miércoles, 26 de noviembre de 2008

SALON DEL MANGA DE BARCELONA 2008: CRISIS, QUE CRISIS?

De un tiempo a esta parte, sobre todo en los últimos meses, resulta casi imposible hablar de un tema determinado sin que aparezca la palabra “crisis”. Y poco importa el escenario escogido o los protagonistas. Nada ni nadie parecen estar a salvo de los tentáculos de dicha crisis.
Claro está que siempre hay excepciones que demuestran que todos los males de la actual sociedad no son culpa  de la “crisis”, sino de la mala cabeza de muchos seres humanos.

No se puede negar que estamos en un periodo de recesión económica y habrá que acostumbrarse a los recortes que ello acarree. Otra cosa muy distinta es pretender que, por culpa de la situación que nos está tocando vivir, la sociedad deba paralizarse y entrar en un estado de letargo, a la espera de tiempos mejores.

Dicen que, a mal tiempo, buena cara, sentencia que no deja de estar teñida de un sentimiento de resignación que poco a nada tiene que ver con el tema que nos ocupa. Y este tema tiene mucho que ver con quienes no dejan escapar la oportunidad de disfrutar en un evento, para el cual han estado esperando durante todo un año. Cierto es que dicho grupo –los otakus, para empezar a centrarnos- no son los únicos que cuentan con eventos anuales, tal y como El Salón del Manga de Barcelona. Sin embargo, el mencionado grupo ha demostrado una capacidad de organización y una fidelidad que ya quisiera para sí el resto de los integrantes del mundo del fandom. Y es que la realidad es la siguiente: mientras el Salón Internacional de Cómic de Barcelona lleva varios años estancado en unas cifras similares de visitantes, su hermano pequeño, El Salón del Manga, no para de crecer.

Se podría argumentar que el primero ha llegado a un techo, algo que todavía no le ha ocurrido al Salón del Manga. Quien conoce este mundo por dentro sabe que el mundo del cómic en general no ha tenido un relevo generacional claro. Es más, de poder argumentar este relevo ha de nombrarse con mayúsculas el mundo del manga.

Los hijos de quienes aún leen cómics, prefieren leer mangas antes que cómic de superhéroes o álbumes franceses. Hay intentos, y cada vez proliferan más, de adaptar las temáticas y los formatos antes comentados a los nuevos gustos, pero dichas propuestas siguen sin gozar de una buena difusión entre quienes prefieren leer historias tremendamente dinámicas, con personajes de ojos rasgados, viviendo las más variopintas aventuras.
La consecuencia directa de todo ello es un distanciamiento claro, en gustos y estéticas, entre padres e hijos, los cuales disfrutan de un mismo soporte, el gráfico, pero presentado de manera distinta.

Además, el fenómeno de un Salón como el del Manga –a cuya sombra proliferan más y más eventos de este estilo- está directamente relacionado con la implantación del anime en las televisiones y en la gran pantalla, y con la invasión de todo tipo de merchandising llegado desde el lejano oriente. Esto no es algo exclusivo del formato, pero su implantación como un verdadero referente cultural no se puede comparar con nada conocido hasta la fecha. Lejos quedan colecciones como las de las figuras clásicas de Star Wars, G.I. Joe, Masters del Universo, o de superhéroes como Batman o Spider-man.

Los dos últimos, no obstante, continúan teniendo cierta vigencia -dadas sus adaptaciones cinematográficas y animadas- al igual que Star Wars, la cual se ha adaptado a los nuevos gustos con la serie Clone Wars. Sin embargo, no son comprables con todo el material que se podía ver en los diferentes stands que llenaban La Farga de L´hospitalet, una de la sedes del Salón del Manga de este año. La realidad es que el mundo del manga y el anime ha logrado desplazar al mundo del fandom clásico y éste último, o no quiere o no sabe qué hacer ante tal suceso.

Lo años no pasan en balde y queda claro que las nuevas generaciones vienen pisando muy, muy fuerte. Es un tarea casi titánica oponerse a ellas. Todo ello no es óbice para admitir que el mundo de los otakus es mucho más atractivo y dinámico que el mundo del fandom “clásico” y sólo hace falta ver las actividades de ambos salones catalanes para darse cuenta de ello.

En la edición 2008 del Salón del Manga se podía recorrer hasta tres escenarios distintos, según los gustos de los visitantes. Quien quisiera disfrutar con una selección de los mejores títulos de la animación más actual, podía. Todos aquellos aficionados al Karaoke, al World Cosplay Summit o a disfrutar con un concurso de ParaPara también tenían la oportunidad de ello, gracias a todos los actos organizados durante los días que duró el evento. Además, dichos encuentros estaban jalonados con las actuaciones de destacados grupos y solistas del panorama otaku.

Si el visitante prefería las mesas redondas, los encuentros con autores, visitar exposiciones o asistir a talleres, también tenía la oportunidad,  a lo largo de cada uno de los días.
Al final, se tenía la sensación de que un visitante cualquiera tendría que pasarse los cuatro días en las distintas sedes, desde las primeras horas -tras tener soportar alguna de las tremendas colas que se formaban para entrar. Una vez dentro, lo siguiente sería programarse el tiempo, como si de una misión de combate se tratara, y, a buen seguro, que le faltaría tiempo para ver todo.

No me quiero olvidar de un elemento que anima mucho el encuentro, que no es otro que los propios asistentes.

Se suele hacer especial hincapié en los invitados –de los cuales destacaría Kaiji Kawaguchi (Eagle);  Yoshikazu Yasuhiko (Gundam: The Origin) y Junko Mizuno (Cinderella)-  en las novedades editoriales presentadas, o en las exposiciones, de las cuales este año sobresalía la dedicada al personaje de Doraemon. Todo esto es muy importante y demuestra el nivel y el grado de profesionalidad de los responsables del evento. Sin embargo, el caudal humano que se desplaza hasta el evento termina por darle un sabor único y que lo diferencia del Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

Posiblemente el colorido, el cual tiene que ver con la afición de los otakus por ir vestidos igual que su personaje favorito, y su ansia por compartir con los demás sus gustos sea algo que se ha terminado por convertir en lo que les diferencia de los lectores habituales de cómics, ya sean éstos de superhéroes o del mercado francófono.  Al final, aquello que más le critican quienes no le encuentran al manga ninguna virtud se ha convertido en su mejor tarjeta de presentación.

Cierto es que los medios suelen abusar de los estereotipos y gustan de presentar a los otakus como una “panda de descerebrados” sin nada más que ofrecer –cuando no, cosas peores-. Afortunadamente, el tiempo está acabando con dichos prejuicios y cada vez son más los que opinan que el manga y el anime son una forma de narración tan válida e importante como las ya conocidas.

Ya sólo queda que el resto del mundo del fandom deje de ver a todo lo que rodea a los otakus y sus gustos –manga, anime y todo lo que se deriva de ellos- como una moda o una invasión que pone en peligro sus gustos. Que yo sepa, es lo mismo leer un cómic de Spider-man, una novela gráfica de David Lapham, un tomo de XIII o Death Note. Podrá variar el formato, pero todo está marcado por un común denominador, el formato gráfico.
El resto son etiquetas que, si bien sirven para identificar un producto, no deberían llegar más allá de su cometido.

Termino con un par de apuntes. Este año se han entregado, por primera vez, los premios del Salón del Manga, cuyas votaciones se han efectuado por Internet y la experiencia ha sido todo un éxito, a tenor de la alta participación registrada. Con ello, queda claro el nivel de implicación de los aficionados con sus series y/ o autores favoritos.

Y el sábado día uno de noviembre, los tres espacios en los que se desarrolló el evento presentaron lleno absoluto, tras las largas colas que se formaron desde tempranas horas de la mañana.  Al final pasaron 60.000 visitantes por El Salón del Manga, superando, por lo tanto, la cifra del pasado año, 48.000 visitantes. Entonces, ¿quién dijo que estamos en crisis?

Agradezco a Ficomic las facilidades dadas para la redacción de esta reseña, asi como a ediciones Glenat y la editorial Imho por las imágenes de esta columna.