martes, 12 de enero de 2010

PURITA CAMPOS, TODA UNA ARTISTA

Ponerle barreras a una disciplina artística es siempre un error y suele acarrear consecuencias bastante desastrosas. Ya la sociedad en la que vivimos es suficientemente opresiva y restrictiva como para que una disciplina basada en la creatividad se tenga que regir por las mismas normas.

Sin embargo, la realidad nos cuenta que a poco que se le deja hacer al ser humano, éste se empeña en erigir barreras o en etiquetar todo aquello que se le ponga a su alcance. Por esta razón, el trabajo de una autora tan completa como Purificación Campos –más conocida como Purita Campos- ha estado relegado, hasta hace bien poco, al furgón de cola de la creación gráfica, algo inconcebible, dado la calidad de su trabajo.

El principal argumento enarbolado por los doctos críticos para justificar dicho comportamiento se basaba en que los llamados “tebeos para niñas” no tenían la misma calidad que los de aquellos pensados para un público masculino. Sería de necios ignorar que una parte de dichos “tebeos para niñas”, al igual que los cómics románticos –publicados en la década de los 50 y 60 en los EE.UU.- eran insulsos, por no decir claramente ñoños. Otra cosa muy distinta es no ser capaz de ver la calidad de una obra, parapetándose en un tópico acuñado tiempo atrás.

Con el trabajo de Purita Campos, pasa lo mismo que con el trabajo de John Romita Sr. –quien se pasara un montón de años haciendo cómics románticos-; es decir, la calidad de su trabajo es tan buena que el negarlo es pura tontería. Y si quieren un ejemplo del sinsentido de los argumentos esgrimidos para menospreciar el trabajo de Purita Campos, piensen en la siguiente cosa: ¿Qué sería de las aventuras de Peter Parker –Spiderman- sin sus problemas familiares con la Tía May, o sus aventuras amorosas con Gwen Stacy o Mary Jane Watson? Está claro que resulta imposible separar al superhéroe de su vida personal y familiar y a nadie parecía importarle. Es más, la Tía May pasó a formar parte de la familia de todos los lectores del personaje. Y mientras las peripecias vivenciales de Parker se repetían en Nueva York en las décadas de los 60 ,70 y 80, sin que nadie pusiera el grito en el cielo por ello, reconocer que se leía las aventuras de los personajes que dibujara Purita Campos estaba considerado en contra de las normas del buen gusto.
Para rematar la faena, tal y como reconoce Purita Campos, muchas de las lectoras habituales de las aventuras de personajes como Esther, Gina o Jana, tampoco admitían que las leían En aquellos años (sesenta y parte de los ochenta) las jóvenes y muchas mujeres jamás admitían que eran lectoras de mis personajes. Se sentían ridículas porque lo veían como cosas de niñas. Era más moderno decir que se hacían cosas más adultas y maduras.

Como en otras tantas cosas, mi experiencia personal transcurrió por senderos bien distintos a los de los lectores de mi generación. Por un suceso casual me topé en casa de un compañero de clase con un montón de números de la revista Lily –pertenecientes a la hermana de mi compañero- y, dado que me llamaron mucho la atención las portadas de aquellos tebeos, empecé a leerlos. Todavía recuerdo la cara de asombro de mi compañero y de su hermana, sobre todo la de ella, dado que su hermano ni siquiera osaba acercarse a aquellos tebeos. Tras pasar unos minutos intentando explicar a mi compañero por qué quería leerlos, éste optó por irse a ver la televisión y me dejó en manos de su hermana, la cual me dio un curso intensivo acerca del personaje de Esther y todo su universo.

Admito que mi interés no iba más allá de disfrutar con un cómic que me parecía gráficamente muy atractivo, pero lo cierto es que el curso intensivo me sirvió de gran ayuda para entender lo que luego leería y para continuar leyendo las aventuras de Esther en los años sucesivos. A partir de entonces, alterné las visitas a casa de mi compañero –momento en que éste aprovechaba para leer mis cómics de superhéroes, y yo para ponerme al día con las aventuras de Esther, Rita y la gorda de Doreen- con la adquisición de algunos números de la revista Lily, sobre todo los extras de Navidad y verano.

Lo mejor de todo fue que, cuando comencé a viajar a Inglaterra durante los veranos, descubrí que el personaje de Esther se llamaba realmente Patty y que, además, los números se publicaban allá en blanco y negro, en la revista Princess Tina. Por aquel entonces, tan raro era leer cómic de superhéroes como leer cómics para niñas, pero nadie se preocupó de tacharme de homosexual encubierto, dado que ese término no se usaba tanto como en la actualidad.

Tiene gracia, visto con el paso de los años, pensar que yo me serví de muchos de los argumentos de las historias de Esther para tratar de comprender mejor el comportamiento de las chicas de mi edad, merced a lo acertado de los guiones del británico Phillip Douglas, acompañado en muchas ocasiones de las ideas de la propia dibujante, Purita Campos. Y no creo que fuera el único chico que leyera Esther, ni tampoco el único que aprendió muchas cosas del sexo contrario leyendo las aventuras de la pecosa británica. Claro que doctores tiene la iglesia y a demasiadas personas les flaquea la memoria.

Es, precisamente, por esa falta de memoria que quiero reivindicar el trabajo de Purita Campos y su aportación al mundo gráfico internacional.

Empecemos por el principio. Purificación Campos nació en la ciudad de Barcelona, en 1937. Desde muy pequeña, su vida estuvo relacionada con el mundo de la moda, pues su madre era modista y en su casa las telas, las tijeras y la máquina de coser eran una presencia continua. Lo que ocurre es que Purita no quería ser modista, sino hacer los modelos –dibujados- para luego hacer la ropa que cosía su madre.

En palabras de la autora, Yo vivía la moda, pero no quería ser modista. Entonces decidí que quería ser diseñadora de modas. Estudié Artes y Oficios durante siete años en la LLotja de Barcelona y cuando terminé me coloqué en una casa de figurines. Hacían revistas de moda dibujada. Lo dibujábamos todo con pistola, con aerógrafo. Allí aprendí a utilizarlo.

La verdad es que me gustaba mucho inventar modelos. Años antes de empezar Patty’s World monté una boutique con mi madre y hacíamos ropa. Yo la diseñaba y se vendía en la boutique. Nos compraba El Corte Inglés y algunos de los sitios más pijos de la ciudad. Creé un apartado de ropa más loca y atrevida -dentro de la línea más clásica de la tienda- que también diseñaba. Me basaba un poco en modistos, como Paco Rabanne y le añadía a la ropa cosas como cerraduras de puertas o anillas metálicas, y debo admitir que todo aquello gustaba mucho.

No es de extrañar, al leer estas palabras de la autora, que uno de los puntos fuertes de sus obras gráficas sea el apartado de la moda, en especial en un personaje como Tina –rebautizada en España con el nombre Jana. Es innegable que Jana tiene un glamour y un sentido de la moda que la hace un producto potencialmente interesante para cualquier generación. Quizás por ello ha sabido envejecer tan bien, tanto que ni su ropa desentona con el estilo actual, ni tampoco sus tramas argumentales. 1

Por desgracia para la autora, su aventura empresarial se truncó cuando tuvo que elegir entre su trabajo y ser madre. Las duras jornadas de trabajo, y la sensación de estar descuidando de su hijo pequeño hicieron que Purita Campos dejara el mundo de la moda y probara suerte en el mercado editorial.

En cuanto a sus comienzos profesionales, dentro de la industria del cómic, los primeros trabajos fueron diversas portadas para colecciones como Can Can o Celia, de la Editorial Bruguera. Después comenzó a realizar historietas para colecciones femeninas de la misma editorial, tales como Sissi, Blanca o Dalia. De todas formas, la autora no se planteó trabajar en el mercado editorial hasta su abandono definitivo del mundo de la moda.

Según Purita Campos Mi idea era conseguir una serie que me asegurara, por lo menos, un año de trabajo y así poder compaginar mi trabajo con mi vida familiar. Cuando lo conseguí trabajaba por el día, cuando el niño iba al colegio, y cuando él salía yo ya había acabado. O sea, podía combinar este trabajo con la maternidad. Por eso ahora, cuando muchas se quejan de tener que compartir el tiempo, yo ya sé de qué va todo eso.

Al final, la oportunidad le llegó a la autora a través de la agencia Creaciones Editoriales, la cual le consiguió el trabajo de dibujante para una serie británica titulada Patty’s World.

Patty’s WorldEsther y su mundo- narraba las historias de una joven de trece años, de clase media, en la Inglaterra de los años 70. Al igual que cualquier adolescente, Patty –Esther- es una niña rebelde, algo acomplejada, y con ganas de vivir cuantas más experiencias mejor, algo que no dejará de acarrearle problemas a la pecosa protagonista.

Esther y su mundo se empezó a publicar en España allá por el año 1974 en el tebeo Lily. Por aquel entonces, la democracia aún no había llegado a España y la vida que se veía y vivía en las páginas de Esther era en technicolor, estaba plagada de viviendas unifamiliares con jardín, ropa pop, y de viajes de verano al extranjero… Un sueño al que aspirar en una España en blanco y negro. 2

La vida de Esther transcurre entre su vida familiar, sus amigos y la escuela, algo que la identifica con una niña de esa edad en cualquier parte del mundo de aquellos años. Su madre, Cathy Lucas, trata de sacar adelante a sus dos hijas, a Esther y a Carol –que le lleva cinco años a Esther- después de la muerte de su marido, Bill Lucas. Como cualquier niña, Esther tiene disputas generacionales con su madre y alguna que otra airada discusión con su hermana, pues aún con trece años cumplidos la sigue viendo y tratando como una niña, un detalle que no ayuda, precisamente, a la autoestima de Esther. Lo curioso del caso es que, aunque Carol se comporte como que lo sabe todo, su errática relación con Noel Carter, su primer novio, terminará por unir a las dos hermanas más de lo que ellas mismas pudieran llegar a pensar.

Luego Ted Parson y Laurita Parson llegarán a la familia de Esther, pues Cathy Lucas se casa en segundas nupcias con el primero, dando como resultado el nacimiento de Laurita. Y si bien al principio la relación entre Esther y su nuevo padre no discurre por el camino deseado –Esther tiene miedo de que su madre acabe olvidando a su difunto marido- el buen hacer de Ted Parson logrará convencer a la joven de que la decisión de su madre ha sido la acertada.

En cuanto a lo que a sus amigos respecta, Rita Mott –en inglés, Sharon- es la mejor amiga que una niña podría tener. Inteligente, divertida, con mucha imaginación y más decidida que Esther, le supone un buen contrapunto a la pecosa británica para que ésta llegue a mostrar carácter ante determinadas situaciones.

Johnny Wowden, rebautizado en nuestro país como Juanito, es un muchacho atlético, ocurrente, con la cabeza pegada a un balón de futbol, quien termina siendo objeto de deseo tanto de Rita como de la propia Esther. Lo que pasa, es que la rubia Rita, decidida, va a por todas, mientras que la morena Esther está siempre sumida en un mar de dudas existenciales que no le permite llegar a tomar una decisión.

Por último, está la mala pécora de Doreen Snyder, principal antagonista de Esther. Para muestra, un botón. El día que Rita y Esther celebraban su gran cumpleaños juntas –los tan esperados trece años- la gorda de Doreen se las arregló para que nadie de clase asistiera, y en cambio, fueran a una merienda en su casa.

Llegados a este punto hay que destacar lo acertado de los guiones del británico Phillip Douglas. A Douglas se le consideraba un hombre inteligente, agudo, de respuestas rápidas e ingeniosas, además del prototipo del caballero inglés; es decir, serio, formal y educado. Sus acertados guiones estaban basados en las experiencias que su mujer le había contado de cuando ella era una joven adolescente. Para Douglas, su mujer se convirtió en su fuente de inspiración y luego él solamente le daba forma, para adaptarlo al formato gráfico. Con el paso de los años, Purita Campos se fue involucrando cada vez más en las aventuras de su personaje, por lo que acabó siendo el trabajo de ambos autores.

Según recuerda la propia autora, Esther gustaba tantísimo por la naturalidad con la que hablaba de sus experiencias con trece años. Lo que ocurre es que yo después me he enterado de que había madres que no dejaban leer a sus hijas Esther, porque era un poquito “subversiva”.Sea como fuere, la serie continuó publicándose en España hasta el año 1987, momento en el que la revista Pecosa, de la Editorial MC, cerró sus puertas. Un año antes la Editorial Bruguera desaparecía, igualmente del mercado, dejando a varias generaciones de lectores sin un mal tebeo que poder leer.
La autora continuó un año más en la colección, pero, de hoy para mañana, la editorial británica suspendió la publicación de todas sus colecciones, incluidas las de las aventuras de Esther. En ese momento, la colección se había publicado no solo en buena parte de Europa –Inglaterra, España, Alemania, Holanda, Grecia, los países escandinavos- sino también en Sudáfrica, Australia y Canadá.

Tal y como es lógico pensar, y a pesar del tremendo éxito cosechado por la serie, no todo fue un camino de rosas. Así se trabajaba, según Purita Campos, En España, los dibujantes estábamos fatal. Bruguera hacía y deshacía a su aire, por ejemplo, cambiando los nombres de los personajes, no pagando nada de royalties, etc. Y eso que Bruguera se forró conmigo, porque llegó un momento en que llegaron a vender 400.000 ejemplares a la semana, superando las cifras de Mortadelo. Pero yo, al final, no recibía nada.

A la vista de esta cifra cuesta entender que nadie fuera capaz de reconocerle a la autora el éxito cosechado, teniendo que esperar casi veinte años para que la crítica y el público se hayan percatado de la tremenda aportación de la autora al mundo del cómic.

El principio del mencionado reconocimiento profesional le llegó a la autora cuando la invitaron al Salón del Cómic de Gijón del año 2002. En aquel año, el evento estuvo dedicado a la figura de la mujer. Fue entonces cuando, durante la sesión de firmas, la autora se percató de la cantidad de seguidoras que tenía. Purita Campos lo recuerda de la siguiente manera Fue increíble. Todas allí, con los cuadernos viejecitos. Fans de toda la vida haciéndose fotos conmigo y diciéndome que me querían mucho.

Tras aquella maravillosa experiencia, y nada más volver a Barcelona, me llamó Ediciones Glénat y después Salvat y Planeta. Después de reunirme con los responsables de Glénat decidimos publicar las historias clásicas de Esther, de Gina y de Jana, aunque en aquel momento todavía no habíamos hablado de publicar una versión actualizada del personaje de Esther.

Al final, Ediciones Glénat decidió publicar un tomo recopilatorio con todas las aventuras del personaje de Gina, un libro titulado Esther y el mundo de Purita Campos, y, dado que la reedición de las aventuras clásicas de Esther se estaba posponiendo más de lo previsto, se empezó a barajar la posibilidad de crear nuevas aventuras del personaje.
En la realidad, la autora había pensado en esta posibilidad, y su idea era plantearnos una Esther adulta, madre de una niña incluso.

Tuvieron que pasar tres años para que la autora conociera, en el Salón de Cómic de A Coruña, al que sería el nuevo guionista de las aventuras de Ester, Carlos Portela. Desde la primera conversación con Purita Campos tuve claro una cosa: que la protagonista tenía que ser una Esther actual, en la treintena, compartiendo de nuevo edad con muchas de las lectoras de antes. La Esther de hoy, actual, es una mujer que lleva las riendas de su vida en solitario y que, al igual que cuando era niña, sigue soñando con el amor y la felicidad, aunque ahora sea algo sea más escéptica y ciertas cosas le den pereza. Una vez decidido esto, lo más importante era elegir desde qué punto de su pasado partiríamos, puesto que según los diferentes tebeos en los que se publicó Esther, podíamos encontrar diferentes finales. Tras darle muchas vueltas al asunto, llegué a la conclusión de que el final más interesante, desde una óptica exclusivamente dramática, era el de la revista Esther, donde el guionista dejaba a Rita emparejada con Juanito. 2

Para la autora, la elección del nuevo guionista no pudo ser más acertada, y de esta forma lo reconoce Carlos es muy buen guionista. Se adapta mucho a cualquier tema y todo lo desarrolla muy bien. Yo estoy muy contenta y, a veces, pienso que es como si Phillip viviera ahora y se hubiera actualizado. Además, Carlos me da la misma libertad que me daba Phillip a la hora de cambiar y/o adaptar el guión, para lograr sacar el mejor partido gráfico de la historia.

En Las nuevas aventuras de Esther, Carlos Portela y Purita Campos nos meten de lleno en la vida de Esther, pero ahora ésta es una enfermera que trabaja en un hospital –junto a su cuñado y a Doreen Snyder-, está separada, y tiene una hija adolescente, Patty. Carol, ahora madre de seis hijos, sigue siendo esa hermana mayor a la que se acude cuando una tiene problemas existenciales, y Laurita ya no es ningún bebé, sino una cantante famosa, con discos en el mercado.

Curiosamente, los papeles han cambiado y, ahora, Doreen es la mejor amiga de Esther. De Rita sabemos bien poco y Juanito no es más que un recuerdo de juventud, o eso nos quiere hacer creer Esther.

Lo mejor de estas nuevas aventuras es ver que la autora no solo no ha perdido el trazo seguro y elegante que le hizo ganarse el corazón de millones de lectoras, sino que ha logrado dar un paso más a la hora de ilustrar las aventuras de su personaje estrella.

No quiero terminar este recorrido por Las nuevas aventuras de Esther sin reparar en el dinamismo del guión y en lo bien que se adecua a los gustos del mercado actual. La nueva Esther es un fiel reflejo de la mujer del siglo XXI. Otro de los aciertos del guión radica en una idea desarrollada por Carlos Portela, Para mí resultaba claro que Esther debía haber crecido como sus lectoras, para poder seguir manteniendo ese puente, esa conversación de tú a tú con ellas que siempre había tenido.

Sin embargo, al hacerla crecer había muchas historias y vivencias que se quedaría por el camino sin explicar. Por eso, y modo de juego cómplice, pensé en contar mediante flashbacks aquellos puntos de la historia que habrían podido modelar la vida de Esther y que, por no haberse continuado la serie, las lectoras desconocían.

No contento con eso, y en parte motivado por lo bien que se tomó Purita Campos mi idea, le propuse ir un poco más allá con el tema de los flashbacks y tratar esas página como si realmente fueran páginas inéditas, nunca vistas de la Esther original. Tengo que decir que el entusiasmo de Pura me quitó un gran peso de encima, porque, para mí, Esther es Pura, y si a ella no le hubiera gustado la idea, ni que decir tiene que no hubiera escrito así el guión. 2

El resultado final es el siguiente: 15 000 ejemplares vendidos del primer número de Las nuevas aventuras de Esther, un tremendo éxito para un mercado donde es difícil vender 2 000 ejemplares. Por añadidura, este nuevo trabajo de la autora le ha supuesto, según sus propias palabras un tremendo dolor de espalda por estar sentada en la mesa de trabajo diez horas diarias, sábados y domingos incluidos. Ahora estoy con tratamiento y masajes. Ése es el precio (risas).

Un año después de la salida al mercado de Las nuevas aventuras de Esther, el primer volumen de Esther y su mundo llegaba al mercado, formando parte de la colección dedicada a Purita Campos. Esta colección comenzó con el ya mencionado tomo recopilatorio del personaje Gina, cuyos guiones son obra de Francisco Ortega, marido de la autora.

Gina bebe de los modelos y convenciones de los relatos ingleses para adolescentes. En las páginas de la serie se narra la vida diaria de Gina y sus vivencias con su familia y amigos. Muy en la línea de Esther, tanto Purita Campos como Francisco Ortega trataron de reflejar la vida de las adolescentes españolas, pero utilizaron nombres y una ambientación típicamente británica. Por todo ello, se puede considerar que Gina es una serie que refleja muy bien los cambios sociales e ideológicos vividos por las mujeres españolas de finales de los años setenta y principios de los ochenta.

El siguiente personaje a quien le tocó turno de publicación fue Jana, la modelo aventurera. Jana, originalmente Tina, nació cuatro años después que su hermana Esther, junto con el guionista Andries Brandt, pero su punto de partida es totalmente distinto al de Esther.

Jana tiene un estilo propio, que es un factor fundamental a la hora de desentrañar lo que se oculta tras este personaje, aparentemente tan discreto en la historia del cómic español –cuando se publicó en los tebeos de Bruguera, con el nombre de Christie en los años 70, casi pasó desapercibida. Se nos ha presentado siempre como una mujer extrovertida, sociable y segura de sí misma. Quizás un estudio sociológico más profundo de su carácter nos desvelaría que esa frialdad aparente esconde la verdadera personalidad de la mujer holandesa, muy diferente de la mujer inglesa o española a la que estamos acostumbrados con otros personajes de la autora. Posiblemente esto se deba al carácter de su guionista, Andries Brandt, el cual supo adaptar el mensaje de una serie como Patty’s World para crear un personaje autóctono con el que se sintieran más identificadas las lectoras holandesas. 1

Jana está en la veintena, tiene cabellos largos encrespados y pelirrojos, es atractiva, seductora y modelo internacional. Su trabajo le permite tener independencia económica y sentimental. A pesar de esto, Jana comparte piso con Debbie, diseñadora de modas y su mejor amiga y confidente.

Paradójicamente, el personaje lograría cierto renombre cuando, tras la fallida experiencia de la Editorial Bruguera, la serie fue publicada en España por la Editorial Sarpe, la cual decidió cambiar el nombre de Tina por Jana, tomando el nombre de la revista que publicaba sus aventuras.

El principal rasgo diferenciador entre Jana y Esther es que, si en la segunda las historias se centraban en la psicología del personaje, en Jana el suspense y los continuos giros del guión sustentan toda la obra. También, a diferencia de Esther, Jana no estaba sometida al realismo de la adolescencia, sino que podía viajar por todo el mundo o vestir modelos de alta costura, dado que su trabajo así se lo requería.

Para Purita Campos, la relación con el guionista se convirtió en una muy buena amistad que duró más de una década, hasta la muerte de éste. De hecho fue el guionista con el que mayor relación tuvo la autora. Y queda claro, al leer las historias, la buena sintonía que se desarrolló entre ambos.

La última obra que se ha publicado en la colección de Purita Campos por la Editorial Glénat es la adaptación de obra magna de Johanna Spyri, Heidi, realizada entre 1973 y 1975, contando con la colaboración de Francisco Ortega.

La versión gráfica de los relatos Heidi y Otra vez Heidi demuestra, a pesar de la necesidad de resumir el texto original, la capacidad de Purita Campos para mostrar los rostros y el juego de expresiones, gestos y movimientos en cada uno de los personajes.

Con la publicación de esta nueva obra, poco a poco se va haciendo justicia al trabajo de la autora catalana, quien siempre ha sabido adaptarse a los sucesivos cambios imperantes en la sociedad. Basta citar que la autora llegó a ser propietaria de una galería de arte, e incluso de una academia de dibujo y pintura que fue todo un éxito.

Aquella experiencia, que duró quince años, tuvo que concluir por problemas de salud del matrimonio, aunque Purita Campos seguía realizando las páginas para las aventuras holandesas de Tina –Jana.
Y justo cuando la autora pensaba dedicarse a la pintura junto con su heroína holandesa, Esther volvió a tocar a su puerta.

A modo de conclusión, me gustaría creer que a una artista como Purita Campos ya se le empieza a reconocer su aportación e importancia en nuestro país dentro del mercado del cómic. Sin embargo, todavía hay muchos que siguen pensando que la temática de una determinada serie es razón más que suficiente para justificar su valía o no, independientemente de su calidad artística.

Quizás por esa razón, aún no se le ha concedido a Purita Campos el premio otorgado a toda una carrera profesional que se otorga en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Tampoco es que un premio vaya a cambiar o condicionar los gustos de varias generaciones de lectores, pero es de justicia reconocer el trabajo de una artista con mayúsculas como lo es Purita Campos.

Las declaraciones de Purita Campos que aparecen en este artículo están recogidas en la página web de la Editorial Glénat, www.glenat.es.
1 Copyright © 2008 Ruth Bernardez “Jana, una modelo aventurera” introducción al tomo Jana Libro 3 de Ediciones Glénat
2 Copyright © 2006 Carlos Portela “Sobre la introducción El nuevo mundo de Esther” introducción a Las nuevas aventuras de Esther Libro 1 de Ediciones Glénat


La colección Purita Campos es una publicación de Ediciones Glénat España S.L.

Agradezco a Ediciones Glénat el material facilitado y las imágenes para la redacción de este artículo y a Elena Santana Guevara por las correcciones en el texto.

Este artículo se publicó, originalmente, en el Dolmen Europa número 3, de la editorial del mismo nombre, en diciembre del año 2009.

Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad © de Purita Campos y de Ediciones Glénat España © 2009 y se han utilizado como complemento al texto.

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