lunes, 23 de mayo de 2011

CAPITAN AMERICA. LAS TIRAS DE PRENSA DE 1940

Guión/ dibujo. Karl Kessel
Color: Ben Dimagmaliw
Nº páginas: 120
ISBN: 9788498856156
Precio: 12 euros
Editorial Panini Comics


En marzo de este año 2011 se cumplieron los setenta años de vida de uno de los primeros personajes creados en la editorial que luego se conocería como Marvel Comics. Dicho personaje nació en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, un año antes de que los Estados Unidos de América entraran en el conflicto tras el ataque a la base naval de Pearl Harbour.

La historia del debilucho y enclenque Steve Rogers, luego transmutado en el soldado perfecto -gracias a un suero creado por un científico visionario- se convirtió en la excusa perfecta para que dos jóvenes autores, Joe Simon y Jack Kirby, aportaran su granito de arena frente al expansionismo alemán.
Simon y Kirby, ambos de origen judío, ya eran, en esos momentos, conscientes del peligro que suponía para el mundo civilizado la figura de Adolf Hitler y su Reich de los 1000 años.
Por todo ello, resulta comprensible que en la portada del primer número de la colección protagonizada por Steve Rogers -también conocido como el Capitán América- el héroe de las “barras y las estrellas” aparezca propinando un tremendo sopapo al gerifalte nazi, ante los vanos esfuerzos de sus secuaces por evitarlo.

Captian America# 1 se publicó, originalmente, en diciembre de 1940, aunque en la portada aparezca la fecha de marzo de 1941 y de ahí que se tome dicha fecha como referencia. Ni que decir tiene que el patriótico personaje se ganó el afecto del público, y más cuando los Estados Unidos de América le declararon la guerra a los países del Eje. Fueron años en donde la imagen del aguerrido y heroico Rogers, acompañado de su fiel Bucky portando su emblemático escudo se convirtieron en un referente tanto para quienes seguían las contienda desde casa como para quienes combatían en puntos tan remotos entre si como lo son las islas del pacífico, los desiertos africanos o los bosques europeos.

Sin embargo, y a pesar de su tremenda popularidad, el personaje nunca tuvo una versión de sus aventuras en el formato famoso en aquellos instantes; es decir, el de la tira de prensa. En aquellos días las tiras de prensa formaban uno de los pilares del entretenimiento más popular y difundido, tanto para los más pequeños como para los adultos. La lista era tan grande como los gustos de quienes las leían y de ahí que resulte paradójico que uno de los títulos de la editorial Timely Comics –luego Marvel- nunca disfrutara de su versión en formato de tira de prensa. Piensen, además, que otros dos personajes tan emblemáticos y surgidos en aquellos mismos momentos como Superman y Batman disfrutaron de sus aventuras diarias para los periódicos impresos durante más de tres décadas. Superman lo hizo desde 1939-1966 y Batman, desde 1943 a 1974, aunque con varias interrupciones en esos años.

Al final, y gracias al talento de un autor tan completo como lo es Karl Kessel, el problema encontró una solución más que satisfactoria. Kessel llevaba tiempo pensando en una idea como ésta y tras proponérsela a los responsables de la editorial logró luz verde para desarrollar su idea. Esto es, una miniserie de tres números, publicada originalmente en Marvel Digital Comics Unlimited y luego recopilada en un solo tomo, pesada como si se tratara de una recopilación de las tiras de piensa publicadas durante los años cuarenta.

Kessel contó con la colaboración y el talento del colorista Ben Dimagmaliw, capaz de darle el toque ciertamente “retro” que un proyecto como éste requería, evitando estridencias y otros efectismos igualmente innecesarios.
En cuanto al guión y el dibujo de Kessel, sus lápices son dinámicos, con algún que otro homenaje al gran Kirby, pero manteniendo un estilo personal y claro, lejos del barroquismo del creador del personaje. La historia, por su parte, está llena de guiños a las aventuras clásicas del personaje, plagadas de dobles sentidos, de malos muy malos y buenos muy buenos, con escenarios secretos, misterios por resolver y alguna que otra damisela en peligro.

Capitán América. Las tiras de prensa de 1940 es un cómic que se lee con cierta nostalgia, sobre todo porque ya es difícil encontrar una serie gráfica donde lo que prime sea el entretenimiento y no los complicados soliloquios psicológicos que persiguen a los personajes durante su vigilia. El trabajo de Kessel está centrado en las peripecias de un personaje tan emblemático como desfasado en el mundo actual, éste en el que cada día es más difícil saber quién es el enemigo y quién es el amigo. En estas historias, la diferencia entre el blanco, el negro y el gris es fácil de reconocer y eso, entre tanto doble sentido, se agradece.

Capitán América. Las tiras de prensa de 1940 es un tomo que debería formar parte de la biblioteca de todos aquellos que les guste disfrutar de una lectura amena, divertida y tremendamente entretenida. Esto se nos ofrece unos meses antes de que Rogers regrese a la gran pantalla, aunque ésta vez no en formato serial como en los años cuarenta del pasado siglo, sino de acuerdo con los tiempos que corren.

domingo, 15 de mayo de 2011

Jonah Hex; el espíritu de la venganza a lomos de un caballo

Jonah Woodson Hex, más conocido como Jonah Hex, debutó en las páginas del décimo número de la colección gráfica All Star Western (febrero-marzo de 1972).
El personaje, creación de John Albano y Tony DeZuniga, formaba parte de un número especial de 52 páginas protagonizado, además de por el deformado cazador de recompensas, por los personajes de El Diablo y Bat Lash.

Hex, un antiguo miembro del ejército confederado, integrante del cuarto de caballería de las tropas del lideradas por el general Robert E. Lee, es ahora conocido por su expeditivos métodos a la hora de perseguir y capturar fugitivos. Su rostro desfigurado y casi grotesco, y su gusto por arrastrar los cadáveres de los fugitivos a los que atrapa forman parte de las leyendas que se cuentan a los niños antes de dormir.
No obstante, Hex, como antiguo militar, posee un férreo código ético, el cual le lleva a defender a los inocentes ante los atropellos de quienes juegan con las vidas de los demás como si se trataran de meras fichas en un tablero de ajedrez.

Una buena muestra de todo ello es el número 17 de la serie Weird Western Tales, cabecera que sustituyó a All Star Western, protagonizado por la degenerada jueza Hatchet, más conocida por “The Hanging woman”.
La jueza en cuestión, apoyada en su familia y en un ejército de matones a sueldo, no solamente imparte una rápida y mortífera justicia, sino que se aprovecha de su privilegiada situación para ir amasando una enorme fortuna a base de extorsionar a los rancheros y comerciantes del lugar.
Al final, Hex pondrá las cosas en su sitio y la deleznable sociópata recibirá un castigo acorde con sus crímenes.

Como es lógico pensar, la forma de actuar del personaje -un anti-héroe impregnado del sentimiento crepuscular que llenó las películas rodadas por Sam Peckinpah- irá amasando una larga e importante lista de enemigos, algunos tan poderosos como Quentin Turnbull, padre de su mejor amigo.

Hex y Jeb Turnbull se alistaron juntos en el ejército y juntos defendían la forma de vivir de los estados sureños, incluyendo la trata y el uso de esclavos en las plantaciones de los ricos terratenientes. Precisamente será a causa de una rebelión en las tierras de Turnbull, justo cuando ambos jóvenes disfrutaban de un permiso en plena Guerra Civil, cuando Hex se empiece a cuestionar muchas de sus creencias.
Al final, y tras una larga serie de cruentas batallas, Johan Hex decidirá entregarse a las tropas comandadas por el general Ulises Grant y empezar una nueva vida, lejos de toda aquella insensatez.

Con lo que no contaba Hex es que su noble acción se saldaría con la detención de todos los miembros de su unidad, fruto de una casualidad, la cual le hizo aparecer ante sus hombres como un cobarde.
Toda aquella situación obligará, al todavía soldado confederado, a idear un plan para rescatar a sus hombres, plan que se tornará en una pesadilla conocida como la masacre del Fuerte Charlotte y que se cobrará, entre otros, la vida de Jeb.

Nada más conocer la noticia, Quentin Turnbull no atenderá a razones y jurará vengar la muerte de su hijo, a costa de la vida de quien lo traicionó, Johan Hex.
El personaje de QuentinTurnbull será la excusa argumental para la adaptación cinematográfica del personaje gráfico, película estrenada en el pasado Festival de cine de Sitges del año 2010.

Dicha adaptación, dirigida por Jimmy Hayward (Horton Hears a Who) y protagonizada por Josh Brolin, Megan Fox y John Malkovich, en el papel del demente y vengativo Quentin Turnbull, logra conservar algunas de las señas de identidad del personajem pero poco más.
De todas ellas, la más sobresaliente es la caracterización de Brolin y su espíritu esquivo y brutal.

Después, la esencia crepuscular y su imagen de anti-héroe se pierden al tratar de equipararlo con una suerte de agente secreto del siglo XIX, que, además, posee poderes místicos. Esto último tiene que ver con el pasado del personaje, en su versión gráfica, el cual fue criado por los indios tras ser vendido por su padre al jefe de una tribu apache.
Será precisamente su relación con los indios lo que le termine por acarrear un castigo, el cual le desfigurará su cara para siempre y no la vendetta personal de Quentin Turnbull, igualmente responsable de la muerte de su familia, en las primeras secuencias de la película.

A partir de entonces, la historia discurrirá por un extraño conglomerado que bebe de las disparatadas aventuras del televisivo agente James West -con un arma secreta que apunta directamente al presidente de los Estados Unidos- algunos toques de spaghetti western y los delirios místicos del personaje, similares a los sufridos por Vicent Cassel en el BlueBerry cinematográfico.
Todo ello, termina por alejar la historia rodada por Hayward de las bases y de la misma esencia de un personaje nada amigo de verse envuelto en este tipo de situaciones, más propias de un agente secreto que de un caza recompensas.

Johah Hex es un ser agobiado por los fantasmas de su pasado y un resentimiento que no encuentra ni un momento de paz, por mucho que trate de librar al mundo de la escoria que lo amenaza. Sus historias gráficas, tanto las clásicas como las que se publican en la actualidad, dibujadas desde hace años por el genial dibujante español Jordi Bernet, son duras, secas, ásperas y carentes de toda esperanza. Nadie gana y todo el mundo sale perdiendo y eso es algo que la película, a pesar del empeño de su protagonistas, no logra reflejarm salvo en muy contados momentos.

Si ésta se ve como un espectáculo visual, bien rodado y sin abusar del metraje, uno se lo pasa bien y disfruta con el antagonismo que se establece en Brolin y Malkovich en la pantalla. Ahora, si lo que se quiere es ver reflejado al Jonah Hex gráfico en la película de Jimmy Hayward, resulta difícil lograrlo.

Ahí reside el peligro de tratar de adaptar determinados personajes del mundo del cómics al celuloide. Puede que su imagen sea atractiva, pero sus motivaciones y acciones luego resultan demasiado complejas, extremas o depresivas, caso éste que se puede aplicar al caza-recompensas, para ser llevadas a la gran pantalla.

A pesar de todo esto, les recomiendo la serie publicada mensualmente por DC Comics, con guiones de Justin Gray y Jimmy Palmiotti, y dibujos de Jordi Bernet y Fiona Staples, entre otros.

© Jordi Bernet 2011, por el dibujo de la portada del Jonah Hex# 13
© DC Comics 2011 por la edición de la colección gráfica
© Warner Bross/ Legendary Pictures 2011 por el cartel de la película.

sábado, 7 de mayo de 2011

LOS NOVENCIENTOS NÚMEROS DE SUPERMAN

De un tiempo a esta parte resulta curioso, por decirlo de una manera educada, ver que cuando no se tiene noticias dignas de reseñar se recurre a sucesos que, unos años antes, hubieran pasado desapercibidos. De ahí que lo que antes raramente aparecía escrito en las portadas de los periódicos ni formaba parte de la letanía diaria de los informativos televisivos pasa, de pronto, a ocupar los titulares de las primeras páginas.
No obstante, lo peor de todo no es el afán oportunista que demuestran muchos medios de comunicación, sino la supina ignorancia que transmiten al tocar dichos temas, muchos de los cuales, tratan con una frivolidad y falta de criterio que mejor les diera vergüenza.

El último episodio de esta moda oportunista ha sido vocear, a los cuatros vientos, la renuncia a la ciudadanía americana expresada por el personaje de Superman/ Clark Kent, un kriptoniano llegado a la Tierra de la mano de Jerry Siegel y Joe Shuster en 1938, en la entrega novecientos de su colección gráfica.

En principio tal declaración no debería suponer ninguna conmoción, más si se tiene en cuenta que el declarante es un personaje gráfico. Sé que Superman se ha convertido en un icono de la cultura popular y que su imagen se lleva asociando al país de la libertad, las barras y las estrellas desde los años cuarenta.
Sin embargo, la mayoría de la sociedad vive de espaldas a la cultura y si ésta viene presentada en forma de cómic/ tebeo y/ o novela gráfica, ni les cuento el interés que tal soporte puede despertar en el común de los mortales.

El caso es que dicha declaración ha desatado una ola de reacciones, sobre todo aquellas llegadas desde la caverna conservadora norteamericana, fiel reflejo de lo poco que ha evolucionado el hombre desde que se bajó de los árboles. Para quienes siguen anclados en un tiempo pasado que, como suele ser habitual, “siempre fue mejor”, resulta intolerable que Superman renuncie a las ciudadanía del país que lo aceptó con los brazos abiertos después de lo que los Estados Unidos de América ha hecho por él. Incluso, hay quien ha llegado a sugerir que se le expulse del territorio americano, dada su condición de extranjero –alienígena, para más señas- y, tras su declaración, apátrida.

Dejando a un lado todas estas majaderías, mejor se estuvieran callado quienes se olvidan que el país en donde cayó Superman, hace más de setenta años, se parece bien poco al que podemos ver hoy y que, si Superman tuviera otro talante, habría abandonado el país durante la esperpéntica y lamentable administración de George W. Bush. Además, no sólo Superman ha tenido sus más y sus menos con la administración norteamericana.

En 1972, otro de los iconos gráficos contemporáneos, Steve Rogers, el Capitán América, decidió colgar su traje y adoptar la personalidad de El Nómada, tras los sucesos narrados en la saga conocida como El Imperio Secreto.
Aquella memorable saga, escrita por Steve Englehart y dibujada por Sal Buscema, fue un reflejo del escándalo Watergate, un suceso que acabó con la no menos esperpéntica y demente administración del presidente Richard Nixon. Rogers, cansado y decepcionado por los acontecimientos que le toca vivir, prefiere asumir el papel de un héroe sin país antes que seguir defendiendo a quienes tiempo atrás se olvidaron del significado del sueño de libertad y justicia que siempre habían motivado las acciones del héroe.

De ahí que a nadie le debiera extrañar la decisión editorial tomada hoy en día ni nadie se tendría que rasgar las vestiduras, sobre todo si tenemos en cuenta que, por una cosa o por otra, la “prisión” de Guantánamo sigue abierta.
Ésa sí me parece una noticia digna de tratar y no que Superman renuncie a su ciudadanía, una decisión que, por otra parte, me parece muy respetable y consecuente con la manera de pensar de un ser íntegro y cabal como lo es el kriptoniano. Lo que ocurre es que dichos calificativos NO se pueden aplicar a quienes ven el mundo como su patio de recreo y como un lugar en donde poder medrar a costa del resto de los habitantes.

Lo mejor de todo es que nadie se ha preocupado de ver lo que ha pasado en los últimos números de la colección, por ejemplo, los publicados durante el pasado año, queriendo con ello, buscar algún elemento que explique el por qué de tal reacción. En realidad, pasarán meses, si no años, antes de que muchos medios vuelvan a hablar de cómics, razón por la cual, ¿para qué molestarse en buscar alguna explicación racional?

Siempre les resultará más socorrido publicar este tipo de noticias encabezadas por rimbombantes titulares, antes que considerar al noveno arte como una materia de estudio y/o de interés para los lectores.

Superman logo © and TM DC Comics 2011
Superman es una creación © de Jerry Siegel y Joe Shuster