viernes, 19 de marzo de 2010

TODAVIA QUEDA ALGUNA ESPERANZA

Vivimos en un mundo atropellado, lleno de contradicciones y poblado por una fauna humana cada vez más compleja. Cada día, son más los que se apuntan al dicho de la antología Maxista –de Groucho Marx, no se vayan a pensar otra cosa- que reza ¿Oiga amigo, sabe usted quién soy yo? En realidad se trata de una burda excusa para que los mediocres, los corre-ve-y-diles, los abrazafarolas y demás parásitos de la sociedad escondan sus miserias, mientras tratan de explotar al prójimo.

Palabras o frases como profesionalidad, catadura moral o gusto por hacer las cosas de una forma correcta y coherente empiezan a ser patrimonio de quienes son más una pieza de museo que un ser vivo, común y corriente.
Al igual que las meigas de don Manuel Fraga haberlos, los hay, pero cuesta casi tanto encontrarlos como dar con un mamut, andando por la calle.
Por fortuna para quienes pensamos que todavía al mundo le queda alguna opción de cambiar hay momentos en el que un determinado acontecimiento nos devuelve algo de la fe perdida en el ser humano. Ser optimista no significa estar ciego y sordo a las barbaridades que ocurren a nuestro lado, sobre cuando éstas afectan a personas cercanas y muy respetadas.

Por ello, enterarme de que, al final, alguien llamó a Patricio García Ducha para explicarle las razones de su “despido” como responsable de la página de cómic del rotativo La Opinión de Tenerife no deja de ser una gran noticia.

Lo es, porque, por una vez –y cada vez está siendo algo más extraño-, alguien asumió su responsabilidad, no se escudó en los “higiénicos y asépticos” e-mail y fue capaz de dar una explicación de persona a persona. Al hacerlo no pudo cambiar nada, pero, por lo menos, la sensación de ser poco más que un número en una cadena de producción quedó atrás.

Lo es, porque sin ser agradable recibir este tipo de llamadas es algo que forma parte de la vida laboral de una persona y siempre hay que estar preparado para ellas. No hay un manual para sobrellevarlas mejor, pero siempre, siempre es mejor hablar con alguien antes que recibir un escueto escrito, sin la menor humanidad detrás de sus palabras.

Y lo es, porque, por lo menos, Patricio García Ducha se va con la sensación de que alguien -en este caso, el director de contenidos del periódico- se molestó en darle una explicación a quien había trabajado en dicho medio durante más de una década.

Para quienes manejan cifras, estadísticas, estudios de mercado y otras herramientas tan útiles como alterables puede que los lectores de una página de cómics –y su responsable- no fueran tan importantes, si se mide a los lectores potenciales de dicha sección como los de otras secciones.

La teoría no está mal, y lo sé, porque me tocó estudiarla. El problema viene cuando se empiezan a dejar de lado las pequeñas secciones por las GRANDES, lo que se llamaría en economía, los números gruesos. Si solamente fuera un medio el que pensara así, vale, sobre todo, porque a falta de competencia, mayor ganancia.
Lo malo es que la teoría se cae al suelo, dado que casi todos los medios hacen lo mismo y, al final, hay muchos temas que no se suelen tocar en los medios físicos, razón por la cual los lectores han terminado por volcarse en Internet, aunque la información no siempre esté tan clara y bien organizada como debiera.

La excusa de que los medios viven a costa de los ingresos publicitarios tampoco vale, puesto que, si todos hablan de lo mismo, los anunciantes no podrán abarcar todos y cada uno de los medios. En este caso, los anunciantes interesados en los pocos temas que se tratan en los medios. El resto, como le pasa a los lectores, tendrá que buscarse “la vida” cómo y dónde puedan y a otra cosa, mariposa.

Quizás piensen que quienes apreciamos gestos como éstos nos conformamos con muy poco, pero, qué quieren que les diga. Uno está cansado de escuchar, de ver, de sufrir comportamiento surgidos de personas que no tienen ni la preparación, ni los conocimientos ni la educación para darnos lecciones sobre cómo se deben hacer las cosas. Por lo general, no suelen ser constantes, más bien todo lo contrario, pero su modo de comportarse se está convirtiendo en moneda de cambio de nuestra sociedad. Vamos, que son “legión” quienes piensan que pueden ir como el elefante de mi anterior columna y no preocuparse por nada ni por nadie, y eso no debería ser así.

La llamada que recibió Patricio García Ducha, al final, termina por ser un pequeño remanso de paz en medio de la locura con la que abría esta columna, algo así como una vacuna para no dejarse llevar por el desaliento que le embarga a uno al enterarse de una noticia como la que ha dado origen a estas dos columnas. De ahí que, si la semana pasada criticaba la actitud de los responsables de La Opinión de Tenerife, hoy felicite a la persona que asumió sus responsabilidades y llamó a quien tanto le había aportado al periódico.

Y a Patricio García Ducha decirle que el mundo sigue girando, que hay muchas, muchas cosas que hacer y que, como la carrera entre la tortuga y la liebre, no llega antes quien más presume sino quien cruza la meta antes.
El resto de los ánimos los dejo en manos de la dibujante y bióloga Ana Navarrete –Anura-, responsable del dibujo que acompaña a esta columna.




Los derechos del dibujo que acompaña esta reseña © Ana Francisca Navarrate “Anura". 2010

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