domingo, 13 de abril de 2008

LA MUERTE DE SUPERMAN

Dan Jurgens, Rogers Stern, Louise  Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel
Libro Cartoné de 792 páginas a color.
Precio: 40€
Planeta DeAgostini


Los lectores que compraron los números de la editorial DC Comics relacionados con el personaje de Superman durante el mes de noviembre de 1992–Superman Man of Steel# 17, Superman# 73, The Adventures of Superman# 496, y Action Comics# 483- se encontraron con una inquietante viñeta final, en cada uno de los mencionados números.

En dicha viñeta se podía ver un imponente y grotesco puño golpeando, una y otra vez y sin compasión, una pared de hierro. Poca cosa más, aunque la imagen era realmente desconcertante y dejaba abierta la puerta a todo tipo de interpretación.

Lo que aquella imagen escondía, en realidad, era el comienzo de una de las historias más importantes y trascendentales del noveno arte, la cual se acabó conociendo como La muerte de Superman. Su importancia no sólo estaba determinada por poner fin a la existencia de uno de los personajes capitales del lenguaje gráfico, -por no decir el más importante-, sino por la tremenda campaña mediática y la reacción social posterior que todo ello acarreó.

Hay que tener en cuenta que los noventa fueron años de cambios y revoluciones dentro del mercado editorial.
Todo comenzó con la llegada de la editorial Image, encabezada por una serie de contestatarios y exitosos dibujantes, los cuales habían decidido plantar a las grandes editoriales y trabajar para sí mismos. En teoría aquella deserción debería estar condenada al fracaso, pero el tiempo demostró que su atrevimiento supuso un antes y un después en el mercado gráfico y, con ello, un profundo cambio en la manera de entender la industria del noveno arte.

Bien es cierto que los autores fundadores de Image se habían encumbrado bajo la sombra de Marvel Comics, situación que propició que la veterana editorial DC asistiera al espectáculo de una manera mucho menos comprometida. No obstante, el éxito de Image fue un “aviso para navegantes” y en DC Comics se dieron cuenta de que los modos y las maneras de Image habían llegado para quedarse y que quien no supiera adaptarse debería pagar las consecuencias.

La ventaja con la que contaba DC Comics era su extenso panteón y la larga tradición que la editorial tenía en la misma sociedad americana y, por ende, en buena parte del mundo. Por eso, cuando los responsables de la editorial se plantearon un “golpe de efecto” para no perder más cuota de mercado recurrir a Superman era apostar a “ganador y colocado”, tal y como se diría en el argot de las apuestas de las carreras de caballos.
En el extremo contrario estaban los que pensaban que matar a un personaje como Superman era terminar con uno de los mayores y mejores activos de la editorial, uno de los pocos supervivientes de los convulsos años cincuenta, con su denostada “caza de brujas” en contra de los cómics, como mejor ejemplo.

Además, las experiencias de la competencia, en especial de Marvel Comics en lo concerniente a la muerte de un personaje más o menos principal –caso de la primera novia de Spiderman, Gwen Stacy (Amazing Spider-man# 121 y 122. 1973)- se saldaron con una agria respuesta por un buen número de aficionados, descontentos con dicha decisión.

DC Comics, por su parte, había tenido la oportunidad de comprobar las reacciones de los lectores cuando convocó a los seguidores de Batman a que decidieran si el nuevo Robin, Jason Todd –quien nunca había terminado por convencer a los seguidores de Batman- debía morir o no.  Así, en una encuesta telefónica, el veredicto fue una sentencia de muerte para el personaje, la cual fue “ejecutada” en el arco argumental A death in the family (Batman# 426-429. 1988).

De todas maneras, matar a Robin no era, ni mucho menos, comparable con terminar con la vida de uno de los símbolos de la cultura popular estadounidense como era y es Superman.
En la vida del héroe ya existía un lejano precedente, en una trama desarrollada en el Superman# 149, con fecha de noviembre de 1961. En esta ocasión se trataba de una historia alternativa donde Lex Luthor lograba acabar con la vida del personaje, gracias a la letal kriptonita. Claro que, al ser una historia alternativa, su resonancia dentro del mundo del hombre de acero no fue muy significativa.

El caso es que, con todos esos reparos, un equipo artístico encabezado por Dan Jurgens, Rogers Stern, Louise  Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel se pusieron manos a la obra para lograr que la propuesta llegara a plasmarse en las páginas de los cómics.
Al final, el último enfrentamiento del hombre de acero con una despiadada criatura llamado Doomsday, denominada así por Booster Gold -uno de los integrantes de la Justice League- se desarrolló en Action Comics# 684, Adventures of Superman# 497, Justice League of America# 69, Superman# 74 y 75 y Superman the Man of Steel# 18 y 19 (diciembre 1992 y enero 1993)

Después comenzó una cuidada y muy bien planteada campaña publicitaria, la cual alertaba a los lectores de un suceso tan sonado como inesperado para cualquier aficionado habitual del personaje. El acontecimiento terminó por sobrepasar las mismas barreras del mercado gráfico para formar parte de los titulares de los principales rotativos americanos y de los titulares en los informativos televisivos de todo el mundo.

DC Comics, siguiendo la estela de Image Comics y de otras editoriales de la competencia, creó alrededor de la historia toda una serie de elementos adicionales, pensados para captar la atención del aficionado y de todos aquellos que terminaron por su sufrir el impulso de la mencionada campaña publicitaria.

A las ya habituales portadas alternativas, trading cards –de todo tipo y condición-, y la mejor edición posible, DC añadió diferentes elementos, tales como una edición especial del Superman# 75, presentada en una bolsa. En dicha edición, la portada del ejemplar cambiaba la imagen y el logo habitual de la colección por el gris de una lápida mortuoria, en la que figuraba el nombre del héroe.
La bolsa, de color negro, como no podía ser de otra manera, y con el símbolo de Superman salpicado de sangre, venía acompañada por una serie de regalos añadidos, tales como un brazalete negro en señal de duelo, la esquela del personaje publicada en el Daily Planet y un poster creado para la ocasión.
En dicho poster se podía ver cómo era trasladado el féretro del héroe, el cual estaba sujeto por Batman, Robin, Wonder Woman, Green Lantern, Flash y Aquaman. Siguiéndolos vemos a Lois Lane, a los padres terrestres del héroe, a Jimmy Olsen, Supergirl, Green Arrow, Black Canary y así hasta más de un centenar de personajes del universo DC.

La mismísima BBC comercializó, además, un audiobook producido por BBC Radio 5 en donde se narraba el encuentro y posterior batalla de Superman con Doomsday.

De todas formas, y lejos del artificio propio que esconde tras toda campaña publicitaria, la verdadera sorpresa estaba dentro de las páginas de la historia en sí. Y es que, si hay un ranking de narraciones gráficas duras y difíciles de leer, posiblemente La muerte de Superman sea una de las que encabece la lista.
Puede que el componente emocional multiplicara, de manera exponencial, dicha sensación, pero no es menos cierto que el trabajo de Jurgens, Stern y compañía pone el acento en el componente dramático y en una atmósfera tan densa como difícil de respirar.
Desde el principio, queda claro que vamos a asistir a un enfrentamiento que quedará guardado en los anales de la historia gráfica, pero pocos podían pensar que un cómic estaba a punto de reflejar el bíblico concepto del “juicio final”.

Doomsday es un ser amoral, carente de cualquier sentimiento que le impida dejarse llevar por sus ansias destructivas y asesinas. Para él, todo lo que se cruza en su camino es susceptible de ser destruido, aniquilado, asesinado sin ningún tipo de reparo. Está claro que, a pesar del empeño de un pequeño grupo de héroes por tratar de detenerlo, sólo el “hombre de acero” está en condiciones de lograrlo, y sin demasiadas garantías.

Una vez que el héroe se las ve cara a cara con Doomsday los peores temores se confirman. Ni siquiera Superman está en disposición de acabar con la estela de muerte y destrucción que deja, tras de sí, la criatura. O por lo menos, el sacrificio al que deberá exponerse es el mayor vivido hasta la fecha.
Llegados a ese punto cada página de la historia pesa como una losa y la lectura se hace cada vez más difícil. Lo más paradójico de todo es que, a pesar de conocer, casi desde el principio, el resultado final, uno se resiste a aceptarlo y menos de aquella manera tan pasiva, sin poder hacer nada para intervenir en el resultado final de la contienda.

En el momento en el que Clark Kent/ Superman se despide de Lois, antes de volver al campo de batalla en el que se ha convertido la ciudad, las dudas sobre el resultado final se desvanecen. A partir de ese momento seremos testigos de una lucha a muerte y vacía de toda esperanza, entre el héroe de varias generaciones y un ser que representa lo peor de la naturaleza, que sólo es capaz de extinguir la vida allí donde pisa.
No hay tiempo para mucho más. El último golpe de ambos antagonistas pondrá fin al combate y a la vida del héroe, el cual logrará vivir hasta que Lois llegue hasta su lado.

Son cuatro páginas desplegables –las últimas del Supeman# 75- que resumen la importancia del personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1938 dentro del noveno arte. Y también son cuatro páginas dramáticas y llenas de un simbolismo que va más allá del mismo formato en la que están impresas.
Los restos de la capa roja del héroe, presidiendo el cuerpo de héroe sin vida, ante la desolación de Lois Lane, de Jimmy Olsen y de todos los que asistimos a ese momento ponían fin a esa sensación de seguridad que te invadía cuando Superman aparecía volando en el cielo para poner las cosas en su sitio.

El periodista y escritor José María Carrascal fue quien mejor ilustró esa particular sensación de seguridad que aporta el personaje en la vida de muchas personas, por extraño que pueda parecer. Carrascal, en el especial informativo de la cadena de televisión Antena 3 emitido la noche del once de septiembre del 2001, horas después del ataque contra el WTC de Nueva York dijo que lo que él había echado menos era haber podido ver la silueta de Superman, volando entre los edificios para detener la trayectoria de los dos aviones que impactaron contra las torres gemelas.

Como era de esperar, la reacción del público fue tan desmesurada como visceral, asaltando las tiendas especializadas para lograr comprar un ejemplar del mencionado Superman# 75.
Después llegaría el siguiente arco argumental titulado Funeral por un amigo (Action Comics #685-686, Adventures of Superman #498-500, Justice League America #70, Superman vol. 2, #76-77, Superman: The Legacy of Superman #1 y Superman: The Man of Steel #20-21) en un mundo ya sin Superman.

En los números se recogen los preparativos para las honras fúnebres, así como las reacciones de diversos personajes y, en especial, de aquellos más ligados al héroe. Entre los invitados al funeral, se pudo ver hasta el entonces Presidente de los Estados Unidos de América, Bill Clinton, acompañado de su esposa Hillary.

La editorial llegó a comercializar -en una edición especial del primer recopilatorio de La muerte de Superman- el certificado de defunción del personaje, un aliciente más para lograr que el aficionado continuara gastándose su dinero.
La realidad, como ya ocurriera con otras estrategias especulativas desarrolladas por Marvel Comics e Image, fue que muchos de los libreros que solicitaron más copias de las habituales se vieron con un enorme stock, el cual difícilmente se pudo vender en los años posteriores, por lo menos, al mismo precio de portada.

Tras unos meses sin una sola colección del personaje, DC Comics anunció la salida de El reinado de los Súperhombres (Action Comics #687-691, Adventures of Superman #501-505, Superman vol. 2, #78-82, Superman: The Man of Steel #22-26 y Green Lantern vol. 3, #46) y que supuso la llegada de cuatro héroes reclamando el trono de Superman.
Para muchos, este lanzamiento vino acompañado de un cierto alivio al comprobar que su héroe favorito sólo se había marchado unos meses y que, una vez pasado ese tiempo, regresaría a las estanterías de las librerías.

Otros, en cambio, pensamos que gran parte del dramatismo logrado con el primer arco argumental se perdía al provocar un regreso, un tanto forzado. El tiempo se ha encargado de demostrar que, por lo menos, al mundo editorial sí le hacía falta tener a Superman, vivo y en plenas facultades, como pilar de la sacrosanta trilogía de la editorial DC Comics.

La muerte de Superman se ha convertido, con el paso de los años, en una de esas historias que permanecen vivas en la mente de los aficionados al personaje. El único problema era que, tras la edición –de hoja caduca- comercializada por la editorial Zinco en España, hace más de una década, la única opción para poder leerla era acceder a las sucesivas ediciones originales americanas, por lo menos hasta ahora.

Durante el presente mes de abril, y con motivo del quince aniversario del suceso, Planeta DeAgostini ha decidido sacar al mercado la edición definitiva de dicha saga, en un tomo de 792 páginas –sí, así como suena- y con variados extras.
El lujoso tomo -que se podrá a la venta durante el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2008- contará, no sólo con los números de La muerte de Superman y El reinado de los Súperhombres, así como algunos momentos de Funeral por un amigo, sino con extras que van desde entrevistas con los responsables del proyecto, hasta bocetos, galería de portadas, y de los personajes implicados.

La editorial también ha presentado una campaña de promoción. Así, todos aquellos que adquieran el enorme tomo antes de su lanzamiento oficial se llevarán varios regalos, entre ellos, un brazalete y un ejemplar del Daily Planet, similares a los que se incluyeron en la exclusiva bolsa negra, comercializada en 1993 por DC Comics.
Para más información: http://www.planetacomic.net/promociones/lamuertedesuperman.asp.

En resumen, una oportunidad única para todos aquellos que deseen tener una muy buena edición de un suceso tan importante como éste y para quienes no pudieron vivir aquellos momentos, de primera mano, pero que sienten algún tipo de querencia hacia el personaje de Superman.      

Y para los más veteranos, siempre nos quedará imborrable en nuestra memoria aquel aciago día en el que Superman murió.

Agradezco a Planeta De Agostini las facilidades dadas para la redacción de esta reseña así como la imagen de la portada.
© DC Comics por las imágenes que se incluyen en esta reseña 2010
Superman es una creación de Jerry Siegel y Joe Shuster © 2010
Superman © and TM Jerry Siegel & Joe Shuster /DC Comics 2010 

1 comentario:

  1. Es un poco cruel que los nobles sentimientos que a muchos nos transmite Superman tengan un precio que de paso es no esta al alcance de todos. Dicho esto se trata de una de esas cosas que merecen el sacrificio, por que nos muestran otro sacrificio llevado a cabo sin ambajes por el ultimo paladin que le queda a la humanidad, el unico capaz de sobrepasar sus fronteras de papel y entrar en nuestros corazones para ya no salir mas. La desolacion que produce siquiera pensar en su perdida es comparable a la de perder a alguien cercano y querido pues se siente que algo se te rompe por dentro, resulta inconcebible afrontar el "¿y ahora que?" pero ese fin da paso a un momento en el que se comprueba cuan grande puede ser la estela de un (SUPER)hombre, la cosecha de cuanto bueno ha sembrado en su vida. Es una fuerza pura del bien reforzada por la diatriba de hacer siempre lo correcto pudiendo hacer lo que no lo es, te niendo poder para ello, y asi sale con su aura reforzada por lo correcto, bajo toda la parafernalia, solo un humilde granjero, el hijo de pa´y ma´Kent. Si no es Dios, se le parece mucho y afirmo que este debe tener el rostro (al menos el interno) de Kalel o talvez,¿quien sabe? sea al reves.

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