sábado, 2 de junio de 2007

EL ORGULLO DE BAGDAD



Guión: Brian K. Vaughan
Dibujo: Niko Henrichon
Tomo de 136 páginas a color
Precio: $19,99/ 14,95€
Verigo/ DC Comics
Planeta DeAgostini


El martes 22 de abril del año 2.003, efectivos de la tercera división de infantería del ejército de los Estados Unidos abatieron, mientras patrullaban la ciudad, a cuatro leones escapados del zoológico de Bagdad. Los ejemplares, un león, dos leonas adultas, y una cría fueron avistados por los soldados y, al comprobar que dos de estos animales comenzaban a correr en su dirección, descargaron el fuego de sus armas sobre ellos.  Estos leones escaparon, junto con más de un centenar de animales, de las instalaciones del parque zoológico de la ciudad, tras los bombardeos de la aviación estadounidense. Así mismo, en las calles de la ciudad, se encontraron cerca de una docena de briosos caballos de pura raza, pertenecientes a las cuadras privadas del, hasta entonces, líder del país, Saddam Hussein, y otros animales, pertenecientes a la reserva privada de Uday, hijo del dictador.  

Fuentes consultadas: CNN y BBC World, ambas en su versión digital.  

Ahora, por un momento, piensen en las motivaciones que recorrieron las mentes de estos leones, los cuales abandonaron, bruscamente, sus jaulas para salir hacia una libertad totalmente incierta y que no les acababa de convencer, por lo menos a Safa, una leona ya entrada en años.

Para ella, la vida en libertad no le reportaba buenos recuerdos. Es más, su ojo ciego –tras un enfrentamiento con un pendenciero macho- se alzaba como un recordatorio de los peligros que el mundo exterior podía esconder. Frente a su visión se encontraban los deseos de libertad de Zill, un macho que a duras penas recordaba lo que era un atardecer en libertad, y Noor, una joven leona, madre de Alí, que llevaba tiempo tratando de llegar a un acuerdo con otros animales para abandonar aquella prisión.  

Poco podía pensar Noor que la libertad que ansiaba para su hijo llegaría de mano del animal humano –de la misma raza que quienes se encargaban de cuidarles, cada mañana- a lomos de unos estridentes y destructivos pájaros. Después, tras unos momentos de asombro y cierto estupor, la libertad estaba al alcance de su mano. Poco importó la sentencia de la vieja Safa en relación a lo sucedido, La libertad no se otorga, es algo que se debe ganar. Aquélla era la oportunidad que estaban esperando y no era cuestión de desaprovecharla.  

Lejos de las rejas y las paredes de las jaulas, el mundo exterior se abrió ante ellos como un lugar inhóspito y lleno de referentes y misterios que no poseían ningún valor para los recién llegados. Incluso, sus encuentros con otros animales, como la tortuga que emerge procelosa del río Tigris para reclamar su espacio, les pinta un panorama nada halagador. Ésta les cuenta la verdadera realidad que se esconde tras el mal llamado “animal racional”, el responsable de la muerte de toda su familia. No obstante, por si les quedaba alguna duda, las divisiones acorazadas de la guardia republicana iraquí -asolando el terreno a su paso y todo lo que sobre él pudiera encontrarse- se encargan de demostrarles lo poco apetecible que puede resultar su nuevo escenario.  

De todas maneras, donde el cambio se torna más radical es en las desiertas y destrozadas calles de la capital del país, llenas de los escombros de un sistema que poco pudo hacer frente al avance de la maquinaria bélica de los Estados Unidos. En los pocos edificios que aún se mantienen en pié, el grupo de felinos se encontrará con la versión “animal” del régimen de terror liderado por Saddam Hussein –simbolizado en Rashid, el león escuálido y torturado, y Fafer, el enorme oso pardo que ahora ejerce como líder del desierto palacio presidencial-.

Ambos son una recreación de los comportamientos del desaparecido dictador, aunque muy bien podrían simbolizar los atropellos cometidos por las tropas americanas contra los prisioneros iraquíes, tras el fin de la contienda.  Al final, la ansiada libertad, prometida durante los momentos previos a la invasión, se tornó en una nueva manera de sumisión y control sobre la población del país. Cambiaron los colores de las banderas, pero no las intenciones para con los habitantes del lugar, se podría concluir. 

La salida del palacio, tras el enfrentamiento con Fafer, significará el comienzo del final de la escapada para el grupo de felinos, incapaces de oponerse al avance de la civilización, simbolizada, ésta, en las tropas de ocupación. Sólo les quedará tiempo para poder contemplar el atardecer… ¿en libertad? 

El orgullo de Bagdad, novela gráfica creada al alimón por el reconocido guionista Brian K. Vaughan –responsable de Y: the last man y Ex machina- y del dibujante Niko Henrichon, conocido por su trabajo en Barnum; agente secreto en el siglo XIX, se nos presenta como una de las más impactantes propuestas llegadas al mercado gráfico. Publicada bajo el sello Vertigo de la editorial DC Comics, y ahora publicada en España por Planeta DeAgostini, El orgullo de Bagdad, da toda una vuelta de tuerca a la visión que hasta ahora teníamos del inacabado conflicto que todavía se libra en Irak.   

El que los protagonistas sean unos leones, acompañados de otras especies como monos u osos, en nada los termina diferenciando de animales como los humanos. Las experiencias que, calladamente, recuerda Safa mientras la libertad llega en forma de caza-bombarderos F-18, no es muy distinta que la de muchas mujeres en demasiadas partes del mundo actual. Su ojo ciego bien pudiera formar parte de los rostros de las mujeres desfiguradas por los efectos del ácido, víctimas del enfermizo comportamiento de los varones con los que conviven.  

Las dudas ante el incierto futuro, la supervivencia, a costa de la libertad –todo un símil de la vida bajo los efectos de un sistema dictatorial- o la lucha a muerte contra un enorme y pendenciero oso, el cual parece haber copiado los comportamientos de sus captores, son estampas que nos sirven para identificar la realidad, anterior y actual de un lugar como Irak.

En aquel nuevo escenario, sólo sobreviven los mejores, los más aptos, los mejor armados. Y, a pesar de ser considerados como el símbolo que defenderá a la ciudad de cualquier mal, los felinos no son rivales para quienes marchan con paso firme por las calles y los tejados de la ciudad.  

En cuanto a lo que concierne al realista y naturalista grafismo que impregna cada una de sus páginas, éste está puesto al servicio de la narración, como si se tratara de una crónica periodística sobre lo que les ocurrió a aquellos leones escapados del zoológico de Bagdad.

Henrichon ejerce de cámara subjetivo, fotografiando las andanzas del grupo y parándose en algunos detalles que, raramente, se han podido ver en las pantallas y en los diarios de todo el mundo. Su realidad está tomada a pie de calle, al nivel mismo del suelo, donde ningún decorador la puede embellecer ni alterar.  

Obra intensa, de obligada lectura y posterior reflexión sobre un episodio –la invasión de Irak- que todavía no ha dicho su última palabra.  Seguro que si escuchásemos lo que nos tienen que decir los animales, “convidados de piedra” de nuestros desmanes, aprenderíamos muchas cosas sobre nosotros mismos. Aunque me temo que no nos gustaría lo que nos pudieran decir.

PRIDE OF BAGHDAD © and TM Vertigo/ DC Comics 2006

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