jueves, 30 de agosto de 2007

GUN CRISIS

Guión, dibujo y tinta: Kanzaki Masaomi
Tomo en blanco y negro de 214 páginas
Banzai Comics


Konosuke Inagaki es un buen policía, aunque con un pequeño defecto: no duda en vaciar el cargador de su arma ante el más mínimo problema. Ello le ha acarreado muchas recriminaciones y el quedarse sin trabajo.
Sin embargo, al juntar su camino con el veterano Koshiro Hashimoto, Inagaki deberá recurrir a todo su talento, si quiere salir vivo de la misión.

Tráfico de armas, drogas de diseño, asesinos psicópatas y Yakuzas renegados conforman la primera parte GUN CRISIS, apasionante manga publicado por BANZAI COMICS.

La acción bebe de películas como The Killer y Hard Boiled, ambas de John Woo, o la saga Arma Letal. También se pueden ver elementos de otras historias gráficas, como Santuario, de Syo Fumimura y Ryochi Ikegami. Donde Gun Crisis se aleja de otras propuestas es en la crudeza con la que muestra los efectos de la adicción a las drogas y todo el submundo que se mueve alrededor de ellas.

En su segunda parte del tomo, subtitulada Terrorista, conoceremos las peripecias del grupo de operaciones especiales Katsuki. Dicho escuadrón está formado por hombres y mujeres entrenados para hacer frente a los más arriesgados encargos, muchos de los cuales, bordean la ilegalidad.
Asistiremos a tres historias del grupo.

En la primera seremos testigos de una típica misión del escuadrón, efectuada con la contundencia que de ellos se espera. En los dos siguientes, Guerra del Golfo y El halcón azabache, el escuadrón Katsuki se verá envuelto en una trama que mezclará los sucios manejos de los gobiernos –y los grandes grupos económicos- con las intrigas de los servicios secretos. El resultado obligará a sus integrantes a sortear todo tipo de trampas y a desconfiar de cualquiera que se cruce en su camino.

Sólo queda tiempo para ponerse a salvo, sin importar los medios y quien se quede por detrás.

GUN CRISIS es un manga dinámico  donde la acción es predominante. No obstante, sus diálogos están llenos de referencias a muchos de los acontecimientos que, hoy en día, llenan los titulares de los medios de comunicación.  De ahí su doble valor y el acierto de su publicación en nuestro país.

lunes, 20 de agosto de 2007

30 DIAS DE NOCHE: Regreso a Barrow

Steve Niles y Ben Templesmith
Devir Iberia, S. L.


¿Se acuerdan de un remoto pueblo llamado Barrow, situado en lo más profundo del estado de Alaska?¿Un lugar donde la noche y el día se miden por meses, no por horas, y donde los no-muertos encontraron el paraíso perfecto hace sólo unos años?

Pues, tras las dos primeras entregas de esta inquietante saga, nos llega ahora Retorno a Barrow, continuación de las pesadillas que cada invierno se viven en aquel remoto lugar.
Esta vez asistimos al regreso de Brian Kitka, hermano de William Kitka, el cual murió durante el primero de los ataques vampíricos.

Kitka regresa a Barrow, su pueblo natal, como sheriff buscando respuestas que expliquen el comportamiento de su hermano en sus últimos momentos.
Los lugareños supervivientes ven al recién llegado como un ave de paso que se marchará nada más descubrir el oscuro secreto que atenaza la memoria del lugar. Sin embargo, entre los vampiros los cosas tampoco marchan bien.

Son muchos los que temen por la salvaguarda de su secreto tras el libro escrito por la mujer de Eben, el sheriff de Barrow cuando el comentado primer ataque y que, tras perder a su marido emprendió una campaña para desenmascarar a los chupa sangre, allá donde se encontraran.
Tal y como están las cosas, lo mejor es volver al punto de partida y terminar con lo que se dejó a medias, piensan los líderes de los vampiros.

La única solución es volver a Barrow para zanjar los cabos sueltos, sin importar los que suceda después.
Mientras tanto, Kitka descubrirá tarde el secreto que su hermano se llevó a la tumba, lo cual le obligará a luchar junto con el resto de habitantes del pueblo contra la invasión de los no-muertos.

¿Conseguirán los humanos, por segunda vez, repeler el ataque de los hijos de la noche?

Éstas y otras respuestas se encuentran en esta entrega, escrita con el mismo puso firme por Steve Niles y dibujada por Ben Templesmith con esa  inquietante mezcla de blanco y gris, salpicados por manchones de color que recuerdan a las manchas de sangre dejadas por los vampiros.

Un trabajo sobresaliente por ambas partes, que tendrá su adaptación cinematográfica de la mano del director y productor Sam Raimi.

domingo, 12 de agosto de 2007

BECARIOS. ESE TITULO ES MIO

Eduardo González Rodríguez
Tomo recopilatorio encuadernado en rústica
Editorial: Ediciones IDEA
Precio: 11,95 €


En los títulos de crédito de las producciones cinematográficas y televisivas suelen colocar una frase que reza de la siguiente manera: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia o los personajes aquí reflejados no están basados en nadie en particular, siendo una invención del/ los guionista/ s.
Sin embargo hay casos en los que, por mucho que el autor se empeñe, resulta imposible no reconocer a determinados especimenes que pueblan, por ejemplo, los pasillos de buena parte de las facultades superiores españolas.

Y ese es el caso de Becarios, ¡Ese título es mío!, álbum en el que se recopilan las tiras de prensa aparecidas en el suplemento 2C del diario tinerfeño La Opinión.
El responsable de perpetrar una atentado contra la memoria selectiva de muchos exalumnos universitarios (aquella que borra episodios demasiados surrealistas como para ser aceptados como realidad) es un dibujante, guionista y mejor persona llamado Eduardo González.
Se carrera comienza en la ciudad que le vio nacer hace ya casi, cuatro décadas, nada más ver un lápiz, pertinaz sustituto del chupete convencional.

De ahí que tras sus estudios primarios y secundarios, Eduardo, como otros muchos antes que él, decidió ingresar en la facultad de Bellas Artes, pensando (iluso de él) que allí le enseñarían a dibujar.
Tras la experiencia, tan enriquecedora en anécdotas como inútil en otras facetas, comienza su periplo por diversos fanzines y revistas, publicando en Azote, Como vacas mirando al Tren (Nº451), Cocainc y artículo 21.

Sin saber muy bien la razón, en el 1.999, a punto de cambiar de siglo, conoce a Patricio García Ducha y comienza su tarea como dibujante de tiras de prensa, oficio tan antiguo como el de sepulturero o el de chico de compañía -aunque mejor pagados, ese último,  que el de dibujante de cómic-.
Primero sería la tira Becarios, en la que Eduardo ejerce de autor completo, cediendo el testigo de los guiones a Patricio G. Ducha en su siguiente trabajo, La Venta de Floro.
Ciñéndonos a su trabajo en Becarios, la acción se desarrolla en una facultad cualquiera, la de Bellas Artes, por poner, lugar ocupado por una variopinta fauna de personajes, tan reales como esperpénticos.

Alguno podría pensar que Becarios carga las tintas en determinados personajes, sobre todo en un catedrático que se considera tan importante como Julio César al cruzar el rubicón y en un eterno estudiante de derecho, el cual vive sin agobios al tener su futuro resuelto.
No obstante, nadie escapa al ácido y oportuno vapuleo del autor, capaz de convertir una anécdota cualquiera, en un verdadero imaginario de la realidad de la enseñanza superior de nuestras latitudes.

En sus tiras hay sitio para las inquietudes ideológicas, lúdicas, académicas e, incluso, las artísticas de un grupo de personajes, los cuales han adquirido vida propia, en palabras de su autor. Mis personajes han llegado a buscarse la vida ellos solos. No es broma, acaban creciendo por su cuenta. Y cuando miras atrás te das cuenta de cómo se han ido desarrollando y te sorprende, confiesa el autor.

Una vez leídas todas y en conjunto, sale a la luz una disparatada, ocurrente y acertada radiografías de todos los que aceptamos el reto de pasar por una facultad, buscando un futuro que tiempo atrás había cambiando de dirección.
A pesar de ello, Eduardo demuestra que, debajo de una cierta pátina de cinismo, se esconde un romántico convencido que cree que las cosas pueden cambiar y descubrir el sol detrás de la tormenta.

En el plano profesional, Becarios supuso para González su primer trabajo profesional, acotado a la complejidad de contar una pequeña historia en tan solo cuatro viñetas.  Contar un historia en cuatro viñetas y que, además, tenga gracias, es muy....
El caso es que Eduardo le gustó la experiencia (ser extraño que es él) y tras sus Becarios, a la busca del esquivo título que da nombre al recopilatorio recién publicado, decidió que Dónde caben uno, caben dos y se lanzó al vacío, sin red y con Patricio G, Ducha de copiloto, dibujando la mencionada Venta de Floro.

Entre medias se encuentra su obra inconclusa, La Papelera, como la de todo autor maldito y recordado que se precie, mezcla de gore-movie con toques de frekkie comiquero y cine negro afrancesado.
El autor confiesa que le queda poco para terminarla, pero algunos pensamos que es la misma excusa que ponen algunos de sus Becarios, prolongando su estancia en la facultad, sabedores que cuando la abandonen, la realidad no les tratará con vehemencia, precisamente.

Por mi parte sólo les puedo recomendar una obra tan amena como ocurrente y llena de dobles lecturas, tan del gusto de su autor (aunque él se repita en algunas cosas)
De paso, si la compran, ayudarán a que el autor cumpla su deseo de convertirse en un dibujante de éxito (y con mucho dinero) abandonando su respetado estadio de “maldito” por el de multimillonario complaciente.

Aunque, por ahora, su situación pasa por tener muchos proyectos, algunos muy buenos, la cartera vacía y el futuro, ¡aaaaaaaaaaaaaaaaah!

jueves, 2 de agosto de 2007

LA HISTORIA DE LOS SPAWN# 29 Y 30

Dejando a un lado los gustos personales sobre un determinado autor del mundo del cómic (a cada uno le puede gustar quien quiera) nunca he disimulado el que me gusta el trabajo de Todd McFarlane (desde los tiempos en que descubrí su imposible Spider-man)

También es de recibo reconocer su querencia por tocar temas, sobre todo tras la creación de su demoniaco personaje Spawn, los cuales no suelen aparecer en las páginas de un comics book.

Con el paso de los años el dibujante ha ido aparcando sus lápices para centrarse en tema mucho más rentables y que colocan su imagen pública a la misma altura que los productos que venden sus empresas.
De todas maneras ello no debería acarrear el olvido de algunos de sus atrevimientos narrativos

El primero de todos llegó la quinta entrega de la serie Spawn, número en el que aparecía el asesino de niños Billy Kincade. La peculiar concepción de la justicia aplicada por el ex soldado de Malebolgia le hizo merecedor al artista de toda una serie de epítetos que fluctuaban entre tacharle de fascista, reaccionario y lindezas por el estilo.

No entraré en consideraciones morales sobre la manera de actuar de Spawn, un demonio sin las mismas trabas morales que los humanos.
Lo único que digo es que dudo que McFarlane justificara con el final de la historia para un caso similar en nuestra sociedad, aunque el personaje de Kinkade no se mereciera un final mejor.

De todas formas, McFarlane no se quedó contento y tras la experiencia decidió plantear otros problemas tan reales como ocultos en la bien pensante sociedad norteamericana.
La verdad es que no se lo que McFarlane se planteó al escribir los guiones de los dos números que dan título a la columna.

Puede que solo tomara la inspiración de cualquiera de los periódicos que se publican en su lugar de residencia (McFarlane es canadiense de nacimiento) y de ahí le vinieron las ideas. Les contaré de qué van.
El número 29  (26 en la numeración española) se titula Padre y detrás de tan emotivo título, se esconde unas de las realidades más lamentables de cuantas se esconden en la trastienda de las relaciones humanas: los maltratos, en este caso a los niños.

La trama comienza con un Spawn recién llegado de una batalla entre el bien y el mal (para los que no conozcan la historia, Spawn, antes Al Simmons, fue devuelto a la vida por Malebolgia, líder de los infiernos, quien le dotó de poderes para que liderada sus fuerzas en el dominio del mundo de los humanos.
No obstante, Simmons, no acepta y comienza una lucha en contra de la demoníaca figura y, también, en contra de las huestes del cielo) y es encontrado por el pequeño Andy Frank, el cual vive con su hermano mayor Eddie y su respetado padre, el agente de la policía Joe Frank.

Lo que la gente no sabe (o no quiere ver, más si se tienen en cuenta las marcas que trata de esconder el pequeño Andy) es que el respetable agente y padre, no es más que un cabestro alcoholizado que no duda en sacar su arma para amenazar a sus hijos.

Entre medias, McFarlane no duda en colocar a la comunidad, la cual se reúne cada domingo en torno al sermón parroquial, y que permanece ciega a las muestras de abusos, cada día más palpables y repetidos (camuflados, según sus palabras, en los duros juegos de ambos niños)

Pero la situación cada día va a peor y el mayor de los niños es consciente de que, un día, todo se le puede ir de las manos a su padre y será su indefenso hermano menor quien lo acabe pagando.
Claro que el bueno del agente Joe no tenía ni idea del descubrimiento de sus hijos en su jardín y de los problemas que supone tener a un ser demoníaco como testigo de sus abusos (el cual, en su vida humana, también cometió el imperdonable error de pegar a Wanda, su mujer, por la que renegaría, una vez recuperado, del control de Malebolgia)

Así, tras abandonar el bar una noche (donde todos lo consideran un buen tipo, merced a los favores que les hace) Spawn decide tener una conversación con el personaje, en medio de un callejón y cambiando los papeles.

Ahora Joe Frank es la víctima y está a merced, como cada día los están sus hijos, de la voluntad del engendro. Pero Simmons no quiere repetir los errores pasados y le da una oportunidad, no sin antes dejarle un recuerdo para que todos vean cual maravilloso es el bueno de Frank. Lo malo es que, tras esto, Spawn decide irse de la ciudad, dejando a los niños solos con su padre.

Lo peor es que hay momentos en que las palabras ya no sirven de nada y, si encima hay una arma en la casa, el resultado no deja de ser catastrófico.
Pero al final nadie tiene la culpa. Nadie escuchaba los gritos de los niños, ni veía llegar al padre borracho, ni notaba los moretones en las caras de los infantes, un día sí y otro también. -Son los hijos del bueno de Joe y nada malo les puede pasar- decía una persona antes del desenlace.

El número treinta (27 español) lleva a Spawn hasta el sur más profundo, territorio del benditamente nauseabundo K.K.K, también conocido como el Clan.
Allí, nada más llegar, se encuentra con un grupo de encapuchados, en pos de la limpieza de su tierra, tratando de convencer, con el fuego purificador, a un residente afroamericano, para que abandone sus tierras.

La llegada de Spawn pondrá en jaque a los aguerridos combatientes, quienes, tras abatirlo, pensarán que sus problemas han sido temporales.

Además, ¿quién se atrevería a cuestionar sus métodos si su líder es el juez del condado?

Pero los caminos del demonio son aún más insondables que los del Señor y, antes de que puedan reaccionar, Simmons empieza su particular lección de buenos modales con los integrantes del Clan, dejando lo mejor para el mezquino juez Zachary Missen.

Simmons, como Amstrong, el inquilino de la granja que el clan quiere “expropiar“, también es afroamericano y conoce el trato que todavía hoy se les dispensa a los de su raza por gran parte de la sociedad. Por ello, al atrapar al juez, su determinación es clara: -conozco bien a los de tu especie. ¿sabes? No hay nada que os entre en esos cerebros racistas... excepto una cosa. EL MIEDO-

Dicho esto, le obsequia con toda una sorpresa al juez y a sus amigos... aunque da la sensación de que no todos lo entenderán igual.

Como verán, los contenidos de ambas historias son del todo menos infantiles y carentes de mensaje, demostrando que también los comics sirven para contar historias reales.

Pero, como dije al principio, cada cual entiende lo que quiere y saca las conclusiones que puede.
El caso es que, mientras se pensaba que las críticas iban a llegar del lado de los defensores de la Supremacía blanca, o similares,  la andanada vino ocasionada por las encendidas críticas de una tal Dra. Mary Willians (que debía ser discípula del deleznable autor de La seducción del inocente, disculpa en forma de libro, utilizada por el senador  McCarthy y los suyos para perseguir a la industria de los comics en la caza de brujas) quien tras encontrar un ejemplar del mencionado Spawn en manos de sus hijos, comenzó una campaña en pos de quemar todos los ejemplares (como en el relato de Bradbury) además de cartas al Senado, entrevistas y todo el circo mediático de costumbre.

Cuando se tocan temas como éstos es normal que no todos lo entiendan de la misma manera. Lo penoso del tema es que la individua había montado todo este circo porque en el texto se podía leer palabras malsonantes como puta negra, mono negro o negrata (darkie en inglés) el resto le daba igual.

Ante tal muestra de ignorancia (o de no querer ver la realidad y disfrazarla de un falso puritanismo verbal) los profesionales se pusieron manos a la obra y enemigos declarados de McFarlane como el guionista y columnista Peter Davis, salieron en su defensa para pararle los pies a la indignada progenitora que estaba demostrando que la ignorancia es demasiado atrevida.

Será por ello, que en nuestro país, se le suele tildar al cómic, no importa el autor, ni la historia, ni el país de procedencia, de entretenimiento para niños (mientras que otras cosas son síntoma de madurez suprema) sin tener en cuenta los valores que encierra y lo que puede enseñar, más allá de tipos con mallas, saltando de azotea en azotea.
                                                                   
O, a lo mejor es precisamente eso, al igual que la mencionada señora, desviar la atención de su validez para así continuar perpetuando los rancios valores que permiten que cosas como las narradas en estos dos números, todavía se repitan en nuestro tiempo.
¿Ustedes qué piensan?

Agradezco a Juan Pedro Rodríguez Marrero (ilustración número 3) y a Daniel Fumero (cuatra ilustración) las dos imagénes que reproducen al personaje de Spawn y al mismo Todd McFarlane, las cuales fueron hechas para el monográfico dedicado al autor -y publicado por Dolmen Editorial- y que al final no pudieron formar parte de dicha publicación.