martes, 19 de mayo de 2009

LA PRINCESA CABALLERO

Osamu Tezuka
Colección Clásicos Manga
Serie completa en tres volúmenes
Páginas: 216 en blanco y negro
Precio: 8,95€ cada número
Editorial Glénat


La madre de todos los shôjos, género clave de historieta japonesa, es la historia escrita por Osamu Tezuka en 1953, que vio la luz por vez primera en la revista mensual para chicas editada por Kôdansha, Shôjo Club.
Bajo el nombre de Ribon no Kishi, literalmente “El caballero del lazo”, esta historia supone un momento cumbre en la carrera de Tezuka y en la historia del manga en general, ya que fue el primer shôjo manga en el que el inimitable creador aplicó las bases del story manga. Hasta la aparición de esta magnífica obra, los mangas dedicados a chicas, y a chicos, eran de corta duración y prácticamente sin aventuras de por medio.

La obra, que gracias al esfuerzo de la editorial Glénat podemos leer en castellano, trata de una princesa que, por razones del destino, ha de ocultar su identidad sexual disfrazándose de varón. Este hecho, por muy extravagante que nos pueda parecer, no era ninguna novedad en la época en la que surgió dicho manga, pero sí es una muy buena excusa para encontrarnos con situaciones contradictorias que dan pie al humor.

Lo que hace lo único y por lo que se considera a La princesa caballero todo un mito dentro de los mangas es la acertada combinación que Tezuka hizo de este mito de la heroína guerrera junto con otras influencias gráficas y narrativas, pues aparte del toque disney de los personajes hay escenas de peleas de espadas, aventuras con piratas, seres mitológicos y sobrenaturales, y el escenario de toda la trama es una Edad Media muy inspirada en la Francia de los Tres Mosqueteros, o la Austria de Sissi.

La vida de Zafiro, nombre de la princesa protagonista de la historia, es un poco complicada de entender. Nació con dos corazones, pues un angelillo travieso le hizo tragar, en el cielo antes de nacer, un corazón azul, después de que Dios ya la hubiera señalado como niña y, por ende, haberse tragado un corazón rosa. Además, para rematar la faena, en el reino en el que nace impera la ley Sálica, esa ley que prohíbe que las mujeres suban al trono, y desde que nace se corre el rumor de que es un niño.

Menos mal que, al tener dos corazones, puede disimular muy bien, pero nadie le quita a su madre, la Reina, el disgusto de ver cómo su hija Zafiro es educada medio día como señorita pulcra, distinguida, y elegante, y el otro medio día como un valeroso caballero diestro con la espada.
Tink, el travieso angelillo que mencionamos antes, recibe la orden de Dios de arrancarle el corazón azul a Zafiro, pues ella es mujer, y es enviado a la Tierra para llevar a cabo su misión. ¡Qué incauto es al pensar que será una tarea fácil!

No obstante, Zafiro tiene muchos enemigos, y uno de los peores está dentro de su propia familia. Se trata del duque Duralmín, hombre indeseable, egoísta, y déspota que quiere el trono para si y para su hijo, un mojigato chiquillo llamado Plastic. Duralmín, desde el nacimiento de Zafiro, la hace controlar por medio de espías, ya que no ha visto de qué sexo es el bebé, y cuando ya Zafiro es más mayor, le concede el relevo de estas maquiavélicas ocupaciones a Nailon, un personaje que odia a Zafiro y a su madre, y que haría de todo con tal de verlas lejos del trono.

La trama empieza a complicarse una vez que, tras haberse vestido de mujer con una peluca castaña, Zafiro conoce al príncipe vecino, Franz Charming, en un baile y ambos se enamoran. No obstante, Zafiro tiene que huir sin decirle al príncipe quién es, al igual que haría una chica de pelo castaño en la película Cenicienta, para defenderse de las maquinaciones de Nailon, que quiere sonsacarle a uno de los preceptores de la princesa si ésta es un hombre o una mujer.
El nudo producido por este primer equívoco empieza a tensarse cuando, en un torneo, los intentos frustrados de asesinato de Zafiro se materializan en la muerte del padre de ésta, y los hados del destino hacen que todos culpen al príncipe Charming de asesinato premeditado, pues fue su espada, la que envenenada antes por Nailon para matar a Zafiro, acabó hiriendo al rey.

La princesa, vestida de hombre para la ocasión, ordena que el príncipe Charming sea encerrado en prisión, lo que causa que el nuevo prisionero le declare su eterna enemistad al príncipe Zafiro.
No obstante, el príncipe Charming no pasará ni una noche en el calabozo, pues su amada desconocida de la peluca castaña, que no es otra que Zafiro vestida de mujer, le ayudará a escapar.

La situación se pone fea para el detestable Duralmín, pues tras la muerte del rey, el siguiente en el trono es el príncipe Zafiro, con lo que sus posibilidades de gobernar el reino son nulas. Por ello no duda en dar a beber a la Reina, el mismo día de la coronación de Zafiro, un brebaje que obliga a decir los pensamientos más oscuros y escondidos. Así, de una forma tan poco digna, a pocos instantes antes de ser coronado rey, Zafiro ve para su horror, cómo su madre grita a los cuatro vientos que su hijo es su hija, y que se lo han ocultado al pueblo.

Esto desata el descontento del pueblo, y cómo no, una inmensa alegría en la fea cara del duque Duralmín, que por fin logra que su hijo acceda al trono y envía a Zafiro y a su madre, ya desposeídas de toda consideración social, a pudrirse en una cárcel lejana.

Siguiendo la trama hasta aquí, uno pensaría que éste será el final de la pobre Zafiro, pero no, pues el duque dicta matar a las dos mujeres, pero esto no causa sino que el carcelero, el jorobado Gamer, se haga uno de los más fieles servidores de la Reina y su causa.
En el encierro de Zafiro y su madre en la cárcel observamos una de las situaciones más tiernas de la historia, pues Zafiro, tras entender que allí viven ratoncitos, señala el huequito en el que moran, para así no confundirse, y ellos se preocupan por ella cuando no se le permite comer. Al igual que en la primera película de animación de Disney, Blancanieves y los siete enanitos, Zafiro traba amistad con estos roedores, que serán para ella grandes amigos, y le ayudarán en todo lo que les sea posible.

Mientras tanto, en el reino en el que Plastic gobierna, se vive con miedo, con leyes prohibitivas y con castigos severos que nos hacen recordar la Inglaterra de los tiempos del príncipe Juan Sin Miedo tras la marcha de su hermano, Ricardo Corazón de León, a luchar en las Cruzadas, que tan bien han sabido plasmar las diferentes versiones de las películas de Robin Hood.

Volvamos a Zafiro. Una vez fuera de la cárcel, gracias a la inestimable ayuda de los ratones, regresa a su reino para encontrarse con sus enemigos. De repente se sabe que el rey busca una chica y, tras la natural espantada de todas las doncellas casaderas y las que no lo son en busca de refugio, Zafiro se deja apresar vestida de mujer para entrar en el castillo. Sin embargo fracasa en su empeño de robarle la corona al rey Plastic y se ve en los calabozos de su antiguo hogar.

Es allí donde recibe la visita, por vez primera, de un personaje que estará en el resto de la obra de una manera muy presente. Se trata de la Dama Hell, una bruja muy poderosa que desea para su hija, Hekate, el corazón rosa de Zafiro, pues quiere que su hija se vuelva una señorita educada y tierna para poder casarla con el príncipe Charming. Esta sería la trama principal de la historia.

El resto, el desarrollo de los acontecimientos, cómo consigue el príncipe Charming entender quién es la misteriosa chica del cabello castaño de la que está enamorado, qué sucede con Zafiro y las mil y una aventuras a las que se ha de enfrentar para conseguir su cometido; es decir, casarse con el príncipe Charming, es algo digno de leer y vivir, por lo que no les comentaremos nada más, sino que es una magnífica aventura que nos hará pasar un rato estupendo en compañía de unos personajes que tardaremos en olvidar.

Eso sí, les revelamos que, por vez primera, se plasma una huelga de servicios en la Edad Media como protesta por una acción gubernamental. ¡Hasta en eso fue innovador el maestro Tezuka!

Agradezco a la Editorial Glénat y a Elena Santana Guevara su colaboración para la realización de esta columna y a la editorial, la imagen de la portada.

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