viernes, 23 de julio de 2010

LOS OJOS DEL APOCALIPSIS

Guión: Roberto Dal Pra’
Dibujo y color: Juan Giménez
Álbum de 64 páginas a color
Precio: 15 euros
ISBN: 978-84-9847-494-7
Norma Editorial


Desde el albor de los tiempos, el mal ha sido definido de muchas formas y bajo distintas denominaciones. Y da igual que quien lo hiciera estuviera influenciado por convicciones religiosas o no. Al final, lo que importaba era señalar las consecuencias que dicho concepto acarreaba para el devenir del ser humano.

Con el paso de los siglos, han sido las religiones quienes mayor hincapié han hecho en señalar los efectos del mal en el mundo de los humanos. Baste con analizar muchos de los textos sagrados para encontrar multitud de referencias a los efectos del maligno, la encarnación del mal puro y sin ninguna adulteración.

Toda esta simbología y sus efectos conforman la columna vertebral del libro del Apocalipsis, escrito por el apóstol San Juan a finales del siglo I después de Jesucristo. Entre los muchos protagonistas que aparecen en este complejo libro está la figura del anticristo, relacionada, ésta, con el número 666, una numerología asociada al mal absoluto y extremo.

Junto al anticristo se encuentran los cuatro jinetes del Apocalipsis; es decir, la guerra, representada por un jinete a lomos de un caballo rojo; el hambre, a lomos de un caballo negro; la peste, montando un caballo verde o amarillo; y la muerte, en su caballo blanco. La llegada de los cuatro jinetes significaría el fin de la humanidad tal y como la conocemos, antes de un nuevo comienzo.

Sin embargo, el Apocalipsis no siempre se ha representado con la bíblica figura de los ecuestres jinetes. Cada cultura tiene diferentes maneras de hacerlo, llegando, incluso, a utilizar la imagen de un inocente niño como portador de una capacidad de destrucción más allá de los límites de la imaginación humana. Y ésta es la premisa sobre la que se apoya el guionista Roberto Dal Pra’ para contarnos su propia versión del Apocalipsis.

Todo comienza un día de 1972, en plena jungla vietnamita, entre los pueblos de Xuan Loc y Bien Hoa…En teoría, aquella debería haber sido una misión rutinaria de bombardeo y despliegue de tropas de la Caballería Aerotransportada del ejército norteamericano durante la guerra no declarada de Vietnam.

Sin embargo, en medio de toda la destrucción acometida por los soldados y los letales choppers, el sargento Dan Curry vio algo que le heló la sangre. Fue en ese momento cuando le vi. Estaba allí, en medio de todos esos muertos, sin moverse, sin gritar. Era como si el infierno fuera a devorarle. No sé por qué empecé a temblar cuando levantó los ojos hacia el cielo, hacia uno de nuestros choppers. Lo que sé, es que el helicóptero explotó como afectado por una fuerza invisible.

Tras la contienda, aquellos recuerdos siguieron vivos en la mente del sargento Curry, aunque el uniforme militar dio paso a una galardonada carrera como escritor de novelas de misterio, cuyo detonante fue la visión de aquel niño en Vietnam. Y precisamente ese recuerdo será el que llevará al ahora escritor Curry a profundizar más en los misterios que rodean a aquel demoniaco infante.

Los ojos del Apocalipsis es un sensacional relato de misterio, el cual mezcla intriga, acción y un capítulo bélico, excusa ésta perfecta para que el dibujante argentino Juan Giménez demuestre de lo que es capaz. De ahí que tanto los helicópteros como el variado armamento que aparecen en las primeras catorce páginas luzcan igual de reales que los helicópteros coreografiados por Francis Ford Coppola en Apocalypse Now.

No obstante, a partir de ahí, Giménez dibuja un intenso thriller desarrollado en las calles del barrio chino de la ciudad de Los Ángeles a finales de los años 80. Y en medio de todo esto se deja sentir los efectos del niño –ahora hombre- que cada minuto que pasa simboliza más la imagen de los bíblicos jinetes del Apocalipsis.

Con esta edición, presentada por Norma Editorial, se recupera una de las obras menos conocidas de Juan Giménez, la cual merece formar parte de cualquier biblioteca que se precie.

Agradezco a Norma Editorial la imagen de portada para ilustrar la reseña.
(C) Juan Giménez por el dibujo de la portada de la obra reseñada.

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