domingo, 12 de agosto de 2007

BECARIOS. ESE TITULO ES MIO

Eduardo González Rodríguez
Tomo recopilatorio encuadernado en rústica
Editorial: Ediciones IDEA
Precio: 11,95 €


En los títulos de crédito de las producciones cinematográficas y televisivas suelen colocar una frase que reza de la siguiente manera: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia o los personajes aquí reflejados no están basados en nadie en particular, siendo una invención del/ los guionista/ s.
Sin embargo hay casos en los que, por mucho que el autor se empeñe, resulta imposible no reconocer a determinados especimenes que pueblan, por ejemplo, los pasillos de buena parte de las facultades superiores españolas.

Y ese es el caso de Becarios, ¡Ese título es mío!, álbum en el que se recopilan las tiras de prensa aparecidas en el suplemento 2C del diario tinerfeño La Opinión.
El responsable de perpetrar una atentado contra la memoria selectiva de muchos exalumnos universitarios (aquella que borra episodios demasiados surrealistas como para ser aceptados como realidad) es un dibujante, guionista y mejor persona llamado Eduardo González.
Se carrera comienza en la ciudad que le vio nacer hace ya casi, cuatro décadas, nada más ver un lápiz, pertinaz sustituto del chupete convencional.

De ahí que tras sus estudios primarios y secundarios, Eduardo, como otros muchos antes que él, decidió ingresar en la facultad de Bellas Artes, pensando (iluso de él) que allí le enseñarían a dibujar.
Tras la experiencia, tan enriquecedora en anécdotas como inútil en otras facetas, comienza su periplo por diversos fanzines y revistas, publicando en Azote, Como vacas mirando al Tren (Nº451), Cocainc y artículo 21.

Sin saber muy bien la razón, en el 1.999, a punto de cambiar de siglo, conoce a Patricio García Ducha y comienza su tarea como dibujante de tiras de prensa, oficio tan antiguo como el de sepulturero o el de chico de compañía -aunque mejor pagados, ese último,  que el de dibujante de cómic-.
Primero sería la tira Becarios, en la que Eduardo ejerce de autor completo, cediendo el testigo de los guiones a Patricio G. Ducha en su siguiente trabajo, La Venta de Floro.
Ciñéndonos a su trabajo en Becarios, la acción se desarrolla en una facultad cualquiera, la de Bellas Artes, por poner, lugar ocupado por una variopinta fauna de personajes, tan reales como esperpénticos.

Alguno podría pensar que Becarios carga las tintas en determinados personajes, sobre todo en un catedrático que se considera tan importante como Julio César al cruzar el rubicón y en un eterno estudiante de derecho, el cual vive sin agobios al tener su futuro resuelto.
No obstante, nadie escapa al ácido y oportuno vapuleo del autor, capaz de convertir una anécdota cualquiera, en un verdadero imaginario de la realidad de la enseñanza superior de nuestras latitudes.

En sus tiras hay sitio para las inquietudes ideológicas, lúdicas, académicas e, incluso, las artísticas de un grupo de personajes, los cuales han adquirido vida propia, en palabras de su autor. Mis personajes han llegado a buscarse la vida ellos solos. No es broma, acaban creciendo por su cuenta. Y cuando miras atrás te das cuenta de cómo se han ido desarrollando y te sorprende, confiesa el autor.

Una vez leídas todas y en conjunto, sale a la luz una disparatada, ocurrente y acertada radiografías de todos los que aceptamos el reto de pasar por una facultad, buscando un futuro que tiempo atrás había cambiando de dirección.
A pesar de ello, Eduardo demuestra que, debajo de una cierta pátina de cinismo, se esconde un romántico convencido que cree que las cosas pueden cambiar y descubrir el sol detrás de la tormenta.

En el plano profesional, Becarios supuso para González su primer trabajo profesional, acotado a la complejidad de contar una pequeña historia en tan solo cuatro viñetas.  Contar un historia en cuatro viñetas y que, además, tenga gracias, es muy....
El caso es que Eduardo le gustó la experiencia (ser extraño que es él) y tras sus Becarios, a la busca del esquivo título que da nombre al recopilatorio recién publicado, decidió que Dónde caben uno, caben dos y se lanzó al vacío, sin red y con Patricio G, Ducha de copiloto, dibujando la mencionada Venta de Floro.

Entre medias se encuentra su obra inconclusa, La Papelera, como la de todo autor maldito y recordado que se precie, mezcla de gore-movie con toques de frekkie comiquero y cine negro afrancesado.
El autor confiesa que le queda poco para terminarla, pero algunos pensamos que es la misma excusa que ponen algunos de sus Becarios, prolongando su estancia en la facultad, sabedores que cuando la abandonen, la realidad no les tratará con vehemencia, precisamente.

Por mi parte sólo les puedo recomendar una obra tan amena como ocurrente y llena de dobles lecturas, tan del gusto de su autor (aunque él se repita en algunas cosas)
De paso, si la compran, ayudarán a que el autor cumpla su deseo de convertirse en un dibujante de éxito (y con mucho dinero) abandonando su respetado estadio de “maldito” por el de multimillonario complaciente.

Aunque, por ahora, su situación pasa por tener muchos proyectos, algunos muy buenos, la cartera vacía y el futuro, ¡aaaaaaaaaaaaaaaaah!

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