miércoles, 10 de marzo de 2010

PONGA UN ELEFANTE EN SU VIDA

Antes de sentarme a escribir esta columna, he tratado de ponerme en el lugar de una persona que toma una decisión, dentro del organigrama de un medio de comunicación actual.
He tratado de no dejarme llevar por el sentimentalismo barato y me he limitado a pensar con la mentalidad de quien sabe que los medios físicos, por mucho que algunos se empeñen, están entrado en la recta final de su existencia.

Además, y sin perder de vista los costes y la necesidad de lograr un aporte publicitario, necesario para poder sobrevivir, he buscado argumentos que justifiquen, en plena ola de popularidad del noveno arte, -cómic o tebeo para quienes lo prefieran- darle la patada a una persona que ha demostrado, de sobra, su valía para poner a otras que son unas perfectas desconocidas.

Mi cabeza ha estado buscando todas estas razones y, sobre todo, la explicación del por qué, tras más de una década, ni siquiera se ha dejado al responsable de una sección como la que se cita en el párrafo anterior, despedirse como es debido.
Al final, una imagen que se ha repetido en mi cabeza, una y otra vez, ha sido la de un elefante corriendo entre las estanterías de una tienda de porcelanas. Y me gustaría decir que éste es un caso aislado, me gustaría, sí, pero no lo es.

De un tiempo a esta parte, los medios de comunicación cercenan secciones, cambian a sus responsables o alteran los contenidos, inmersos en una carrera contra el tiempo, contra un mercado cada vez más saturado y cambiante, y contra la implantación de Internet y lo que ha supuesto.
Ya vale casi cualquier excusa y el despedir al responsable de una veterana sección, como la que se publicaba en el rotativo La Opinión de Tenerife, ya no sorprende a nadie.

No se me escapa que el cómic, el tebeo, los colorines como se decía antaño siguen sin estar considerados VERDADERA CULTURA y son muchos los que piensan que no hay espacio en la vida “adulta” para un entretenimiento como ése. Si a todo ello añadimos la tendenciosa información que se suele dar en gran parte de los medios de comunicación y muy especialmente en las televisiones generalistas cuando se habla del mundo otaku –manga y anime- el resultado es casi apocalíptico.

Tras muchas, muchas páginas dedicadas a difundir, no solamente colecciones gráficas sino encuentros como el Salón del Cómic y el Salón del Manga de Barcelona y estrenos cinematográficos relacionados con el noveno arte, alguien ha decidido que todo este trabajo ya no interesa y que lo mejor es aprovechar el trabajo de otros, supuestamente más rentable.

La ignorancia justifica muchas de estas decisiones, aunque no se suela reconocer. De igual modo, quienes criticaban el desaparecido Salón Internacional de Cómic de Santa Cruz de Tenerife se les llenaba luego la boca cuando luego acudían a reuniones oficiales en Las Palmas de Gran Canaria.

Lo cierto es que uno tiene la sensación de que los medios van por un camino distinto al de la sociedad, sobre todo cuando se convive con los llamados medios GRANDES, en especial, a la vista de los “personajes” que mandan a cubrir eventos culturales como un encuentro comiquero.
No me gustan las comparaciones, pero el trabajo que Patricio García Ducha desarrollaba en el desaparecido suplemento El Radikal, publicado durante años por periódico La Opinión de Tenerife, estaba a años luz de muchas de las crónicas publicadas en los ya mencionados grandes medios durante los días que duraba un encuentro como el que se celebra en la ciudad condal.
Para esos GRANDES medios, el Salón del Cómic de Barcelona era un evento más, mientras que, para personas de la talla de Patricio García Ducha, el Salón del Cómic de Barcelona les daba la oportunidad de hablar con algunos de los mejores autores del panorama mundial del cómic, además de conocer el aluvión de novedades presentadas durante aquellos días. Luego y durante varios meses, los lectores podían conocer y disfrutar con su trabajo y las mil y una aventuras vividas a la sombra del encuentro.

Quienes me conocen saben no solamente que me une una muy buena amistad con Patricio García Ducha sino que he colaborado con la página de cómic de La Opinión desde el año 2003 hasta el presente 2010. Ello no significa que me olvide de que Patricio García Duchanya estaba antes de llegar yo al mundo del fandom o que él tenga sobre sus espaldas dos décadas como teórico de cómic, además de su trayectoria como guionista y su faceta como director del Salón Internacional del cómic de Santa Cruz de Tenerife, algo de lo que muy pocos pueden presumir.

Sus méritos, reconocidos por la misma dirección de Ficomic -organismo responsable de organizar tanto el Salón del Cómic como el Salón del Manga de Barcelona- no le han servido para poder despedirse de los lectores de una de las secciones más longevas del panorama profesional español. Como él mismo me ha comentado, ni siquiera han tenido los arrestos para llamarlo desde la dirección del periódico y comunicarle la decisión.
Lo malo de Internet es que permite realizar este tipo de operaciones de manera, demasiado quirúrgica, vaya que sí.

Tal y como están las cosas, lo menos que se puede pedir -entendiendo todas y cada una de las justificaciones que un medio puede argumentar para suspender una sección- es que te dejen decir adiós. Hasta los condenados a muerte tienen derecho a una última voluntad. Y para alguien que se dedica a escribir, tener que dejar de hacerlo es, en cierta forma, un sinónimo de morir.

No me entiendan mal, sé que a Patricio García Ducha, aunque amenace con dedicarse al ganchillo, le quedan muchas cosas por decir sobre el mundo del cómic, sus encuentros y sus neurosis, pero, qué quieren, lo que detesto son las formas y las maneras que parecen imponerse en este mundo, a imagen y semejanza de la época absolutista.

Lo último que quiero decir es GRACIAS a Patricio García Ducha por el trabajo desarrollado durante todos estos años y por defender al mundo del fandom sin los prejuicios y las majaderías que son moneda común entre quienes juran y perjuran defenderlo.
Su trabajo merece figurar como un referente para todos aquellos que deseen conocer, en profundidad y con la erudición necesaria, las bambalinas del noveno arte y la importancia del lenguaje gráfico en nuestra sociedad contemporánea.
De ahí que esta columna no sea un adiós, sino un ¡Hasta pronto, compañero!, deseando que el futuro te lleve hasta lugares más propicios.

Los derechos del dibujo que acompaña esta reseña © National Geographic. 2010

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