lunes, 28 de septiembre de 2009

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE SPIDER-MAN

Aún hoy en día, en plena era de las comunicaciones y una cultura que no se ciñe solamente a unas determinadas elites, hay muchos que se empeñan en negar el valor de un arte como lo es el cómic. Para ese pequeño y/o gran número de personas, el cómic sigue estando ligado al público infantil y sus temas no tienen nada que ver con la realidad.

Desgraciadamente para los que piensan así, la mencionada realidad se encarga muchas veces de recordarles lo contrario. Un ejemplo de esto sucedió en la Guerra de Afganistán, durante el año 2008. En dicha contienda, una misión de rescate se saldó con una victoria gracias a un personaje de cómic, Spiderman.

Empecemos por el principio. En el verano del año 2008, un pelotón de SEALs de la Marina de los EE.UU. se vio atrapado en territorio hostil tras una misión detrás de las líneas enemigas. Ante la demanda de rescate por parte de los SEALS, el mando americano envió un helicóptero CH-47 Chinook, el cual fue derribado antes de conseguir rescatar a los soldados.

Después de esto, la siguiente opción fue mandar a los miembros del AFSOC, unidad especializada en rescates de alto riesgo, perteneciente a las fuerzas aéreas norteamericanos. La unidad, equipada con helicópteros Sikorsky UH-60 –más conocidos como Black Hawks- lleva realizado desde el comienzo de la mencionada guerra cerca de 300 misiones con éxito.
A pesar de ello, y por lo complicado de la orografía afgana, las posibilidades de éxito de esta nueva misión eran más bien escasas. Y, por si esto fuera poco, durante 24 horas se perdió contacto con el pelotón de SEALs, algo que a punto estuvo de terminar con la misión, antes siquiera de comenzar.
Al final, después de 36 horas y de evitar un accidente que hubiese terminado con la vida de los miembros de la unidad AFSOC, se logró llegar hasta el punto de encuentro estipulado.

UH-60 “Black Hawk”
© Air Force Special Operations Command 2010

Para aquellos que no lo sepan, en este tipo de misiones el soldado que desciende del helicóptero -para ir a buscar a quienes se quiere rescatar- suele memorizar algún que otro dato personal de esas personas, para así poder concretar que se trata de la persona correcta, y no alguien que pudiera ser un enemigo.

En esta ocasión, el soldado responsable memorizó el siguiente dato personal del oficial al cargo del pelotón de SEALs: su héroe favorito. La respuesta, Spiderman, era la misma que hubiera dado el soldado de la unidad AFSOC de haber estado en la situación del otro.

Al llegar al punto de encuentro, el soldado de la unidad AFSOC se encontró con un hombre ataviado con indumentaria afgana. Tras saludarle, le hizo la pregunta que había memorizado, la cual fue respondida correctamente por parte de su locutor.

Ya sin duda alguna de la identidad de la persona en cuestión, el soldado de la unidad AFSOC ayudó al oficial y al otro superviviente –los únicos que quedaban del pelotón de SEALs- a subir al helicóptero y salieron de allí a toda velocidad.

Desconozco si Stan Lee, uno de los creadores de Spiderman, conoce esta historia. No obstante, de conocerla, creo que se sentiría muy orgulloso de que un personaje suyo ayudase a salvar vidas en medio de una guerra.

Como podrán ver, los cómics no son solo un entretenimiento para niños, sino una parte muy importante de la cultura popular del siglo XXI. Y quien no lo quiera ver así, dos problemas tiene.

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Spider-man © and TM Marvel Comics 2010

lunes, 14 de septiembre de 2009

QUE SALONES LOS DE AQUELLOS AÑOS

Empecé a trabajar en el Salón Internacional del Cómic de Santa Cruz de Tenerife de una forma un tanto rocambolesca. Literalmente, me bajaron de una escalera para proponerme trabajar.

En aquel momento me encontraba montando la última parada de lo que fueron las primeras jornadas de cine fantástico y cómic –Phantacom 2002- en las instalaciones de la Biblioteca Insular de la plaza de Hurtado Mendoza, en Las Palmas de Gran Canaria.
A poco menos de una semana de comenzar, el entonces director del Salón, Patricio García Ducha, me llamó para preguntarme si estaba interesado en participar en las actividades del evento comiquero tinerfeño. Yo, con cara de sorpresa, le agradecí que se acordara de mí, pero le comenté lo que estaba haciendo.

Inmune al desaliento, Patricio me mandó un fax, en el que se especificaba lo que quería de mi persona y lo que ofrecía. Tras unos minutos hablando del tema con el dibujante, guionista, organizador de eventos y amigo, Juan Pedro Rodríguez Marrero, decidí aceptar la oferta, aunque ello me supusiera tener que desmontar parte de lo que ya estaba preparado en la biblioteca. La verdad es que gracias a Juan Pedro pude ir, dado que fue él la persona que se hizo cargo de todo, durante la semana que yo permanecí fuera.

Al final, la experiencia no solamente valió la pena, sino que supuso el comienzo de una relación profesional y personal que duró cinco años y que todavía continua, aunque en otros eventos –tales como las jornadas del Cómic, organizadas por el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Tengo que admitir que aquel primer año me cogió con el paso cambiado, tanto por la atención recibida por parte de los organizadores como por la respuesta del público asistente. Acostumbrado a tener que lidiar con problemas y más problemas, durante mis experiencias en Las Palmas de Gran Canaria y no tener casi nada claro, trabajar en el Salón Internacional del Cómic de Santa Cruz de Tenerife fue algo para lo que no estaba del todo preparado.

Aquel evento, el cual cumplía diez años de vida, tenía un propósito y un fin claros, lejos del mercantilismo de otros eventos peninsulares y el populismo barato que algunos se empeñan en promocionar.
La idea era la siguiente: dar a conocer el noveno arte, en cualquiera de sus facetas y de manera amena y sencilla. Además, la sala de arte La Recova se me antojó el mejor de los escenarios, aunque, con el paso de los años, tuve que admitir que problemas con el calor –húmedo y pegajoso, sobre todo durante el mes de agosto- no ayudaban a que los visitantes acudieran hasta sus instalaciones.

Por aquel entonces desconocía los problemas que se escondían en la tramoya del encuentro, pero la idea original siempre me pareció muy interesante y digna de apoyar.
También están las propias limitaciones del espacio y la sensación de que el evento debía abandonar aquel espacio o, por lo menos, expandirse en otros ámbitos, principalmente el universitario. Hubiera sido ideal poder alternar las actividades, tanto en Santa Cruz como en La Laguna, con el consiguiente cambio de fechas –algo que se intentó un año, con una respuesta más que positiva-.

En cuanto a la calidad de los autores invitados, en mi primer año coincidí con los dibujantes Juan Giménez, Werner Goelen “Griffo”, el colectivo La Penya y el tinerfeño Eduardo González. El nivel siempre fue bueno o muy bueno, teniendo en cuenta los problemas de fechas que tanto daño le acabaron haciendo al evento.

Y es que uno de los principales problemas a los que siempre se enfrentó el Salón Internacional del Cómic de Santa Cruz de Tenerife, por lo menos durante los años en los que yo trabajé, fue el baile de fechas. El disparate llegó durante la última edición celebrada, momento en el que, más que un salón de cómic nos vimos obligados a bailar “la Yenka” (recuerdan la canción ¡adelante, detrás! ¡Un, dos, tres!), dado que a los responsables les dio por cambiarnos la fecha de inauguración, no sé cuántas veces en tan solo un día.
Este detalle, el cual parecía no importar a los verdaderos responsables del salón, el Organismo Autónomo de Cultura del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se mostró incompatible cuando se quiso empezar a traer autores extranjeros, principalmente anglosajones.

Al no tener nunca muy claro las fechas reales o, peor, al tener que cambiar, de un día para otro, las fechas previstas –algo que ocurrió en la edición del año 2005- se fueron por la borda seis meses de trabajo y la posibilidad de traer hasta la isla del Teide a dos autores americanos de primera fila. Al final, de una forma u otra, se lograba “salvar los muebles” y, durante los años 2004 y 2005 se desplazaron hasta Santa Cruz de Tenerife el guionista y dibujante Eric Shanower; el también dibujante y guionista Mark Crielly; el guionista, editor y escenógrafo David Maxine; y el colectivo eslovaco Stripburger.
Estuvo bien poder contar con ellos, pero, en otra situación, podría haber estado mejor, mucho mejor.

Podría decir que ese detalle sumado a otra larga lista de inconvenientes, la cual pasaré por alto, en especial por educación, terminaron por demostrarnos que el interés “oficial” en el evento era cada vez menor y que, a la menor oportunidad, éste dejaría de existir. No estoy diciendo que el público no acudiera a las actividades; es más, en muchas ocasiones las expectativas se vieron ampliamente superadas. Lo que digo es que, quien financiaba todo aquel entramado, terminó por abandonar el proyecto y dejarlo morir sin mayor explicacion.

El tiempo ha demostrado que, por un lado, al Organismo Autónomo de Cultura ya no le cuadra en su programación llenar la Recova con dibujos, tebeos, machangos y cuatro locos que mejor se dedicaran a trabajar en algo serio (frase dicha durante el evento del 2005 por alguien que, como ven, no valoraba nuestro trabajo ni la importancia del arte gráfico) a pesar de las declaraciones oficiales lanzadas el pasado año tras un artículo escrito por el veterano y reconocido periodista Manuel Darias, en el que le sacaba los colores al Organismo Autónomo de Cultura.

En cuanto al “relevo generacional” éste se ha volcado, como es lógico, en organizar un Salón del manga, el cual cada vez gana más adeptos y trascendencia mediática. Para quienes asisten a encuentros como ése, el otro cómic –el cómic de superhéroes o las álbumes franceses- no molan nada, salvo Spider-man (en palabras de un niño de 11 años, durante el pasado Salón del manga de Barcelona 2008).

Visto lo visto, mucho tendrían que cambiar las cosas para que Santa Cruz de Tenerife volviera a tener un evento como el que tuvo durante catorce años. A pesar de los problemas ya comentados y el cansancio de sus organizadores, el encuentro se había convertido en todo un “clásico” dentro del circuito de salones españoles de cómic.

Las Palmas de Gran Canaria, con sus jornadas de Cómic, ha recogido una parte del testigo entregado por Santa Cruz de Tenerife, en especial en su parte organizativa, pero aún le falta el bagaje del encuentro tinerfeño. Además, las jornadas de Cómic de Las Palmas de Gran Canaria han surgido en plena crisis, por lo que su continuidad está en el aire.

Las Islas Canarias se quedarán, al final, sin ningún Salón de Cómic, que no Salón del Manga, justo cuando el noveno arte gana adeptos y reconocimiento en la sociedad del siglo XXI. Tiene gracia, después de todos los obstáculos salvados durante las últimas décadas. No obstante, así se escribe la historia y así se terminará por contar.

De lo que no tengo ninguna duda es de la profesionalidad, el empuje y el entusiasmo que emanaba de las personas que lograban transformar la Recova y sus alrededores en un fantástico y dinámico encuentro comiquero, durante los años que participé. Yo solamente me dedicaba a llenar las paredes y las vitrinas y, cuando me dejaban, a cansar al personal con las conferencias que programaba Patricio García Ducha.

Sirvan estas palabras como reconocimiento a todos ellos, muchos de los cuales son “sospechosos habituales” del blog el Rincón de Ninguno.

Las imagenes corresponden a las ediciones de los años 2003 y 2006. En la primera se puede ver a uno de los creadores de Super Lopez, el guionista, escritor y editor Francisco Perez Navarro, junto a su personaje. En las dos siguientes se pueden ver distintos espacios del centro de arte La Recova, organizados durante la edicion del año 2006, la ultima que se celebro del encuentro tinerfeño.

© Patricio García Ducha por la imagen del año 2003 y Daniel Fumero por las imágenes del año 2006

Spawn © and TM Todd McFarlane/ Image Comics 2010V of Vendetta © Warner Bros Pictures 2010

martes, 1 de septiembre de 2009

WALT DISNEY COMPANY ADQUIERE MARVEL ENTERTAINMENT

El lunes 31 de agosto de 2009 los mercados financieros se despertaron con el anuncio de la adquisición de Marvel Entertainment por parte de Walt Disney Company, por valor de dos mil ochocientos millones de euros.

La primera consecuencia de la operación económica fue que Walt Disney Company cerró la jornada con una caída del 2,8% en sus acciones, mientras que Marvel Entertainment avanzó un 25,15%.

Creativamente hablando, las cosas no están ni muchísimo menos tan claras y las consecuencias, cuanto menos, se vislumbran imprevisibles.

Además, Walt Disney Company nunca ha sido sinónimo de rentabilidad -como sí que lo hayan podido ser otras empresas- fundamentalmente, por su forma tan particular de hacer las cosas. No hay que olvidar que su fundador, Walter Disney, fue un genio creativo, pero un gestor más que cuestionable, llegando a poner a las puertas de la bancarrota a su propia empresa cuando se embarcó en la construcción del primer parque temático.

En las décadas siguientes a la muerte de Walter Disney, la empresa pasó tanto momentos álgidos como llenos de altibajos, motivados por el empecinamiento de sus responsables que no querían adaptarse a las nuevas tendencias o modas. Fruto de todo ello fueron los años 80, en donde la empresa tuvo que llegar a un acuerdo de distribución con Warner Bros e incluso montar una empresa, Touchstone, para producir películas de temática adulta, muchas de las cuales no tenían que ver para nada con el espíritu de la empresa Disney.

Al igual que en otras tantas cosas, estos años estuvieron llenos de contradicciones, tal y como el desarrollo de nuevas técnicas de proyección en sus parques temáticos –cuyo mejor ejemplo es Capitán EO, rodada en 3D con el fallecido Michael Jackson de protagonista- y, a la misma vez, las continuas injerencias en la producción de películas como The Rocketeer, basada en el cómic homónimo de Dave Stevens. El propio Stevens declaraba en el libro Brush with passion: The Art & Life of Dave Stevens que, de haberlo sabido, nunca hubiera llegado a un acuerdo con Disney, dado que todo fueron inconvenientes.

Lo paradójico del caso es que a los estudios Walt Disney los acabó salvando una serie de películas que, ni en el más loco de sus sueños, hubiera llegado a producir el fundador de la empresa. Títulos como La Sirenita, La Bella y la Bestia o Aladino, impulsados por Jeffrey Katzenberg –luego fundador de Dreamworks- devolvieron a la primera plana a las películas de animación de Disney, justo cuando peor pintaban las cosas.

Como no podía ser de otra forma, al final Katzenberg se marchó en parte por las continuas injerencias de Disney y, en parte, porque lo que quería hacer rayaba en lo impensable, dentro de esa empresa. Piensen que Disney también acabó echando a la calle a Tim Burton, aunque luego fuera la propia Disney -bajo el sello Touchstone- la que llevó a la gran pantalla Pesadilla antes de Navidad.

Lo cierto es que, a pesar de todo, Disney llegó al siglo XXI con algunas lecciones bien aprendidas, entre ellas, el primero de los acuerdos firmados con la empresa de animación Pixar. Gracias a dicho acuerdo y la posterior adquisición de la empresa de animación, en el año 2006, después de que ambas se pelearan dos años antes, Disney ha encadenado un éxito tras otros, gracias al buen trabajo de los responsables de Pixar.

Posteriores acuerdos, como los firmados con George Lucas para Star Wars/Star Tours, el cual se ha convertido en una de las principales atracciones de los parques temáticos de Disney, también ha conseguido afianzar la posición de Disney como líder dentro del mundo del entretenimiento.

Por último, y no por ello menos importante, están los éxitos de Disney dentro de sus propios canales de televisión, tales como Hannah Montana, High School Musical, y los Jonas Brothers. Y si bien nadie puede negar el éxito de dichas propuestas, ahora mismo están claras las siguientes cosas: la sobreexplotación a la que Disney somete a dichos iconos está empezando a pasar factura –especialmente en el caso de Hannah Montana- y que al mercado potencial al que van dirigidas estas series; es decir, niñas y jóvenes adolescentes, están llegando nuevas propuestas tan atractivas o más que las de Disney. Tal es el caso de la saga Crepúsculo.

Es lógico pensar que una de las razones que ha llevado a Disney a comprar Marvel Entertainment tiene mucho que ver con ampliar su espectro demográfico y llegar a un público más masculino y/o adulto. La pregunta que viene a continuación es hasta qué punto Disney estará dispuesta a cambiar de esquema, dado que la ideología de Disney sigue sin ser todo lo abierta que debiera.

Quien parece salir más beneficiado de este acuerdo es Marvel Entertainment no solo por la capitalización que va a recibir, sino por las líneas de exhibición y distribución de la empresa Disney. Para aquellos que no lo sepan, es importante recordar que una de las razones que más motiva a una productora a llegar a un acuerdo con un determinado estudio tiene que ver con el número de cines en el que dicho estudio puede estrenar sus películas. A ello hay que sumarle los derechos de DVD, los derechos de televisión y los derechos de imagen relacionados con todo el merchandising que pueda generar una película protagonizada por un superhéroe gráfico, en este caso.

Diversos analistas señalan que una de las razones de la adquisición tiene que ver con el interés de Marvel por dar el salto a las 3D digitales, algo en lo que Pixar está muy bien posicionada.
Por su parte, la historia de Marvel Entertainment tampoco está exenta de problemas económicos, muchos de los cuales tuvieron que ver con la venta de la empresa a terceros.

En 1986, la compañía New World Entertainment había adquirió la empresa Marvel Entertainment Group –propietaria de Marvel Comics. Tres años después, uno de los mayores inversores de los Estados Unidos, Ronald Perelman, decidió comprar New World Entertainment, en especial por ser la dueña de Marvel Comics, empresa a la que consideraba una “especie de Disneylandia” gráfica, llena de súper héroes.

Tras la compra, Perelman decidió buscar capital y lanzó una emisión de los llamados “bonos de alto riesgo”, los cuales pueden acarrear tanto altas pérdidas como ganancias. Uno de los inversores que se apuntó a los planes de expansión de Perelman fue Carl Icahn, otro de los grandes “tiburones” de las finanzas de los EEUU.
Gracias al dinero de Icahn y a los esfuerzos de Perelman, la nueva sociedad adquirió empresas tales como Fleer Corporation y SkyBox –especializadas en comercializar trading cards-, la empresa juguetera Toy Biz, o Malibu Comics; es decir, maniobras pensadas para consolidar a Marvel Entertainment Group como una de las empresas líderes en el mercado editorial y del entretenimiento.

Fruto de todo ello fue la salida en bolsa de la editorial, en julio de 1991, coincidiendo con los millonarios lanzamientos de los primeros números de series de la talla de el Spiderman de Todd McFarlane, los X-Men de Jim Lee y los X-Force de Rob Liefeld. En aquellos momentos, todo el mundo se las prometía muy felices y nadie podía imaginar lo que ocurrió después.

En 1992 se fundaba Image Comics, formada por los mismos autores que habían aupado a Marvel hasta unos niveles de ventas totalmente inauditos hasta ese momento. Después, el mercado de las trading cards pasó por un mal momento, así como el de otras divisiones de la empresa, y la situación de bonanza inicial se tornó en una oscura borrasca económica que tendría sus peores efectos cinco años después de la salida en bolsa de Marvel Comics.

En 1996 el grupo Marvel Entertainment se declaraba en bancarrota, un suceso que desencadenó una dura y larga batalla entre Perelman e Icahn por el control de la empresa. Al final, el propietario de Toy Biz, Isaac “Ike” Perlmutter, junto con Avi Arad, Bill Jemas y Bob Harras, lograron hacerse con el control de la compañía y dejar fuera de la ecuación al tándem Perelman-Icahn.

No deja de tener gracia que una de las muchas desastrosas decisiones de Perelman al frente de Marvel, como lo fuera la creación de una productora de películas para llevar a la gran pantalla a los personajes de Marvel, haya terminado por ser una de las causas que se argumentan para que Disney compre Marvel Entertainment.

Sea como fuere, hoy en día Marvel Entertainment es una de las empresas mejor posicionadas en el mercado del entretenimiento, tanto en la parte editorial –merced a las buenas decisiones tomadas por su responsable editorial George Quesada- como por las adaptaciones cinematográficas de sus personajes. No en vano, sus cómics y novelas gráficas ocupan los primeros puestos en las listas de venta y lo mismo ocurre con sus películas.

Ciñéndonos al mercado gráfico español, y en particular a Panini Comics –empresa que distribuye en España los cómics de Marvel- dos de sus máximos responsables, José Luis Córdoba,–Director de publicaciones de Panini Comics España– y con Alejandro Martínez Viturtia–Director Editorial de comics de Panini Comics España–declararon tras conocer la noticia que en principio, todo seguirá igual. Lo que sí señalaron ambos es que esta nueva situación ayudaría, enormemente a captar nuevos lectores de cómics entre los más jóvenes, seguidores de los personajes de Disney. Gracias a ello, tal y como señaló Alejandro Martínez Viturtia se lograría crear una bolsa de lectores que luego terminarían por disfrutar con los personajes de Marvel.
En definitiva, lo que está claro con esta adquisición es que ya las cosas no volverán a ser como antes y que los competidores directos, tanto de Marvel como de Disney, deberán idear nuevas estrategias para hacerle frente a la nueva empresa que acaba de nacer.


Spider-man © and TM  Marvel Comics 2010
© Todd McFarlane 1991 por la imagen de portada
Wolverine © and TM Marvel Comics 2010
Mickey Mouse © and TM Disney Enterprises Inc 2010. ALL RIGHTS RESERVED
High School Musicial 3 © and TM Walt Disney Pictures 2010
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