lunes, 15 de febrero de 2010

PIETROLINO. Edición integral.

Guión. Alejandro Jodorowsky
Dibujo: Olivier G. Boiscommun
Álbum en tapa de dura de 96 páginas a color
ISBN: 978-84-9847-580-7
Precio: 18€
Norma Editorial


Hay muchas maneras de oponerse a una tiranía. Unos escogen el camino de las armas. Otros el valor y la convicción de sus ideas, apoyadas éstas, en sus dotes oratorias.
Después están quienes utilizan sus cualidades artísticas para tratar de cambiar las cosas, influyendo en las ideas de quienes viven en la sociedad. No es una tarea fácil y siempre se quedan víctimas en el camino, por mucho que uno se empeñe en evitarlas. Nada se logra sin sacrificio y la historia que cuenta Alejandro Jodorowsky, apoyado en los plásticos dibujos de Olivier G. Boiscommun, es un fiel reflejo de mis palabras.

Pietrolino era un saltimbanqui, mimo excepcional, el cual le tocó vivir una época oscura como la que fue el auge y desarrollo del Reich alemán en la Europa de finales de los años treinta y principios de los cuarenta. Pietrolino, acompañado de Simio, su fiel asistente, no dudó en posicionarse en contra de los postulados represores y fascistas de las tropas de ocupación alemanas en Francia.

Por ello, el artista se embarcó en representar la lucha entre un gigante opresor –la Alemania nazi- y su débil presa –la Francia ocupada- empeñando todo su arte en animar a sus conciudadanos, frente a las balas del invasor.
El problema es que el arte y las prodigiosas manos del mino Pietrolino no eran, en apariencia, enemigas para la sinrazón y las duras botas de los oficiales de la Gestapo que perseguían cualquier atisbo de sedición en el París de aquellos días. Como otros tantos, Pietrolino pagó cara su ofensa contra el Reich alemán pero lejos de doblegar su espíritu, solamente consiguieron destrozar sus manos.

La pesadilla posterior, condenado a trabajos forzados hasta concluir la contienda, terminó cuando el mimo Pietrolino se convirtió en Pietrolino, el payaso boxeador, terror de las injusticas, famoso en todos los rincones de la nueva Europa.
Y ya no importaba el estado de sus manos, dado que éstas estaban enguantadas en unos gruesos y rechonchos guantes de boxeo.

El arte de Pietrolino era capaz de doblegar, merced a la comicidad con la que se desarrollaba su actuación, a cualquier tipo de público. Claro que, con los nuevos tiempos, no se acabaron las injusticias y, por ello, Pietrolino no se olvidó de quienes le habían traicionado en el pasado, aquellos que lo vendieron a los invasores por poco menos que un plato de comida. Su comportamiento para quienes no poseen ningún tipo de escrúpulo bien pudiera servir para remediar muchos de los males de nuestra sociedad.

Al final, la historia que se cuenta en Pietrolino es tan atemporal como recomendable. Atemporal, porque los diálogos y las situaciones descritas por Alejandro Jodorwski se siguen repitiendo en demasiadas partes del mundo. Y recomendable, porque siempre es bueno dejarse seducir por una historia como ésta, bien contada y mejor ilustrada por Olivier G. Boiscommun. Sus dibujos, cargados de una plasticidad impregnada de simbolismos, en especial por el uso de los colores, son el mejor reclamo para que conozcamos la historia de Pietrolino y su fiel asistente Simio.

No esperen una historia alegre sino real, con toques de tragicomedia, algo de esperpento y mensaje de esperanza para que las personas no se olviden de luchar por las cosas importantes de la vida. Y no se me antoja nada más importante que rebelarse y luchar contra quienes pretenden imponer sus ideas por la fuerza de las armas, sin otro argumento.

Agradezco a Norma Editorial las facilidades dadas para la redacción de esta reseña, así como la imagen de portada

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