martes, 11 de septiembre de 2007

EL INFORME DEL 11-S

Una novela gráfica de Sid Jacobson y Ernie Colón
Tomo de 128 páginas en tapa dura con sobrecubierta.
Panini Comics


Se cumplen seis años del brutal atentando perpetrado sobre las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York y el Pentágono, y el mundo no es un lugar mejor. Los intentos de la actual administración norteamericana –apoyada por diversos países del globo- en su lucha contra la amenaza terrorista se han topado con bastantes más fracasos que victorias, algo que se ejemplifica muy bien en la actual contienda de Iraq.

Seis años después, los principales responsables del ataque al corazón del poder económico norteamericano –el WTC neoyorquino- y el emblemático edificio del Pentágono –símbolo del poder militar- continúan en libertad y amenazando la estabilidad de nuestra sociedad.

Además, cada son más la voces que se alzan en contra de las actitudes tomadas después del atentado, tanto en relación a las contiendas desatadas tras el ataque -en especial la que se libra en Iraq- como contra el maltrato que sufren los supuestos integrantes de Al Qaeda y otros grupos terroristas, y cuyo mayor ejemplo es el recinto habilitado en la base cubana de Guantánamo.

Para añadir más leña al fuego, el trabajo de los expertos encargados por la administración americana para evaluar el comportamiento de las autoridades, antes y después del11/S, tampoco dejan en muy buen lugar a los últimos gabinetes presidenciales en su lucha contra la amenaza terrorista.
                  
Éste es el caso del informe elaborado por una comisión presidida por Thomas H. Kean y Lee H Hamilton sobre las causas, razones y derivaciones posteriores de un atentado como el del 11 de septiembre del año 2.001. 

Dicho informe, presentado a la opinión pública en 22 de julio del 2.004, ha sido posteriormente adaptado como una novela gráfica, algo realmente novedoso, dado el contenido del mismo.

Lo primero que es relevante, en un momento en el que muchos medios de comunicación norteamericanos continúan sometidos a una “velada censura” sobre los acontecimientos que se desarrollan en la contienda de Iraq, es el su propósito inicial.

El objetivo de la comisión nacional de investigación era narrar los acontecimientos acaecidos el 11-S de una forma accesible e inteligible. Albergábamos la firme convicción de que uno de los sucesos más relevantes y trágicos de la historia debía hallarse al alcance de todos.

Nos complace afirmar que los responsables de esta adaptación logran transmitir buena parte de la información contenida en el citado informe.
Los autores han logrado respetar la fidelidad de las conclusiones, así como el espíritu y el tono general del informe.

                 
La novela gráfica de Jacobsen y Colón está dividida en trece capítulos en donde se realiza un recorrido por los sucesos de aquel día, sus causas y sus consecuencias. Hay que admitir que el lenguaje utilizado puede ser, en algunas ocasiones, un tanto completo, dada la cantidad de datos, siglas, organismos y personajes que se nombran.

Está claro que no nos encontramos ante una novela gráfica común -protagonizada por superhéroes o narrando una historia cotidiana- sino ante una adaptación gráfica de un minucioso informe sobre un suceso como el del 11/S. Aún así considero que el tono general de la obra es asequible para todo aquel que quiera entender, una manera razonada las causas del atentado contra las torres gemelas.

Como ya he dicho, son muchos los datos aportados por la comisión, la cual ha estado sujeta a muchas críticas –sobre todo por los responsables de la administración- pero algunos sobresalen más que otros.
Queda claro que los sistemas de defensa no funcionaron como se esperaba, ni las líneas de comunicación.
La mayoría de los responsables políticos se enteraron del ataque por la CNN y algunos de ellos permanecieron ajenos a la toma de decisiones hasta horas después del ataque.

Las líneas aéreas y organismos como la FAA (Administración Federal de Aviación) y el NORAD (Centro de Defensa Aeroespacial norteamericano) tampoco supieron tratar la situación. Repetidos errores en la toma de decisiones y una acusada lentitud les hizo reaccionar tarde y mal.

Todo esto está perfectamente narrado, gráficamente, por los autores en las primeras páginas de la obra. Son dignos de destacar los dos desplegables, de seis y cuatro páginas y por ambas caras, donde se detalla el recorrido de cada uno de los cuatro aviones implicados –con algunos de los sucesos que se desarrollaron en su interior- así como la toma de decisiones ante la situación que se estaba viviendo.

Estas páginas son duras por el conocimiento que se tiene, por la mayoría del público, de lo que ocurrió aquella mañana del once de septiembre, pero no por ello menos válidas al ejercer de narradoras del acontecimiento.
 
La figura de Bin Laden y la organización Al Qaeda ocupan buena parte del informe, aunque los responsables han tratado de no caer en los maniqueísmos de los últimos años y tratar de explicar las razones de su manera de actuar.
Además, se hace especial hincapié en el comportamiento de las administraciones americanas –desde la capitaneada por Ronald Reagan hasta la actual- frente a una amenaza como Bin Laden y su organización.

Las conclusiones son claras: el poder legislativo apenas se esforzó en elaborar una política integrada sobre el terrorismo  (página 27 de la novela)

A todo ello hay que añadir la rivalidad existente entre las distintas agencias de seguridad, las cuales no sólo no compartían la información sino que dificultaban el trabajo de sus “supuestos compañeros” en las labores de mantener la seguridad de su país.

Atentados como los sufridos por las embajadas americanas en Nairobi (Kenia) y Dar Es Salaam (Tanzania) y el ataque contra el USS Cole fueron piedras de toque que alertaron al entonces presidente Clinton del peligro de la amenaza terrorista, sobre todo las perpetradas por la organización de Bin Laden.
Del anterior presidente partió la iniciativa de nombrar a Richard Clarke responsable de un organismo federal planteado para interactuar entre las distintas agencias encargadas de la seguridad. Dicho organismo se denominó Grupo de Seguridad y Antiterrorista (CGS)

El informe deja claro los intentos de Clarke y su grupo por atrapar a Bin Laden y como cada uno de los intentos se saldó con un fracaso.

Esto ocurrió, en parte, por la ayuda exterior facilitada por personas relacionadas con los países en los que ha residido el líder de Al Qaeda y, en parte, porque la administración Clinton era bastante menos amiga de asumir el coste en vidas –tanto civiles como militares- de una operación militar sin garantías de éxito, algo que no ocurre con el actual gabinete presidencial.

Otra parte importante del informe recoge la preparación de los pilotos suicidas que pilotaron los aviones el 11/S y las extremas facilidades de muchos de ellos para lograr sus títulos de pilotos en los Estados Unidos. Más grave resulta ver cómo ante los indicios de un posible atentado, el cual pudiera implicar aviones de pasajeros, la administración se mostró lenta de reflejos.

Ante lo vago de las amenazas, ninguna de las agencias de ámbito nacional se movilizó para tomar algún tipo de resolución o alertar a la población ante el peligro que pudieran correr. (página 63)

Para terminar me detendré en el capítulo noveno, titulado Heroísmo y Horror. En él, los autores del informe recogen la actuación de las fuerzas del orden durante la mañana del 11 de septiembre del 2.001. El recorrido comienza con el atentado del año 1.993 en el aparcamiento del WTC y las enseñanzas que se sacaron en claro de aquel día.

Los autores dejan claro que fueron muchas las mejoras que se efectuaron en los servicios de emergencias de la ciudad de Nueva York –en buena parte por los esfuerzos del alcalde Rudolph Giuliani-, aunque en ninguna de ellas estaba contemplado un ataque como el sufrieron las Torres Gemelas.

Como ya se comentara, anteriormente, los fallos en las líneas de comunicación y las contradicciones en las órdenes emitidas ante los sucesos que se estaban sucediendo en el exterior no ayudaron a la resolución de muchos de los problemas.
                   
De todas formas, el informe y los responsables de la adaptación gráfica ponen especial cuidado en resaltar la entrega y la velocidad con la que los bomberos, personal sanitario y los miembros del cuerpo de policía y la Autoridad Portuaria de la ciudad de Nueva York respondieron a los avisos emitidos.

El Departamento de bomberos (FDNY) reaccionó a los cinco segundos del primer impacto en la Torre Norte de WTC. Diez minutos después del impacto había enviado 235 bomberos, la dotación de 21 vehículos autobomba, 9 compañías de escaladores, 4 unidades de élite, la unidad de materiales peligrosos y las 9 unidades de Brooklyn. Las primeras unidades llegaron a los seis minutos del impacto del vuelo número 11 de AA.

El jefe de policía de Nueva York ordenó la movilización del nivel 4 a las 8:56, diez minutos después del impacto, lo cual suponía el envío a la escena del atentado a 22 tenientes, 100 sargentos y 800 agentes de policía. 

Tras el impacto del segundo avión se efectuó una segunda movilización de nivel 4 lo que supuso una movilización de 2.000 agentes.


A pesar de la situación y de lo que suponía tratar de subir las escaleras que llevaban hasta los pisos superiores de ambas torres, los bomberos, personal sanitario y miembros del cuerpo de policía asumieron su responsabilidad y comenzaron a evacuar a los supervivientes, recorriendo cada una de las plantas de los enormes colosos de cristal.

Las unidades de emergencia llegaron hasta la planta 31 de la torre norte pocos minutos antes de que ésta se desmoronara, matando a todos los civiles y al personal de emergencias que se encontraba en el interior, así como a cierto número de personas que estaban en las calles adyacentes.

Por lo tanto, no es de extrañar que, de las 2.973 víctimas de aquel día, 404 correspondan a efectivos del cuerpo de bomberos y personal sanitario del dicho cuerpo, policías del Departamento de policía de la ciudad de Nueva York y policías de la Autoridad Portuaria de dicha ciudad.

El informe termina con una serie de recomendaciones sobre qué hacer para evitar este tipo de situaciones, sobre el papel del llamado “primer mundo” el cual atesora los recursos económicos y financieros del planeta y las soluciones que se deberían tomar.

Está claro que estos últimos capítulos son los que más críticas han generado al cuestionar la política expansionista y ciertamente revanchista de la actual administración norteamericana, poco dispuesta a invertir en el futuro de los países que son caldo de cultivo para los extremistas de Al Qaeda y otras organizaciones terroristas.

Quizás ese apartado sea menos aplicable a los países del viejo continente –al llevar políticas distintas-, pero está claro que hay muchas soluciones que deberían ser planteadas a nivel global.
De todas maneras, el informe transmite una máxima, la cual debiera ser tomada en consideración por cualquier gobierno que no quiera caer en los excesos que tan malos resultados están dando y que sólo sirven de pretexto para justificar atentados como el del 11/S o el del 11 de marzo del 2.004 en la ciudad de Madrid, aunque muchos se empeñen en buscar una “teoría de la conspiración” que sólo existió en sus mentes.                                       

La protección y la seguridad requieren una opinión pública bien informada para poder exigir responsabilidades a los dirigentes electos. Nos corresponde a todos y cada uno de nosotros insistir en que sea así. Tal y como manifestamos al final del prólogo del informe original de la Comisión Nacional de Investigación, exhortamos a nuestros conciudadanos a analizar, reflexionar y actuar.

Coincido plenamente con Stan Lee en que una novela gráfica como la de Jacobson y Colón debería ser de lectura obligatoria en hogares, colegios y bibliotecas, en especial por hacer accesible un tema tan farragoso como éste para el gran público.

Por ello hay que aplaudir la iniciativa de la editorial Panini al publicar dicho informe en el mercado nacional , al igual que por plantear en su página web  
http://www.paninionline.com/collectibles/institutional/es/es/takeSurvey.asp?surveyID=112 la idoneidad de publicar una iniciativa similar que recoja las conclusiones de la Comisión que investigó el atentado del 11 de marzo del 2.004 en nuestro país.

Los derechos de las fotografías del 11-S son propiedad de las agencias AP y Reuters.La ilustración con la que se cierra el artículo pertenece al número especial "Heroes" publicado por Marvel Comics en el año 2.001 y sus autores son Joe Quesada y Todd McFarlane.
Agradezco a Paninin España, el material facilitado para la redacción de esta reseña.

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