viernes, 12 de agosto de 2011

RELEVO GENERACIONAL

Cuando era más pequeño escuché a muchas personas de mi entorno el significado de la expresión “relevo generacional”. Normalmente, aquellas conversaciones trataban sobre lo duro que sería, llegado el momento, dejar pasar a las nuevas generaciones, generaciones de las cuales formaba parte yo en aquellos instantes.

Han pasado varias décadas y ahora me ha llegado el momento de aceptar a mí, y sin tantos quebraderos de cabeza debo decir, que ese momento ha llegado. Sé que el tiempo es un inexorable juez de los actos de las personas y hay que saber adaptarse a las necesidades vitales de cada momento.
Lo que entonces no sabía es que, en muchos casos, el “relevo generacional” venía autoimpuesto por las circunstancias políticas y/ o económicas de un determinado momento.

A nadie se le escapa que con la crisis que estamos viviendo, parte por la avaricia de unos pocos y parte de la poca cabeza de unos muchos, hay eventos, trabajos y/ o actividades que se terminarían por suspender, recortar o, simplemente, se olvidarían en el fondo de un cajón.
No obstante, tengo muy claro que los cambios políticos y los vaivenes económicos no deberían afectar, por lo menos, no como ocurre en nuestro país, a los eventos y/ o actividades que tengan relación directa con la formación de las personas. Tampoco dichos eventos tendrían que estar supeditados a los delirios de grandeza de unos mandarines que tienen su ego más grande que su cerebro, si es que lo tienen, capaces de gastarse ingentes cantidades de dinero en megalómanos proyectos. Al final, su afán por presumir ante sus adversarios políticos prima sobre cualquier otro planteamiento.

Yo sufrí dicha falta de criterio como profesional y en los últimos meses también he sufrido el desprecio que los centros públicos suelen demostrar cuando no les queda más remedio que recurrir a personal externo al tratar de llevar a cabo un determinado proyecto. Ya he asumido que la culpa es mía por acudir a la llamada de quienes ni entienden lo que hago ni muestran ningún interés por tratar de entenderlo. Su único afán es lograr “un taponazo mediático” con ínfimos recursos y todo tipo de trabas, las cuales se traducen en una suerte de imposible profesional, que acaba con el proyecto incluso antes de que éste llegue a comenzar su andadura. Al final, todo se queda en las mismas aguas de borrajas que ya terminan por el colmar el vaso de la ética profesional de uno.

En cuanto al relevo generacional obligatorio, lo sufrí tras cinco años de trabajo, una media de seis meses por año –más el tiempo que duraba el evento- en el ya extinto Salón Internacional del Cómic de Santa Cruz de Tenerife. Tras todo el tiempo y esfuerzo dedicado, en el año 2007 sufrimos los efectos colaterales del tsunami que se desencadenó tras cierta memorable y “amarga” gala del carnaval tinerfeño, o por lo menos ésa fue la excusa que se nos dio, tras darnos tres aplazamientos en relación con la fecha de entrega.
Al año siguiente y tras un demoledor artículo publicado en un veterano rotativo tinerfeño, los responsables institucionales del evento comiquero se descolgaron con una batería de promesas, las cuales fueron igualmente vanas y mentirosas. Tampoco se me escapa que en este asunto influyó la mala praxis profesional de algunas personas empeñadas en hacerse con el control del evento, algunas de las cuales, llegaron a utilizar mi trabajo como arma arrojadiza contra el entonces director del Salón de cómics. Indeseables hay en todos sitios, aunque no por ello uno se levanta más tranquilo.

Sea como fuere, el resultado fue que tras catorce años de trabajo ininterrumpido, al cargo de distintos equipos directivos, el Salón Internacional de cómic de Santa Cruz de Tenerife desapareció, dejando huérfano a todos aquellos que gustaban de compartir experiencias sobre el lenguaje gráfico.
Por fortuna para esos mismos seguidores, el relevo lo asumió, al año siguiente, el Salón del manga de Santa Cruz de Tenerife, un evento que, año tras año, ha ido ganado en intensidad, buen hacer y número de visitantes, un hecho, éste último, que demuestra su validez frente a los críticos de siempre.

A finales del mes de julio del presente año, tuve la oportunidad de asistir a la cuarta edición, en calidad de invitado, y las sensaciones no pudieron ser más positivas. El encuentro comiquero, mayoritariamente de ojos rasgados, se celebró en las instalaciones del Recinto Ferial de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, compartiendo protagonismo con la Tenerife Lan Party 2011, macro evento para todos aquellos que consideran la Red y las autopistas de la información como el presente y no como el futuro.
Lo primero que me sorprendió, además de las magníficas instalaciones del Recinto Ferial fue la cantidad de stands montados por tiendas de la isla del Teide y del resto del archipiélago. La verdad es que son cada vez más los establecimientos que se dedican al noble arte de pervertir… perdón, de vender todo tipo de cachivaches relacionados con el mundo del manga, el anime y el noveno arte en general. Y encima estaban montados con mucho gusto, lo que ayudaba al posible comprador a encontrar aquello que estuviera buscando, algo que no siempre pasa.
En cuanto a las actividades, las hubo muchas y variadas, como suele ser habitual si hablamos de un Salón de manga, sobre todo aquellas en las que los más entusiastas seguidores de tal o cual serie entonan una determinada melodía, con mayor o menor fortuna. Aparte de eso, comprobé con cierto asombro cómo los responsables de los talleres que se habían dispuesto en la zona central del Recinto no daban abasto, dada la cantidad de asistentes, algo que también se podía aplicar al resto de los responsables del resto de las actividades.

En resumen, todo un éxito, se mire por donde se mire y sin que los medios de comunicación se cebaran, y tal y como sí ocurre cuando se celebra el Salón del manga barcelonés o Expomanga en Madrid, con los prejuicios que rodean a eventos de estas características.
No obstante, si bien el Salón del manga asumió el vacío dejado por el Salón Internacional del cómic de Tenerife, no continuó con la labor emprendida una década atrás, sino que recorrió su propio camino. Esto es lógico, dado que el manga es un lenguaje gráfico llegado desde una cultura muy distinta a la nuestra, capaz de añadir, eso sí, influencias de todos los lugares, pero con unas señas de identidad muy distintas. Si eso se le suman los ya comentados prejuicios de unos medios de comunicación y unos profesionales, los cuales repudian al manga por definición, quien sale perdiendo es el noveno arte más clásico y veterano.

Lo peor de todo es que los otakus, seres dignos de conocer a pesar de su querencias, suelen ignorar que hay una versión manga del universo Marvel, además de todas una línea de un personaje tan conocido como Spider-man, realizada y pensada bajo la estética manga. El mismo trepamuros tiene una versión netamente japonesa, realizada en el país asiático, al igual que Batman. Hay hasta una versión hindú de Spider-man; un conejo ronin llamado Usaki Yojimbo; y shojo manga dibujado por artistas americanos, tan válidos y atractivos como los que llegan desde Japón y Corea.
Tampoco se tienen en cuenta los estrenos que tienen que ver con personajes gráficos, tales como Thor, Green Lantern, o X-Men first class, una de las mejores adaptaciones de los mutantes de la editorial Marvel y que pasó muy desapercibida por las pantallas españolas. La realidad es que se estrenan muy pocas adaptaciones de personas de manga y anime en la gran pantalla y la mayoría son para olvidar, salvo casos tan sobresalientes como Crying Freeman, película que tampoco es muy conocida por los otakus con los que yo he hablado.

De todas formas, el Salón del manga de Santa Cruz de Tenerife ya es un gran evento tal y como está, pero sería bueno no sólo que añadiera a su programa algún que otro evento que atrajera al público que solía acudir al “otro” Salón de cómic de la ciudad tinerfeña, sino que no estuviera expuesto a los vaivenes político-económicos antes comentados.
Un evento es bueno sin necesidad de ver quién es el gobierno de turno que lo ampara, promociona o tutela, al igual que las necesidades de una sociedad poco tienen que ver con los caprichos de los mandarines o de quienes les pagan las campañas para que todo siga igual.

Quizás por esta circunstancia, Las Palmas de Gran Canaria nunca ha logrado mantener un evento de estas características, salvo el Salón del manga que empezó en la zona sur y ha ido ganando en intensidad. Las jornadas de cómics siempre han estado marcadas por la improvisación, los cambios de escenarios en 24 horas y un quiero y no puedo que en nada ayudaba al evento en sí. Solamente durante los años en los que se celebró en las instalaciones del museo Néstor, las jornadas gozaron del empaque suficiente como para poder gozar de cierto reconocimiento, pero, al final, la crisis y la desidia institucional acabaron con ellas.

Mi experiencia personal, a pesar de los desprecios, los ninguneos, las chanzas a mi costa y el tratar de fagocitar mi trabajo, mi dinero y mis recursos fue, en general, buena, sobre todo en el verano de 1998, durante la celebración de Héroes y heroínas: de Hércules a James Bond, y cuatro años después, a lo largo de los tres meses en los que se celebró Phantacom, las primeras jornadas de cine fantástico y cómics de Las Palmas. Como en otras tantas ocasiones, nadie daba un euro de ahora por lo que pudiera hacer, pero los resultados demostraron que se debe realizar algo más que criticar, rasgarse las vestiduras e injuriar a quienes se atreven a llevar hacia delante un proyecto.

Tampoco me quiero olvidar de los buenos ratos pasados en el año 2008 en las instalaciones del museo Néstor –sobre todo por la profesionalidad de las personas al cargo-y de la exposición dedicada al director, guionista y actor Kevin Smith, montada en la ya desaparecida sala de exposiciones del Central Hispano 20 de la cuidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el verano del año 2000.

No obstante, y sufridas las últimas experiencias profesionales, las cuales únicamente me han acarreado trabajo, dolores de espalda y sin sabores, tengo claro que mi tiempo como organizador de actividades comiqueras en mi ciudad ha llegado a su fin, parte por la actitud demostrada, parte por el inexorable paso del tiempo y las experiencias acumuladas.

Al final, no se trata de un relevo generacional en el sentido literal de la palabra, sino de una decisión personal, profesional y tomada tras un tiempo de reflexión: SE ACABÓ. Ahora le ha llegado el turno a quienes dicen tener la solución a todos los males del mundo del fandom y se creen poseedores de una verdad que yo nunca encontré. Espero que quienes se han hecho cargo de los centros culturales encuentren a personas con entusiasmo y ganas de hacer cosas, sobre todo una vez que el cómics ha ganado como estandarte del próximo carnaval de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Sería bueno que no se quedaran con el tópico del héroe en pijama, pero ésa es otra cuestión y otros tendrán que hacerse cargo de ella.
Yo, solamente, quiero felicitar a los organizadores del Salón del manga de Santa Cruz de Tenerife por su buen hacer y, apropiándome de las palabras de Groucho Marx… ¡Salve y que ustedes lo pasen bien!

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