smith y el actor Mako Iwamatsu, rostro conocido por películas como Conan o Memorias de una Geisha –película en la que trabajó con Ziyi Zhang- entre muchas otras, y que también aportó su voz al personaje de Aku, en la magnífica serie de animación Samurai Jack.
Mako falleció poco después tiempo después de terminar su trabajo como voz del maestro Splinter, con lo esta película se ha convertido en su homenaje póstumo.
                                                                  
Tortugas Ninja, la película, se estrenará en nuestras pantallas en verano, De ahí que la editorial Norma se haya decidido a rescatar las historias gráficas originales y presentarlas en un nuevo formato añadiendo algunas de las series limitadas que fueron surgiendo tras su éxito inicial. Así, en los tomos que ya se han publicado, se recopilan los primeros diez números y la serie TMNT: Raphael. En las cuidadas ediciones de la editorial se incluyen las portadas originales, entre ellas la mítica primera portada, e ilustraciones de los personajes.

Quiero terminar esta reseña, en la que no he disimulado mi querencia por los personajes y la idea –además de haber visto las anteriores entregas cinematográficas y las series de animación- con unas palabras de los autores en respuesta a las acusaciones de quienes los tacharon de “unos vendidos cuando el éxito les sonrió”, olvidando sus raíces independientes. Cuando nos dimos cuenta de que los lectores estaban encantados con aquellas primeras cuarenta páginas que dibujamos nos sentimos satisfechos, pero muy sorprendidos. Nunca pensamos que aquello pudiera suceder. Pero ocurrió.
Otra cosa muy distinta es que los demás piensen que nos hemos olvidado de quienes somos y lo que queríamos hacer.
Lo que ocurre es que las cosas hay que aprovecharlas tal y como vienen y a nosotros nos llegó el turno con una idea tan loca como la de unas tortugas ninja adolescentes.


Y, vista su trayectoria profesional, ha quedado claro que tanto Eastman como Laird han invertido sus tremendas ganancias en promover la difusión del noveno arte, defender los derechos de autor o darle la oportunidad a muchos nuevos autores para que publiquen. Todo ello indica que el dinero y la fama no les acarreó una oportuna amnesia como sí ha ocurrido con otros artistas.

Además, leídas veinte años después, Las Tortugas Ninja siguen siendo una lectura amena, dinámica y llena de guiños a los cómics, el cine y la televisión.
¿O será que nos estamos olvidando de disfrutar del placer de leer un cómic tan divertido como éste?

Agradezco a Norma Editorial las falicidades dadas para redactar esta reseña y la imagen de portada

Teenage Mutant Ninja Turtles © and TM Mirage Studios 2010

1 comentario:

  1. un apunte que por favor es para ti asi que despues los borras Mirage significa Espegismo no Milagro. no entiendo la relacion con lo del milagro de las tortugas.
    repites en dos ocasiones lo de emular al mismisimo Bruce Lee y queda mal.
    Magnifica propuesta esta de reencontrarse con estos originales heroes con mayusculas ademas las tortugas me pillaron en plena boragine de su exito. Aunque debo decir que las conoci gracias a otro invento en alza por aquellas calendas como fue la Game Boy y su primera incursion en el mundo de los videojuegos. Luego llego la pelicula y la serie animada incluso recuerdo haber oido hablar de su fama en su momento en el telediario de la primera. Mucho mas tarde supe que todo habia salido de un comic, y el mundo cambio de optica para mi pues si hasta entonces adoraba a esos personajes luego admiraria aun mas a sus creadores que forman ya parte de los que han hecho grande al comic junto a nombres como James O´Barr y su inolvidable El Cuervo, otra joyita surjida del lodo primigenio del comic independiente y que escapo loco del mismo tipo de linchamiento moral al que sometieron a Kevin Eastman. Me viene a la memoria un dialogo de la pelicula Dragon Heart cuando al cobrar el caballero Bowen su paga como matadragones Un fraile le pregunta "¿Tu honor tiene un precio, mi señor? a lo que Bowen responde: "No. pero tiene gastos. El honor no llena mi estogamo ni pone herraduras a mi caballo". Nuf said o dicho en nuestras latitudes ¡A callar !

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