domingo, 5 de julio de 2009

Entrevista con François Walthéry



Entrevista realizada por: Elena Santana y Eduardo Serradilla
Traducción del francés al español: Elena Santana
Agradecimientos: A Mr. Anssi Rauhala por sus gestiones para poder entrevistar a François Walthéry.
Publicada en: Dolmen Europa# 1, en diciembre del año 2008. © Dolmen Editorial

¿Cuáles fueron sus primeros contactos con el mundo del cómic?

De eso hace mucho ya… El primer cómic que tuve en mis manos fue uno de Tintín –al ser belga, esto era producto nacional-, precisamente aquel en el que aparece por vez primera el Capitán Haddock, una aventura increíble.

Yo era muy pequeño entonces, de hecho fue mi hermana la que me lo leyó una y otra vez, hasta que me lo aprendí de memoria y supe “leer” lo que había escrito en esas páginas. ¡Algo digno de ver, no te creas! Luego lo que hice fue copiar y copiar al Capitán Haddock, su espada, su botella, etc.

Ya más mayor, me enganché a la magnífica revista de Spirou, a Las aventuras de Spirou y Fantasio. Fue entonces cuando, maravillado por lo que veía, a los siete u ocho años de edad decidí que ése iba a ser mi futuro profesional, ser dibujante. Sabía que no iba a ser nada fácil de conseguir, pero quería ser dibujante profesional. En ese momento no se hablaba de cómic, sino de series juveniles. Y sí, yo quería dibujar series juveniles.

Quería dibujar series del tipo Spirou y Fantasio, Tintín, y también del tipo Mickey Mouse, por supuesto. El pato Donald de Carl Barks era alucinante.
En Francia, además, había una serie que me gustaba muchísimo. Ésta aparecía en una revista femenina llamada Femme d’ Aujourd’hui -en la línea de la revista Marie Claire actual- dibujada por Edmond Calvo, autor español que vivió en Francia. Los personajes principales eran un gato y un ratón. La serie se llamaba Moustache et Trottinette y me acuerdo leer sus aventuras cada semana. Muchos años después descubrí que Calvo había sido una gran influencia para Uderzo.


¿Era de los que se pasaba dibujando todo el tiempo?

No. Mi padre sí que dibujaba muchísimo por las tardes, para distraerse, pues no había televisión por esa época. Le gustaba copiar las caricaturas de los políticos que aparecían en las revistas de crítica. Yo simplemente me dedicaba a copiar lo que dibujaba mi padre.

¿Qué fue lo primero que consiguió publicar y cómo logró que lo ficharan de dibujante?

Eso ya sucedió más tarde en la línea temporal. Tendría quince años cuando me decidí a mostrar mis ilustraciones, tanto lo que había copiado como ideas propias, a un dibujante profesional que vivía cerca de la casa de mis padres, a Mittei. Éste había dibujado muchos de los fondos para Ricochet y era el autor de numerosas historias publicadas. Además, tocaba el contrabajo, pero era un músico que conseguía hacer ruido más que otra cosa… Bueno, fue Mittei quien me dio la oportunidad de publicar por vez primera –una historia llamada Pipo et Compagnie-, en un suplemento de la revista Tintín, dado que el dibujante oficial estaba enfermo y había que reemplazarlo cuanto antes. A los dieciséis años me vi haciendo dieciocho páginas sin casi tiempo.

En la redacción de la revista Spirou me comentaron que Peyo necesitaba ayuda con Los Pitufos, y que le daba igual quien fuera, siempre y cuando pudiera dibujar. Dado que cumplía con el perfil de lo que se buscaba, a la edad de diecisiete años empecé a trabajar con Peyo. Al preguntar si podía trabajar desde casa me dijeron que no y, por tanto, me mudé a casa de Peyo. Colaboré con él durante doce años. Después Peyo trabajó con Ivette Lava, hasta que se murió. Evidentemente, también viví en casa de mis padres. Viví diez años en Bruselas con Peyo, pero me quedaba en casa de mis padres, en Lieja, de vez en cuando. Una vez tanto Westerlain como yo tuvimos que ayudar a Peyo a terminar una historia de sus Pitufos. Peyo era todo un personaje.

¿Cómo eran las historias de idea propia que ha comentado, las que creó antes de conocer a Mittei?

Eran historias cortas que jamás terminé. Las empecé, me inventé los personajes, sus características, y dibujé algunas páginas. No obstante, me di cuenta enseguida de que era una labor demasiado cansina para una sola persona. Para conseguir una ilustración aceptablemente buena había que echarle horas al asunto, y eso sin un argumento era complicado. Además, el tener que crear yo la propia trama de la historia ralentizaba muchísimo la fase del dibujo. Y, precisamente, esta fase era la que más me gustaba.

Me gustaba tanto que decidí estudiar Bellas Artes, en Lieja, en Saint Luque. Ahí conocí a otros dibujantes de cómic, tales como a Danny. Me fue muy bien conocer a más dibujantes, a más amigos, dado que me ayudaron en momentos difíciles.

Con Peyo dibujé un montón de setitas, las casitas de los Pitufos, muchas plantas, pero Natacha no tenía nada que ver con el mundo de Los Pitufos. Natacha surgió mientras vivía con Peyo, en 1968, y era algo más complicado de dibujar que lo anterior. Dibujar chicas requiere mucho esfuerzo, porque tiene que quedar creíble, pero sin caer en el puro retrato. Por ello, un dibujante avezado en la materia que tenía entre manos, Will, me ayudó a dibujar a Natacha.

Tardé mucho en publicar el primer álbum, unos cuatro años, porque me encargaba a la vez de ilustrar las vivencias de Benoît Brisefer, otro de los personajes de Peyo. Peyo no tenía tiempo más que para sus Pitufos, por lo que sus otros personajes quedaban a disposición de distintos dibujantes, entre ellos, yo. Es de entender el que no tuviera casi tiempo para Natacha. No obstante, el primer álbum de Natacha fue todo un éxito y mi editor me ordenó a que continuara las aventuras de mi azafata. Yo estaba alucinado con lo que ocurría a mi alrededor, de veras.

¿Por qué Natacha?

Desde el principio utilicé la caricatura de una amiga, que no es mi mujer, y utilicé el peinado de moda de aquella época para mi personaje. Por aquel entonces se hacía uso y abuso de la laca. Natacha se ha tenido que adaptar a los tiempos que corren, pero su aspecto físico sigue siendo el mismo. Sigue teniendo su traje de azafata, su gorrito a juego, y es cierto que ya hay pocas compañías aéreas que sigan teniendo el gorrito a modo de complemento del uniforme de azafata. Creo que no podría dibujar a Natacha de otro modo.

Y no solamente su aspecto físico, sino su personalidad. Natacha no es la chica del héroe, sino la heroína propiamente dicha. Es una mujer moderna, que sabe tomar sus propias decisiones, y que no se achanta ante ningún reto. ¿Qué le hizo decidirse por un personaje así, hace ya cuarenta años?

Recibí ayuda de tanto Gos como de Peyo a la hora de diseñar a Natacha. Nos gustaba hablar de ella, nos divertíamos pensando en un futuro personaje.
Luego, en la redacción de la revista Spirou, me confesaron que no tenían ninguna serie protagonizada por una chica. Al principio no les convencía mi idea –meter solamente a una chica en una trama muy parecida a las de las aventuras de Spirou y Fantasio- e incluso el redactor jefe de la época, Yvan Delporte la declinó.


Tuve problemas a la hora de plantear a mi personaje, porque quería que fuera decidida, importante para la trama. En aquella época se miraba mucho qué hacía o no una mujer en la vida real, y eso se traducía a la redacción de la revista.
Walter, en un segundo plano, surgió para que se llevara los golpes que deberían recaer en Natacha, dado que, si bien es cierto que Natacha se comporta, a menudo, como un varón, también hay que considerar que no estaba bien visto que se pegara a una mujer.
No obstante, ella puede hacer muchas cosas sin Walter, se defiende bien y, también, corre muy rápido.
Walter, que empezó en las historias poco más o menos que por imposición, sin saber cómo iba a ser terminó por presentarse como un personaje complejo, con gran personalidad y resulta indispensable a la hora de contar alguna de las aventuras de Natacha. Es más, incluso se puede usar a Walter de forma casi única para una historia, al igual que se puede llevar a Natacha por si misma a vivir cualquier aventura. Se complementan el uno al otro muy bien. Me gusta mucho este personaje.
No sé cómo es en otros idiomas, pero en francés Walter y Natacha no se tutean. Sí que tienen una relación cordial, pero se respetan tanto que se tratan de Usted. Se insinúa que se llevan más que bien, pero no son más que amigos, por lo que no tengo pensado, si quiera -y eso que ya llevan cuarenta años juntos- que esta relación cambie.

¿Por qué llamó a su personaje Natacha?

Se trata del diminutivo de Natalia, en ruso, pero, por aquel entonces, nosotros pensábamos que era un nombre de chica, igual que Ana o Sara. Hace diez años me invitaron a ir a San Petersburgo y ahí descubrí que tan sólo hay Natachas niñas, las adultas son Natalias. Hoy en día ya hay mujeres que tienen por nombre Natacha, y no Natalia, pero esto es nuevo.

Escogí el nombre de Natacha por su sonoridad de vocales fuertes, a –a –a, por su ritmo. Y creo que fue una buena idea, porque en casi todos los idiomas a los que se ha traducido Natacha, el nombre de la azafata ha permanecido igual que el original. Es un caso bastante raro, dado que hay muchos personajes de cómic que de un idioma a otro cambian completamente de nombre.

Tan sólo recuerdo un caso en el que cambiaron el nombre de Natacha. En las primeras ediciones alemanas Natacha se llamaba Catia, hace ya muchos años, pero después se volvió a llamar Natacha.

Ha trabajado con diferentes guionistas, con Marc Wasterlain, Étienne Borgers, Maurice Tillieux, Raoul Cauvin y Peyo. ¿Con cuál se ha sentido más a gusto trabajando y por qué?

Con todos, ha sido un autentico placer colaborar con todos ellos. La redacción normalmente decidía quien trabajaba con quien, pero a mí ya me habían propuesto distintos guiones. Yo tenía gente que quería, sorprendentemente, trabajar conmigo y los guiones eran geniales.
Wasterlain es un gran amigo, nos conocemos mucho y trabajamos bien juntos. Hice tres álbumes con Tillieux. Se lo leía todo, me corregía muchísimo, y yo obedecía, por supuesto. Gracias a él se lograba que la trama y lo que se contaba gráficamente fuera uno.


Tillieux era un hombre enorme, una persona increíble. Nació en 1921, por lo que ahora tendría ochenta y siete años. Lamentablemente murió en un accidente de tráfico con tan sólo cincuenta y seis años. Venía de Angoulême, de su casa, e iba hacia España. Allí tenía una pequeña casa con otros dibujantes. Charles Depuis, el editor, sí que tenía una hacienda bien grande, pero los dibujantes no llegábamos a tener esos lujos.

Tillieux aún estaba en territorio francés y por esas dadas se celebraba el Tour de Francia. Salió de una carretera se metió en otra, pero no vio que había un pequeño grupo de gente. Intentó rectificar como pudo, pero el coche chocó contra un camión que venía en dirección contraria a unos 90km/h. El coche salió fuera de la carretera y rodó por la hierba con Tillieux dentro inconsciente, dado que se golpeó la cabeza. El diagnóstico fue coma de grado 3 –lo máximo en profundidad de coma es el grado 4, muerte cerebral- con lo que le pronosticaban que se quedaría como un vegetal para siempre. Sus hijos, ante tal situación, decidieron que lo mejor era desconectarlo.Es una historia muy triste. Él, que había dibujado tantos accidentes de coche…

Por aquel entonces estaba yo trabajando en un álbum llamado L’Ange blond, cuyo guionista era Tillieux. Me había desplazado hasta Londres para sacar fotos cuando recibí la trágica noticia de mi amigo. Lo inmediato fue salir corriendo de allí, destrozado, y ni siquiera pude pensar en el proyecto que, por supuesto, terminó en un cajón. Al final lo terminé seis años después.
Sí, he trabajado con varios guionistas. Me gusta trabajar con gente distinta, porque así puedo experimentar con distintos estilos, siempre y cuando el guionista esté disponible, claro está. En cuanto a los guiones, me los mandan en formato de novela y soy yo mismo el que corta la trama para establecer las viñetas. De este modo, puede que una página dibujada sea solamente una frase del guión, o que páginas y páginas del guión se conviertan en una sola viñeta. Considero que es la mejor manera de mostrar la acción. Tillieux solía hacer esto mismo, y yo le ayudaba.


Con los otros guionistas lo que suelo hacer es hablar antes de la idea principal, me reúno con ellos en algún sitio, una vez he recibido el guión, y luego corto la trama para que quede bien en el álbum. Suelo trabajar en casa, por la noche, pero debo decir que es muy cansino y, a veces, muy duro. Cogí esta costumbre, el hecho de trabajar de noche, porque Peyo hacía esto mismo.

¿Cuál es, para usted, la mejor aventura de Natacha?

Creo que tendría que responder Le treizième apôtre, el álbum número seis de la colección. Es que el más me gusta, porque se trata de un guión de Maurice Tillieux para su personaje Félix. Tillieux me retó a transformar su guión en uno adecuado para Natacha.

Donde yo vivía había mucha gente de nacionalidad turca, muchos kurdos, y cerca de mi casa vivía una familia que conocía. Les expliqué la problemática a la que me enfrentaba; es decir, no tenía fotos en la que basarme para dibujar la historia de Tillieux, y me invitaron a ir a la casa familiar en Turquía. Eso fue en 1975.
Así que me fui con mi cámara a cuestas a pasar un mes en Turquía. Me lo pasé genial, comí estupendamente, no me puse malo en todo el tiempo que estuve viviendo allí con ellos, y conseguí hacer unas fotos estupendas en Estambul, Izmir y en el Saint-Tropez de Turquía, Boudrum.


Me lo tomé tan a pecho, en documentarme, en demostrar que había estado allí, y en plasmar lo que vi en el álbum que ha habido gente que ha tachado el álbum de ser simplemente un libro de viaje. Es un honor que se piense eso, pero creo que la trama es, también, muy buena.
Otra historia que también ha recibido críticas es Natacha et les petits miquets, en donde dibujé a casi todos mis amigos. La crítica definió esta historia “más una broma de estudiante que un trabajo de un profesional” cuando se trataba de una broma. Supongo que quien dijo eso no cogió el chiste. Y eso que la crítica hacia los editores por parte de Mittei era la mar de sutil…


¿Cuál cree que es el encanto de un personaje como Natacha, con cuarenta años de vida y veinte álbumes, y que se sigue publicando hoy en día?

Creo que se sigue publicando, porque yo no he dejado de dibujar a esta azafata aventurera. Pienso que si dejara de hacerlo la gente se olvidaría de ella. En cuanto a su encanto, eso ya no sé qué responder. Hay muchos personajes estupendos que desaparecen. Para mí, la publicación de cada álbum de Natacha es todo un acontecimiento, dado que no sucede a menudo, porque tardo mucho en completar una historia.

¿Piensa que su personaje tiene espacio en el mercado actual, dominado por el manga y los superhéroes?

Sí, Natacha tiene aún lugar en el mercado francés, pero es cierto que los cómics francófonos se han visto marginados por la invasión de los superhéroes y el manga. Lo curioso es que aún y todo el público quiere cómics realizados y editados en Europa. Hay gustos para todos, pues los niños de antes siguen demandando, ya adultos, las aventuras con las que crecieron.

Los mangas se venden al lado de las aventuras de Spirou. Tienen una gran tradición, pero ahora se han convertido en una moda. Creo que hay que tener mucho cuidado, porque ha habido muchos casos de pedofilia, pornografía y otros temas, pero en general es otro modo de expresión gráfica. Hay series estupendas, me encantó Akira, por ejemplo.

¿Qué opina de quienes lo consideran el último autor clásico de la Bande Dessiné?

Me siento muy honrado, pero no creo que sea cierto. Hay muchos otros dibujantes, reconocidos, que siguen dibujando y que también son de la época. No considero que sea justo decir esto.

Agradezco a François Walthéry su imagen para poder ilustrar esta reseña

Natasha « Hostesse de l?air » © and TM François Walthéry 2010
Pipo et Compagnie © and TM François Walthéry 2010

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