viernes, 16 de mayo de 2008

SALON INTERNACIONAL DEL COMIC DE BARCELONA 2008

Hay momentos en los que las circunstancias te sobrepasan, por mucho que te empeñes en tratar de controlarlas. Todo forma parte de la misma aventura de vivir, para la que no existe un manual de instrucciones al que recurrir. Puede que por esa misma razón, mi percepción de la pasada edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona no sea como la de otros años.
Aunque esto no significa que no fuera consciente de muchas de las situaciones que el encuentro propició, algunas de las cuales me hicieron reflexionar sobre la actual situación del mundo del cómic en nuestro país.

En el apartado profesional, esta edición número 26 supuso un choque generacional entre los que creen que el cómic se limita a la producción europea y a las ediciones independientes norteamericanas, y los que creemos que hay mucho más además de lo anteriormente citado. Fue también una confrontación entre el inmovilismo de muchos–cuya principal piedra de toque es el rechazo al manga y el anime oriental- y las nuevas generaciones, mucho más permeables a la absorción de cualquier manifestación artística sin importar de dónde venga.

Esta edición del Salón de Barcelona también dejó muy a las claras que una parte de la crítica especializada en el mundo gráfico de nuestro país no parece estar por la labor de entender la cultura contemporánea como un todo, y prefiere conceptuarla como una sucesión de pequeñas parcelas, algunas de las cuales raramente se relacionan. Dicha incapacidad para cambiar el “chip” comiquero quedó en evidencia ante la falta de interés por entrevistar a un artista y creador tan reputado como lo es Ray Harryhausen.

No negaré que le veterano animador está ya mayor para someterlo a largas sesiones de trabajo, pero durante la entrevista que tuve la oportunidad de mantener con él, sus más de ochenta años no me parecieron ningún inconveniente, merced a la claridad de ideas y de expresión demostrada por Harryhausen.
Además, oportunidades como las que se nos brindó, raramente se dan, sobre todo por la mencionada edad del visitante, razón de más para aprovecharla.
Para acabar de rematarlo todo, una editorial americana, Bluewater, lleva cerca de dos años comercializando varias series de cómic basadas en algunas de las películas más emblemáticas del genial creador. Por tanto, quienes no vieran la relación de una personalidad como Ray Harryhausen con la edición de Salón de Barcelona de este año, estaba claro que, por lo menos, no habían hecho sus deberes más elementales –leer el catálogo Previews o navegar por la red-.

                    

Hay que explicar que la llegada de HarryHausen (foto superior) se debió al acertado planteamiento, por parte de responsables del Salón, de tender un puente entre el cómic y el cine, puente que lleva más de una década siendo transitado por unas producciones que cada vez contentan más a los aficionados de ambas disciplinas artísticas. De ahí que en el Salón de este año se pudiera disfrutar con actividades relacionadas con los estrenos de películas como Iron Man, The Incredible Hulk, Wanted o de la cuarta entrega cinematográfica de Indiana Jones.

Hubiera estado bien que, al igual que en el ComiCon de San Diego, los responsables de la distribución de la película Speed Racer, nos hubieran enseñado uno de los modelos del vehículo Mach-5 utilizado durante el rodaje de la película. Lamentablemente, uno de dichos modelos sí se paseó por el preestreno nacional de la película rodeado de famosos que, a buen seguro, ignoraban las raíces gráficas de la historia.
Junto con Harryhausen, el Salón contó la presencia de Paul Naschy,  actor, director, documentalista, y auténtica piedra angular del género fantástico en nuestro país. El veterano creador llegó al encuentro precedido del éxito que ha tenido la primera adaptación gráfica de su personaje Waldemar Daninsky, El retorno del hombre lobo, presentada ésta, en el pasado festival de Sitges y galardonada en el Salón del Cómic de Madrid 2.007.
Naschy, inmerso en el proceso de adaptación para el cómic de La bestia y la espada mágica, atendió con la cordialidad y profesionalidad que en él es común a los medios que le solicitaron una entrevista–algo que quienes frecuentamos el festival de Sitges desde hace varias décadas podemos atestiguar- además de participar en una mesa redonda de marcado acento fantástico.

En cuanto a los invitados internacionales, la apuesta de este año fue claramente por un cómic alternativo y alejado de los superhéroes. Salvo Tim Sale, Michael Golden, Tony Harris y algunas de las colaboraciones entre Andy Diggie y Mark –Jock- Simpson, el resto de los autores invitados ha logrado hacerse un lugar de honor dentro de la industria desarrollando trabajos que se alejan de los convencionalismos propios de los héroes vestidos de flamantes colores.

Nombres como Peter Bagge, Terry Moore, Roman Dirge, o Melinda Gebbie  ocupan las estanterías de las librerías especializadas por ser los responsables de títulos como Hate, Strangers in Paradise, Lenore, o Lost Girls, respectivamente.

Dennis Kitchen, editor y fundador del CBLDF (Comic Book Legal Defense Fund) entra dentro de la categoría de autor independiente, al ser el responsable de la publicación de autores como Harvey Kurtman y Will Eisner.

Junto a todos ellos se encontraban un grupo de autores cuya influencia forma parte del mismo concepto del lenguaje gráfico y cuya aportación todavía se está discutiendo. Dicho grupo estaba encabezado por el francés Jean Giraud –Moebius-, los italianos Milo Manara y Vittorio Giardino, y el argentino Joaquín Salvador Lavado –Quino-.
De los cuatro, quien demostró tener una mejor visión, en conjunto, de lo que sucede en el mercado mundial del cómic fue Moebius, además de estar dotado de una didáctica envidiable.

Esta didáctica es también el sello de fábrica de la veterana Escuela Joso, responsable de buena parte de los autores españoles que ahora brillan con luz propia en el panorama nacional e internacional. Su labor dentro del Salón se ha convertido en uno de los mejores reclamos para quienes se desplazan desde el exterior de la comunidad catalana para asistir al encuentro.

No es de extrañar, por tanto, que las lecciones magistrales organizadas por la Escuela Joso y  protagonizadas por autores de la talla de Michael Golden, Tim Sale, Milo Manara, Barbucci y Canepa, Pasqual Ferry, y Pere Pérez -ganador este último del Premio Popular al mejor autor y mejor obra nacional del pasado año- congregaran a toda una legión de aficionados.

Está claro que dichas lecciones magistrales son uno de los eventos más importantes –y casi diría obligatorios- de cada encuentro barcelonés junto con las actividades que se desarrollan en la Sala de Actos del recinto de la Fira.

Dicha Sala, como en los últimos años, estuvo coordinada por el escritor y periodista Juanjo Sarto, quien, con su buen hacer, logró que las abundantes mesas redondas y presentaciones colmaran las aspiraciones de quienes asistieron a ellas.

En el mencionado espacio se desarrollaron charlas y mesas redondas bajo epígrafes tan atractivos, tales como: Ellos saben la tira; ¿El poder tiene sentido del humor?; Autopista hacia la pantalla; Dibujando Superhéroes; Fantasía y terror; o Los supervivientes del cómic independiente, los cuales elevaron el ya buen nivel del encuentro, si hablamos de los contenidos del Salón.

 En otro de los aspectos en los que se mejoró mucho en la presente edición fue en los horarios de firmas de los autores, sobre todo aquellos que estaban bajo la tutela de Ficomic.
En el caso del resto, colocados en los stands de cada una de las editoriales presentes, no siempre pudieron colmar todas las expectativas, dado que el espacio acaba siendo escaso y las colas de aficionados a la caza y captura de un autógrafo y/o dibujo deben “luchar” contra la marea de visitantes que quiere pasar por el mismo lugar en  donde están situadas dichas filas.

En el primer apartado, este año se incrementó la cantidad de tiempo, dando a los aficionados la oportunidad de lograr, sino a la primera, sí a la segunda, o a la tercera, el buscado autógrafo.
Si hablamos de los responsables de coordinar dichas colas y de recoger a los autores una vez finalizados los horarios, en ese apartado se vieron luces y sombras. La mayoría de estas personas han aprendido buenas maneras, relaciones públicas y diplomacia, lo cual los aficionados lo agradecen y debería ser visto como ejemplo por muchos visitantes que no saben estar a la altura.
Junto a ellos están quienes no tienen ni educación, ni diplomacia ni nada por el estilo y tratan a las personas como ganado vacuno. Convivir con personas ya se sabe que es difícil, pero tener algo de diplomacia y capacidad de relacionarse con los demás es lo menos que se les puede pedir a quienes están dando una imagen del encuentro catalán.

Para terminar con las actividades que ofrecía el encuentro, me referiré al tema de las muestras y exposiciones que este año se podían visitar.
Debo decir que el nivel de esta edición era altísimo, tanto por la calidad como por la temática de lo allí expuesto.
De entre todas destacaría las siguientes: Manara-Fellini; No pasarán; Viñetas censuradas; Mortadelo y Filemón en su 50 aniversario; Fotogramas ilustrados; Tierra y Dragones: un paseo por el mundo de David Rubín; El laberinto de DDT –empresa ganadora de un Oscar de la academia, y un Goya por su trabajos en algunas de la películas del director mejicano Guillermo del Toro- y la exposición dedicada al dibujante Michael Golden.

También se pudieron ver buena parte de los originales del dibujante Tim Sale utilizados en la serie de televisión Héroes, muestra que estuvo patrocinada por el canal de televisión Sci-fi.
Como ya he dicho antes, la calidad del material expuesto y las variadas y apasionantes temáticas fueron del agrado de muchos de los visitantes.

En el extremo opuesto estaba la sensación, algo que suele pasar cada año, de que a las exposiciones les faltaba algo, En fundamentalmente información y atención por parte de la organización.
Esta carencia quedó palpable cuando, mientras se celebraba una entrevista con el autor Michael Golden en el espacio de su exposición, todos los visitantes allí congregados, pusieron sus oídos bien cerca de las palabras del artista y/o de la interpretación de sus palabras en castellano para conocer más en profundidad la obra del dibujante. Hay que destacar la disponibilidad y buen trato que demostró el autor americano, atendiendo a los jóvenes autores que se acercaron hasta él para enseñarle sus trabajos. Con todos ellos, Golden trató de hacerles ver sus virtudes y sus defectos, artísticamente hablando, en un claro intento por ayudarles en sus posibles futuras carreras en este competitivo mundo.

Siguiendo con el tema de la atención que se debería dar a las exposiciones, soy consciente de que no es posible contar con cada uno de los artistas invitados para que éstos les explique a los visitantes curiosidades y determinados detalles de su trabajo.
Sin embargo sería de agradecer unos textos que explicaran más en profundidad el material allí expuesto y una atención por parte de las personas al cargo de cada una de las muestras.

Esto era especialmente palpable en la exposición de los originales de Tim Sale para la serie Héroes. Salvo un pequeño pie de imagen, poco más se les ofrecía a los visitantes, y no será porque no haya material sobre la serie.
Encima,  tampoco es que los responsables del stand en el que se exponían los originales de Tim Sale aportaran ningún tipo de dato, ni “humanizaban” el material allí expuesto. El contacto humano ayuda a que lo más insignificante cobre una inusitada importancia ante los ojos de un profano y/o conocedor de una disciplina.

Y es una pena, pero año tras año, buena parte de las muestras quedan vírgenes a los ojos de los visitantes por la falta de una atención más cercana por parte de las personas encargadas por la organización. Es más trabajo, pero con ello se lograría que buena parte de estas muestras brillaran con la luz que se merecen, en medio del bullicio que siempre acompaña al evento barcelonés.

En relación con los premios destacaría el premio a Paco Roca –mejor obra y guión de un autor español-; Carlos Areces, premio Josep Toutain al autor revelación -otorgado por el Salón-;  Pere Pérez, mejor autor revelación y mejor obra en la categoría de premios de las Votaciones Populares; Pasqual Ferry –Gran premio del Salón en reconocimiento a toda su obra-; y el premio concedido en el apartado de Divulgación de Cómic concedido al periodista y escritor tinerfeño Manuel Darias. Con este último premio se reconoce la labor divulgadora del mundo gráfico realizada por Darias a lo largo de más de tres décadas. (En la foto, Michael Golden conversando con varios autores, en medio del Salón)

Cuando el telón estaba cercano a caer sobre la 26 edición del Salón del Cómic de Barcelona, los responsables del departamento de prensa dieron a conocer las cifras de visitantes, la cual es similar a la del pasado año -100.000- lo cual significa un nuevo éxito.
No obstante, no hay que perder de vista la progresión –cuantitativa y cualitativa- del Salón del Manga, organizado también por Ficomic, para darse cuenta de que el Salón del Cómic lleva unos años estancado, no sólo en el nivel de visitantes, sino en su capacidad para atraer a las nuevas generaciones.

Tampoco se hace mención, cuando se habla de los visitantes, del grado de aceptación que se tiene una vez que recorren el espacio de la Fira de Barcelona. No estaría mal conocer la opinión sobre distintos aspectos del encuentro, algo que ayudaría a la evolución del Salón.
Estos son detalles que no deben pasar desapercibidos, de igual modo que el necesario y saludable relevo generacional que siempre viene a ser un soplo a de aire fresco sobre cualquier disciplina.

Puede que el problema estribe en que dicho relevo generacional se haya producido ya, pero esté centrado en el manga, el anime y otras disciplinas culturales que se entrecruzan en el mencionado Salón del Manga.
De cualquier modo, no hay que perder de vista ninguna de las expresiones gráficas que cada día llegan al mercado –algo que recalcaron Moebius, Quino y otros autores a lo largo del encuentro- para así poder estar al tanto de lo que ocurre en el mercado editorial.

El Salón Internacional del Cómic de Barcelona está cada vez más cercano a celebrar sus treinta años de existencia y ya nadie duda de la enorme importancia y trascendencia que tiene el encuentro. Y está claro que desde la llegada de Carles Santamaría a la dirección del evento muchas cosas han cambiado para mejor, tratando de completar la mejor oferta posible cara el visitante y al profesional del mundo gráfico
Sin embargo, hay MUCHAS COSAS  por hacer y es labor de todos lograr que el Salón Internacional del Cómic de Barcelona siga siendo el encuentro imprescindible del panorama comiquero español por muchos años venideros. 

© Ficomic 2008 por la imagen del cartel de dicha edición.

La imagen de Ray Harryhausen fue tomada durante la entrevista, con su consentimiento, y para ilustrar esta reseña, razón por la cual le estoy muy agradecido.

Agradezco a Ficomic que me concediera la impagable oportunidad de entrevistar a un artista como Ray Harryhausen, a quien también le tengo que agradecer el tiempo que me dedicó, después de una larga jornada de entrevista. Y a Patricio García Ducha por ayudarme con la entrevista.
Así mismo, quiero agradecer a los responsables de la Escuela Joso, el trato recibido durante las jornadas en las que se desarrolló el encuentro, todo un ejemplo de profesionalidad, buen hacer y amor por el mundo del cómic.


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