sábado, 27 de marzo de 2010

SPIDERMAN Y LA GATA NEGRA: EL MAL QUE HACEN LOS HOMBRES

Guión: Kevin Smith
Dibujo: Terry Dodson
Entintado: Rachel Dodson
Color: Rachel Dodson
Precio: 10,5o€
Panini Comics 100% Marvel


Yo había firmado un contrato en exclusiva con DC por un año y estuve hasta el número 19 en la serie Harley Quinn. Sabía que mi ilusión se desvanecería, tarde o temprano, al tener un contrato de duración limitada.
Cuando terminé, surgió la oportunidad de trabajar con Kevin Smith, para Marvel Comics y aquello me pareció un buen cambio. Me gusta trabajar con quien sea, en la compañía que sea, siempre y cuando me guste el proyecto. Si es así, allá voy.


En cuanto a por qué pensaron en mí para un proyecto como ése, sé que ayudó que yo supiera dibujar mujeres, aunque, al principio sé que Kevin Smith no estaba muy conforme con que yo fuera la opción correcta. Según sus primeros guiones, la Gata Negra iba a evolucionar hacia algo distinto, algo que nunca se había visto antes. Por eso hice un par de bocetos para demostrar de lo que era capaz. A Kevin le encantó. Él tenía miedo de que dibujara a las chicas de una manera “demasiado” agradable, sobre todo, porque, aunque Harley Quinn es una villana, yo la había dibujado de una forma alegre y divertida.

Con la Gata Negra se pretendía lograr otra cosa. Así que, se puede decir que me contrataron por mi capacidad para dibujar mujeres y por mi trabajo en Harley Quinn, aunque también tuve que demostrar que era capaz de hacer otras cosas. 1

Spiderman y la Gata negra: el mal que hacen los hombres, confirma algo que ya he dicho en otras ocasiones, lo que bien empieza, bien acaba. En el extremo contrario se sitúa un elemento que no se puede discutir, que no es otro que el que la serie comenzó a publicarse en el año 2.002, en agosto, y los tres últimos números –de un total de seis- llegaron a las librerías especializadas entre febrero y marzo del año 2.006. Tal tremendo retraso le permitió a Dodson abordar otros proyectos, entre ellos el álbum Songes: Coraline para el mercado francés, tal y como comentaba en los primeros párrafos de este monográfico.

Lo malo es que, para los aficionados, tal retraso motivó que muchos se desentendieran de la historia justo cuando lo más importante estaba a punto de ser desvelado. Suele ocurrir que quien sabe esperar su momento termina por lograr su recompensa. Aún así, tampoco se pretende que el aficionado medio, después de tres números en los que se cuentan algunas cosas, pero igualmente se dejan muchos cabos sueltos, guarde en su memoria tres números de una mini serie hasta que, cerca de tres años después, el desenlace llegue hasta sus manos.

Las posteriores ediciones completas han ayudado a situar el trabajo de Smith y Dodson al nivel de reconocimiento que se merece, aunque también han disparado la rumorología, la cual buscaría una explicación para el retraso de esta historia gráfica.

La más argumentada es que, a causa del tema que se trata en la historia –las secuelas de las violaciones, tanto en varones como en hembras- Marvel Comics puso todo tipo de trabas, aún cuando el Comic Code es un recuerdo del pasado. Smith ha desmentido tal punto, argumentando que la culpa fue de él, como en otras ocasiones, por tratar de querer abarcar más de lo que podía.

Cuando acepté el trabajo sabía que Kevin Smith me iba a entregar los guiones tarde. Lo que pasó es que los tres primeros guiones eran muy divertidos, Rachel disfrutaba entintando mis páginas y la promoción era muy buena. Después, tras dibujar el tercer número, llegó el parón y me sentí mal, en especial por los aficionados, que se quedaron esperando por el desenlace durante tanto tiempo. 1

Además, si Marvel hubiera querido evitar la publicación de la mini serie, con no darle luz verde tenían más que suficiente. Es de género tonto, y después de la promoción con portada de la revista Wizard incluida, dejar el trabajo inconcluso. Eso sólo hubiera ayudado a disparar más aún los rumores y a la especulación de cualquier material relacionado con la mini serie.

Kevin Smith peca, casi siempre, de lo mismo y, a pesar de su enorme talento, no se pueden hacer tantas cosas a la vez.
Sea como fuere, la serie, con el parón sufrido, no sólo no se resintió sino que los tres últimos números son realmente buenos –en especial cuando se leen con la obra en conjunto-.

Lo primero que hay que aclarar es que la mini serie es más una historia personal de dos de sus protagonistas –Felicia Hardy y Francis Klum- que una aventura de superhéroes saltando de azotea en azotea. Es también una historia de redención, de llegar a un equilibrio entre el pasado y el presente, y una historia de amistad. Por ello Dodson se emplea a fondo por tratar de diferenciar el pasado del presente, la realidad cotidiana de la vida de los héroes disfrazados.

Lejos de los estereotipos que tachan a los cómics de infantiles e inmaduros, los guiones de Smith tocan temas muy adultos, que afectan a una importante cantidad de ciudadanos de nuestro mundo.
Lo que le ocurre a Felicia en sus años de universidad y a Francis Klum, durante buena parte de su vida, es una de esas lacras que manchan la palabra “racional” que parece acompañar siempre a la palabra “humano”.

Por añadidura, Smith aporta un elemento más al genocidio cometido por los nazis, en este caso añadiendo el que se cometió contra la población mutante –¿quién no recuerda el comienzo de la primera adaptación cinematográfica de los X-Men, dirigida por Brian Singer?
Se trata del Lebengebrochennacht, The night of broken lives, promovida por la alta jerarquía nacionalsocialista, entre ellos el “Ángel de la muerte”, Josef Menguele.

Como era de esperar, su personaje por excelencia -el de Kevin Smith-, el abogado ciego de Hell Kitchen, Matt Murdock, formará parte del elenco de personajes a partir de la entrega número cuatro. Murdock tratará de encontrar argumentos legales que defiendan a Felicia cuando ésta termine con sus huesos en la cárcel, aunque deba recurrir a su vertiente heroica como Daredevil para lograrlo.

Dodson ya se había cruzado con el cuernecitos, precisamente durante el parón de la mini serie que estamos analizando. Al matrimonio le tocó terminar el arco argumental conocido como El juicio del siglo (Daredevil# 38-40, diciembre 2.002-febrero 2.003), según los guiones de Brian Michael Bendis.
Murdock será el abogado encargado de defender a Héctor Ayala –el Tigre Blanco- de un asesinato que no ha cometido. Las cosas no saldrán como estaba previsto y, una vez más, Matt Murdock acabará sosteniendo el cadáver de una persona inocente, algo que viene a ser habitual en su ya larga carrera.

Los Dodson realizan un trabajo correcto y sin grandes alardes, cumpliendo con su labor de narrar, gráficamente, la historia escrita por Bendis. De todas maneras, la versión del cuernecitos dibujada por los Dodson tres años después, es mejor, en líneas generales, que la primera a la que nos acabamos de referir.

En cuanto a la trama de la mini serie de Spiderman y la Gata Negra, su desarrollo está bien diferenciado en dos partes. En los primeros tres números asistimos a la búsqueda de un misterioso personaje, Mister Brownstone, relacionado con una serie de extraños crímenes y una droga letal y poderosa.
En estas primeras páginas seremos testigos de un Spiderman dinámico y combativo –en una línea similar a la que vimos con Harley Quinn- el cual mantiene vivo el espíritu de grandes creadores como John Romita Sr. Incluso el arácnido sale con sus ojos bastante más pequeños, si se los compara con los aportados por Todd McFarlane.

Dodson plantea sus páginas como si de un story-board se tratara –no en vano estaba trabajando con un director de cine- y en ellas hay referencias visuales tan conocidas como un Ford Gran Torino, rojo con una línea blanca, igual que el utilizado por los televisivos y cinematográficos detectives Dave “Starsky” y Ken “Hutch” Hutchinson, en esta ocasión conducido por una pareja de delincuentes de poca monta.

La versión gráfica de Felicia Hardy es, como no podía ser menos, espectacular, sensual, voluptuosa y muy atractiva… por lo menos en estos tres primeros números. El villano, femenino en este caso, y que responde al nombre de Scorpia, tampoco se queda atrás, aunque su actuación como villana no sea especialmente digna de recordar por su audacia.
No obstante, el verdadero mal llegará de la mano de un pro-hombre de la sociedad, un ser con dos caras al igual que Wilson Fisk.

En esta ocasión se trata de Garrison Klum, dual, perverso y con un pasado cargado de sombras. A su lado, Francis, tan oscuro que Spiderman llegará a pensar que es el mayordomo de Klum, en vez de su hermano pequeño.

El tercer número, después del juego del gato y ratón –la araña y el gato, para ser exactos- al que se someten Peter y Felicia, termina con la protagonista en manos del demente Klum una vez que sabemos que él es el responsable de la nueva droga y la voz que esconde detrás de Mister Brownstone.
Y entonces llegó el parón de tres años.

Nada más abrir la primera página de la cuarta entrega, donde figura un recuadro que dice, textualmente A book three years in the making (and hardly worth the wait) nos encontramos con Felicia Hardy sentada en el suelo de su celda, en la cárcel de Riker. El guarda le comunica que tiene una visita y la lleva hasta una sala aparte. Allí nos enteramos que Felicia está acusada del asesinato de Garrison Klum y quien ha venido a verla es un letrado interesado en su caso, como favor personal a un amigo.

La imagen que nos da Dodson de Felicia se aparta mucho de la glamurosa ladrona nocturna que estamos acostumbrados a ver. Su rostro está apagado, sus ojos tienen la mirada perdida y su pelo está sujeto por una diadema, lejos de la poblada melena que enseña al mundo cada vez que se viste como la Gata Negra.

Del letrado, poco sabemos, aparte de su interés por lograr encontrar una base legal con la que defenderla, y sus gafas color carmesí. En este punto el abogado se topará con la oposición frontal de la acusada para utilizar el recurso de la violación –o el intento- como base en la que soportar la defensa del caso. A partir de este momento es cuando nos damos cuenta de que Felicia tuvo una mala experiencia con dicho asunto. Su negativa es tajante y no hay posibilidad de que cambie de opinión.
El abogado la entiende, aunque considera que no le da muchos argumentos para defenderla, sobre todo cuando Felicia le dice que ella no mató a Garrison Klum.
Al final antes de marcharse, la acusada le pregunta al leguleyo su nombre. Matt Murdock, le responde el abogado.

Las siguientes páginas nos ofrecen la conversación entre dos amigos, Peter y Matt, en relación con el caso de Felicia y las posibilidades legales que ésta tiene. Matt le confesará que, a pesar de saber que Felicia es inocente, ésta no le ha dejado muchas opciones al negarse a utilizar el intento de violación como causa de la muerte de Klum. Ambos coinciden que todas las pruebas van en esa dirección, pero la negativa de Felicia sobre utilizar dicha argumentación es tajante.
Al final, ambos deciden ir a buscar respuestas como Spiderman y Daredevil, en una espectacular splash-page doble, dibujada por los Dodson.

Con lo que no contaban es que, antes que ellos, alguien había llegado a la cárcel de Riker, y tras poner a los guardias -y a los dos héroes, después- fuera de combate, estaba a punto de llevarse a la reclusa, utilizando el mismo medio de transporte del que hace uso un mutante conocido como Rondador Nocturno.

Los dos números que cierran la historia intercalan el pasado y el presente a modo de diario en donde los tres protagonistas, Francis Klum, Rondador Nocturno, y Felicia Hardy nos cuentan el pasado.

Rondador es el narrador de la mencionada Noche de las vidas truncadas, la cual nos explica la raíz de los poderes de ambos hermanos Klum. Aquellos experimentos, dibujados como si se tratara de un antiguo documental de los años cuarenta, dieron como resultado la creación de los pequeños Wening Taktreisenders The little time travelers, exterminados por el mismo régimen que los creo por el miedo de las altas jerarquías a que fueran utilizados en contra suya. Aunque no todos murieron y los hermanos de la historia son una buena prueba de ello.

Después, Francis y Felicia nos contarán sus experiencias como dos personas que han sido violadas, el primero por su hermano y desde la infancia, y la segunda en su primer año de universidad. Son confesiones simples, duras y sin ningún tipo de adorno. Ambas comienzan con un buen recuerdo para tornarse negras y espesas al llegar al momento en el que fueron forzados. Tanto los diálogos de Smith como los dibujos de Dodson son directos y sin dobleces. Tampoco es que haga falta ser demasiado descriptivo para saber lo que está a punto de pasar.

En el caso de Francis, la página nos muestra siete viñetas, seis de las cuales son iguales con la salvedad de que, de esas seis en las cuatro últimas vemos a Francis Klum antes de que su hermano mayor abuse de él.
Con Felicia transcurren cinco páginas. Vemos los primeros días de la llegada de una joven a la universidad, los primeros escarceos amorosos y cómo un romance juvenil termina en una violación. De poco sirven las palabras de Felicia But I don´t. So please, Stop!

Como dirían en la antigua Roma, la suerte estaba echada. Dodson dibuja la expresión de terror de Felicia mientras su “novio” la sujeta por los brazos, antes de forzarla, mientras Felicia repite Ryan, get off me!, No, Stop it!, Stop, please!. Tras una ahogada negativa pasamos a ver a una destrozada Felicia, acurrucada sobre su cama, tratando de asimilar algo que difícilmente se logra en toda una vida, sin alardes, en sepia y con una calidad casi fotográfica.
Como una idiota pensé que, de alguna manera, fue culpa mía. No lo denuncié. Nunca se lo dije a nadie. Él me quitó algo esa noche, y no hablo sólo de mi virginidad. Me quitó la forma de verme a mí misma. Me quitó mi identidad. Se puede decir gritando, pero no de una manera menos clara y directa.

Cuando Francis y Felicia comparten su secreto, algo de paz parece llegar a sus vidas. Una paz que poco dura con la llegada de la pareja de héroes, en busca de Felicia. Quien menos dispuesto está a dialogar es Peter, sobre todo porque Francis y Felicia se encuentran en lo alto del puente desde el que cayó Gwen Stacy, tras ser arrojada por el demente Duende Verde.
La imagen, reproducida por Dodson como un homenaje más hacia el personaje arácnido, condicionará el comportamiento de Spiderman, que no está dispuesto a que la historia se repita. Al final será Francis quien caiga desde lo alto del puente sin que ninguno de los allí presentes pueda hacer nada para impedirlo.

En las últimas páginas regresamos al escenario preferido de Dodson, la ciudad de Nueva York y Central Park, lugar en el que dos amigos comparten secretos y Felicia está a punto de contarle uno muy grande a Peter.
El epilogo lo pone Wilson Fisk, cerrando un trato con una persona que quiere recuperar el legado de Misterio, muerto durante el arco argumental El diablo Guardián con guión de Smith.

Las ediciones completas, algunas de las cuales incluyen bocetos de Dodson, así como el script completo del primer número, han terminado por demostrar que la idea sobre la que se apoyaba la historia era innovadora y situaba al noveno arte en el mismo “ojo del huracán” de unos de los grandes problemas sociales que, todavía, no han encontrado solución en nuestra sociedad.

El matrimonio Dodson realiza un muy buen trabajo. Rachel incluso disfruta entintado los vehículos sobre cuatro ruedas que aparecen en la serie -y eso que no le gusta entintarlos- y la versión de Spiderman está francamente bien, razón por la cual Joe Quesada pensará en el dibujante para el lanzamiento de la serie del arácnido, dentro del sello Marvel Knights, precisamente cuando estaban pendientes por llegar los tres últimos números de la mini serie.

Una serie como ésta debería ser de obligada lectura entre los adolescentes, no importa el lugar del mundo en el que vivan, por lo bien que aborda un tema siempre comprometido como es el de las violaciones y sus secuelas.

Fuente:

1-. Dolmen# 85, Vaquer, Jaume. Enero 2004

Publicado originalmente en el número catorce de la colección Monográficos Dolmen, en el año 2008

Agradezco a Panini Comics las facilidades dadas para la redacción de esta reseña, así como la imagen de portada

SPIDER-MAN © and TM MARVEL COMICS 2010

BLACK CAT © and TM MARVEL COMICS 2010

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viernes, 19 de marzo de 2010

TODAVIA QUEDA ALGUNA ESPERANZA

Vivimos en un mundo atropellado, lleno de contradicciones y poblado por una fauna humana cada vez más compleja. Cada día, son más los que se apuntan al dicho de la antología Maxista –de Groucho Marx, no se vayan a pensar otra cosa- que reza ¿Oiga amigo, sabe usted quién soy yo? En realidad se trata de una burda excusa para que los mediocres, los corre-ve-y-diles, los abrazafarolas y demás parásitos de la sociedad escondan sus miserias, mientras tratan de explotar al prójimo.

Palabras o frases como profesionalidad, catadura moral o gusto por hacer las cosas de una forma correcta y coherente empiezan a ser patrimonio de quienes son más una pieza de museo que un ser vivo, común y corriente.
Al igual que las meigas de don Manuel Fraga haberlos, los hay, pero cuesta casi tanto encontrarlos como dar con un mamut, andando por la calle.
Por fortuna para quienes pensamos que todavía al mundo le queda alguna opción de cambiar hay momentos en el que un determinado acontecimiento nos devuelve algo de la fe perdida en el ser humano. Ser optimista no significa estar ciego y sordo a las barbaridades que ocurren a nuestro lado, sobre cuando éstas afectan a personas cercanas y muy respetadas.

Por ello, enterarme de que, al final, alguien llamó a Patricio García Ducha para explicarle las razones de su “despido” como responsable de la página de cómic del rotativo La Opinión de Tenerife no deja de ser una gran noticia.

Lo es, porque, por una vez –y cada vez está siendo algo más extraño-, alguien asumió su responsabilidad, no se escudó en los “higiénicos y asépticos” e-mail y fue capaz de dar una explicación de persona a persona. Al hacerlo no pudo cambiar nada, pero, por lo menos, la sensación de ser poco más que un número en una cadena de producción quedó atrás.

Lo es, porque sin ser agradable recibir este tipo de llamadas es algo que forma parte de la vida laboral de una persona y siempre hay que estar preparado para ellas. No hay un manual para sobrellevarlas mejor, pero siempre, siempre es mejor hablar con alguien antes que recibir un escueto escrito, sin la menor humanidad detrás de sus palabras.

Y lo es, porque, por lo menos, Patricio García Ducha se va con la sensación de que alguien -en este caso, el director de contenidos del periódico- se molestó en darle una explicación a quien había trabajado en dicho medio durante más de una década.

Para quienes manejan cifras, estadísticas, estudios de mercado y otras herramientas tan útiles como alterables puede que los lectores de una página de cómics –y su responsable- no fueran tan importantes, si se mide a los lectores potenciales de dicha sección como los de otras secciones.

La teoría no está mal, y lo sé, porque me tocó estudiarla. El problema viene cuando se empiezan a dejar de lado las pequeñas secciones por las GRANDES, lo que se llamaría en economía, los números gruesos. Si solamente fuera un medio el que pensara así, vale, sobre todo, porque a falta de competencia, mayor ganancia.
Lo malo es que la teoría se cae al suelo, dado que casi todos los medios hacen lo mismo y, al final, hay muchos temas que no se suelen tocar en los medios físicos, razón por la cual los lectores han terminado por volcarse en Internet, aunque la información no siempre esté tan clara y bien organizada como debiera.

La excusa de que los medios viven a costa de los ingresos publicitarios tampoco vale, puesto que, si todos hablan de lo mismo, los anunciantes no podrán abarcar todos y cada uno de los medios. En este caso, los anunciantes interesados en los pocos temas que se tratan en los medios. El resto, como le pasa a los lectores, tendrá que buscarse “la vida” cómo y dónde puedan y a otra cosa, mariposa.

Quizás piensen que quienes apreciamos gestos como éstos nos conformamos con muy poco, pero, qué quieren que les diga. Uno está cansado de escuchar, de ver, de sufrir comportamiento surgidos de personas que no tienen ni la preparación, ni los conocimientos ni la educación para darnos lecciones sobre cómo se deben hacer las cosas. Por lo general, no suelen ser constantes, más bien todo lo contrario, pero su modo de comportarse se está convirtiendo en moneda de cambio de nuestra sociedad. Vamos, que son “legión” quienes piensan que pueden ir como el elefante de mi anterior columna y no preocuparse por nada ni por nadie, y eso no debería ser así.

La llamada que recibió Patricio García Ducha, al final, termina por ser un pequeño remanso de paz en medio de la locura con la que abría esta columna, algo así como una vacuna para no dejarse llevar por el desaliento que le embarga a uno al enterarse de una noticia como la que ha dado origen a estas dos columnas. De ahí que, si la semana pasada criticaba la actitud de los responsables de La Opinión de Tenerife, hoy felicite a la persona que asumió sus responsabilidades y llamó a quien tanto le había aportado al periódico.

Y a Patricio García Ducha decirle que el mundo sigue girando, que hay muchas, muchas cosas que hacer y que, como la carrera entre la tortuga y la liebre, no llega antes quien más presume sino quien cruza la meta antes.
El resto de los ánimos los dejo en manos de la dibujante y bióloga Ana Navarrete –Anura-, responsable del dibujo que acompaña a esta columna.




Los derechos del dibujo que acompaña esta reseña © Ana Francisca Navarrate “Anura". 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

PONGA UN ELEFANTE EN SU VIDA

Antes de sentarme a escribir esta columna, he tratado de ponerme en el lugar de una persona que toma una decisión, dentro del organigrama de un medio de comunicación actual.
He tratado de no dejarme llevar por el sentimentalismo barato y me he limitado a pensar con la mentalidad de quien sabe que los medios físicos, por mucho que algunos se empeñen, están entrado en la recta final de su existencia.

Además, y sin perder de vista los costes y la necesidad de lograr un aporte publicitario, necesario para poder sobrevivir, he buscado argumentos que justifiquen, en plena ola de popularidad del noveno arte, -cómic o tebeo para quienes lo prefieran- darle la patada a una persona que ha demostrado, de sobra, su valía para poner a otras que son unas perfectas desconocidas.

Mi cabeza ha estado buscando todas estas razones y, sobre todo, la explicación del por qué, tras más de una década, ni siquiera se ha dejado al responsable de una sección como la que se cita en el párrafo anterior, despedirse como es debido.
Al final, una imagen que se ha repetido en mi cabeza, una y otra vez, ha sido la de un elefante corriendo entre las estanterías de una tienda de porcelanas. Y me gustaría decir que éste es un caso aislado, me gustaría, sí, pero no lo es.

De un tiempo a esta parte, los medios de comunicación cercenan secciones, cambian a sus responsables o alteran los contenidos, inmersos en una carrera contra el tiempo, contra un mercado cada vez más saturado y cambiante, y contra la implantación de Internet y lo que ha supuesto.
Ya vale casi cualquier excusa y el despedir al responsable de una veterana sección, como la que se publicaba en el rotativo La Opinión de Tenerife, ya no sorprende a nadie.

No se me escapa que el cómic, el tebeo, los colorines como se decía antaño siguen sin estar considerados VERDADERA CULTURA y son muchos los que piensan que no hay espacio en la vida “adulta” para un entretenimiento como ése. Si a todo ello añadimos la tendenciosa información que se suele dar en gran parte de los medios de comunicación y muy especialmente en las televisiones generalistas cuando se habla del mundo otaku –manga y anime- el resultado es casi apocalíptico.

Tras muchas, muchas páginas dedicadas a difundir, no solamente colecciones gráficas sino encuentros como el Salón del Cómic y el Salón del Manga de Barcelona y estrenos cinematográficos relacionados con el noveno arte, alguien ha decidido que todo este trabajo ya no interesa y que lo mejor es aprovechar el trabajo de otros, supuestamente más rentable.

La ignorancia justifica muchas de estas decisiones, aunque no se suela reconocer. De igual modo, quienes criticaban el desaparecido Salón Internacional de Cómic de Santa Cruz de Tenerife se les llenaba luego la boca cuando luego acudían a reuniones oficiales en Las Palmas de Gran Canaria.

Lo cierto es que uno tiene la sensación de que los medios van por un camino distinto al de la sociedad, sobre todo cuando se convive con los llamados medios GRANDES, en especial, a la vista de los “personajes” que mandan a cubrir eventos culturales como un encuentro comiquero.
No me gustan las comparaciones, pero el trabajo que Patricio García Ducha desarrollaba en el desaparecido suplemento El Radikal, publicado durante años por periódico La Opinión de Tenerife, estaba a años luz de muchas de las crónicas publicadas en los ya mencionados grandes medios durante los días que duraba un encuentro como el que se celebra en la ciudad condal.
Para esos GRANDES medios, el Salón del Cómic de Barcelona era un evento más, mientras que, para personas de la talla de Patricio García Ducha, el Salón del Cómic de Barcelona les daba la oportunidad de hablar con algunos de los mejores autores del panorama mundial del cómic, además de conocer el aluvión de novedades presentadas durante aquellos días. Luego y durante varios meses, los lectores podían conocer y disfrutar con su trabajo y las mil y una aventuras vividas a la sombra del encuentro.

Quienes me conocen saben no solamente que me une una muy buena amistad con Patricio García Ducha sino que he colaborado con la página de cómic de La Opinión desde el año 2003 hasta el presente 2010. Ello no significa que me olvide de que Patricio García Duchanya estaba antes de llegar yo al mundo del fandom o que él tenga sobre sus espaldas dos décadas como teórico de cómic, además de su trayectoria como guionista y su faceta como director del Salón Internacional del cómic de Santa Cruz de Tenerife, algo de lo que muy pocos pueden presumir.

Sus méritos, reconocidos por la misma dirección de Ficomic -organismo responsable de organizar tanto el Salón del Cómic como el Salón del Manga de Barcelona- no le han servido para poder despedirse de los lectores de una de las secciones más longevas del panorama profesional español. Como él mismo me ha comentado, ni siquiera han tenido los arrestos para llamarlo desde la dirección del periódico y comunicarle la decisión.
Lo malo de Internet es que permite realizar este tipo de operaciones de manera, demasiado quirúrgica, vaya que sí.

Tal y como están las cosas, lo menos que se puede pedir -entendiendo todas y cada una de las justificaciones que un medio puede argumentar para suspender una sección- es que te dejen decir adiós. Hasta los condenados a muerte tienen derecho a una última voluntad. Y para alguien que se dedica a escribir, tener que dejar de hacerlo es, en cierta forma, un sinónimo de morir.

No me entiendan mal, sé que a Patricio García Ducha, aunque amenace con dedicarse al ganchillo, le quedan muchas cosas por decir sobre el mundo del cómic, sus encuentros y sus neurosis, pero, qué quieren, lo que detesto son las formas y las maneras que parecen imponerse en este mundo, a imagen y semejanza de la época absolutista.

Lo último que quiero decir es GRACIAS a Patricio García Ducha por el trabajo desarrollado durante todos estos años y por defender al mundo del fandom sin los prejuicios y las majaderías que son moneda común entre quienes juran y perjuran defenderlo.
Su trabajo merece figurar como un referente para todos aquellos que deseen conocer, en profundidad y con la erudición necesaria, las bambalinas del noveno arte y la importancia del lenguaje gráfico en nuestra sociedad contemporánea.
De ahí que esta columna no sea un adiós, sino un ¡Hasta pronto, compañero!, deseando que el futuro te lleve hasta lugares más propicios.

Los derechos del dibujo que acompaña esta reseña © National Geographic. 2010