domingo, 19 de diciembre de 2010

ARTURO TOMO 1: EL UNICO Y FUTURO REY

Guión: Francisco Pérez Navarro
Dibujo y Tinta: Martín Saurí
Álbum tapa dura de 72 páginas en B/N
ISBN: 978-84-679-0194-8
Precio: 16 euros
Norma Editorial


Acercarse a una obra como Arturo siempre conlleva cierto respeto, sobre todo en una época en la que el estilo que impera en el mundo gráfico dista mucho de ser el que impregna el trabajo de Francisco Pérez Navarro y Martín Saurí. Las prisas, la inmediatez, las fechas de entrega del mercado actual, nada de eso tiene que ver con la minuciosidad y el cuidado que llevan aparejadas todas y cada una de las páginas de esta obra, adaptación gráfica de una de las leyendas más inmortales de la historia.

Arturo es la historia del rey que logró que Bretaña fuera una tierra unida y un reino comandado por un líder capaz de aglutinar las voluntades de una mayoría dividida. Sin embargo, es también la historia del mago Merlín, de Uther Pendragon, de la reina Ygraine y de todos aquellos que pugnaban por hacerse con el control de un pedazo de tierra ensangrentada por luchas fraticidas.

Pérez Navarro mezcla fuentes tan clásicas como Morte D’Arthur, de Sir Thomas Malory, pero le añade a los personajes de la leyenda una tridimensionalidad que potencia sus rasgos humanos. El escritor no se olvida, tampoco, del elemento mágico propio de la historia, simbolizado éste en Merlín. Junto a sus palabras están los sobresalientes dibujos de Martín Saurí, precisos, detallados y, en pocas palabras, bellísimos. Por momentos se tiene la sensación de estar delante de las páginas de un valioso y centenario códice medieval, soporte ideal para contar una epopeya de estas características.

Puede que, para muchos lectores, acostumbrados al color, a las aventuras superheroicas o los tintes oscuros y deprimentes del llamado cómic alternativo, Arturo sea una obra difícil de asimilar. No obstante, sus cualidades no deberían pasar desapercibidas para todo amante del noveno arte.

Arturo es una obra de autor, de dos autores para ser más exactos, quienes se empeñan con su trabajo en demostrar que el cómic es una disciplina artística tan valiosa como lo pueda ser la literatura, e igualmente digna. Bueno sería que gracias a trabajos como éste nuestra sociedad -y con ella la comunidad educativa- se dieran cuenta de las posibilidades que ofrece el arte gráfico para introducir contenidos didácticos en el aula, dotados de la fuerza y el espíritu que impregnan una obra como ésta, en vez de los insulsos libros de textos. Y todo, gracias al trabajo de dos grandes autores españoles como lo son Francisco Pérez Navarro y Martín Saurí.

© 2010 Martín Saurí por el dibujo de la portada de Arturo tomo 1
© 2010 Norma Editorial por la edición de Arturo tomo 1

martes, 14 de diciembre de 2010

LAS TRIBULACIONES DE UN RESEÑADOR “DE PROVINCIAS”

Hace unos días leí un sensacional artículo periodístico en el que se narraban las tribulaciones de un “reseñador” teórico de cómics. El artículo, publicado en la revista Dolmen y firmado por Koldo Azpitarte -uno de los críticos españoles del noveno arte con mejor reputación- deconstruía muchos de los tópicos que rodean la labor de aquellas personas que se dedican a comentar y/ o estudiar el noveno arte desde una perspectiva profesional.

Azpitarte no solamente incidía en el nulo reconocimiento que dicha actividad tiene en los círculos culturales –reseñar un libro es una cosa, pero un cómic, ¿Qué trabajo conlleva eso?...vendría a ser el argumento esgrimido- sino que también se detenía en asuntos tan controvertidos como lo es el servicio de prensa o, más bien, la falta de él.
Al final, quedaba claro que quien se dedicaba a reseñas y/ o investigar sobre el mundo gráfico –salvo gloriosas y contadas excepciones- lo hacía más por una cuestión vocacional y casi altruista que por un beneficio económico, a la vista de lo comentado por Azpitarte.

Mi experiencia no difiere mucho de la Koldo Azpirarte, aunque admito que sí he logrado disfrutar, de una forma más o menos regular, del servicio de prensa de algunas editoriales –sobre todo cuando vivía en Barcelona o cuando acudía al Salón Internacional del Cómic que celebra en dicha ciudad.
No obstante, en muchas ocasiones, durante la celebración del evento catalán tuve que pasar horas esperando a que una determinada persona me atendiera y, tras lograrlo, sus exigencias me obligaron a declinar tal o cual cómic, dado que veía incapaz de poder satisfacer sus requerimientos, sin tan siquiera haber podido leer el ejemplar en cuestión.
También están los que me trataron de idiota, negándome un ejemplar por cuestiones de edad, sexo o cualquier otra zarandaja. Y, cómo no, están quienes me ofrecieron un cómic a cambio de una buena crítica, porque si no, NO me lo daban.

Y no crean que no sé que hay profesionales que lo único que pretenden es tener un suministro mensual de cómics por la cara y luego, solamente, reseñar uno de cada quince. Caraduras lo hay en todos sitios, pero hay que saber valorar a cada uno según su trabajo y su profesionalidad, y no sólo en base al medio en donde publican.

Éstas y otras cosas que comenta Koldo Azpitarte son moneda de cambio dentro del mundo profesional del periodismo y, después de dos décadas, ya no me sorprenden. Otra cosa muy distinta es el desprecio que algunos, más bien bastantes, han tenido para con mi trabajo al depender de lo que se llama, con cierta sorna “una medio de provincias”.

Ya tengo asumido que, para muchos peninsulares, provenir de un archipiélago como el canario no supone mayor problema, sobre todo porque cuando los aviones pueden salir a sus horas, los trayectos no son excesivamente largos. En teoría eso es cierto, pero la realidad es bien distinta.
La distancia, real, y la falta de planificación de las empresas, algo igualmente real, terminan por agrandar esas diferencias de una forma estrepitosa. Si a eso se le suman los costes por los envíos –más altos- y los problemas que siempre surgen con los impuestos y las aduanas, aunque sea una cosa que viene desde la península, entenderán que la suma de factores no acabe de cuadrar.
Con tal panorama, si es difícil lograr un servicio de prensa en territorio peninsular, ni les cuento lo que supone lograrlo en las islas. La única forma es montarse en un avión, asistir a un salón comiquero y encomendarse a toda una legión de arcángeles para que le ayuden a uno a encontrar a la persona responsable.

Después está el mencionado desprecio hacía el trabajo de los medios pequeños, siempre subyugados a los grandes medios, quienes aseguran mayores tiradas, aunque sus reseñas sean una basura.
Hace cuatro años, un responsable de prensa de un salón de cómic me dijo, una vez le había entregado la primera reseña publicada sobre el encuentro, que no hacía falta que le hubiera entregado nada. Él ya sabía que los medios de provincias hacíamos lo que podíamos, pero que, al no estar en la península... pues que la difusión y el impacto era menor y, por lo tanto, pues eso, que no me volviera loco dándole nada.

Durante ese mismo encuentro, escuché, como otros tantos profesionales que ocupábamos la sala de prensa, a otro responsable diciendo –más bien gritando- que YA estaban contentos con lo que se había publicado en los medios hasta entonces, y eso que aún faltaba un día para la conclusión del evento. Por lo tanto, su trabajo estaba hecho y lo que pudiéramos hacer el resto les daba absolutamente igual.

Dicha consideración no crean que se limita al trabajo periodístico, sino que se extiende a otras facetas profesionales. En el año 2005, un veterano guionista y editor tuvo que salir en mi defensa, dado que varios dibujantes españoles se negaban en rotundo a creer que en Santa Cruz de Tenerife hubiera un salón Internacional de Cómic –lo hubo hasta el año 2006- en donde se pudiera invitar autores tan reconocidos como lo son Juan Giménez, Horacio Altuna, Jordi Bernet o los norteamericanos Eric Shanower y Mark Crilley.
Encima, tampoco se creían todas la actividades, mesas redondas, presentaciones y proyecciones celebrados durante los días en los que se desarrollaba el evento. ¿La razón?...Dos. Primero que les parecía casi imposible que en Canarias se pudieran hacer ese tipo de cosas, con lo lejos que estamos. Y segunda –razón de peso absoluto- que ellos no se habían enterado, viviendo como vivían en Barcelona, y si ellos no lo sabían, todo aquello que les estaba contando tenía que ser mentira. Después y tras escuchar las palabras de la persona que les confirmó que todo aquello era cierto, no se crean que se quedaron muy convencidos, pero bueno, cuanto menos, me dieron el beneficio de la duda.

De lo que no hay duda es que, muy a mi pesar, en los últimos años los cómic han ido perdiendo protagonismo en las islas, salvo en el caso del manga y eso no quiere decir que la fórmula de los salones de manga celebrados en las islas no deba ser replanteada,
Tras la desaparición, por motivos nunca bien aclarados, del Salón Internacional del Cómic de Tenerife -tras catorce años de singladura- hay que sumar la defunción de las Jornadas de Cómics de Las Palmas, tras cuatro años de vida. El testigo lo han recogido dos salones de manga, uno en cada isla, los cuales, además de repetir hasta la saciedad el mismo esquema –sin aportar demasiadas novedades-, no pueden adoptar a quienes prefieren otro tipo de lenguaje gráfico.

En el caso de los medios de comunicación, este año 2010 que termina se salda con la pérdida de la veterana página de cómic del rotativo La Opinión de Tenerife, tras una década de constante estudio del noveno arte. En el caso de Santa Cruz de Tenerife, la llama la sigue manteniendo la no menos veterana sección comiquera de El Diario de Avisos, todo un referente nacional, no solamente insular. Tampoco me quiero olvidar del trabajo de quienes, escondidos bajo seudónimos como “El rincón de ninguno”, continúan, ahora en la red, desarrollando el trabajo que antes se podía leer en la página publicada por La Opinión. Y también está la labor de magazines especializados, tales como tumbaabierta.com, el cual posee, entre sus secciones, una dedicada al cómic de temática fantástica y superheroica.

En cuanto a la provincia de Las Palmas, lo cierto es que nunca ha tenido la misma tradición de crítica especializada en el noveno arte, salvo en contadas ocasiones y por personas que ya no trabajan en los medios insulares. Hay intentos, pero nada comparable a las secciones publicadas en los rotativos de la isla del Teide.

“Cómic para adultos” cumple en este mes de diciembre del año 2010 su cuarto aniversario, algo difícil de creer con los malos tiempos que corren para la cultura en general y el mundo gráfico en particular.
No obstante, de lo que se trata, tal y como comentaba Koldo Azpitarte en su artículo, es de lograr que las personas se acerquen al mundo del noveno arte, por mucho trabajo, y dinero, que nos pueda acabar costando.
Los problemas y las tribulaciones son parte del trato, por muy engorroso que dicho acuerdo pueda llegar a ser y por todos aquellos que se empeñan en colocar obstáculos en el camino.
¿Quién dijo que las cosas tenían que ser sencillas? Algunas veces, sin embargo, uno agradecería dos cosas. Primero, que las personas, cuando no supieran de lo que están hablando, mantuvieran la boca cerrada. Y segundo, que valoraran el trabajo ajeno, sin mirarse el ombligo propio.
Sí, tengo que admitir que eso estaría bien, por muy idílico que pueda sonar.

© 2010 Tim Sale por la imagen de portada del monográfico Dolmen #17
© 2010 Marvel Comics Characters Inc.
© 2010 Dolmen Editorial por la edición del monográfico #17
© 2010 Eduardo Serradilla Sanchis por el texto del monográfico #17

miércoles, 1 de diciembre de 2010

THE AMAZON

Steven T. Seagle y Tim Sale
Colección: CÓMIC USA
Formato: Cartoné
Páginas: 96 en color
ISBN:978-84-679-0293-8
Precio:14,00€
Norma Editorial


Si se le pregunta, a un buen aficionado al noveno arte, por un trabajo cualquiera del dibujante Tim Sale, es muy probable que lo primero que le venga a la mente sea el nombre de Batman o sus dibujos para la serie de televisión Heroes. Sin embargo, el talento de Tim Sale va más allá de su sensacionales trabajos con el cruzado de Gotham City o dando la réplica a los premonitorios dibujos de Isaac Mendez.
Baste con recordar su lápices para series como Challengers of the Unknown, Grendel o las miniseries Billi 99 o The Amazon escrita, ésta última, por el guionista y escritor Steven Seagle y publicada por la editorial Comico en los años ochenta.

The Amazon, serie limitada de tres números, fue una apuesta personal de Diana Shultz, a la sazón responsable de la serie Grendel y la guionista detrás del escalofriante Grendel: Devils Child, quien se encargó de que un proyecto tan personal como éste llegara a buen puerto.

Se trataba de la segunda obra de Steve y ya le había vendido el proyecto a Diana (Shultz). Ésta, por su parte, se puso en contacto conmigo y realizamos la serie. Conocía a Steve de mi primera ida a San Diego Comicon. Él fue el que me malcrió, artísticamente hablando, porque pedía constantemente que dibujara tres viñetas por página para The Amazon. Me encantó cómo quedaba. Años después, cuando leí el primer número de New Frontier, de Darwyn Cooke, en donde también había tres viñetas por página pensé “Esto es fabuloso”. (1)

The Amazon es una obra que mezcla el viaje de un reportero que se adentra en los misterios de la selva amazonia, al igual que hiciera Charles Marlow, el personaje de la novela de Joseph Conrad Heart of Darkness, recorriendo el río Congo.

Malcolm Hilliard, nombre del reportero en cuestión, quiere encontrar respuestas a una serie de actos vandálicos, los cuales azotan a las compañías extranjeras que trabajan en aquella parte del río Amazonas y detrás de las cuales parece estar la figura de un extranjero desaparecido.

Hilliard se comporta, en cierta forma, como lo hiciera el personaje de Martin Sheen, el capitán L. Benjamin Willard, en Apocalypse Now, dado que ambos personajes nos van dando sus impresiones de lo que ven y de lo que no les gusta y/ o no entienden de la misma manera que el resto.

Steve tenía dos voces para un mismo personaje, dado que el cómic estaba narrado por el reportero y por su diario. En las distintas entradas del diario se recopilan sus pensamientos y éste serviría de base para el artículo final que entregaría Hilliard a su editor. (1)

Lo curioso del caso es que The Amazon no fue la única ocasión en la que Tim Sale dibujó un viaje por la jungla con claros tintes de la novela de Conrad. En las páginas escritas por Jeph Loeb para Challengers of the Unknown, uno de los Challengers originales, Kyle “Ace” Morgan, también recorrerá un camino similar al descrito por el escritor británico del siglo XIX y que sirvió de inspiración a Francis Ford Coppola.

A medida que Hilliard se va adentrando en la gruesa manta forestal que, todavía, es la jungla amazónica va descubriendo la otra cara de la realidad y el objeto de su búsqueda, un ser mitológico llamado por los nativos Tanan-do, “el espíritu que protege a la amazonia”. El místico personaje, venerado como una deidad por la tribu que habita aquellas tierras, los Jatapus, representa la última esperanza de la naturaleza frente a la voracidad destructora de los seres humanos.

En este punto, el relato escrito por Seagle entronca con el guión de la película de John Boorman, Emerald Forest, estrenada en 1985. En ella, el hijo de un ingeniero, secuestrado por una tribu llamada “la gente invisible”, regresará a la civilización para pedirle ayuda al padre que dejó atrás, a causa de los abusos de las empresas madereras. Al final, la tribu se salvará gracias a “la gran anaconda”, una gigantesca riada que destruirá la presa que amenaza con destruir la aldea de “la gente invisible”.

En The Amazon, Tanan-do, reencarnado en el cuerpo de Robertson, el occidental desaparecido, se enfrentará abiertamente a los atropellos que las grandes corporaciones someten al que todos los expertos consideran el “pulmón de mundo”.

Tim Sale utiliza la maquetación de las páginas, horizontales o verticales, además de unas pocas splash-pages, para representar a los dos personajes principales. Así, Hilliard sale siempre dibujado en viñetas horizontales, similares a las que proyectaría una cámara de Cinemascope, con variaciones en cuanto a los planos usados –primeros planos, planos medios o planos generales- pero siempre horizontal. Cuando únicamente aparece dibujado en viñetas verticales, Hillard interactúa de alguna manera con Robertson –Tanan-do-, quien siempre aparece de manera vertical, de pie, corriendo o escudriñando el horizonte. Con dicho recurso, al lector le es muy fácil identificar quién es quién y le aporta un dinamismo a la acción que mantiene la atención y el interés, a lo largo de los tres números.

Donde la cosa flojea es en el apartado del color, a cargo de Matthew Waddington, demasiado chillón y mal definido en muchas de las páginas. Hubiera sido mejor desarrollar la historia en blanco y negro antes que estropear muchos de las viñetas con un exceso de manchas de color que en nada favorecen al resultado final. Siempre quise que el colorista fuera Teddy Kristiansen. (1)

Se entiende, por ello, que, para la edición del veinte aniversario, Dark Horse se decidiera por colorear la obra de nuevo. En esta ocasión se contó con Matt Hollingworth –quien ya ha dado color a otras obras del autor como Daredevil Yellow y Hulk Grey con excelentes resultados- queriendo remediar las carencias ya comentadas. Para la ocasión Sale también dibujó tres nuevas portadas, mucho mejor resueltas que las que originalmente aparecieron en la edición de Comico.

Sin querer entrar en agravios comparativos y descalificaciones gratuitas, la edición del año 2009 sí que logra aprovechar el trazo de los dibujos de Tim Sale y, la paleta de colores, lejos de ser una sucesión de manchas cromáticas, ayuda a resaltar las formas y los contornos, tanto de los protagonistas como de los escenarios. Donde más se nota la diferencia entre las dos ediciones es en la elección de los colores para las escenas nocturnas, muchas de las cuales aparecían no sólo muy desdibujadas, sino desvirtuadas, en la versión original de Comico.

Hollingworth sí que sabe cómo definir los colores en medio de una noche de tormenta tropical y, no por ello, sus personajes salen perjudicados o mal definidos. El resultado final es el de descubrir el verdadero potencial de un trabajo, oscurecido por un elemento tan importante como lo fue el color con el que originalmente se dio.

A pesar de todo, para Tim Sale, dibujar The Amazon le supuso una buena experiencia profesional y descubrir cierta “afinidad” con un escenario tan complejo como lo es la selva. Aprendí con The Amazon que tenía una buena predisposición para dibujar selvas. (1)

Una década después de que la obra se publicara, se estrenó en las pantallas de televisión, la serie The Sentinel. En ella, un Ranger del ejército de los Estados Unidos de América, James Ellison, se convertirá en el Centinela de una tribu de la selva de Perú. Como pueden ver, las similitudes con la serie The Amazon, son más que evidentes, lo que demuestra la validez del trabajo de Seagle y Sale, a pesar de los inconvenientes.

Ahora, Norma Editorial nos ofrece la posibilidad de disfrutar con la versión española del mencionado recopilatorio, publicado el pasado año 2009 por Dark Horse en su versión inglesa y reencontrarnos con uno de los mejores –y más desconocidos- trabajos de un artista gráfico tan interesante como lo es Tim Sale.

Fuentes:
(1) Starkings, R; Roshell, J; Sale, T. TIM SALE: BLACK AND WHITE – Drawing Heroes in the Backyard- Revised And Expanded, páginas 12-156.

Este texto forma parte, salvo por algunos pequeños cambios, del contenido del monográfico dedicado al dibujante Tim Sale, publicado por la editorial Dolmen, en noviembre del año 2010.

© 2010 Dolmen Editorial por la edición del monográfico y © 2010 Eduardo Serradilla Sanchis por el texto del monográfico
© 2010 Norma Editorial por la imagen de la versión española de obra
© 2010 Tim Sale por el dibujo de portada de la obra The Amazon