lunes, 26 de septiembre de 2011

ACTION MAN: Un muñeco en la vida de una persona

Quienes se hayan molestado en leer el título de esta columna habrá comprobado que, además de cómic para adultos, se añade y algo más.

Soy de los que cree que la cultura en el siglo XXI ya no se puede tratar como si de compartimentos estancos se tratara. Esto es así desde hace mucho, aunque ahora ya es imposible tratar de negarlo. El mundo gráfico tiene relación con muchas facetas de nuestra vida, sin que éstas tengan que ver directamente con una novela gráfica.

Mientras escribo esta columna tengo delante de mí el catálogo de 1973 de Action Man, un muñeco de treinta centímetros que entró a formar parte de mi vida cuando yo tenía tres años. Cierto es que yo no fui consciente de muchas cosas hasta, por lo menos, tres años después, momento en el que aquel catálogo, el cual mezclaba fondos dibujados como si se tratara de viñetas, se convirtiera en el objeto de deseo de mis peticiones para Navidades, cumpleaños y finales de curso.

En aquel catálogo las fotografías de los distintos uniformes que, por aquel entonces, tenía Action Man habían sido colocadas sobre dichas viñetas, lo que le daba un aspecto de tira de prensa, por buscarle una similitud con el lenguaje gráfico.

Sea como fuere, aquel catálogo despertó en mí tanto el gusto por el cómic como mi pasión por el Action Man en particular y por los juguetes en general, pasión que hoy día –cuarenta años después- no ha decaído lo más mínimo.

La realidad es que, cuando me planteé tener un blog como éste, mi principal motivación era –además de darle difusión al Noveno arte- defender el que las personas tuvieran un hobby que fuera más allá del tópico "salir a emborracharse y ver el partido de fútbol de la semana”, algo tan común como, bajo mi modesto punto de vista, equivocado.

Hasta donde yo llego a entender, tener un hobby como leer cómic o coleccionar figuras es algo tan respetable como saludable y, si te sabes controlar, hasta más económico que salir de copas, más que nada porque lo que te gastas no lo eliminas después, sino que se queda en tu casa. Perdón por lo simplista de la afirmación, aunque no por ello menos cierta.

No negaré que hay mucho coleccionista pirado y lector de cómics amante de verdades absolutas, tan esperpéntica como erróneas. Sin embargo, no estaría mal que se abandonara buena parte de los prejuicios que se tiene para con las personas que no comulgamos con vomitarnos cada fin de semana lo que nos hemos bebido previamente y preferimos disfrutar, por ejemplo, con la creación de Harry Trowell, Action Man.

Al final todo es una elección personal, pero sería bueno, aprovechando el mundo globalizado en el que vivimos, que miráramos a nuestro alrededor y nos diéramos cuenta que también los cómic y los juguetes pueden ser algo para adultos, en vez de tacharlos, sistemáticamente, de productos para niños.

Si tienen tiempo –y han llegado al final de esta columna- les recomendaría que se dieran un paseo por www.eagleeyesactionstation.co.uk  o consulten los libros escritos por Ian Harrison o por N.G. Taylor sobre Action Man. El resto corre de su cuenta.

© Hasbro por la imagen de portada 2011
© Army Benevolent Fund por el cartel que se reproduce en este artículo 2011

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