jueves, 24 de febrero de 2011

CUESTIÓN DE CONVICCIONES

Hace unos días, mi editor me preguntaba, un tanto alterado, sobre cuál era la razón por la que no podía votar, al ser un profesional dedicado a comentar y escribir sobre el mundo del cómic, en las votaciones organizadas por un determinado evento comiquero de nuestra geografía.
Yo le respondí que la razón principal era porque en los dos últimos años no me habían mandado ningún tipo de documento, e-mail o similar, en el que se me indicara que podía hacerlo, a pesar de haberme dado de alta -tanto como autor, como periodista- desde hacía bastantes años.

Ante su estupor le dije que, en realidad, me importaba bien poco, dada la actitud que para con mi trabajo habían demostrado en los últimos años que acudí a cubrir dicho evento.
De una u otra forma, sus responsables se habían preocupado de dejarme bien claro que lo que yo pudiera hacer les traía al pairo y lo mejor que podía hacer era marcharme por donde había venido.
Ellos ya se sentía bien contentos con la cobertura dada por sus medios afines y por las personas “de su cuerda” entre las que no me encontraba yo.
Imagino que mi mayor pecado, además de recriminarles sus constantes carencias en temas como la organización de exposiciones, el trato con el público e la información dada, fue escribir varias columnas criticando, de manera clara y directa, el trato vejatorio y humillante al que me sometieron sus responsables de prensa en la edición del encuentro, celebrada durante el año 2006.

Durante aquel año me di cuenta, no solamente de que había varias clases de periodistas acreditados –algo que sucede en cualquier evento- sino lo farisaica que puede la sociedad humana, predicando una cosa y haciendo justo todo lo contrario.
Durante aquel año me di cuenta de que, en el mundo del fandom hay que proteger la espalda de uno, tanto o más que en otros ambientes, sobre todo porque tus supuestos “compañeros” de profesiones, son los primeros en venderte por obtener un mejor y más provechoso trato de favor.
Y durante aquel año me di cuenta que, por mucho que me lo propusiera, se me daba muy mal ser un “lameculos” consumado o un “abrazafarolas” tan entregado como muchos con los que tuve la poca fortuna de compartir espacio de trabajo.

Luego vienen las paradojas por parte de quienes te menosprecian a las nueve de la mañana, delante de todo el mundo para que quede bien claro que TU eres un paria y ELLOS son los que mandan para, a reglón seguido, pedirte tu ayuda, una hora después, cuando estaban justos de intérpretes.
Encima, no podías decir que NO cuando te colocaban a tu lado a un indocumentado, de un GRAN MEDIO de comunicación de masas pero absolutamente ignorante de todo lo que tuviera que ver con el mundo gráfico. En esos instantes, te debas cuenta de que tu trabajo se iría al garete, al tener que reflotar el barco de quien no debería estar allí pero como es de tal o cual medio... Y mientras tanto, ELLOS, los responsables, tan contentos.

El último año que acudí, tras unas 72 horas espantosas, salpicadas por cuatro viajes, 10.000km y un tobogán de sensaciones se saldó con una entrevista, dada por caridad –y por la ignorancia de quienes no supieron apreciar la calidad de la persona con la que tuve el honor de conocer- y con otra, truncada dado que el entrevistado estaba, en ese mismo instante, asistiendo a una lección magistral, dada por él mismo.
Se cerraba así una trayectoria de cinco años, con medio centenar de entrevistas realizadas, un centenar largo de artículos, varias conexiones radiofónicas y unos cuantos miles de kilómetros sobre las espaldas para poder cubrir el evento.

De todos ellos, me quedo con la primera edición, no sólo por lo todo lo que rodea una primera vez sino por las experiencias, el buen entendimiento con las personas responsables del departamento de prensa y por los buenos resultados obtenidos.
Después, las cosas fueron cambiando y no para bien. Lo paradójico del caso es que, en mi primer año mi trabajo se limitaba, solamente, a escribir en la sección de opinión de este periódico y a colaborar con un magazine cultural, ya desaparecido, publicado en Sta. Cruz de Tenerife.
Cuatro años más tarde, ya disponía de este espacio, seguía colaborando en el mencionado magazine y en otro más y ya se habían publicado mis cinco primeros libros, todos dedicados al mundo gráfico.

Sin embargo, mi trabajo de nada sirvió, ni todo lo que he podido hacer posteriormente para que los responsables de tal evento consideren que tengo suficientes credenciales como para poder votar en los premios que concede dicho encuentro, relacionados, éstos, con el mundo gráfico, sus autores y publicaciones.

Al final, poco importa lo que hagas, o de qué manera. Lo que importa es con quien te relacionas o no y el resto carece de todo interés. Puede que como me dijo un librero, hace ya dos años, si logro escribir veinte libros y diez monográficos -y los que están ahora desaparecen del mapa- incluso me lleguen a invitar, por aquello la cantidad y la perseverancia, nada más...
Aunque, yo lo dudo mucho, tal y como están las cosas y dada mi actitud, demasiado beligerante y poco sumisa para el refinado gusto de sus paladares.

© 2007-2010 Dolmen Editorial por la ediciones de lo libros que aparecen en la fotografía
© 2005 Cine Asia por la edición del libro “10 años de cine de terror oriental”
© 2011 Elena Santana Guevara por la fotografía
Mi más sincero agradecimiento a la librería Good Fellows (Helsinki) por las facilidades dadas para poder sacar la fotografía en su local.

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