miércoles, 2 de noviembre de 2011

TRISTISIMA CENIZA. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao

La memoria, tanto en el sentido físico como en el espiritual del concepto, nunca ha sido un bien muy preciado en nuestro país. Más bien se podría decir que todo lo contrario, sobre todo cuando se la nombra delante de las mentalidades más conservadoras y rancias.

El ejemplo más rotundo de todo esto lo hemos tenido desde el mismo día en que se promulgó la llamada ley de Memoria Histórica, la cual se ha convertido en el caballo de batalla de quienes NO están dispuestos a que se reconozca la verdad de la Guerra Civil española y sus más directos participantes.

En realidad cada vez son más lo que se empeñan en tratar de re-escribir la historia más descarnada de nuestro pasado más reciente, rellenándola de mentiras, tergiversaciones y un muro de ignorancia que recuerda a los peores años de la dictadura del general Franco. Todo vale con tal de impedir que las personas que pasaron por aquella tragedia y sus familiares logren saber cuál fue el destino de sus seres queridos, muchos de ellos, muertos en una sucia y mal oliente cuneta.

Su eslogan preferido es “¿Para qué hace falta una Ley de Memoria Histórica? Nosotros ya los hemos perdonamos. ¿Por qué ellos no hacen lo mismo? El problema es que perdonar no es –ni será nunca- sinónimo de olvidar, por mucho que se empeñen en hacer ver lo contrario y de paso, sigan escribiendo y vomitando sus mentiras en los medios de comunicación afines a la causa.

La historia la escriben los vencedores, pero, tarde o temprano, la verdad acaba por salir a la luz y la “Gloriosa Cruzada de liberación” se acaba transformando en lo que de verdad fue; es decir, un sangriento golpe de estado, protagonizado por un grupo de generales rebeldes y ávidos de poder, el cual sumió a nuestro país en una sangrienta contienda. Y es precisamente todo esto lo que sirve de base argumental para la novela gráfica Tristísima Ceniza.

Tristísima Ceniza, obra de Mikel Begoña e Iñaket, es un cómic que se sustenta no sólo en la contienda española, sino en la vida y obra de dos los mejores fotógrafos de la historia contemporánea, Robert Capa (Ernest Andrei Friedmann) y Gerda Taro (Gerta Pohorylle). A su lado, se desenvuelven otros personajes tales como Esther Zilbelberg –también conocida como Juanita Lefèvre-; Kati Horna, reportera gráfica como Taro y Capa; o Francisco Artasánchez. Éste último, voluntario combatiente de las brigadas vascas, protagonizó, en 1940 y junto con otro voluntario vasco, Constantino de Pozo “Chaval”, una espectacular fuga, a nado, desde el campo de prisioneros de Algeciras hasta la mismísima y británica Gibraltar.

Ellos, como otros tantos reporteros, escritores, políticos y voluntarios de la Brigadas Internacionales, fueron testigos de un conflicto que, aunque duró tres años, se desniveló hacia el lado de los rebeldes, casi desde el mismo momento. A todo ello ayudó no solamente la ayuda prestada por los gobiernos alemán e italiano -gobernados por dos dictadores de la misma catadura moral que el general Franco- sino por las tensiones y las luchas de poder internas que azotaron a los integrantes del gobierno republicano. Frente a una marcada división ideológica en el bando afín al gobierno de la república -algo que la obra de Begoña y Iñaket plasma de manera clara- el bando nacional, liderado por Franco y sus generales rebeldes, actuaban como un grupo compacto, merced a la disciplina castrense y al fanatismo ideológico y religioso que impregnaba sus acciones.

Y en medio de este maremágnum bélico e ideológico será donde desembarcará Robert Capa, justo cuando el frente del país vasco está a punto de caer. Anteriormente a su llegada a nuestras fronteras, su compañera Gerda Taro había llegado a Cataluña, para cubrir aquel frente, queriéndose librar de la sombra de Robert Capa, personaje creado por ella misma y de cuya sombra tanto le costó escapar, por paradójico que esto resulte.

Ambos se toparán con una contienda fratricida, marcada por el uso de los bombardeos masivos de los aviones alemanes e italianos y por el heroísmo de quienes luchaban no por mantener sus privilegios y su estatus social, sino por su libertad y la de sus seres queridos. En España fue cuando se empezó a forjar la leyenda de Robert Capa, la cual luego tocaría el cielo cuando desembarcó en Normandía, en 1944. Sus instantáneas, al igual que las de Gerda Taro y Kati Horna, le pusieron rostro a quienes lucharon y murieron en los campos de batalla sin las proclamas fascistas ni los eslóganes falangistas que tanto gustaban de repetir las personas de bien.

Aquella guerra era como cualquier otra, era sangrienta, sádica y demencial. Nada que ver con la gloria y la salvación que según el bando rebelde la motivaba. Y el trabajo de Gerda Taro y Robert Capa así lo reflejó, por mucho que a los vencedores les molestara. La guerra que ellos fotografiaron, al que dejó un millón de muertos en los campos y una terrible y no menos sangrienta represión después fue la que ahora mismo se empeñan los revisionistas de la caverna conservadora en tratar de ocultar.

Y ésa es la guerra y los personajes que Tristísima Ceniza retrata con un grafismo y una crudeza cercana al documental de guerra. Mikel Begoña e Iñaket utilizan un estilo casi diría que naif, simple, sencillo, directo que nos ayuda a sumergirnos en un momento histórico marcado por la depresión del año 1929, el auge de los partidos de ideología fascista y la tragedia que marcó a un país como nuestro, a consecuencia de todo ello.

Su lectura nos recuerda que olvidar solamente sirve para volver a cometer, una y otra vez, el mismo error y eso es algo que los seres humanos cada vez se pueden permitir menos. En el caso de los protagonistas principales, ambos murieron haciendo lo que les gustaba, cubriendo una guerra y capturando con sus cámaras la realidad de las cosas. Esa verdad que los vencedores tanto se empeñan en ocultar, por molesta, por hiriente y porque demuestra de qué pasta están hechos.

Mikel Begoña e Iñaket
Novela gráfica en tapa dura de 120 páginas (bicolor)
Colección: Nómadas
ISBN: 978-84-679-0413-0
Precio: 16 Euros
Norma Editorial


© Norma Editorial por la imagen de la portada, 2011

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