domingo, 31 de mayo de 2009

AS DE PIQUE (segunda edición íntegra)


El dos de mayo de 1945 el tercer Reich alemán se rendía ante el inexorable avance de las tropas aliadas, tanto por tierra como por el aire. Atrás quedaban seis de años de una contienda que terminaría por dividir al mundo en dos bloques, ideológicamente enfrentados, hasta finales del pasado siglo.
Tres décadas después, el guionista Ricardo Barreiro y el dibujante Juan Giménez comenzaron a publicar As de Pique, una de las mejores aproximaciones de lo que fue la campaña aérea desarrollada por los aliados contra la Alemania nazi.

Para el dibujante, nacido en la ciudad argentina de Mendoza el 26 de noviembre de 1943 –en el mismo instante que caían bombas sobre cualquier ciudad alemana- significó la oportunidad que estaba esperando para poder ser un dibujante de cómic “a jornada completa”. Giménez (Juan Antonio Giménez López) empezó leyendo sus primeras historias gráficas en revistas argentinas, tales como Hora Cero o Misterix -llamada así, por el personaje del mismo nombre- y desde aquellas primeras lecturas desarrolló sus gustos por la ciencia ficción y por cualquier máquina o elemento mecánico, especialmente por los aviones y las motocicletas.

La posibilidad de conocer a unos de los dibujantes de Misterix le abrió la puerta al joven Giménez para aprender las técnicas de su futuro oficio y, de paso, publicar su primera historia titulada “El último disparo”. Después Giménez trabajaría como ayudante en una historia de aviones, la cual se publicó en la revista Hora Cero.

Tras estas tempranas experiencias, la carrera profesional de Juan Giménez se paró en seco, debido al traslado profesional de su padre. Por ello, Giménez se concentró en sus estudios; es decir, terminar secundaria y estudiar, luego, dos años en la facultad de Diseño. Fue una época de intenso aprendizaje, el cual sirvió de base para sus posteriores trabajos.
Al terminar este periodo de estudiante, Giménez pasó los siguientes años trabajando en publicidad, disciplina que le sirvió para conocer más de cerca el mundo de la animación, además de para profundizar en otros apartados de su técnica, tales como el uso del color.

A mediados de los años setenta nacía la revista Skorpio y, con ella, una posibilidad real de trabajar en el mundo gráfico. Si no me incorporo ahora, no entro más, pensé. Son palabras del dibujante, pronunciadas durante una entrevista realizada en 1996, en la primera edición de “Fantabaires” (salón del cómic de Buenos Aires). Entonces hice una doble vida: de día trabajaba normalmente y a la noche me preparé una historieta. Me hice un guioncito de excusa, un guión muestrario. Agarro un poquito de viaje temporal, entonces me muevo en el Oeste, paso por la Segunda Guerra Mundial y un poco de ciencia-ficción, todo junto en un guión. Tardé como 6 meses para hacer esas 3 páginas, pero no quería que me dijeran que no.

Tras lograr entrar en la revista, Giménez pasó un año de pruebas hasta que, en 1977, le llegó la oportunidad de trabajar en una serie bélica, escrita por Ricardo Barreiro. Hasta que me dijeron “Vos que te gustan las maquinitas y todas esas boludeces ¿no querés hacer una serie de aviones?” y cuando escuché “serie”, ya... “mmm... bueno”, como cualquiera, ¿pero de aviones? Qué palo, loco, ¿vos sabés lo que es hacer aviones? Sin documentación... yo no tenía nada. Tres libritos tenía...y La Amapola Negra, la historia que hizo Solano hace un montón de años; y ésa era una historieta que yo amaba. Entonces ahí me decidí.

La amapola negra narraba las 36 misiones realizadas por una fortaleza volante B-17 durante la Segunda Guerra Mundial. Escrita por Héctor Germán Oesterheld y con los dibujos del no menos mítico Francisco Solano López, la serie era uno de los referentes obligados cuando se hablaba de cualquier aproximación gráfica al conflicto aéreo de dicho periodo.

Con tan escaso bagaje, Giménez acometió la tarea y, ya desde el primero de los capítulos de la serie -titulado “Había una vez un cañón”- quedó claro que la elección de la revista no podía haber sido más acertada. Su completo dominio de las máquinas, tan protagonistas de las historias como lo son sus tripulantes, y su correcto y a ratos brillante dominio de la narrativa gráfica –apartado que desarrollará de manera exponencial a lo largo de la serie- se granjearon el favor del público desde la primera entrega.

A todo ello hay que añadirle los documentados y oportunos guiones de Barreiro, los cuales inciden en distintos aspectos de la contienda, aunque todos confluyen en un único motivo, motivo que no es otro más que la tremenda insensatez que domina cualquier conflicto bélico. En su afán por lograr la mayor verosimilitud histórica, Barreiro recurre, incluso, a la figura del teniente general Adolf “Dolfo” Galland, uno de los más carismáticos héroes de la aviación alemana, para que ejerza de maestro de ceremonias en dos de las aventuras de As de Pique. Precisamente, será en un encuentro con la J.V.44 (Jagdverband) más conocido como Der Galland Zirkus –en clara referencia al Richthofen Zirkus del legendario Barón Rojo- el que sellará el destino de la aeronave.

Durante los 27 capítulos que duró la colección no sólo asistiremos a los más encarnizados combates aéreos librados sobre los cielos de Europa, sino que tendremos tiempo de descender hasta la realidad de los habitantes de la ciudad de Londres, los campos de prisioneros, las fábricas de armamento de los Estados Unidos o los bombardeos masivos sobre la población civil alemana.

Esto no es óbice para olvidar que el eje central de la serie As de Pique es una fortaleza volante BOEING B-17F-10-BO, de la cual conoceremos dos versiones, tras el derribo de la primera de ellas. Sus misiones y la vida de sus diez tripulantes representan el pequeño microcosmos de otros tantos aparatos y tripulaciones de la 8ª y 15ª Fuerza Aérea norteamericana, destinadas en el Reino Unido desde 1943.
Sus continúas salidas, en pos de cercenar la industria y las comunicaciones de la Alemania nazi, y las pequeñas tragedias que tal esfuerzo representa son la columna vertebral de una historia tan apasionante como dramática.

Para Giménez, la serie supuso no sólo la oportunidad de dibujar uno de los bombarderos más emblemáticos de la Segunda Guerra Mundial –con permiso del británico Avro Lancaster- sino de efectuar un recorrido por aviones tan conocidos como los cazas de escolta aliados “Thunderbolt” P-47s y “Mustang” P-51D, o los germanos Messerschmitt BF-109G2 “Gustav” y Focke-Wulf FW-190 Würger, entre otros. Juntos y revueltos protagonizaron los más despiadados choques, en un momento en el que la balanza de la guerra comenzaba a desequilibrarse a favor de los aliados.

Sin embargo, donde el trabajo de ambos autores luce más, tanto por las historias y los diálogos escritos por Barreiro, como por los detallados e hiperrealistas dibujos de Giménez, es en los capítulos finales de la serie, cuando los reactores de la Lutfwaffe alemana se transformaron en la mayor amenaza de cuantas habían tenido que soportar las formaciones de bombarderos aliados desde su creación. Fueron momentos de tremendo desconcierto que la serie plasma con una verosimilitud cercana al documental. Poco podían hacer los aliados contra unos aviones muy adelantados a su tiempo. Sólo la falta de experiencia de muchos de los pilotos y los problemas de abastecimiento frenaron el impacto que los Me-163B-1 Komet y los Me-262 Schwalbo tuvieron entre las tripulaciones de las fortalezas volantes.

Sin dejar a un lado el escenario habitual de esta serie –los combates aéreos- nos encontramos con aquellas historias donde el sinsentido, la locura y el afán de destrucción que domina cualquier guerra conforman la narración en sí. Son historias como Una misión de rutina, relato sin ningún tipo de bocadillo -salvo al principio y al final de las diez páginas- que nos describe el bombardeo con bombas de fósforo de una ciudad cualquiera del norte de Alemania. No hace falta explicar nada para comprobar, siguiendo las magníficas viñetas de Giménez, la catarata de destrucción desplegada por los aliados en su empeño por debilitar al Reich alemán.

En Dresde, infierno nocturno, infierno diurno, las dos partes que reproducen el denostado, criticado y nunca suficientemente justificado bombardeo de la ciudad de Dresde, durante los días del 13 al 15 de febrero de 1945, ambos autores terminan por reproducir una radiografía de lo que fueron aquellos tres años de raid aéreos. Poco importan los bailes de cifras –los historiadores sitúan las víctimas de aquellos días entre 35.000-40.000, aunque otras fuentes las aproximan a las 100.000- lo que interesa a Barreiro y Giménez es contar la manera metódica y calculada con la que los aliados castigaron a una ciudad habitada por mujeres, niños, ancianos y refugiados de otras partes de Alemania. Y cómo sólo unos pocos cazas, apenas 30 frente a los 3000 bombarderos que participaron en el raid, pudieron hacer frente a una de las más controvertidas acciones de guerra del conflicto, aunque no la única por desgracia para el género humano.

Termino este recorrido deteniéndome en las historias donde el componente humano sobrepasa a la máquina. En este bloque se encuentran capítulos, tales como Permiso en Londres, donde uno de los tripulantes del As de Pique se topa con la dura realidad de los civiles en tiempos de guerra. Después están las pequeñas tramas relacionadas con John Reed, uno de los artilleros laterales del B-17, quien, tras caer desde la fortaleza volante, recorrerá un largo camino que lo llevará hasta un campo de prisioneros y, de ahí, de vuelta al servicio activo. El guionista tiene tiempo, tomando de excusa a la novia de John Reed, para contarnos algunas de la paradojas que suceden en cualquier conflicto bélico en De cómo Joan Simmons salvó a su amado.
Little Nemo es un sentido homenaje al inmortal personaje creado por Windsor McCay en 1905. En la historia se mezcla un bombardero Gotha de la Primera Guerra Mundial con un alado y mitológico dragón, antes de darnos cuenta de que ¿todo es un sueño?

Estas historias desmienten las críticas que se suelen formular sobre el trabajo del dibujante, muchas de las cuales se fundamentan en que Giménez asfixia a sus personajes en medio de tanta tecnología. En As de Pique, las máquinas son protagonistas, tanto como lo pueden ser los seres humanos. Las B-17, Me-109, los cañones de 88mm de la Flak alemana… son sólo elementos puestos en el escenario para que los lectores seamos testigos de las sangrientas batallas que se libraron en los cielos del viejo continente. Unas batallas que se saldaron con tremendas pérdidas por ambos lados, para que al final fueran los combates terrestres los que decidieran el desarrollo de la contienda.

Treinta años después de su última misión, las historias de Barreiro y Giménez en As de Pique mantienen fresco el mensaje antibelicista que impregna toda la obra –influencia directa del gran Oesterheld, a quien guionista y dibujante admiraban profundamente- además del enorme talento artístico del dibujante argentino, impreso en cada página de la obra.

Ya sólo queda ocupar nuestro lugar en la aeronave y disfrutar con la verdadera historia de los raid aéreos de la Segunda Guerra Mundial, formando parte de la tripulación del As de Pique.


Guión: Ricardo Barreiro
Dibujo y tinta: Juan Giménez
Tomo de 258
Precio: 25€
Dolmen Editorial



Agradezco a Dolmen Editorial, las facilidades dadas para la redacción de esta reseña así como la imagen de portada..

As de Pique © Ricardo Barrerio por el guión y Juan Giménez  por el dibujo 2013

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