lunes, 13 de octubre de 2008

ASTROPIA:LA HEROINA QUE LLEGO DEL NORTE

Una de las virtudes de los festivales de cine, en este caso de Rakkautta & Anarkiaa, es que te permiten ver películas, las cuales sería muy difícil de conocer más allá de su país de origen. Y esa misma máxima es la que se puede aplicar a una película como Astropia, una producción islandesa con financiación finlandesa.

Lo primero que destaca de Astropia es que su planteamiento y su misma puntuación cinematográfica responde a los dictados de una novela gráfica, aunque en pantalla grande.

Su trama, aun respondiendo al esquema de un personaje que se ve obligado a sobrevivir en un mundo totalmente opuesto al que ha vivido y que, para sorpresa de todo –incluido él mismo- consigue hacerlo, no deja de sorprender por lo bien desarrollada que está, desde el principio y hasta su mismo final.  Y encima lo hace sin tener que recurrir a muchos de tópicos que terminan por lastrar propuestas de este tipo.

Astropia arranca planteándonos la maravillosa vida de Hildur, una ex-modelo que ahora trabaja a las órdenes de su apuesto y ostentoso novio, quien regenta un famoso concesionario de coches.
Las únicas motivaciones de Hildur son las siguientes: lucir el palmito, gastarse el dinero que le da su pareja, y salir de compras con sus amigas.
Lo que no entraba en los planes de Hildur era que, de la noche a la mañana, toda su existencia se iba a ver drásticamente alterada al descubrir los turbios manejos de su pareja.
Fruto de ello, Hildur ya sin casa, sin dinero y sin trabajo buscará refugio en casa de su amiga Björt y el hijo de esta, Snorri.                            

En los primeros días de su nueva vida, Hildur no pasará de devorar horas ante el televisor y cualquier comida que se ponga a su alcance, situación que acabará por colmar la paciencia de su amiga. Esta última se verá obligada a pedirle a Hildur que, primero, ayude en la casa, decisión que acabará con la vida de la lavadora…

Después Björt le obligará a buscar trabajo, para que así Hildur también contribuya en la economía familiar. Sobra decir que la fémina no tiene ni las más remota idea de cómo buscar un trabajo y ni siquiera sabe de lo que es capaz.
En plena desesperación la respuesta le llegará de manos de Snorri. Éste le pedirá a Hildur que le acompañe a buscar unos cómics a su tienda habitual, llamada “Astropia”.
Una vez que la pareja llega hasta el lugar, Hildur ve en la puerta un cartel en el que se ofrece trabajo y, ni corta ni perezosa, entra decidida a conseguir el puesto.

La llegada de la explosiva y escultural rubia causa estragos entre el personal y el público habitual congregado en “Astropia”, tienda “frekkie” en el más amplio sentido de la palabra. Lo lógico hubiera sido que, ante la fauna allí presente, Hildur hubiese desistido de su empeño. Sin embargo, nuestra heroína no sólo consigue el trabajo, sino que, además, se le asigna a la sección de juegos de estrategia y rol, sección totalmente ajena al gusto de la protagonista. Aunque, antes de irse, Hildur demuestra que posee instinto y rapidez de reflejos…                                            

Al principio sus primeras jornadas transcurren entre el desconcierto más absoluto y el agotamiento de tener que trabajar cada día. No obstante, el punto de inflexión para Hildur llegará cuando su jefe la invite a su primera partida de rol en vivo, suceso que marcará su vida. Esa noche Hildur dejará de ser la barbie desabrida que era hasta ese momento para convertirse en una heroína que rivalizaría con la mismísima Red Sonja.

Dicha metamorfosis no sólo le ayudará en su vida profesional, sino también en su vida personal, permitiéndole conocer a sus compañeros de trabajo y a varios de los clientes habituales de la tienda, de una forma impensables, días atrás. Y precisamente puede que éste sea uno de los grandes aciertos de Astropia -sino el mayor-, al saber mostrarnos a las personas que acuden hasta o trabajan en una tienda como la que da nombre a la película y sus motivaciones, tan cotidianas como en el resto de los seres humanos.

Paralelamente a todo esto, su cada vez menos anhelado novio se encuentra planeando una fuga de la cárcel en la que se encuentra, fuga que acabará dejando pequeña a la que se cuenta en la mítica película La Gran Evasión, aunque el lugar donde está preso dista mucho de ser el campo de prisioneros alemán que sirve de escenario para la producción bélica de los sesenta.                            

Al final, las fuerzas del bien, Hildur y sus compañeros, deberán hacer frente a las hordas maléficas del impresentable ex-novio de la heroína, en un desenlace que firmaría el mismísimo creador de Conan, Robert A. Howard.

Astropia es la primera película del director Gunnar B. Gudmundsson, realizador que logra, gracias al oportuno y bien desarrollado guión de Ottó Geir Borg y Jóhann Ævar Grímsson, filmar –como ya se ha dicho al principio- una novela gráfica de aventuras, plena de aciertos y buen juicio.
Y no se piensen que el guión de Astropia huye de los males que persiguen al mundo del fandom.  Lo que ocurre es que tampoco trata de juzgar aquellas cosas que sí pudieran ser cuestionables –sobre todo ciertos radicalismos de algunos de los protagonistas- y prefiere que sea el espectador el tome partido.

Su protagonista, Hildur, interpretada por la Miss Islandia 2003, Ragnhildur Steinunn Jónsdóttir, es un personaje real que gracias a trabajar en un lugar como “Astropia” descubre su verdadero potencial. La misma Hildur crece a medida que convive con el resto de los personajes y se da cuenta de que su nueva vida es mucho más atractiva y plena que la que había llevado anteriormente.

No obstante, una de las cosas que más sorprende de todo es que Astropia sea una película realizada en Islandia, en vez de un país como Francia, donde el mundo del fandom tiene mayor peso dentro de la sociedad. Aunque, posiblemente, por venir de donde viene, la película posea la frescura y el acierto que la convierten en un título, muy a tener en cuenta para cualquier amante del buen cine de género, y para quienes buscan historias bien contadas como lo es Astropia.

Quiera agradecer a los responsables del Festival Internacional de Cine de Helsinki –Rakkautta & Anarkiaa- y a las productoras Kisi Production (Islandia) y Solar Films (Finlandia) las facilidades y el material remitido para poder escribir esta reseña.

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