viernes, 29 de enero de 2010

THE ROCKETEER. UNA HISTORIA QUE DEBIO VOLAR MUCHO MÁS ALTO

Aunque no se lo crea, desde que empecé a dibujar siempre me imaginé que The Rocketeer era una película. Nunca me fijé en las palabras y las imágenes que hacía en el papel. En cambio, lo veía y lo oía en mi cabeza, por lo que, para mí, siempre fue una película. Son palabras de Dave Stevens, creador del personaje gráfico The Rocketeer, el cual fue llevado a la gran pantalla de la mano de Joe Johnston. Stevens, uno de los artistas más sobresalientes de finales del pasado siglo y de principios del actual –hasta su prematura muerte, en marzo del año 2008- terminó por plasmar buena parte de sus querencias y pasiones en una obra tan sencilla como hermosa de ver y leer.
Las páginas que forman cada uno de los números en los que aparece el personaje y sus aventuras, bien merecen colgar en la pared de una prestigiosa galería de arte o en las salas de cualquier museo de arte contemporáneo.

La idea de que un hombre volara tan solo con un invento enganchado a su espalda me fascinaba ya desde mi juventud; es más, Commando Cody (1) me tenía alucinado. Sin embargo, no quería quedarme estancado contando las mismas historias de marcianos, rayos mortales y naves espaciales. Una vez en casa, después de haber vuelto de San Diego ComiCon, dibujé unos cuantos bocetos, escribí un par de ideas y por fin conseguí crear una historia que no tenía mucha ciencia, pero tampoco se suponía que tenía que ser nada densa. Lo único que me habían pedido era algo de relleno, que no pasara de los dos números, y, la verdad sea dicha, me lo pasé genial creando esta historia.

La historia, ya lo hemos dicho, es sencilla, a veces tontorrona o sin exhibir esa profundidad psicológica de la que hacen gala autores como Grant Morrison, Alan Moore o el mismo Joss Whedon. No obstante, sus dibujos, pensados y retocados hasta la extenuación hacen de The Rocketeer una obra digna de figurar en cualquiera de las estanterías de quienes disfrutan con un arte como lo es el noveno.
De todas formas, Stevens nunca se consideró un artista gráfico sino un ilustrador y dibujante que terminó por dibujar un cómic, de una forma un tanto accidentada e irregular.

Dave Stevens nació el 29 de julio de 1955 en la ciudad de Lynnwood (Washington). Su infancia estuvo marcada, en un primer momento, por los primeros seriales televisivos, protagonizados por Commando Cody, Flash Gordon, Superman, Flash Gordon, El Zorro de Johnston McCulley o el Tarzan de Edgar Rice Burroughs. Después llegaron los cómics, a la edad de cinco años, y Stevens descubrió un mundo que luego se transformó en toda una carrera profesional.

La causa de todo fue su padre, el cual guardaba una caja con algunos ejemplares de la editorial EC Comics, principalmente números dedicados a la ciencia ficción y algunas historias publicadas por la editorial Walt Disney. Los primeros estaban dibujados por artistas tan reconocidos como John Severin o Wally Wood, quienes ilustraron relatos de grandes autores del género fantástico, tales como Ray Bradbury, Sir Arthur Conan Doyle, o H. G. Wells.

Por esa la misma época, Stevens se aficionó a coleccionar las tiras de prensa que aparecían en los periódicos, en especial las protagonizadas por El príncipe valiente, obra de Harold Foster. Fueron también momentos de acompañar a su padre a ver antiguas películas de aventuras, tales como King Kong –cuyos dinosaurios impresionaron muchísimo a Stevens- junto a otras contemporáneas de su época, tales como La guerra de los mundos, de George Pal.

La consecuencia directa de todo aquello fue la siguiente: empezar a dibujar, a toda hora y en cualquier sitio. Durante mi etapa escolar hice lo que la mayoría de los chiquillos hacen; es decir, dibujar y decorar todo lo que cayera en mis manos, incluso mi pupitre. Me acuerdo que una vez que terminé en el despacho del director, dado que estaba castigado, me fijé en que tenía una de mis acuarelas enmarcada. ¡Estaba colgando en la pared!

Se da la circunstancia de que uno de los cuadernos para colorear preferidos por Stevens en aquellos años tenía por título “Planes of tomorrow”. Su predilección por dicho cuaderno explica, aunque sea de una forma un tanto anecdótica, el posterior gusto del artista por los aviones y los ingenios aéreos, algo que luego plasmaría en una aventura como The Rocketeer.
El resto de su infancia trascurrió de la misma manera que la de cualquier niño de clase media americano, con mudanza familiar incluida.

Fue precisamente a raíz de la mudanza hasta una zona rural del sur del estado de Idaho, descrita por Stevens como el escenario perfecto para una película del gran Frank Capra, cuando el futuro artista descubrió la palabra ¡Excelsior!

Para quienes no lo sepan, dicha expresión fue acuñada por el guionista y escritor Stan Lee como seña de identidad de la editorial Marvel Comics, frente a la veteranía de la que hacía gala DC Comics. Lee fue el responsable, junto a un increíble grupo de artistas, de revolucionar el panorama editorial y llevar al noveno arte hasta una expansión que no se recordaba desde los años cuarenta.
Los títulos de la nueva editorial, los cuales llegaban poco a poco, pero de manera continuada hasta una tienda llamada Perkins General Store, se convirtieron en una especie de “libros de texto para aprender a dibujar” del joven Stevens.

Perkins General Store no era igual que una tienda de comics de hoy en día, pero sí que ofrecía varias cabeceras, de forma periódica, de comics de la editorial Marvel. Eso era más que suficiente para alimentar mi joven imaginación y en Perkins General Store conseguía encontrar alguna que otra joya de vez en cuando. En cuanto a los comics se refiere, siempre compraba los títulos según las ilustraciones de las páginas interiores de los mismos. Jack Kirby, John Buscema, John Romita sr, Steve Ditko y Gene Colan fueron mis maestros. Copié y copié los comics una y otra vez, especialmente aquellos de Buscema, Colan y Kirby.

Al leer estas palabras de Stevens es fácil reconocer la fascinación que cautivó a toda una generación de jóvenes lectores, muchos de los cuales se convirtieron en el relevo de los artistas anteriormente comentados. De todas formas, todavía le quedaba por descubrir al dibujante que más terminó por influir en la carrera profesional de Dave Stevens.

De vez en cuando, a finales de los años sesenta, parábamos para cenar en un lugar un tanto antiguo. Tenía, entre otras cosas, un pequeño expositor de comics. La imagen que recuerdo me atrajo fue la de la cara gigante de Garra Amarilla, el Capitán América, la estatua de la libertad y Nick Furia, todos delante de los rascacielos de Manhattan.

Era el número 161 de la colección Strange Tales, con una portada tal que me abalancé sobre ella como si hubiera encontrado oro. Desde la primera página hasta la última, una splash page alucinante, mi boca no hizo otra cosa que abrirse cada vez más. Al terminar de leerlo busqué con avidez el nombre del dibujante. Era obra de Jim Steranko. A él le debo más que a ningún otro dibujante del mundo del comic y la ilustración.

James Steranko es, por derecho propio, uno de los artistas más importantes del mundo gráfico y su influencia aún hoy en día, cinco décadas después de su debut, es tan importante como antaño. Steranko muy bien podría llevar el sobrenombre de “renacentista” a tenor de sus créditos. Además de dibujante, ilustrador, diseñador gráfico y publicitario, artista conceptual para el cine, escritor, documentalista y editor, Steranko también ha sido, a lo largo de su vida, músico, cantante y compositor de Jazz, gimnasta, mago y escapista en una feria ambulante.
El mismísimo Jack Kirby se basó en el pasado de Steranko para crear al personaje de Mister Miracle, como parte de su obra El cuarto Mundo.

Años más tarde, Stevens también se basaría en el pasado de Steranko para contar, a su vez, el pasado de su personaje Cliff Secord –protagonista de The Rocketeer-. Secord, al igual que Steranko, había trabajado en una feria ambulante como escapista y ayudante de un mago, antes de dedicarse a pilotar aviones (2)

No obstante, la admiración así como las influencias y el legado de Steranko, en el trabajo de Stevens van mucho más allá, tal y como el mismo autor reconocía en las páginas del libro Brush with pasión. The art and life of Dave Stevens.

Steranko era el Sean Connery del mundo del comic. Dinámico, osado, en cierto punto desafiante y, desde luego, peligroso, Jim estiró los límites del medio mientras experimentaba con los límites del comic code.
Steranko combinó sus experiencias personales de gimnasta, músico, ilusionista, escapista y delincuente juvenil a tiempo parcial con su gusto por las novelas pulp y la edad dorada de la ilustración para crear algunas de las historias más atrevidas, llenas de acción que el lector medio pudiera encontrar en el mercado. Steranko era subversivo y molón incluso antes de que ninguno de nosotros supiera qué era eso. Quería ser Steranko de mayor. Todavía quiero serlo.


Y es que una vez leída The Rocketeer queda claro que la sombra de Steranko está muy presente. Ya se ha comentado que Cliff Secord heredó de Steranko su pasado como escapista y ayudante de un mago. A esto se podría añadir el carácter bravucón y con cierta pose de delincuente juvenil, en especial por el rechazo que le produce la autoridad uniformada, cosa que no disimula el joven Secord.
En cuanto a la obra en sí misma, sus páginas son todo un homenaje a buena parte de las querencias de Steranko, tamizadas por las propias vivencias de Stevens. Por añadidura la amistad que se entabló entre ambos creadores ayudó a profundizar, no sólo en los elementos ya reseñados, sino en otras facetas artísticas que luego volcaría Stevens en su trabajo.

A partir de entonces y a lo largo de más de una década, Stevens volcó todos sus esfuerzos en convertirse en un artista gráfico ya fuera tanto de forma autodidacta como asistiendo a clases para aprender distintas técnicas artísticas.
En aquellos años Stevens acudió por primera vez al San Diego ComiCon, encuentro al que no dejaría de asistir a partir de entonces. En San Diego, Stevens no solamente conoció a muchos de sus “maestros” gráficos, sino que fue conociendo los entramados de la industria y lo difícil que es lograr un trabajo.
Por ello, el joven Stevens –en aquel momento acababa de cumplir los 17 años- se matriculó en la escuela de dibujo comercial y publicitario de la ciudad de San Diego, experiencia que, si bien le ayudó a mejorar, no logró convencerle de que su futuro pasaba por estar en las aulas otros dos años más.

Recién desembarcado en el mundo laboral, Stevens tuvo que admitir que aún le quedaban muchas cosas que aprender, aunque, gracias a su talento, logró comenzar su carrera de dibujante publicitario. Uno de sus primeros clientes fue el campeón del mundo de karate y artista marcial Chuck Norris. Más tarde, y merced a los contactos adquiridos en el ComiCon, Stevens trabajó como entintador de las tiras de prensa de Tarzán junto a otro de sus ídolos de infancia y juventud, Russ Manning.

En 1975, Stevens llegó a tener una entrevista –bastante fallida, en palabras del dibujante- con George Lucas para trabajar en los diseños de Star Wars. La entrevista no prosperó, pero le dio la oportunidad para visitar las primitivas oficinas de LucasFilms y conocer a Joe Johnston quien, años después, sería el director de la película The Rocketeer.
En 1980, Stevens realizó parte de los diseños conceptuales para la película En busca del arca perdida de Steven Spielberg, muchos de los cuales terminaron siendo utilizados como ideas para su precuela, Indiana Jones y el templo maldito. Lo curioso es que el artista responsable del look de buena parte de la película y, sobre todo, del personaje de Indiana Jones no fue otro sino Jim Steranko.

Al final, en el verano de 1981, todo comenzó a encajar y Stevens sacó a la luz su gran obra. The Rocketeer debutó en las páginas de la colección Starslayer. The log of the Jolly Rogers, en abril del año1982. Ante la buena acogida por parte de los lectores, la serie se continuó publicando en una nueva cabecera titulada Pacific Present. En esta nueva colección el personaje de Stevens compartía cabecera con la serie Missing man meets the Queen Bee, obra del Steve Ditko, padre gráfico de Spider-man.
Tras dos números publicados, The Rocketer tuvo que esperar más de un año para ver terminada su primera aventura, algo que ocurrió en octubre de 1984, en el especial The Rocketeer Special Edition# 1

El caso es que, si se analiza en conjunto, los problemas de publicación de la serie gráfica -merced a los sucesivos cierres de las editoriales que la publicaban- luego se repitieron en la aventura cinematográfica. En un primer momento, The Rocketeer era un proyecto que debería haber sido llevado al cine por la compañía Amblin Entertaiment de Steven Spielberg y Universal Pictures. Antes de eso, United Artist también se mostró interesada, pero nunca se pasó de una primera conversación.
Al final, el proyecto cayó en manos de la compañía Disney, la cual planteó el proyecto para el sello Touchstone. Acabábamos de firmar una trilogía con Touchstone, el sello adulto de Disney, pero antes de que la tinta se secara en el papel nos dijeron que “No, va a ser de Disney, porque Disney necesita un éxito de taquilla en acción real.”.

Éste fue uno de los muchos cambios que Stevens debió soportar mientras trataba de llevar a la gran pantalla su creación. Aquellos fueron tiempos muy convulsos para Disney, tanto que se llegó a hablar de una venta a otra compañía e, incluso, de cierre. Y Stevens terminó por pagar, en carne propia, muchas de las arbitrariedades de la veterana compañía.

Por fortuna el proyecto recayó en las manos de un director de la talla de Joe Johnston, capaz de interpretar adecuadamente la atmósfera y las referencias propias del momento en el que se desarrolla la acción, algo que terminó por salvar el proyecto.

En cuanto al guión -obra de Danny Bilson y Paul De Meo- sus responsables se basaron en la estética y el ambiente de los años treinta en los que se mueve Cliff Secord, pero, como era de esperar, introdujeron cambios. La historia cinematográfica de The Rocketeer está mejor contada que su homónima gráfica y tiene muchos más elementos que la vuelven más entretenida.

La idea es la misma, pero los guionistas se apoyan en elementos y/ o en personajes secundarios para darle mayor empaque a la narración. Hay cambios y alguna que otra visión controvertida, pero, en este caso, la historia original salió ganando al adaptarla a la gran pantalla.
El primero de todos estos cambios -motivado por la audiencia a la que iba dirigida la película, al llevar el sello Disney- fue cambiar el carácter y la apariencia física de la novia de Cliff, Betty. En su versión a imagen real, Betty pasó de ser una modelo que no duda en posar desnuda –a imagen y semejanza de uno de los iconos de Steves, Betty Page- para llamarse Jenny Blake, una aspirante a actriz sin demasiada fortuna.
Blake será el nexo de unión entre su novio, Cliff Secord, y el afamado actor Neville Sinclair, interpretado por Timothy Dalton.

Sinclair es, sin ningún género de dudas, un homenaje al actor Errol Flynn –lo vemos actuar en un escenario calcado al de Las aventuras de Robin Hood, protagonizadas por Flynn en 1938- aunque le añaden unas señas de identidad más que controvertidas.

El escritor Chales Higham, en su libro Errol Flynn. The untold story, sostiene que Flynn fue un fascista bisexual que espió para los nazis, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En la película, Sinclair es un espía alemán empeñado en obtener la mochila cohete para entregársela a los ingenieros nazis. Dicha mochila había sido desarrollada por uno de los pioneros de la aviación contemporánea, el multimillonario Howard Hughes quien, según cuenta Higham, fue amante de Flynn.

Dejando a un lado las interpretaciones basadas en rumores, lo cierto es que, dos años antes del estreno de la película The Rocketeer, se publicaron dos libros en los que no solamente se desmentían las acusaciones de Higham, sino que se aportaban datos que demostraban que Higham falseó documentos para apoyar sus teorías (3)

Aún así, Dalton realiza un trabajo sobresaliente, mezcla de canalla encantador y despreciable traidor, al servicio del Reich alemán. A sus órdenes se encuentra el gigantón Lothar, un personaje que, originalmente, apareció en la segunda aventura gráfica de The Rocketeer como compañero de Cliff Secord en la feria de monstruos en la que el joven militó, años antes.

Otro de los personajes añadidos -además de Howard Hughes, quien se deja entrever en la primera de las aventuras gráficas del personaje- es el gánster Eddie Valentine, magníficamente resuelto por el actor Paul Sorvino. Valentine será el responsable del robo de la mochila cohete, pero, al enterarse de las verdaderas intenciones de Sinclair no dudará en ponerse del lado de los hombres del FBI quienes, momentos antes, querían detenerle.

Otro de los aciertos del reparto estriba en la elección de Alan Arkin en el papel de Peevy, el mentor de Cliff e ingeniero de mantenimiento del circo volador en el que trabajan ambos. Arkin engrandece el personaje gráfico creado por Stevens y lo lleva a un estadio superior, algo que la narración agradece.
Secundarios de lujo, tales como Jon Polito o Ed Lauter completan un reparto capaz de contentar a los espectadores más exigentes.

En cuanto a la pareja de protagonistas, Jennifer Connelly –Jenny Blake- vuelve a demostrar sus dotes como actriz, aunque, por exigencias del guión, su papel está un tanto condicionado. Lo que sí queda claro es que, lejos de las heroínas lacrimógenas tan del gusto de Disney, Jenny Blake sabe cómo defenderse en el mundo real.
Bill Campbell en el rol de Cliff Secord se me antoja como la mejor elección para el papel, no solamente por su parecido físico sino porque se comporta tal y como lo hace el personaje en la historia creada por Stevens. Tal y como suele ser habitual, la crítica se cebó en la elección, demostrando que, entre otras muchas cosas, no se habían leído el cómic original.

El que, además, la producción contara con profesionales tan reconocidos como la diseñadora de vestuario Marilyn Vance-Straker, el director de fotografía Hiro Narita o el compositor James Horner tendrían que haber ayudado a que la película triunfara.

Sin embargo, la realidad fue otra bien distinta. Dave Stevens explicó el fracaso de la película en estos términos.
Después de haber estado varios años trabajando en la película, estar presentes en los procesos de producción y de haberla presentado ante un público más que entusiasta sabíamos que teníamos una buena película, con muchas posibilidades de triunfo. Nunca imagine que pudiera fracasar en taquilla. ¿Qué fue lo que falló?
The Rocketeer se estrenó la semana después de que lo hiciera Robin Hood: El príncipe de los
ladrones y la semana antes de Terminator 2: Juicio Final, la que resultara ser la película más taquillera del verano de 1991. Entre las dos nos hicieron papilla.

No es mi intención desmentir las palabras del autor, pero, además de lo ya dicho, yo añadiría alguna cosa más.
Primero, el error garrafal por parte de Disney de pretender vender The Rocketeer como una película familiar y de aventuras, empapada de los finales edulcorados que tanto gustan a los ejecutivos de Disney. Ni siquiera con los cambios que sufrió el personaje de Betty y otros detalles se puede considerar a la película un producto clásico de la factoría Disney, por lo menos en aquellos años.
Después está la propia desidia y los errores de promoción, sobre todo fuera de Estados Unidos, los cuales en nada ayudaron al conocimiento de la película (4).
Y por último, y no por ello menos importante, hay que sumar la ceguera de un público que ni siquiera fue capaz de darle una oportunidad a una historia tan atractiva como apasionante y divertida.

Las cosas cambiaron algo con su lanzamiento en video, pero la realidad, casi dos décadas después, es que The Rocketeer sigue siendo una película digna de ver y, sobre todo, de descubrir por quienes no repararon en ella.
Lástima que Dave Stevens nunca pueda volver a dibujar las aventuras de Cliff Secord. Siempre nos quedará su trabajo y su tremenda pasión artística.

(1) Commando Cody: Sky Marshal of the Universe. Serial cinematográfico, de 12 episodios, producido en 1952 por Republic Pictures.

(2) The Rocketeer. Cliffs New York adventure

(3) Los libros que rebaten la teoría de Higham son My days with Errol Flynn: The autobiography of a stuntman, escrito por Buster Wiles; y Errol Flynn. The spy who never was, obra de Tony Thomas. Su hija Rory Thomas, en su libro, The Baron of Mullholland, también desmiente las teorías de Higham, aportando pruebas de que su padre era, lejos de toda duda, un hombre que amaba estar y tener relaciones con mujeres, además de tener una ideología que hoy catalogaríamos de “liberal de izquierdas”, razón por la cual, no dudó en apoyar la causa republicana durante la Guerra Civil española.

(4) En nuestro país la única manera de lograr información sobre el trabajo de Stevens y la misma película pasaba por llamar a las oficinas de Toutain Editores y hablar con alguien de la editorial –en mi caso me atendió el mismo Josep Toutain-. Gracias a su ayuda pude, no solamente elaborar un artículo sobre el autor y el personaje gráfico, sino leer, de manera íntegra, las aventuras de Cliff Secord.

PIES DE FOTOS Y DERECHOS DE LAS IMÁGENES The Rocketeer

Imágenes The Rocketeer Comic © IDW Publishing 2009. The Rocketeer © Dave Stevens. 2009
The Rocketeer movie poster © Walt Disney Pictures  1991-2010

jueves, 21 de enero de 2010

LITTLE WARS. EPISODIO IV: EMPIEZA LA MOVIDA

Guión y dibujos:  María Parra
Tomo de 90 páginas, en blanco
Ediciones Parra
Precio: 6€


¿Quién ha dicho que una buena historia no se puede contar otra vez, con otro punto de vista? Yo, por lo menos, no. Y quien lo diga o lo piense, mejor debería leerse Little Wars. Episodio IV: Comienza la movida, obra de la guionista, dibujante, rotulista, editora y chica del café -de haberlo habido-, María Parra.

Para empezar, decir que Little Wars es más un homenaje que una parodia del universo creado tres décadas atrás por George Lucas. Y enfatizo lo de “homenaje”, porque solamente hay ver algunas de sus páginas –en especial las splash-pages en las que aparece la cantina de Mos Apesta (Mos Eisley) llena, hasta los topes de alienígenas, a imagen y semejanza de la película original- para darse cuenta del tremendo trabajo de la autora en su empeño por querer reproducir, en tan solo dos páginas, casi toda la secuencia que aparece en la cinta de George Lucas.
 
Tampoco se quedan atrás las cuatro splash-pages en la que Bini Kenoaki (Obi Wan Kenobi) trata de entrenar a un fogoso y patoso Luk (Luke Skywalker) ante la atenta mirada de Solo Efectivo (Han Solo) y con Chuki (Chewbacca), Goldy (C3PO) y Taponcito (R2-D2), todos juntos y revueltos en la Chatarra Milenaria (Halcón Milenario).

Como ya sucede en las páginas comentadas, el afán por ser fiel a la historia original acaba por poner en algún aprieto a la autora, sobre todo por lo limitado del espacio. Vamos, que de tanto que quiere poner –y contar- uno se puede hacer un pequeño lío.
Es lo que suele ocurrir cuando un frekkie se pone a homenajear algo que para uno es muy importante; es decir, por más que uno quiera, nunca tiene espacio suficiente para contar todo lo que quiere.
Con esto no quiero desmerecer el trabajo de María Parra sino recalcar que la primera sensación que se tiene, al leer el cómic, entre risa y risa, es el cuidado por ser fiel a la obra original, muchas veces de puntillas y sin querer armar mucho ruido.

Después está el estilo dinámico -herencia directa del estilo manga- que le sirve a la autora para ilustrar su historia. No hay duda de que muchas de las ocurrencias visuales que llenan la obra son propias del lenguaje gráfico que nos llega desde Japón o Corea, incluso el formato recuerda a un manga convencional. La diferencia es que María Parra es una chica occidental, con multitud de influencias, y eso se nota a la hora de incorporar elementos y recursos más propios de estas latitudes. Con ello se logra una divertida mezcla de situaciones, a caballo entre el gag visual y el chiste importado de nuestra realidad cotidiana.

En donde la autora se toma algunas licencias, es en los personajes. Ella, la autora,  añade cosas de aquí y de allá en el carácter de algunos personajes, especialmente en la princesa Lía (Leia), mucho más descarada y acorde con el siglo XXI en el que vivimos y en la tendencia sexual de Goldy, perdidamente enamorada de Taponcito (R2-D2) . El resto de los personajes, más o menos, responden a las señas de identidad ya conocidas, aunque los soldados de asaltos muestran su cara más “humana” y/o “gamberra” y tras Dark Asmático (Darth Vader) se esconde, no solamente una personalidad muy, muy mala, sino un burócrata terrible que no deja poner barandillas en la Pelota de la Muerte (Estrella de la muerte). Los escenarios, las desvencijadas naves de la Alianza Sediciosa -también conocidos como Rebeldes a secas- y el sin fin de criaturas y monstruos varios que pululan por la creación de Lucas mantienen, igualmente, sus señas de identidad bien reconocibles.

Lo único se podría mejorar, aunque es algo que me imagino que ya pasó por la cabeza de la autora, es el formato de la historia. El tamaño y, con ello, la rotulación del mismo, se resiente en algunas páginas, cosa que no es óbice ni cortapisa, como se expresaba tiempo atrás, para el buen disfrute de la obra. Bastante notable es que una persona se auto edite su trabajo, tal y como están las cosas y con esa crisis que persigue desde tiempos inmemoriales al mundo del fandom. Por desgracia para muchos artistas, en nuestro país sigue siendo muy caro publicar, si se lo compara con buena parte del mundo conocido.

María Parra optó por no renunciar a un cómic “físico” pudiendo elegir un formato digital, vía de escape para quienes no pueden costear una edición en papel de su obra. Espero que la locura sólo le suponga perder unos cuantos kilos, por aquello de mantener la línea y no demasiados dolores de cabeza.

A la autora todavía le quedan por contar, cuanto menos, dos historias más, según comenta ella misma. Ya tiene listo el guión de la segunda de las historias, para publicar durante este 2010, justo cuando se cumple el treinta aniversario de El Imperio Contraataca. Seguro que los TaunTaun le quedarán geniales. Y no les cuento los caza-recompensas, encabezados por un Boba Fett que ya se deja ver en Little Wars.

Para más información o si no encuentran la obra en su librería habitual, consulten la página de la autora: http://little-wars.blogspot.com/ y allí se podrán enterar de cómo conseguir su ejemplar de Little Wars y de paso ver más trabajos de la autora. Les aviso a los más frekkies que también hay una carpeta con postales de los principales personajes de la historia, cuyas divertidas imágenes se pueden ver en la página de María Parra. Ya saben lo que les toca.

Las imágenes que aparecen en esta reseña son propiedad de la autora © María Parra y de su editorial Ediciones Parra © 2009

martes, 12 de enero de 2010

PURITA CAMPOS, TODA UNA ARTISTA

Ponerle barreras a una disciplina artística es siempre un error y suele acarrear consecuencias bastante desastrosas. Ya la sociedad en la que vivimos es suficientemente opresiva y restrictiva como para que una disciplina basada en la creatividad se tenga que regir por las mismas normas.

Sin embargo, la realidad nos cuenta que a poco que se le deja hacer al ser humano, éste se empeña en erigir barreras o en etiquetar todo aquello que se le ponga a su alcance. Por esta razón, el trabajo de una autora tan completa como Purificación Campos –más conocida como Purita Campos- ha estado relegado, hasta hace bien poco, al furgón de cola de la creación gráfica, algo inconcebible, dado la calidad de su trabajo.

El principal argumento enarbolado por los doctos críticos para justificar dicho comportamiento se basaba en que los llamados “tebeos para niñas” no tenían la misma calidad que los de aquellos pensados para un público masculino. Sería de necios ignorar que una parte de dichos “tebeos para niñas”, al igual que los cómics románticos –publicados en la década de los 50 y 60 en los EE.UU.- eran insulsos, por no decir claramente ñoños. Otra cosa muy distinta es no ser capaz de ver la calidad de una obra, parapetándose en un tópico acuñado tiempo atrás.

Con el trabajo de Purita Campos, pasa lo mismo que con el trabajo de John Romita Sr. –quien se pasara un montón de años haciendo cómics románticos-; es decir, la calidad de su trabajo es tan buena que el negarlo es pura tontería. Y si quieren un ejemplo del sinsentido de los argumentos esgrimidos para menospreciar el trabajo de Purita Campos, piensen en la siguiente cosa: ¿Qué sería de las aventuras de Peter Parker –Spiderman- sin sus problemas familiares con la Tía May, o sus aventuras amorosas con Gwen Stacy o Mary Jane Watson? Está claro que resulta imposible separar al superhéroe de su vida personal y familiar y a nadie parecía importarle. Es más, la Tía May pasó a formar parte de la familia de todos los lectores del personaje. Y mientras las peripecias vivenciales de Parker se repetían en Nueva York en las décadas de los 60 ,70 y 80, sin que nadie pusiera el grito en el cielo por ello, reconocer que se leía las aventuras de los personajes que dibujara Purita Campos estaba considerado en contra de las normas del buen gusto.
Para rematar la faena, tal y como reconoce Purita Campos, muchas de las lectoras habituales de las aventuras de personajes como Esther, Gina o Jana, tampoco admitían que las leían En aquellos años (sesenta y parte de los ochenta) las jóvenes y muchas mujeres jamás admitían que eran lectoras de mis personajes. Se sentían ridículas porque lo veían como cosas de niñas. Era más moderno decir que se hacían cosas más adultas y maduras.

Como en otras tantas cosas, mi experiencia personal transcurrió por senderos bien distintos a los de los lectores de mi generación. Por un suceso casual me topé en casa de un compañero de clase con un montón de números de la revista Lily –pertenecientes a la hermana de mi compañero- y, dado que me llamaron mucho la atención las portadas de aquellos tebeos, empecé a leerlos. Todavía recuerdo la cara de asombro de mi compañero y de su hermana, sobre todo la de ella, dado que su hermano ni siquiera osaba acercarse a aquellos tebeos. Tras pasar unos minutos intentando explicar a mi compañero por qué quería leerlos, éste optó por irse a ver la televisión y me dejó en manos de su hermana, la cual me dio un curso intensivo acerca del personaje de Esther y todo su universo.

Admito que mi interés no iba más allá de disfrutar con un cómic que me parecía gráficamente muy atractivo, pero lo cierto es que el curso intensivo me sirvió de gran ayuda para entender lo que luego leería y para continuar leyendo las aventuras de Esther en los años sucesivos. A partir de entonces, alterné las visitas a casa de mi compañero –momento en que éste aprovechaba para leer mis cómics de superhéroes, y yo para ponerme al día con las aventuras de Esther, Rita y la gorda de Doreen- con la adquisición de algunos números de la revista Lily, sobre todo los extras de Navidad y verano.

Lo mejor de todo fue que, cuando comencé a viajar a Inglaterra durante los veranos, descubrí que el personaje de Esther se llamaba realmente Patty y que, además, los números se publicaban allá en blanco y negro, en la revista Princess Tina. Por aquel entonces, tan raro era leer cómic de superhéroes como leer cómics para niñas, pero nadie se preocupó de tacharme de homosexual encubierto, dado que ese término no se usaba tanto como en la actualidad.

Tiene gracia, visto con el paso de los años, pensar que yo me serví de muchos de los argumentos de las historias de Esther para tratar de comprender mejor el comportamiento de las chicas de mi edad, merced a lo acertado de los guiones del británico Phillip Douglas, acompañado en muchas ocasiones de las ideas de la propia dibujante, Purita Campos. Y no creo que fuera el único chico que leyera Esther, ni tampoco el único que aprendió muchas cosas del sexo contrario leyendo las aventuras de la pecosa británica. Claro que doctores tiene la iglesia y a demasiadas personas les flaquea la memoria.

Es, precisamente, por esa falta de memoria que quiero reivindicar el trabajo de Purita Campos y su aportación al mundo gráfico internacional.

Empecemos por el principio. Purificación Campos nació en la ciudad de Barcelona, en 1937. Desde muy pequeña, su vida estuvo relacionada con el mundo de la moda, pues su madre era modista y en su casa las telas, las tijeras y la máquina de coser eran una presencia continua. Lo que ocurre es que Purita no quería ser modista, sino hacer los modelos –dibujados- para luego hacer la ropa que cosía su madre.

En palabras de la autora, Yo vivía la moda, pero no quería ser modista. Entonces decidí que quería ser diseñadora de modas. Estudié Artes y Oficios durante siete años en la LLotja de Barcelona y cuando terminé me coloqué en una casa de figurines. Hacían revistas de moda dibujada. Lo dibujábamos todo con pistola, con aerógrafo. Allí aprendí a utilizarlo.

La verdad es que me gustaba mucho inventar modelos. Años antes de empezar Patty’s World monté una boutique con mi madre y hacíamos ropa. Yo la diseñaba y se vendía en la boutique. Nos compraba El Corte Inglés y algunos de los sitios más pijos de la ciudad. Creé un apartado de ropa más loca y atrevida -dentro de la línea más clásica de la tienda- que también diseñaba. Me basaba un poco en modistos, como Paco Rabanne y le añadía a la ropa cosas como cerraduras de puertas o anillas metálicas, y debo admitir que todo aquello gustaba mucho.

No es de extrañar, al leer estas palabras de la autora, que uno de los puntos fuertes de sus obras gráficas sea el apartado de la moda, en especial en un personaje como Tina –rebautizada en España con el nombre Jana. Es innegable que Jana tiene un glamour y un sentido de la moda que la hace un producto potencialmente interesante para cualquier generación. Quizás por ello ha sabido envejecer tan bien, tanto que ni su ropa desentona con el estilo actual, ni tampoco sus tramas argumentales. 1

Por desgracia para la autora, su aventura empresarial se truncó cuando tuvo que elegir entre su trabajo y ser madre. Las duras jornadas de trabajo, y la sensación de estar descuidando de su hijo pequeño hicieron que Purita Campos dejara el mundo de la moda y probara suerte en el mercado editorial.

En cuanto a sus comienzos profesionales, dentro de la industria del cómic, los primeros trabajos fueron diversas portadas para colecciones como Can Can o Celia, de la Editorial Bruguera. Después comenzó a realizar historietas para colecciones femeninas de la misma editorial, tales como Sissi, Blanca o Dalia. De todas formas, la autora no se planteó trabajar en el mercado editorial hasta su abandono definitivo del mundo de la moda.

Según Purita Campos Mi idea era conseguir una serie que me asegurara, por lo menos, un año de trabajo y así poder compaginar mi trabajo con mi vida familiar. Cuando lo conseguí trabajaba por el día, cuando el niño iba al colegio, y cuando él salía yo ya había acabado. O sea, podía combinar este trabajo con la maternidad. Por eso ahora, cuando muchas se quejan de tener que compartir el tiempo, yo ya sé de qué va todo eso.

Al final, la oportunidad le llegó a la autora a través de la agencia Creaciones Editoriales, la cual le consiguió el trabajo de dibujante para una serie británica titulada Patty’s World.

Patty’s WorldEsther y su mundo- narraba las historias de una joven de trece años, de clase media, en la Inglaterra de los años 70. Al igual que cualquier adolescente, Patty –Esther- es una niña rebelde, algo acomplejada, y con ganas de vivir cuantas más experiencias mejor, algo que no dejará de acarrearle problemas a la pecosa protagonista.

Esther y su mundo se empezó a publicar en España allá por el año 1974 en el tebeo Lily. Por aquel entonces, la democracia aún no había llegado a España y la vida que se veía y vivía en las páginas de Esther era en technicolor, estaba plagada de viviendas unifamiliares con jardín, ropa pop, y de viajes de verano al extranjero… Un sueño al que aspirar en una España en blanco y negro. 2

La vida de Esther transcurre entre su vida familiar, sus amigos y la escuela, algo que la identifica con una niña de esa edad en cualquier parte del mundo de aquellos años. Su madre, Cathy Lucas, trata de sacar adelante a sus dos hijas, a Esther y a Carol –que le lleva cinco años a Esther- después de la muerte de su marido, Bill Lucas. Como cualquier niña, Esther tiene disputas generacionales con su madre y alguna que otra airada discusión con su hermana, pues aún con trece años cumplidos la sigue viendo y tratando como una niña, un detalle que no ayuda, precisamente, a la autoestima de Esther. Lo curioso del caso es que, aunque Carol se comporte como que lo sabe todo, su errática relación con Noel Carter, su primer novio, terminará por unir a las dos hermanas más de lo que ellas mismas pudieran llegar a pensar.

Luego Ted Parson y Laurita Parson llegarán a la familia de Esther, pues Cathy Lucas se casa en segundas nupcias con el primero, dando como resultado el nacimiento de Laurita. Y si bien al principio la relación entre Esther y su nuevo padre no discurre por el camino deseado –Esther tiene miedo de que su madre acabe olvidando a su difunto marido- el buen hacer de Ted Parson logrará convencer a la joven de que la decisión de su madre ha sido la acertada.

En cuanto a lo que a sus amigos respecta, Rita Mott –en inglés, Sharon- es la mejor amiga que una niña podría tener. Inteligente, divertida, con mucha imaginación y más decidida que Esther, le supone un buen contrapunto a la pecosa británica para que ésta llegue a mostrar carácter ante determinadas situaciones.

Johnny Wowden, rebautizado en nuestro país como Juanito, es un muchacho atlético, ocurrente, con la cabeza pegada a un balón de futbol, quien termina siendo objeto de deseo tanto de Rita como de la propia Esther. Lo que pasa, es que la rubia Rita, decidida, va a por todas, mientras que la morena Esther está siempre sumida en un mar de dudas existenciales que no le permite llegar a tomar una decisión.

Por último, está la mala pécora de Doreen Snyder, principal antagonista de Esther. Para muestra, un botón. El día que Rita y Esther celebraban su gran cumpleaños juntas –los tan esperados trece años- la gorda de Doreen se las arregló para que nadie de clase asistiera, y en cambio, fueran a una merienda en su casa.

Llegados a este punto hay que destacar lo acertado de los guiones del británico Phillip Douglas. A Douglas se le consideraba un hombre inteligente, agudo, de respuestas rápidas e ingeniosas, además del prototipo del caballero inglés; es decir, serio, formal y educado. Sus acertados guiones estaban basados en las experiencias que su mujer le había contado de cuando ella era una joven adolescente. Para Douglas, su mujer se convirtió en su fuente de inspiración y luego él solamente le daba forma, para adaptarlo al formato gráfico. Con el paso de los años, Purita Campos se fue involucrando cada vez más en las aventuras de su personaje, por lo que acabó siendo el trabajo de ambos autores.

Según recuerda la propia autora, Esther gustaba tantísimo por la naturalidad con la que hablaba de sus experiencias con trece años. Lo que ocurre es que yo después me he enterado de que había madres que no dejaban leer a sus hijas Esther, porque era un poquito “subversiva”.Sea como fuere, la serie continuó publicándose en España hasta el año 1987, momento en el que la revista Pecosa, de la Editorial MC, cerró sus puertas. Un año antes la Editorial Bruguera desaparecía, igualmente del mercado, dejando a varias generaciones de lectores sin un mal tebeo que poder leer.
La autora continuó un año más en la colección, pero, de hoy para mañana, la editorial británica suspendió la publicación de todas sus colecciones, incluidas las de las aventuras de Esther. En ese momento, la colección se había publicado no solo en buena parte de Europa –Inglaterra, España, Alemania, Holanda, Grecia, los países escandinavos- sino también en Sudáfrica, Australia y Canadá.

Tal y como es lógico pensar, y a pesar del tremendo éxito cosechado por la serie, no todo fue un camino de rosas. Así se trabajaba, según Purita Campos, En España, los dibujantes estábamos fatal. Bruguera hacía y deshacía a su aire, por ejemplo, cambiando los nombres de los personajes, no pagando nada de royalties, etc. Y eso que Bruguera se forró conmigo, porque llegó un momento en que llegaron a vender 400.000 ejemplares a la semana, superando las cifras de Mortadelo. Pero yo, al final, no recibía nada.

A la vista de esta cifra cuesta entender que nadie fuera capaz de reconocerle a la autora el éxito cosechado, teniendo que esperar casi veinte años para que la crítica y el público se hayan percatado de la tremenda aportación de la autora al mundo del cómic.

El principio del mencionado reconocimiento profesional le llegó a la autora cuando la invitaron al Salón del Cómic de Gijón del año 2002. En aquel año, el evento estuvo dedicado a la figura de la mujer. Fue entonces cuando, durante la sesión de firmas, la autora se percató de la cantidad de seguidoras que tenía. Purita Campos lo recuerda de la siguiente manera Fue increíble. Todas allí, con los cuadernos viejecitos. Fans de toda la vida haciéndose fotos conmigo y diciéndome que me querían mucho.

Tras aquella maravillosa experiencia, y nada más volver a Barcelona, me llamó Ediciones Glénat y después Salvat y Planeta. Después de reunirme con los responsables de Glénat decidimos publicar las historias clásicas de Esther, de Gina y de Jana, aunque en aquel momento todavía no habíamos hablado de publicar una versión actualizada del personaje de Esther.

Al final, Ediciones Glénat decidió publicar un tomo recopilatorio con todas las aventuras del personaje de Gina, un libro titulado Esther y el mundo de Purita Campos, y, dado que la reedición de las aventuras clásicas de Esther se estaba posponiendo más de lo previsto, se empezó a barajar la posibilidad de crear nuevas aventuras del personaje.
En la realidad, la autora había pensado en esta posibilidad, y su idea era plantearnos una Esther adulta, madre de una niña incluso.

Tuvieron que pasar tres años para que la autora conociera, en el Salón de Cómic de A Coruña, al que sería el nuevo guionista de las aventuras de Ester, Carlos Portela. Desde la primera conversación con Purita Campos tuve claro una cosa: que la protagonista tenía que ser una Esther actual, en la treintena, compartiendo de nuevo edad con muchas de las lectoras de antes. La Esther de hoy, actual, es una mujer que lleva las riendas de su vida en solitario y que, al igual que cuando era niña, sigue soñando con el amor y la felicidad, aunque ahora sea algo sea más escéptica y ciertas cosas le den pereza. Una vez decidido esto, lo más importante era elegir desde qué punto de su pasado partiríamos, puesto que según los diferentes tebeos en los que se publicó Esther, podíamos encontrar diferentes finales. Tras darle muchas vueltas al asunto, llegué a la conclusión de que el final más interesante, desde una óptica exclusivamente dramática, era el de la revista Esther, donde el guionista dejaba a Rita emparejada con Juanito. 2

Para la autora, la elección del nuevo guionista no pudo ser más acertada, y de esta forma lo reconoce Carlos es muy buen guionista. Se adapta mucho a cualquier tema y todo lo desarrolla muy bien. Yo estoy muy contenta y, a veces, pienso que es como si Phillip viviera ahora y se hubiera actualizado. Además, Carlos me da la misma libertad que me daba Phillip a la hora de cambiar y/o adaptar el guión, para lograr sacar el mejor partido gráfico de la historia.

En Las nuevas aventuras de Esther, Carlos Portela y Purita Campos nos meten de lleno en la vida de Esther, pero ahora ésta es una enfermera que trabaja en un hospital –junto a su cuñado y a Doreen Snyder-, está separada, y tiene una hija adolescente, Patty. Carol, ahora madre de seis hijos, sigue siendo esa hermana mayor a la que se acude cuando una tiene problemas existenciales, y Laurita ya no es ningún bebé, sino una cantante famosa, con discos en el mercado.

Curiosamente, los papeles han cambiado y, ahora, Doreen es la mejor amiga de Esther. De Rita sabemos bien poco y Juanito no es más que un recuerdo de juventud, o eso nos quiere hacer creer Esther.

Lo mejor de estas nuevas aventuras es ver que la autora no solo no ha perdido el trazo seguro y elegante que le hizo ganarse el corazón de millones de lectoras, sino que ha logrado dar un paso más a la hora de ilustrar las aventuras de su personaje estrella.

No quiero terminar este recorrido por Las nuevas aventuras de Esther sin reparar en el dinamismo del guión y en lo bien que se adecua a los gustos del mercado actual. La nueva Esther es un fiel reflejo de la mujer del siglo XXI. Otro de los aciertos del guión radica en una idea desarrollada por Carlos Portela, Para mí resultaba claro que Esther debía haber crecido como sus lectoras, para poder seguir manteniendo ese puente, esa conversación de tú a tú con ellas que siempre había tenido.

Sin embargo, al hacerla crecer había muchas historias y vivencias que se quedaría por el camino sin explicar. Por eso, y modo de juego cómplice, pensé en contar mediante flashbacks aquellos puntos de la historia que habrían podido modelar la vida de Esther y que, por no haberse continuado la serie, las lectoras desconocían.

No contento con eso, y en parte motivado por lo bien que se tomó Purita Campos mi idea, le propuse ir un poco más allá con el tema de los flashbacks y tratar esas página como si realmente fueran páginas inéditas, nunca vistas de la Esther original. Tengo que decir que el entusiasmo de Pura me quitó un gran peso de encima, porque, para mí, Esther es Pura, y si a ella no le hubiera gustado la idea, ni que decir tiene que no hubiera escrito así el guión. 2

El resultado final es el siguiente: 15 000 ejemplares vendidos del primer número de Las nuevas aventuras de Esther, un tremendo éxito para un mercado donde es difícil vender 2 000 ejemplares. Por añadidura, este nuevo trabajo de la autora le ha supuesto, según sus propias palabras un tremendo dolor de espalda por estar sentada en la mesa de trabajo diez horas diarias, sábados y domingos incluidos. Ahora estoy con tratamiento y masajes. Ése es el precio (risas).

Un año después de la salida al mercado de Las nuevas aventuras de Esther, el primer volumen de Esther y su mundo llegaba al mercado, formando parte de la colección dedicada a Purita Campos. Esta colección comenzó con el ya mencionado tomo recopilatorio del personaje Gina, cuyos guiones son obra de Francisco Ortega, marido de la autora.

Gina bebe de los modelos y convenciones de los relatos ingleses para adolescentes. En las páginas de la serie se narra la vida diaria de Gina y sus vivencias con su familia y amigos. Muy en la línea de Esther, tanto Purita Campos como Francisco Ortega trataron de reflejar la vida de las adolescentes españolas, pero utilizaron nombres y una ambientación típicamente británica. Por todo ello, se puede considerar que Gina es una serie que refleja muy bien los cambios sociales e ideológicos vividos por las mujeres españolas de finales de los años setenta y principios de los ochenta.

El siguiente personaje a quien le tocó turno de publicación fue Jana, la modelo aventurera. Jana, originalmente Tina, nació cuatro años después que su hermana Esther, junto con el guionista Andries Brandt, pero su punto de partida es totalmente distinto al de Esther.

Jana tiene un estilo propio, que es un factor fundamental a la hora de desentrañar lo que se oculta tras este personaje, aparentemente tan discreto en la historia del cómic español –cuando se publicó en los tebeos de Bruguera, con el nombre de Christie en los años 70, casi pasó desapercibida. Se nos ha presentado siempre como una mujer extrovertida, sociable y segura de sí misma. Quizás un estudio sociológico más profundo de su carácter nos desvelaría que esa frialdad aparente esconde la verdadera personalidad de la mujer holandesa, muy diferente de la mujer inglesa o española a la que estamos acostumbrados con otros personajes de la autora. Posiblemente esto se deba al carácter de su guionista, Andries Brandt, el cual supo adaptar el mensaje de una serie como Patty’s World para crear un personaje autóctono con el que se sintieran más identificadas las lectoras holandesas. 1

Jana está en la veintena, tiene cabellos largos encrespados y pelirrojos, es atractiva, seductora y modelo internacional. Su trabajo le permite tener independencia económica y sentimental. A pesar de esto, Jana comparte piso con Debbie, diseñadora de modas y su mejor amiga y confidente.

Paradójicamente, el personaje lograría cierto renombre cuando, tras la fallida experiencia de la Editorial Bruguera, la serie fue publicada en España por la Editorial Sarpe, la cual decidió cambiar el nombre de Tina por Jana, tomando el nombre de la revista que publicaba sus aventuras.

El principal rasgo diferenciador entre Jana y Esther es que, si en la segunda las historias se centraban en la psicología del personaje, en Jana el suspense y los continuos giros del guión sustentan toda la obra. También, a diferencia de Esther, Jana no estaba sometida al realismo de la adolescencia, sino que podía viajar por todo el mundo o vestir modelos de alta costura, dado que su trabajo así se lo requería.

Para Purita Campos, la relación con el guionista se convirtió en una muy buena amistad que duró más de una década, hasta la muerte de éste. De hecho fue el guionista con el que mayor relación tuvo la autora. Y queda claro, al leer las historias, la buena sintonía que se desarrolló entre ambos.

La última obra que se ha publicado en la colección de Purita Campos por la Editorial Glénat es la adaptación de obra magna de Johanna Spyri, Heidi, realizada entre 1973 y 1975, contando con la colaboración de Francisco Ortega.

La versión gráfica de los relatos Heidi y Otra vez Heidi demuestra, a pesar de la necesidad de resumir el texto original, la capacidad de Purita Campos para mostrar los rostros y el juego de expresiones, gestos y movimientos en cada uno de los personajes.

Con la publicación de esta nueva obra, poco a poco se va haciendo justicia al trabajo de la autora catalana, quien siempre ha sabido adaptarse a los sucesivos cambios imperantes en la sociedad. Basta citar que la autora llegó a ser propietaria de una galería de arte, e incluso de una academia de dibujo y pintura que fue todo un éxito.

Aquella experiencia, que duró quince años, tuvo que concluir por problemas de salud del matrimonio, aunque Purita Campos seguía realizando las páginas para las aventuras holandesas de Tina –Jana.
Y justo cuando la autora pensaba dedicarse a la pintura junto con su heroína holandesa, Esther volvió a tocar a su puerta.

A modo de conclusión, me gustaría creer que a una artista como Purita Campos ya se le empieza a reconocer su aportación e importancia en nuestro país dentro del mercado del cómic. Sin embargo, todavía hay muchos que siguen pensando que la temática de una determinada serie es razón más que suficiente para justificar su valía o no, independientemente de su calidad artística.

Quizás por esa razón, aún no se le ha concedido a Purita Campos el premio otorgado a toda una carrera profesional que se otorga en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Tampoco es que un premio vaya a cambiar o condicionar los gustos de varias generaciones de lectores, pero es de justicia reconocer el trabajo de una artista con mayúsculas como lo es Purita Campos.

Las declaraciones de Purita Campos que aparecen en este artículo están recogidas en la página web de la Editorial Glénat, www.glenat.es.
1 Copyright © 2008 Ruth Bernardez “Jana, una modelo aventurera” introducción al tomo Jana Libro 3 de Ediciones Glénat
2 Copyright © 2006 Carlos Portela “Sobre la introducción El nuevo mundo de Esther” introducción a Las nuevas aventuras de Esther Libro 1 de Ediciones Glénat


La colección Purita Campos es una publicación de Ediciones Glénat España S.L.

Agradezco a Ediciones Glénat el material facilitado y las imágenes para la redacción de este artículo y a Elena Santana Guevara por las correcciones en el texto.

Este artículo se publicó, originalmente, en el Dolmen Europa número 3, de la editorial del mismo nombre, en diciembre del año 2009.

Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad © de Purita Campos y de Ediciones Glénat España © 2009 y se han utilizado como complemento al texto.