martes, 18 de enero de 2011

DE HABERLO SABIDO, NO CREO QUE CAMBIARA NADA

Cuando uno mira hacia atrás, se da cuenta de aquellas cosas que debió hacer de otra forma, con otro espíritu y/ o talante. En otros casos, el tiempo solamente sirve para reafirmar lo que ya se hizo y que, de volverse a hacer, se harían de la misma manera.
Otra cosa muy distinta es descubrir que para hacer tal o cual cosa uno primero tuviera que pedir permiso a los poderes fácticos del entorno, asentados éstos, en su papel de “mafia” de tercera categoría.

Por todos es sabido que si trabajas en determinados ambientes, sobre todo aquellos que pululan cerca de las esferas del poder establecido, mejor dispones de padrinos o, en su defecto, de una abultada cuenta bancaria con la que comprar tu espacio de supervivencia.
No obstante, nunca pensé que en el mundo del fandom ocurriera lo mismo, y de ahí me error.

Mi ignorancia, tan atrevida como se pudiera esperar, me llevo, sin tan siquiera consultar con los “popes” del fandom y los tenderos del lugar, a organizar, en 1998, una exposición titulada Héroes y heroínas: de Hércules a James Bond. Aquella era la segunda vez, en dos años, que mancillaba las sagradas paredes de un biblioteca oficial, dependiente del burocratizado y conservador Cabildo de Las Palmas de aquellos momentos. Y aquella era, también, la segunda ocasión en la que, en la sala de exposiciones había expuestos más libros que cualquier otra cosa que se pudiera encontrar, incluyendo cómics.

El caso es que, para los mencionados poderes fácticos del mundo del cómics –tan amantes de grandes palabros y sentencias tautológicas- mi atrevimiento me valió todo tipo de condenas, críticas y ser el blanco de sus iras, a partir de entonces.
Ofuscados en su afán por controlar cualquier asunto relacionado con el noveno arte, fueron incapaces de ver que aquella exposición no estaba dedicada al mundo del cómic en exclusiva, sino a los héroes, a lo largo del tiempo y sobre todo en su versión escrita.
Luego de aquella iniciativa, la cual tuvo su continuidad, una año después pero con unos resultados muy por debajo de lo esperado, sobre todo por no haber sabido decir que no a las condiciones que me ofrecían, reincidí en mi atrevimiento, y por partida doble.

En esta ocasión regresé al escenario de la biblioteca insular –aunque en este caso, se trató de un encargo, algo que dudo que calmara el afán de crítica hacia mi persona por parte de las personas relacionadas con aquellos ambientes- y a la ya desaparecida sala de exposiciones del Banco Santander Central Hispano 20, situado en la calle Bravo Murillo, de la ciudad de Las Palmas.
Para el primer espacio, preparé y organicé una exposición dedicada a los personajes de tiras de prensa Carlitos, Snoopy –su creador, Charles M. Shulz, había fallecido aquel mismo año-. Calvin y Hobbes. Al tratarse de un género considerado menor, por los ya mencionados Popes, lo cierto es que no le prestaron mucha atención, ocupados como estaban en asuntos menos mundanos.

La que no les acabó de cuadrar fue la exposición dedicada al director, actor, guionista de cine y cómics y defensor del mundo del fandom Kevin Smith. Lo curioso es que siendo esta segunda mucho más sencilla, desprovista de un mínimo presupuesto y organizada a modo de despedida, dado que tras ella, abandoné las islas para regresar a Madrid, la reacción de .los poderes fácticos fue inversamente proporcional al esfuerzo y el dinero empleado en la organización de aquella muestra.
Puede que lo que más les fastidió fue el artículo publicado en la prensa escrita de la ciudad, el cual me colocaba al frente de este tipo de iniciativas y, para colmo de males, como uno de los referentes del mundo del fandom. La verdad es que ni siquiera me planteé debatir sobre aquellas apreciaciones de la persona que escribió el artículo dado que yo estaba enfrascado en otras cosas.

Tras un paréntesis de dos años, en mayo del 2002 y merced a otro artículo de prensa, mi humilde persona, volvió a revolucionar las cimientos del fandom y los dictados de los Popes, tenderos y personas de obligada pleitesía. En esta ocasión el artículo, a doble página y todo –vaya atrevimiento por parte del periodista- contaba la génesis y la puesta en marcha de una iniciativa llamada Phantacom: primeras jornadas de cine fantástico y cómic de Las Palmas de Gran Canaria.
El proyecto, surgido del empeño de varias personas, las cuales colocaron sobre la mesa su tiempo, su dinero y su ganas de apostar por una idea como aquella, pilló a todo el mundo con el paso cambiado, y de qué forma. La situación llegó a tal extremos que personas que llevaban los últimos años colocándome a la altura “de los pies de los caballos” terminaron por llamarme a casa para ofrecerme su “desinteresada” ayuda. O tenderos que unos días antes habían renegado de cualquier posibilidad de colaboración, cambiaron de registro y se abrieron de par en par, conocedores de la oportunidad que aquella iniciativa podía aportar para su negocio.

Al final, Phantacom me ayudó para poner algunas cosas en su sitio, sobre todo para dejar claro que los mismos que se pasaban en día criticándome, eran incapaces de hacer nada más, y para que me invitaran al desaparecido Salón Internacional de Cómic de Santa Cruz de Tenerife. Aquella primera visita fue el comienzo de una colaboración que duró cinco años y me llevó a desaparecer de la arena organizativa y/ o presencial del fandom de Las Palmas.
No negaré que también hay “sus más y sus menos” en la isla del Teide –y personas que no dudan en aprovecharse de tu trabajo para medrar- siempre si nos ceñimos al mundo del fandom. Sin embargo, la realidad de ambas islas, distaba mucho de ser la misma en aquellos años y de ahí el masivo éxodo de personas de Las Palmas y de otras localidades, durante los días en los que se celebraba el encuentro tinerfeño en la Recova santacrucera.

Una vez que el Salón Internacional del Cómic de Tenerife cerró, víctima de la ceguera y la ignorancia de quienes lo organizaban, a nivel oficial –vulgo los que pagaban, cada vez menos, por unos resultados que cada vez costaban más y compensaban menos- regresé a las islas como invitado en una jornadas de cine y nuevas tecnologías y para colaborar en las segundas y terceras Jornadas de Cómics de Las Palmas, hoy día en un forzoso stand-by.

No se me escapa que si acabé trabajando en dichos encuentros fue más por necesidad y porque, al fin y al cabo, trabajo más horas de las necesarias, no doy mucho la lata, cobro muy pocooooo y los resultados finales son, cuanto menos, “resultones”. Se que no soy, precisamente “santo de la devoción” de quienes se encuentran detrás aunque dado que poseo una buena colección, poseo conocimientos suficientes para organizar y no me tiembla el pulso a la hora de hablar con un determinado medio de comunicación, termino por ser un “mal necesario”.

Ahora, parece que corren vientos de renovación y se quiere volver a potenciar el mundo del noveno arte, tanto en su versión clásica –cómic europeo SERIO y superhéroes- como en su versión más lúdica, o sea el manga y el anime japonés. Las idea me parece muy buena sobre todo porque la unión entre ambos estilo se me antoja necesaria y muy sana.
De lo que no estoy yo tan seguro es si quienes llevan los últimos años, una década más bien diría yo, despotricando del anime como medio de expresión, serán ahora capaces de reciclarse ante un cambio de realidad.

Yo se que estoy “fuera de juego”, sobre todo en lo que tiene que ver con actividades de este tipo. Soy demasiado viejo, estoy demasiado cansado y ya estoy harto de tener que soportar comentarios de personas que pretenden darme explicaciones cuando ni siquiera son capaces de colocar las sillas para un acto.
Esto no quiere decir que no crea que hay muchas personas capaces de hacerse cargo de la organización de este tipo de eventos, desprovistas, además, de los prejuicios que lastran a muchos de los que ahora se erigen como defensores del mundo del fandom cuando lo que buscan es todo lo contrario.

Lo espejos podrán no tener memoria pero algunas personas SI la tenemos y resulta cargante tener que rendirle pleitesía –o por lo menos así lo pretenden- a quienes no se han significado por defender el mundo del fandom sino su bolsillo y/ o su negocio, en los últimos quince años.
Lo malo es que en este mundo tener la más mínima ética profesional está “pasado de moda” y quienes van por la vida, poniendo zancadillas, soltando barbaridades por la boca y “lamiendo el culo” a quienes les pueden ofrecer una subvención, terminan por ser “legión”.

No obstante, si empezara de nuevo, dudo que cambiara siquiera una coma de la mayoría de las cosas en las que he estado implicado, a pesar de las muchas de las experiencias vividas. Quién sabe si podré ver cómo el tiempo termina por poner en su sitio a muchas de esas personas, o no. ¿Quién lo sabe?...

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