martes, 10 de agosto de 2010

La luna y Tintín

Desde que el hombre empezó a mirar al cielo, la luna, ese satélite lleno de cráteres y que cada noche nos vela en nuestros sueños, ha ejercido una profunda atracción a lo largo de las civilizaciones que han poblado nuestro planeta.
Por ello, cuando el 21 de julio, el hombre puso su pié sobre la luna, mientras Neil Amstrong pronunciaba sus famosas palabras sobre lo que suponía aquel paso para la humanidad, se cerraba un círculo comenzado desde el principio de los tiempos.

Aunque, dos décadas antes que Amstrong, fue Tintín, otro atrevido aventurero, quién llegó hasta el satélite terrestre en su nave roja y blanca, buscando informar a los lectores de su periódico, acompañado de su perro Milú, el profesor Tornasol, el capitán Haddock y los detectives Hernández y Fernández.

Tras la aventura, una de las más famosas y conocidas del personaje, se escondía el genial Hergé, autor con un sentido prodigioso de la anticipación, fruto de los infatigables estudios realizados antes de cada una de sus historias (sobre todo después de las críticas sobre la falta de rigor sufridas en sus primeros albumes) y que supo relatar la aventura espacial, mucho antes de que esta saliera de las mesas de dibujos y los cálculos científicos.

La idea de llevar a Tintín hasta la luna estaba en la cabeza del dibujante, mientras trabajaba en la aventura peruana del peridista (Las 7 bolas de cristal y El templo del sol) de igual forma que al profesor Tornasol le intrigaban los secretos del satélite, sobre todo, después de que éste les salvara la vida a él y a sus amigos en el mencionado templo del sol.

Por ello, tras finalizar su trabajo en dicha historia, Hergé empezó su labor de recopilación y estudio de todo lo relacionado con las investigaciones que posibilitaran el mandar al hombre hasta la luna.
Lo primero que hizo fue contactar con dos especialistas en la materia; los doctores Bernard Heuvelmans autor de: “El hombre entre las estrellas“(L´homme parmi les e´toiles) y el profesor Alexandre Ananoff responsable de estudios como “ L´astronautique“.

Otra fuente de información fueron los artículos de la revista científica “Collier´s“, en especial los aparecidos el 18 y el 25 de octubre de 1.952. En el primero se publicó un estudio titulado: “Un hombre en la luna; los sabios explican como se podrá desembarcar en menos de una generación“ . En sus páginas, los estudiosos Willie Ley, escritor especializado, Fred Whipple, profesor de la universidad de Harvard y Werner Von Braum antiguo director del programas de cohetes de la Alemania nazi, explicaban como en unos 25 años habría conocimientos e ingenios lo suficientemente desarrollados como para lograr que el hombre llegara hasta la luna. El principal problema estribaba en encontrar una fuente de alimentación que impulsara los cohetes en el viaje, problema solucionado por Tornasol con la energía atómica, que en la práctica se logró gracias a propulsores químicos.

En la misma revista aparecerían los dibujos del artista Chesley Bonestell, director artístico de películas como “Destination moon“ de 1.950 (conocido por Hergé por las ilustraciones aparecidas en un artículo de la revista “Patriote ilustre“ de junio de 1.950) y que, con textos de Ley, planteaban como debería ser el interior de una nave espacial y la maquinaria necesaria para recorrer el satélite. De sus ideas Hergé tomó, entre otras, las literas ergonómicas (plateadas por el profesor Ananoff) las botas con suela magnética o el tanque para el paseo por la superficie lunar, dejando la parte ideal de dicho periplo para centrarse en los supuestos científicos.

En su búsqueda de exactitud, Hergé realizó la maqueta de un cohete, basada en las V2 de Von Braun y la sometió al examen de Ananoff para que su propuesta no dejara nada al azar. El propio Ananoff recordaría al dibujante belga y su afán por lograr que la aventura espacial de su personaje se pudiera llegar a realizar en un futuro no muy lejano. Dicha maqueta, que se podía desmontar para mostrar las diferentes secciones, sería de gran ayuda para dibujar los interiores, plagados de detalles del cohete X-FLR6, realizados por el que fuera ayudante de Hergé, el dibujante Bob de Moor.

También existieron imprecisiones por parte del autor, más si se tiene en cuenta lo precaria que era la investigación espacial en esos años. Uno de los postulados del autor fue incluir en el paisaje lunar -por indicación del profesor Heuvelmans- hielo en su superficie y en sus grietas. Sin embargo, décadas después (en 1.998) la sonda “Prospector“ de la NASA confirmaría la existencia de hielo en la luna, acumulada en pequeñas concentraciones pero ocupando una gran superficie del satélite.

Así, y tras una agotadora documentación, el audaz reportero se trasladaría hasta el país de Sildavia (cambiando la ubicación original del lanzamiento, pensada originalmente el los EEUU) para trabajar junto con el profesor Tornasol en lo que sería el primer viaje de un hombre a la luna.
Las primeras páginas aparecieron en el semanario Tintín el 30 de marzo de 1.950 y se desarrollarían hasta 1.954 (apareciendo recopiladas en sendos albumes entre 1.953 y 1.954) El trabajo fue tan duro que Hergé debió abandonar la historia a los pocos meses de empezarla y descansar durante más de un año, momento en el que decidió fundar sus propios estudios y contratar ayudantes, como el mencionado Bob de Moor, para así poder hacer frente a las responsabilidades de su tarea.

De esta manera, con un Hergé repuesto y dispuesto a terminar la aventura, Tintín llegaría hasta la luna pronunciando estas palabras: „“¡Ya está!...¡Acabo de dar unos pasos!...¡Por primera vez en la historia de la humanidad el hombre acaba de andar sobre la luna1
Años después, cuando la realidad había demostrado que Hergé, Verne y otros soñadores no andaban muy desencaminados en sus teoría, éste realizó un dibujo, en homenaje a la gesta del proyecto Apolo, donde Amstrong, al bajar del L.E.M se encontraba con Tintín y sus amigos en la superficie lunar, con una dedicatoria que decía: “Creyendo en su sueño, el hombre lo ha hecho realidad“. También, por encargo de la revista Paris Match, Hergé realizaría cuatro planchas, en blanco y negro, relatando el viaje del siguiente proyecto Apolo en su viaje espacial.

Sin embargo y por encima de todo quedará el recuerdo de una historia planificada de manera magistral, plena de ritmo y donde los se alternan los momentos de tensión con el sentido del humor y la aventura tan propios del autor belga mientras, en los cielos, podemos ver la silueta del majestuoso cohete rojo con cuadros blancos en su superficie, en su camino hacia la luna, el cual forma parte de la cultura de nuestro tiempo por méritos propios.

Fuentes:“Tintín: el sueño y la realidad“ Editorial Zendrera Zariquiey 2.002
Rafael Martín Umbrales: “50 obras maestras del comics de CF (XXV)“
La semana que vivimos; del 2 al 8 de marzo de 1.998, nº52

Agradecimientos:Librería Jable
Librería Moebius

La imagen de portada de Objetivo la luna es cortesía de le editorial Panini España.
El personaje de Tintín y todo lo relacionado con su obra es © y TM de la sociedad Moulinsart 2010, gestora de los derechos de autor de toda la obra de Hergé.
Este artículo está escrito sin ningún ánimo de lucro y solamente pretende dar a conocer la obra y la importancia del trabajo de un autor como Hergé.
Cualquier otra consideración, apuntada por terceros no tiene nada que ver con el espíritu de este artículo teórico sobre la obra del autor belga.

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