sábado, 7 de mayo de 2011

LOS NOVENCIENTOS NÚMEROS DE SUPERMAN

De un tiempo a esta parte resulta curioso, por decirlo de una manera educada, ver que cuando no se tiene noticias dignas de reseñar se recurre a sucesos que, unos años antes, hubieran pasado desapercibidos. De ahí que lo que antes raramente aparecía escrito en las portadas de los periódicos ni formaba parte de la letanía diaria de los informativos televisivos pasa, de pronto, a ocupar los titulares de las primeras páginas.
No obstante, lo peor de todo no es el afán oportunista que demuestran muchos medios de comunicación, sino la supina ignorancia que transmiten al tocar dichos temas, muchos de los cuales, tratan con una frivolidad y falta de criterio que mejor les diera vergüenza.

El último episodio de esta moda oportunista ha sido vocear, a los cuatros vientos, la renuncia a la ciudadanía americana expresada por el personaje de Superman/ Clark Kent, un kriptoniano llegado a la Tierra de la mano de Jerry Siegel y Joe Shuster en 1938, en la entrega novecientos de su colección gráfica.

En principio tal declaración no debería suponer ninguna conmoción, más si se tiene en cuenta que el declarante es un personaje gráfico. Sé que Superman se ha convertido en un icono de la cultura popular y que su imagen se lleva asociando al país de la libertad, las barras y las estrellas desde los años cuarenta.
Sin embargo, la mayoría de la sociedad vive de espaldas a la cultura y si ésta viene presentada en forma de cómic/ tebeo y/ o novela gráfica, ni les cuento el interés que tal soporte puede despertar en el común de los mortales.

El caso es que dicha declaración ha desatado una ola de reacciones, sobre todo aquellas llegadas desde la caverna conservadora norteamericana, fiel reflejo de lo poco que ha evolucionado el hombre desde que se bajó de los árboles. Para quienes siguen anclados en un tiempo pasado que, como suele ser habitual, “siempre fue mejor”, resulta intolerable que Superman renuncie a las ciudadanía del país que lo aceptó con los brazos abiertos después de lo que los Estados Unidos de América ha hecho por él. Incluso, hay quien ha llegado a sugerir que se le expulse del territorio americano, dada su condición de extranjero –alienígena, para más señas- y, tras su declaración, apátrida.

Dejando a un lado todas estas majaderías, mejor se estuvieran callado quienes se olvidan que el país en donde cayó Superman, hace más de setenta años, se parece bien poco al que podemos ver hoy y que, si Superman tuviera otro talante, habría abandonado el país durante la esperpéntica y lamentable administración de George W. Bush. Además, no sólo Superman ha tenido sus más y sus menos con la administración norteamericana.

En 1972, otro de los iconos gráficos contemporáneos, Steve Rogers, el Capitán América, decidió colgar su traje y adoptar la personalidad de El Nómada, tras los sucesos narrados en la saga conocida como El Imperio Secreto.
Aquella memorable saga, escrita por Steve Englehart y dibujada por Sal Buscema, fue un reflejo del escándalo Watergate, un suceso que acabó con la no menos esperpéntica y demente administración del presidente Richard Nixon. Rogers, cansado y decepcionado por los acontecimientos que le toca vivir, prefiere asumir el papel de un héroe sin país antes que seguir defendiendo a quienes tiempo atrás se olvidaron del significado del sueño de libertad y justicia que siempre habían motivado las acciones del héroe.

De ahí que a nadie le debiera extrañar la decisión editorial tomada hoy en día ni nadie se tendría que rasgar las vestiduras, sobre todo si tenemos en cuenta que, por una cosa o por otra, la “prisión” de Guantánamo sigue abierta.
Ésa sí me parece una noticia digna de tratar y no que Superman renuncie a su ciudadanía, una decisión que, por otra parte, me parece muy respetable y consecuente con la manera de pensar de un ser íntegro y cabal como lo es el kriptoniano. Lo que ocurre es que dichos calificativos NO se pueden aplicar a quienes ven el mundo como su patio de recreo y como un lugar en donde poder medrar a costa del resto de los habitantes.

Lo mejor de todo es que nadie se ha preocupado de ver lo que ha pasado en los últimos números de la colección, por ejemplo, los publicados durante el pasado año, queriendo con ello, buscar algún elemento que explique el por qué de tal reacción. En realidad, pasarán meses, si no años, antes de que muchos medios vuelvan a hablar de cómics, razón por la cual, ¿para qué molestarse en buscar alguna explicación racional?

Siempre les resultará más socorrido publicar este tipo de noticias encabezadas por rimbombantes titulares, antes que considerar al noveno arte como una materia de estudio y/o de interés para los lectores.

Superman logo © and TM DC Comics 2011
Superman es una creación © de Jerry Siegel y Joe Shuster

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