jueves, 20 de diciembre de 2012

NIGHT VISIONS MAXIMUN HALLOWEEN 3012 ¡VIVA ESPAÑA!



No me cuesta admitir que una de las grandes sorpresas del festival Night Visions: Maximun Halloween 3012 no solamente fue encontrarme con “viejos conocidos” del cine de género tales como The Cabal Cut, versión íntegra de la película Nightbreed, The Shining -cuando a Stanley Kubrick y Jack Nicholson les dio por provocarnos las peores pesadillas- o la no menos imprescindible Shogun Assassin, responsable directa de que muchos actores y actrices occidentales empuñaran, no se sabe ni cómo ni por qué, una katana. La mayor sorpresa de esta edición del festival de cine de terror finlandés fue encontrarme con una sección dedicada al cine de género producido en nuestro país.
Y digo sorpresa, porque lo que ahora se ve en las pantallas poco tiene que ver con lo que ocurría décadas atrás, en unos años en donde todo el peso del cine de género español recaía  sobre las espaldas unos pocos, tales como Paul Naschy, alias Jacinto Molina.

Molina, junto a Jesús Franco o Joaquín Romero Marchent; es decir, otros entusiastas de todo lo que tuviera que ver con el terror, el suspense, los mitos y la leyendas desafiaron la estrecha, caduca y pueblerina mentalidad de la España franquista, apegada a los milagros eclesiásticos, pero ciega ante las influencias del mismo imaginario de mitos y leyendas de nuestro país.
De alguna u otra forma, las restricciones presupuestarias y propias de la censura sólo ayudaron a que estos creadores se inventaran modos y maneras de llegar al público, un empeño que se vio premiado en muchas ocasiones con la creación de pequeñas obras de artes que el tiempo ha colocado en el lugar que se merecen. 

Imagino que por esta misma razón dos de las películas que conformaban el ciclo de cine español, el cual giraba sobre el epígrafe “Viva España”, fueran La Noche de Walpurgis, título capital en la filmografía de Jacinto Molina, y Condenados a vivir, película de Joaquín Romero Marchent que todavía no goza del conocimiento que debería por parte de los aficionados al buen cine de género.
Tras estos dos grandes clásicos -y volver a disfrutar de la tragedia vital del atormentado Waldemar Daninsky- tocaba el trabajo de las nuevas generaciones de directores de cine de género español, entre los que destacan Juan Martínez Moreno, Jaume Balagueró y Paco Plaza. 

El primero presentó Lobos de Arga, disparatada y genial película de licántropos ambientada en la siempre misteriosa Galicia, con un reparto formado por Mabel Rivera, Carlos Areces y el genial Manuel Manquiña. Lobos de Arga tiene la virtud de no tomarse muy en serio y eso se nota mientras uno disfruta con su narración. Los efectos están bien resueltos, así como la ambientación y sus situaciones… pues eso, entre lo esperpéntico, lo terrorífico y lo delirante. 

Mientras duermes, dirigida por Jaume Balagueró y con Luis Tosar de intérprete absoluto, pone sobre la mesa el problema de discernir cuáles son los monstruos reales y cuáles son producto de nuestra imaginación. La total indefensión que deberá soportar Clara (Marta Etura) a manos del demente César, el portero de su edificio que utiliza un sinfín de artimañas para vulnerar la intimidad de la joven, acaban por poner los pelos de punta a un espectador que puede llegar a pensar que eso mismo le puede estar pasando a él y ni siquiera se ha enterado. 

Puede que Balaguero estire en demasía la situación, algo que hace que la atmosfera lograda hasta ese instante se resienta, aunque, el daño en la mente del espectador, a esas alturas, ya será un hecho.
La tercera en discordia y sin duda la que mejor representa el espíritu que se esconde detrás de un festival como Night Visions es Rec3, precuela de las no menos aclamadas Rec1 y Rec2

En esta ocasión, una disfuncional y castiza boda española será el escenario perfecto para que las criaturas creadas por las enfermas mentes de Jaume Balegueró y Paco Plaza, hace ya unos añitos, campen por sus respetes y acaben con la ñoñería y la cursilería que rodea a este tipo de eventos. Tampoco se escapan quienes pretenden emular a Jean Renoir durante la grabación de un video para una boda, ni los líos familiares, ni el macho hispánico poniendo su pica en Flandes sin conquistar, ni las tiranteces, dobles verdades, mentiras sin tapujos y todo lo que quieran añadir. 

Eso sí, impagables son las escenas del novio, Koldo (Diego Martín), emulando al mitológico San Jorge y la novia, Leticia Dolera, en plena faena, sierra mecánica en ristre, contra los contagiados que pretenden apartarle de su amor. 

Rec 3 es una película, divertida, a veces muy gamberra, pero muy bien hecha y con una idea bastante clara de lo que se quería contar. Su director no pierde nunca el ritmo del rodaje y sus actores tratan de responder lo mejor que pueden a una película de este estilo, aunque queda claro que Leticia Dolera disfrutó mucho más con su interpretación modelo novia del icónico “Cara de cuero” que lo hiciera Diego Martín, dando la réplica al perseverante y resolutivo San Jorge, en su pugna contra el dragón.
Sea como fuere, Rec3 y el resto de películas presentadas, incluyendo Torrente 4 -la cual no es cine de género, pero sí un auténtico esperpento cinematográfico, además de una sensacional radiografía de nuestro país- dejan bien a las claras que YA sí se puede hacer buen cine de género en nuestras fronteras, sin perder los modos y las maneras intrínsecas del carácter español. 

Cierto es que hay situaciones que difícilmente podrán ser entendibles fuera del entorno socio-cultural de cada país, pero está claro que la novia vengadora de Rec3 es extrapolable a cualquier latitud, no importa el idioma, la sociedad o la ideología reinante.
Y como apunte baste con señalar que la mayoría de las proyecciones del ciclo se saldaron con un rotundo lleno, circunstancia que, por lo general, no se suele producir en los cines españoles, cada vez más desiertos por mucho que algunos nos empeñemos en lograr que eso no sea así.

lunes, 10 de diciembre de 2012

THE ROCKETEER. UNA HISTORIA QUE DEBERĺA HABER VOLADO MUCHO MÁS ALTO.Textos para una exposición.

Aunque no se crea, desde que empecé a dibujarlo siempre me imaginé que The Rocketeer era una película. Nunca me fijé en las palabras y las imágenes que hacía en el papel. En cambio, lo  veía y lo oía en mi cabeza, por lo que, para mí, siempre fue una película.

Son palabras de Dave Stevens, creador del personaje gráfico The Rocketeer, el cual, finalmente, fue llevado a la gran pantalla en 1991de la mano del director Joe Johnston. Stevens, uno de los artistas más sobresalientes de finales del pasado siglo y de principios del actual, –hasta su prematura muerte, en marzo del año 2008- terminó por plasmar buena parte de sus querencias y pasiones en una obra tan sencilla como hermosa de ver y leer.
Las páginas que forman cada uno de los números en los que aparece el personaje y sus aventuras bien merecen colgar en la pared de una prestigiosa galería de arte o en las salas de cualquier museo de arte contemporáneo que se precie.

¿Y de dónde me vino la inspiración para crear el personaje? En realidad, la idea de que un hombre volara tan solo con un invento enganchado a su espalda me fascinaba ya desde mi juventud; es más, Commando Cody (1) me tenía alucinado.
Sin embargo, no quería quedarme estancado contando las mismas historias de marcianos, rayos mortales y naves espaciales. Un día, de vuelta en casa, tras haber vuelto de una edición del San Diego ComiCon, dibujé unos cuantos bocetos, escribí un par de ideas y por fin conseguí crear una historia que no tenía mucha ciencia, pero tampoco se suponía que tenía que ser nada densa.
Lo único que me habían pedido era algo de relleno, que no pasara de los dos números, y, la verdad sea dicha, me lo pasé genial creando esta historia. Además, al hacerlo, recordé cuando, años atrás, quise adaptar Commando Cody al formato gráfico, llegando incluso a dibujar varias páginas del personaje en un tono sepia, tal cual lucían las fotos de aquella época.


La historia, ya se ha dicho, es sencilla, a veces tontorrona o sin exhibir esa profundidad psicológica de la que hacen gala autores como Grant Morrison, Alan Moore o el mismo Joss Whedon. No obstante, sus dibujos, pensados y retocados hasta la extenuación hacen de The Rocketeer una obra digna de figurar en cualquiera de las estanterías de quienes disfrutan con el noveno arte, junto al trabajo de guionistas como los anteriormente citados.

Dave Stevens nació el 29 de julio de 1955 en la ciudad de Lynnwood (Washington). Su infancia estuvo marcada, en un primer momento, por los primeros seriales televisivos, protagonizados por Commando Cody, Flash Gordon, Superman, Flash Gordon, El Zorro de Johnston McCulley o el Tarzan de Edgar Rice Burroughs.  Tras la televisión, llegarían los cómics, a la edad de cinco años, y fue entonces cuando Stevens descubrió un mundo que luego se transformó en toda una carrera profesional.

En realidad el desencadenante de todo fue su padre, quien guardaba en el sótano de su casa una caja con algunos ejemplares de la editorial EC Comics, principalmente números dedicados a la ciencia ficción –Weird Fantasy- y algunas historias publicadas por la editorial Walt Disney. Los primeros estaban dibujados por artistas tan reconocidos como John Severin o Wally Wood, quienes ilustraron, en aquellos años, relatos de grandes autores del género fantástico, tales como Ray Bradbury, Sir Arthur Conan Doyle, o H. G. Wells.

Por esa la misma época, Stevens se aficionó a coleccionar las tiras de prensa que aparecían en los periódicos, en especial las protagonizadas por El príncipe valiente, obra del gran Harold Foster. Fueron también momentos de acompañar a su padre a ver antiguas películas de aventuras, tales como King Kong –cuyos dinosaurios impresionaron muchísimo a Stevens- junto a otras contemporáneas de su época, tales como La guerra de los mundos, de George Pal o Cuando los mundos Chocan de Rudolph Maté.

La consecuencia directa de todo aquello fue la siguiente: empezar a dibujar, a toda hora y en cualquier sitio. Durante mi etapa escolar hice lo que la mayoría de los chiquillos hacen; es decir, dibujar y decorar todo lo que cayera en mis manos, incluso mi pupitre. Me acuerdo de una vez que terminé castigado en el despacho del director. Sin querer me fijé en que tenía una de mis acuarelas enmarcada… ¡Colgada en la pared!

Se da la circunstancia de que uno de los cuadernos para colorear preferidos por Stevens en aquellos años tenía por título “Planes of tomorrow”. Su predilección por dicho cuaderno explica, aunque sea de una forma un tanto anecdótica, el posterior gusto del artista por los aviones, los ingenios aéreos y sus máximos representantes en la materia, algo que luego plasmaría en The Rocketeer.
El resto de su infancia trascurrió de la misma manera que la de cualquier niño de clase media americano, con mudanza familiar incluida.

Fue precisamente a raíz de la mudanza hasta una zona rural del sur del estado de Idaho, descrita por Stevens como el escenario perfecto para una película del gran Frank Capra, cuando el futuro artista descubrió la palabra ¡Excelsior!

Para quienes no lo sepan, dicha expresión fue acuñada por el guionista y escritor Stan Lee como seña de identidad de la editorial Marvel Comics, frente a la veteranía de la que hacía gala DC Comics. Lee fue el responsable, junto a un increíble grupo de artistas, de revolucionar el panorama editorial y llevar al noveno arte hasta una expansión que no se recordaba desde los años cuarenta y su Golden Age.
Los títulos de la nueva editorial, los cuales llegaban poco a poco, pero de manera continuada hasta una tienda llamada Perkins General Store, se convirtieron en una especie de “libros de texto para aprender a dibujar” para el joven Stevens.

Perkins General Store no era igual que una tienda de comics de hoy en día, pero sí que ofrecía varias cabeceras, de forma periódica, de comics de la editorial Marvel. Eso era más que suficiente para alimentar mi joven imaginación y en Perkins General Store conseguía encontrar alguna que otra joya de vez en cuando. En cuanto a los comics se refiere, siempre compraba los títulos según las ilustraciones de las páginas interiores de los mismos. Jack Kirby, John Buscema, John Romita sr, Steve Ditko y Gene Colan fueron mis maestros. Copié y copié los comics una y otra vez, especialmente aquellos de Buscema, Colan y Kirby.

Al leer estas palabras de Stevens es fácil reconocer la fascinación que cautivó a toda una generación de jóvenes lectores, muchos de los cuales se convirtieron en el relevo de los artistas anteriormente comentados. De todas formas, todavía le quedaba por descubrir al dibujante que más terminó por influir en su carrera profesional.

De vez en cuando, a finales de los años sesenta, parábamos para cenar en un lugar un tanto antiguo. Tenía, entre otras cosas, un pequeño expositor de comics. La imagen que recuerdo me atrajo fue la de la cara gigante de Garra Amarilla, el Capitán América, la estatua de la libertad y Nick Furia, todos delante de los rascacielos de Manhattan.
Era el número 161 de la colección Strange Tales, con una portada tal que me abalancé sobre ella como si hubiera encontrado oro. Desde la primera página hasta la última, una splash page alucinante, mi boca no hizo otra cosa que abrirse cada vez más. Al terminar de leerlo busqué con avidez el nombre del dibujante. Era obra de Jim Steranko. A él le debo más que a ningún otro dibujante del mundo del comic y la ilustración.

James Steranko es, por derecho propio, uno de los artistas más importantes del mundo gráfico y su influencia aún hoy en día, cinco décadas después de su debut, es tan importante como antaño. Steranko muy bien podría llevar el sobrenombre de “renacentista” a tenor de sus créditos. Además de dibujante, ilustrador, diseñador gráfico y agente publicitario, artista conceptual para el cine, escritor, documentalista y editor, Steranko también ha sido, a lo largo de su vida, músico, cantante y compositor de Jazz, gimnasta, mago y escapista en una feria ambulante. El mismísimo Jack Kirby se basó en el pasado de Steranko para crear al personaje de Mister Miracle, como parte de su obra El cuarto Mundo.

Años más tarde, Stevens también se basaría en el pasado de Steranko para contar, a su vez,  el pasado de su personaje Cliff Secord, protagonista de The Rocketeer. Secord, al igual que Steranko, había trabajado en una feria ambulante como escapista y ayudante de un mago, “The great Orsino”, antes de dedicarse a pilotar aviones. (2)

No obstante, la admiración así como las influencias y el legado de Steranko en el trabajo de Stevens van mucho más allá, tal y como el mismo autor reconocía en las páginas del libro Brush with pasión. The art and life of Dave Stevens.

Steranko era el Sean Connery del mundo del comic. Dinámico, osado, en cierto modo desafiante y, desde luego, peligroso. Jim estiró los límites del medio mientras experimentaba con los límites del Comic Code.
Steranko combinó sus experiencias personales de gimnasta, músico, ilusionista, escapista y delincuente juvenil a tiempo parcial con su gusto por las novelas pulp y la edad dorada de la ilustración para crear algunas de las historias más atrevidas y llenas de acción que el lector medio pudiera encontrar en el mercado. Steranko era subversivo y molón incluso antes de que ninguno de nosotros supiera qué era eso. Quería ser Steranko de mayor. Todavía quiero serlo. 


Y es que una vez leída The Rocketeer de manera íntegra queda claro que la sombra de Steranko está muy presente. Ya se ha comentado que Cliff Secord heredó de Steranko su pasado como escapista y ayudante de un mago. A esto se le podría añadir el carácter bravucón y con cierta pose de delincuente juvenil del joven Secord -en especial por el rechazo que le produce la autoridad uniformada-, algo de lo que el propio Steranko hizo gala en su juventud.

Otro punto en común, heredado de Steranko,  fue el gusto por personajes de la era pulp, tales como The Shadows -personaje para quien Steranko dibujó las portadas de una serie de novelas publicadas en los años setenta por Pyramid Jove- y Doc Savage, hercúleo personaje que Steranko inmortalizó en las portadas de la serie Doc savage the man of bronze, publicadas por Marvel Comics en la misma década de los setenta. Lamont Cranston también conocido como The Shadow aparecerá en la segunda historia del personaje creado por Stevens, Cliff's New York Adventures, mientras que el segundo, Savage, interactuará con Cliff Secord en el último acto de su primera aventura gráfica, aunque su nombre “real” nunca salga a relucir, por aquello de los derechos de autor.

Por añadidura la amistad que se entabló entre ambos creadores ayudó a profundizar no sólo en los elementos ya reseñados, sino en otras facetas artísticas que luego volcaría Stevens en su trabajo.

A partir de entonces y a lo largo de más de una década, Stevens dedicó todos sus esfuerzos a convertirse en un artista gráfico ya fuera tanto de forma autodidacta como asistiendo a clases para aprender distintas técnicas artísticas.
En aquellos años Stevens acudió por primera vez al San Diego ComiCon (1972), encuentro al que no dejaría de asistir a partir de entonces. En San Diego, Stevens no solamente conoció a muchos de sus “maestros” gráficos, sino que fue conociendo los entramados de la industria y lo difícil que es lograr un trabajo.
Por ello, el joven Stevens –en aquel momento acababa de cumplir los 17 años- se matriculó en la escuela de dibujo comercial y publicitario de la ciudad de San Diego, experiencia que, si bien le ayudó a mejorar, no logró convencerle de que su futuro pasaba por estar en las aulas otros dos años más.

Recién desembarcado en el mundo laboral, Stevens tuvo que admitir que aún le quedaban muchas cosas que aprender, aunque, gracias a su talento, logró comenzar su carrera de dibujante publicitario. Uno de sus primeros clientes fue el campeón del mundo de karate y artista marcial Chuck Norris. Más tarde, y merced a los contactos adquiridos en el ComiCon, Stevens trabajó como entintador de las tiras de prensa de Tarzán junto a otro de sus ídolos de infancia y juventud, Russ Manning. 

En 1975, Stevens llegó a tener una entrevista –bastante fallida, en palabras del dibujante- con George Lucas para trabajar en los diseños de Star Wars. La entrevista no prosperó, pero le dio la oportunidad para visitar las primitivas oficinas de LucasFilms y conocer a Joe Johnston quien, años después, sería el director de la película The Rocketeer.

Cinco años después, Stevens logró trabajar para la compañía fundada por George Lucas. Stevens realizó parte de los diseños conceptuales de la película En busca del arca perdida de Steven Spielberg, muchos de los cuales terminaron siendo utilizados como ideas para su precuela, Indiana Jones y el templo maldito. Lo curioso es que el artista responsable del look de buena parte de la película y, sobre todo, del personaje de Indiana Jones no fue otro sino Jim Steranko.

Al final, en el verano de 1981, todo comenzó a encajar y Stevens sacó a la luz su gran obra. The Rocketeer debutó en las páginas de la colección Starslayer: The log of the Jolly Rogers, en abril del año1982. Ante la buena acogida por parte de los lectores, la serie se continuó publicando en una nueva cabecera titulada Pacific Present. En esta nueva colección el personaje de Stevens compartía cabecera con la serie Missing man meets the Queen Bee, obra del Steve Ditko, padre gráfico de Spider-man.

Tras dos números publicados, The Rocketer tuvo que esperar más de un año para ver terminada su primera aventura, algo que ocurrió en octubre de 1984, en el especial The Rocketeer Special Edition# 1. Ésta se publicó ya bajo el paraguas de la editorial Eclipse, editorial que también sacó al mercado el tomo recopilatorio con todos los números que formaban esta primera historia y, por añadidura, engañó al autor con las cifras en las tiradas de dicho tomo para no tener que abonarle la totalidad de sus derechos de autor.

El caso es que, si se analiza en conjunto, los problemas de publicación de la serie gráfica -merced a los sucesivos cierres de las editoriales que la publicaban- se repitieron en la aventura cinematográfica.
En un primer momento, The Rocketeer era un proyecto que debería haber sido llevado al cine por la compañía Amblin Entertaiment de Steven Spielberg y Universal Pictures. Antes de eso, United Artists también se mostró interesada, pero nunca se pasó de una primera conversación.
Al final, el proyecto cayó en manos de Walt Disney Company, la cual planteó el proyecto para el sello Touchstone.  Acabábamos de firmar una trilogía con Touchstone, el sello adulto de Disney, pero antes de que la tinta se secara en el papel nos dijeron “No, va a ser de Disney, porque Disney necesita un éxito de taquilla en acción real para el verano.

Éste fue uno de los muchos cambios que Stevens debió soportar mientras trataba de llevar a la gran pantalla su creación. Lo que artista ignoraba era que aquellos eran tiempos muy convulsos para Disney -tanto que se llegó a hablar de una venta a otra compañía, y durante varios años fue Warner Bros quien se encargo de la distribución de sus películas- e, incluso, se llegó a plantear un cierre del estudio. Stevens, desgraciadamente, terminó por pagar, en carne propia, muchas de las arbitrariedades de la veterana compañía.

Por fortuna el proyecto recayó en las manos de un director de la talla de Joe Johnston, capaz de entender e interpretar adecuadamente la atmósfera y las referencias propias del momento en el que se desarrolla la acción, algo que terminó por salvar el proyecto.

En cuanto al guión de la película se refiere -obra de Danny Bilson y Paul De Meo- éste parte de las mismas premisas que la obra original; es decir, la estética y el ambiente de los años treinta en los que se mueve Cliff Secord, pero, como era de esperar, introdujeron algún que otro cambio. El resultado final fue que la historia cinematográfica de The Rocketeer está mejor contada que su homónima gráfica y tiene muchos más elementos que la vuelven más entretenida para el espectador. La idea es la misma, pero los guionistas se apoyaron en elementos y/o en personajes secundarios para darle mayor sustancia a la narración. Tal y como suele ser habitual, hay cambios y alguna que otra visión controvertida, pero, en este caso, la historia original salió ganando al adaptarla a la gran pantalla.
 
El primero de todos estos cambios -motivado por la audiencia final a la que iba dirigida la película, al llevar el sello Disney- fue cambiar el carácter y la apariencia física de la novia de Cliff, Betty. En su versión a imagen real, Betty pasó de ser una modelo que no duda en posar desnuda –a imagen y semejanza de uno de los iconos de Stevens, Betty Page- para llamarse Jenny Blake, una aspirante a actriz sin demasiada fortuna y mucho más recatada.
Blake será el nexo de unión entre su novio, Cliff Secord, y el afamado actor Neville Sinclair, interpretado por Timothy Dalton.

Neville Sinclair –cuyo nombre está prestado de un relato de Sherlock Holmes- es, sin ningún género de dudas, un homenaje al actor Errol Flynn. Es más, lo vemos actuar en un escenario calcado al de Las aventuras de Robin Hood, protagonizadas por Flynn en 1938, aunque los guionistas añadan unas señas de identidad más que controvertidas y luego desmentidas.

En su libro Errol Flynn. The untold story, el escritor Chales Higham sostiene que Flynn fue un fascista bisexual que espió para los nazis, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En la película, Sinclair actúa como un auténtico espía alemán –con una máquina de códigos Enigma y todo- empeñado en obtener la mochila cohete para entregársela a los ingenieros nazis. Dicha mochila había sido desarrollada por uno de los pioneros de la aviación contemporánea, el multimillonario Howard Hughes quien, según cuenta Higham, fue amante de Flynn en la vida real.

Dejando a un lado las interpretaciones basadas en rumores, lo cierto es que, dos años antes del estreno de la película The Rocketeer, se publicaron dos libros en los que no solamente se desmentían las acusaciones de Higham, sino que se aportaban datos que demostraban que Higham falseó documentos para apoyar sus propias teorías. (3)

Sea como fuera, Timothy Dalton realiza un trabajo sobresaliente, y se nos muestra como una mezcla de canalla encantador y despreciable traidor, al servicio del Reich alemán. A sus órdenes se encuentra el gigantón Lothar, un personaje que, originalmente, apareció en la segunda aventura gráfica de The Rocketeer como compañero de Cliff Secord en la feria de monstruos en la que el joven militó, años antes. El aspecto físico del personaje está basado en Rondo Hatton, mítico actor de serie B, cuyo rostro sirvió de inspiración a Dave Stevens para su historia gráfica.

En cuanto al personaje de Howard Hughes, éste no aparece como un personaje en el cómic original, aunque sí se le llega a nombrar, pero Disney prefirió incluir en el reparto al controvertido ingeniero y personaje público de aquellos años por dos razones. La primera tenía que ver con no tener que pagar los derechos del personaje de Doc Savage quien era el propietario original de la mochila cohete, según se daba a entender en la historia escrita por Stevens. 
Hughes, a su vez, era una excusa argumental que le servía a Disney para poder vender una de sus atracciones turísticas, la cual pasaba por ser la única que le reportaba pérdidas en su cuenta de resultados a final de año. Dicha atracción era el Hughes H-4 Hercules “Spruce Goose”, considerado uno de los mayores aviones construidos a lo largo de toda la historia y el mayor hidroavión. El gigantesco avión fue desarrollado durante el conflicto bélico de los años cuarenta y eran muchos los que pensaban que tan enorme estructura nunca podría llegar a volar. De ahí que cuando Secord utilice un modelo escala del Spruce Goose para escapar de sus perseguidores, Howard Hughes diga “That son of a bitch WILL fly!” (4)

Otro de los personajes añadidos -además de Howard Hughes- es el gánster Eddie Valentine, magníficamente resuelto por el actor Paul Sorvino. Valentine será el responsable del robo de la mochila cohete, pero, al enterarse de las verdaderas intenciones de Sinclair, no dudará en ponerse del lado de los hombres del FBI quienes, momentos antes, querían detenerle.
La actitud de Valentine no es ningún invento, dado que, tras el ascenso del “Duce” Benito Mussolini en Italia, las grandes familias del crimen organizado fueron perseguidas por el nuevo estado fascista y sus fuerzas del orden. Dicha situación desencadenó una esperpéntica colaboración entre las tropas aliadas y los capos criminales, unidos en un frente común contra el fascismo impuesto sobre el país transalpino.

No me quiero olvidar de la elección de Alan Arkin en el papel de Peevy, el mentor de Cliff e ingeniero de mantenimiento del circo volador en el que trabajan ambos. Arkin engrandece al personaje gráfico creado por Stevens y lo lleva a un estadio superior, algo que la narración cinematográfica agradece.
Secundarios de lujo, tales como Jon Polito o Ed Lauter completan un reparto capaz de contentar a los espectadores más exigentes.

En cuanto a la pareja de protagonistas, Jennifer Connelly –Jenny Blake- vuelve a demostrar sus dotes como actriz versátil y decidida, aunque, por exigencias del guión, su papel está un tanto condicionado. Lo que sí queda claro es que, lejos de las heroínas lacrimógenas tan del gusto de Disney, Jenny Blake sabe cómo defenderse en el mundo real y eso siempre es de agradecer.
Bill Campbell en el rol de Cliff Secord se me antoja como la mejor elección para el papel, no solamente por su parecido físico –el actor se llegó a cortar el pelo para lucir igual que su homónimo gráfico- sino porque se comporta tal y como lo hace el personaje en la historia creada por Stevens; es decir, como un tipo normal obligado a ser el héroe de la historia, pero sin mucha convicción en el empeño.

Tal y como suele ser habitual, la crítica se cebó en la elección del actor, demostrando que, entre otras muchas cosas, no se habían leído el cómic original y, por añadidura, estaban añorando ver a Johnny Depp en el papel de Secord, nombre que también sonó durante la preproducción de la película.

El que, además, la producción contara con profesionales tan reconocidos como la diseñadora de vestuario Marilyn Vance-Straker, el director de fotografía Hiro Narita o el compositor James Horner tendrían que haber ayudado a que la película triunfara o, por lo menos, lograra mayor trascendencia. Sin embargo, la realidad fue otra bien distinta. Dave Stevens explicó el fracaso de la película en estos términos.
Después de haber estado varios años trabajando en la película, estar presentes en los procesos de producción y de haberla presentado ante un público más que entusiasta sabíamos que teníamos una buena película, con muchas posibilidades de triunfo. Nunca imaginé que pudiera fracasar en taquilla. ¿Qué fue lo que falló?
The Rocketeer se estrenó la semana después de que lo hiciera Robin Hood: El príncipe de los ladrones y la semana antes de Terminator 2: Juicio Final, la que resultara ser la película más taquillera del verano de 1991. Entre las dos nos hicieron papilla.


No es mi intención desmentir las palabras del autor, pero, además de lo ya dicho, yo añadiría alguna cosa más.
Primero, el error garrafal por parte de Disney de pretender vender The Rocketeer como una película familiar y de aventuras, empapada de los finales edulcorados que tanto gustan a los ejecutivos de Disney. Ni siquiera con los cambios que sufrió el personaje de Betty y otros detalles se puede considerar a la película un producto clásico de la factoría Disney, por lo menos en aquellos años tan convulsos. Después está la propia desidia y los errores de promoción, sobre todo fuera de los Estados Unidos de América, los cuales en nada ayudaron al conocimiento de la película, por mucho que unos cuantos nos empeñáramos en lo contrario. (5)
 Y por último, y no por ello menos importante, hay que sumar la ceguera de un público que ni siquiera fue capaz de darle una oportunidad a una historia tan atractiva como apasionante y divertida, algo que también es habitual en la historia del séptimo arte.

Las cosas cambiaron algo con su lanzamiento en video y en DVD, pero la realidad, casi dos décadas después, es que The Rocketeer sigue siendo una película digna de ver y, sobre todo, de descubrir por quienes no repararon en ella, todavía una gran mayoría de espectadores.

Dicho esto, tampoco es que Disney pusiera mucho empeño en sacarle mayor provecho a su inversión, pues la película se amortizó, pero poco más.

Con motivo del décimo aniversario, se planteó la posibilidad de realizar una lujosa edición especial para conmemorar el evento. Disney descargó buena parte de la responsabilidad sobre las espaldas de Dave Stevens.

Tras un largo proceso que implicó varias etapas de diseño, búsqueda de escenas eliminadas y otros elementos intrínsecos a la producción de la película, Disney dio marcha atrás y decidió no hacer nada con el nuevo material, dejando a Dave Stevens “compuesto y sin edición especial” además de sin cobrar ningún tipo de derecho  de autor por las sucesivas ediciones en video, DVD, o pases en televisión.

Tal injusticia -una de tantas cometida por una empresa, Walt Disney, especialista en hacer las cosas no mal, sino peor- nunca pudo ser restituida, dado que, para cuando se celebró el 20º aniversario del estreno, Dave Stevens ya había fallecido de leucemia, razón por la cual no pudo disfrutar de los fastos organizados por Disney y su club de fans, D23.

Un año después de su muerte, la editorial IDW publicó dos tomos recopilatorios con la práctica totalidad de las aventuras del personaje gráfico y material extra, sobre todo en la segunda versión, The Rocketeer Deluxe Complete Collection. Al año siguiente, en julio del 2010, el lujoso y completo tomo de 272 páginas, con material inédito, dibujos preliminares, sketch y un sinfín de cosas más recibió el premio Eisner a la Mejor colección o proyecto de recuperación de material: comic-books. Tras el éxito de la iniciativa, IDW continuó publicado otras ediciones limitadas de la historia original de Dave Stevens - The Rocketeer jetpack treasure edition y Dave Stevens’ The Rocketeer: Artist’s Edition- hasta que, en la primavera del año 2011 presentó Rocketeer Adventures, serie limitada de cuatro números realizada por un selecto grupo de artistas.

Nombres tan conocidos como Alex Ross, Mike Allred, John Cassaday, Mike Mignola, Kurt Busiek, Michael Kaluta, Mark Waid, Darwyn Cooke, Geof Darrow, Bruce Timm, Dave Gibbons o Laura Martin unieron su talento y su pasión por la obra original y recrearon las aventuras y los personajes ideados por Dave Stevens, décadas atrás.
Un año después se publicó la segunda serie limitada The Rocketeer: Cargo of Doom, escrita por el guionista Mark Waid, y ya está anunciada una tercera serie limitada, The Rocketeer: Hollywood Horror para el mes de febrero del año 2013.

En nuestro país y tras dos décadas de ausencia en las librerías especializadas, Norma Editorial ha publicado The Rocketeer: las historias completas, un tomo de 288 páginas que recoge no sólo las historias gráficas originales, sino toda una colección de material adicional, a imagen de la edición original americana de la editorial IDW con un precio más que razonable.

Lástima que Dave Stevens nunca pueda volver a dibujar las aventuras de Cliff Secord, aunque, a buen seguro que debe estar disfrutando, desde el cielo que surcaba su personaje Cliff Secord, con esta nueva oportunidad que se le está brindado a su personaje, aunque todavía esté pendiente la comercialización en Europa del Blu-ray que salió a la venta en los Estados Unidos de América con motivo del 20 aniversario.

Siempre nos quedará su trabajo y su tremenda pasión artística, la cual plasmó en The Rocketeer para deleite de quien supimos apreciarla desde el principio. 


(1)    Commando Cody: Sky Marshal of the Universe. Serial cinematográfico, de 12 episodios, producido en 1952 por Republic Pictures. 

(2)    The Rocketeer. Cliff′s New York adventure. En sus páginas también aparece un personaje llamado Teena, una joven con la que Secord compartió aventuras y algo más, durante su estancia en el circo ambulante. Teena y el resto de los integrantes de la troupe son, a su vez, un homenaje de Dave Stevens al clásico cinematográfico Freaks, mítica película de género dirigida por Todd Browning en 1932.  

(3)    Los libros que rebaten la teoría de Higham son My days with Errol Flynn: The autobiography of a stuntman, escrito por Buster Wiles; y Errol Flynn. The spy who never was, obra de Tony Thomas. Su hija Rory Thomas, en su libro, The Baron of Mullholland, también desmiente las teorías de Higham, aportando pruebas de que su padre era, lejos de toda duda, un hombre que amaba estar y tener relaciones con mujeres, además de tener una ideología que hoy catalogaríamos de “liberal de izquierdas”, razón por la cual, no dudó en apoyar la causa republicana durante la Guerra Civil española, ayudando económicamente a las Brigadas Internacionales.

(4)    En la actualidad el Spruce Goose se encuentra expuesto en el estado de Oregon, dentro de las instalaciones del Evergreen Aviation & Space Museum, un escenario mucho más apropiado y digno para conservar un modelo aeronáutico de estas características que donde Disney lo expuso durante más de una década, como mera atracción turística.

(5)    En nuestro país la única manera de lograr información sobre el trabajo de Stevens y la propia película pasaba no por llamar a las oficinas de Warner Española –empresa que distribuyó la película- sino llamando a las oficinas de Toutain Editores y hablar con alguien de la editorial. En mi caso me atendió el propio Josep Toutain. Gracias a su ayuda pude no solamente elaborar un artículo sobre el autor y el personaje gráfico, sino leer, de manera íntegra, las aventuras de Cliff Secord, dado que fue Toutain Editores quien publicó en la revista Comix Internacional, la historia gráfica de Dave Stevens.

The Rocketeer (C) Dave Stevens 2012
The Rocketeer las historias completas (C) Norma Editorial 2012




miércoles, 21 de noviembre de 2012

NIGHT VISIONS 2012. Nightbreed -The Cabal cut-


En 1990 llegaba hasta las pantallas de los cines Nightbreed (Razas de noche, en nuestro país) adaptación de la novela Cabal, escrita en 1988 por el británico Clive Barker, quien también era responsable de la dirección de dicha adaptación cinematográfica.
Sobre el papel, llevar Cabal a la gran pantalla suponía, a priori, poder plasmar gran parte de la imaginería visual acuñada por el escritor y director a lo largo de su carrera como creador. Clive Baker, quien salto a la fama no sólo por su labor como escritor, sino por su película Hellraiser (1987) representaba una nueva forma de entender el género del terror y del suspense, tal y como muy bien señaló Stephen King tras leer los “libros sangrientos”, la serie de relatos que sirvió de carta de presentación literaria para el británico.
Otra cosa muy distinta es que los responsables del estudio y los productores de la película fueran capaces de asimilar el imaginario que conforman los cimientos sobre los que sustenta el desarrollo narrativo de Cabal. Para Barker, los habitantes de Midian son mucho más que simples personajes; es decir, cada uno de ellos representa una versión distorsionada de los seres humanos que tratan de sobrevivir en nuestro mundo. ¿Y qué decir del resto de los personajes? Los hay de todos los tipos, desde un demente, sádico y megalómano como Decker -magníficamente interpretado por el actor David Cronenberg- pasando por la pareja Aaron y Lori, vapuleados por fuerzas imposibles de controlar en muchos momentos, y terminando por el no menos demente capitán Eigerman, por momentos, más psicópata que el propio Decker.
Si a ellos se le suma la estética que rodea a Midian y la crudeza de muchas de sus secuencias, no es extraño entender, siempre que se utilice la lógica de los grandes estudios cinematográficos, que del metraje original se perdieran metros y metros de película en la sala de montaje, alterando, con ello, la idea original de director.
Al final, la versión que se llegó a estrenar respetaba bien poco la idea y el espíritu original con el que Clive Barker había querido impregnar toda la producción. Sin embargo, la película se convirtió, con el paso de los años, en todo un clásico, a pesar de todas sus mutilaciones argumentales.
En el año 2009, Mark Miller, uno de los responsables de la productora de Clive Barker, Seraphim Films, se puso en contacto con los responsables del estudio que produjo la película para tratar de encontrar el metraje que se eliminó en la sala de montaje. Luego de consultar con diversas fuentes, Miller pudo comprobar que parte de dicho metraje aun se podía encontrar, pero ni por parte del estudio, ni por parte de sus responsables había el menor interés por recuperarlo y así poder restaurar la película.
A principios del año 2012, Russell Cherrington, profesor de producción cinematográfica y de video de la Universidad de Derby, creó una versión íntegra de la película, usando, para ello, dos cintas de VHS de la videoteca personal de Clive Barker más la versión en DVD comercilizada por Warner Bros.En un principio, Cherrington realizó la restauración sin conocimiento previo del director, pero tratando de ser lo más fiel posible al texto de la novela original en la que está basada la película.
Una vez que terminó su versión, Cherrington se la enseñó a Barker, quien quedó gratamente sorprendido, pues el profesor había logrado una fidelidad y una película mucho más acertada con la visión de Barker que lo que, en realidad, se estrenó en cines.Tras aquella proyección y después de un par de rectificaciones hechas siguiendo las propias indicaciones de Barker, Cherrington definió el metraje de esta nueva y restaurada versión en 145 minutos, 43 más que la primera versión, estrenada en el año 1990.
Nightbreed –the Cabal Cut- SÍ es una adaptación cinematográfica de la novela homónima y sus situaciones y personajes responden a la letra escrita por Clive Barker cuando desarrolló su obra literaria. Al revés de lo que sucede en la anterior versión, ahora sí se puede conocer a los personajes protagonistas, en especial a Lori, la novia de Aaron Boone, quien lejos de ser la mera acompañante del “héroe” de la narración –aunque Boone es muchas cosas, pero no un héroe- se convierte en un personaje mucho más tridimensional y válido, en vez de la mera comparsa que se muestra en la anterior versión.
Aaron, el atormentado y taciturno novio, también gana en profundidad, logrando ponerse, en algunos momentos, a la misma altura del psicópata delirante que representa el doctor Phillips K. Decker. El nombre de este personaje es un chiste privado del escritor, pues hace referencia a Phillips K. Dick, el aclamado escritor responsable, entre otras novelas, de Sueñan los androides con ovejas eléctricas y El hombre del Castillo.
En esta nueva versión, no obstante, la personalidad enferma y sádica de Decker brilla de manera magistral, al igual que la del belicoso y esperpéntico capitán de policía Eigerman. Éste y sus tropas son unos “mutantes” muchos más peligrosos que los habitantes de Midian, porque representan la mutación del ser humano en sentido inverso. Donde una persona cabal ve la evolución de la especie nada más ver a quienes viven en Midian, Eigerman y sus hombres sólo ven deformidad, peligro y suciedad. Está claro que para el escritor, el ataque a Midian representa una buena oportunidad para plasmar todos los errores y los excesos de una sociedad, en este caso, la norteamericana, acostumbrada a pensar con el dedo en el gatillo y no con el cerebro, clara referencia al clásico de George A. Romero Night of the Living Dead y su secuencia final.
La virtud de Barker, tanto en su faceta de escritor como en la de director, es que consigue que lleguemos a sentir empatía por seres que, estéticamente, nos puedan generar cierto rechazo, circunstancia que marcará al personaje del detective Joyce, el mismo que termina por aceptar que el peligro no proviene de los habitantes de Midian sino de las huestes de Eigerman y del sádico Decker.
Midian no es el problema sino aquellos que no entienden lo que significan y que, con su comportamiento, obligan a sus integrantes a permanecer escondidos, clara metáfora de lo que sería permanecer “dentro del armario” para una persona homosexual.
Es en la versión restaurada por Russell Cherrington donde todo este discurso gana en profundidad y coherencia, algo que el propio restaurador señala allá donde acude a presentar la película, tal y como sucedió durante la celebración del festival de cine de terror de Helsinki, Night VisionsHalloween 2012, luego de su periplo por otros festivales, entre ellos Sitges 2012
Para Russell Cherrington, además, Cabal cut es un verdadero regreso al pasado, dado que la película restaurada -por lo menos en la copia proyectada en la pantalla del cine Maxim de la ciudad de Helsinki- muestra la diferencia entre la calidad de una cinta de VHS y de un DVD, los distintos ingredientes de los que se valió Cherrington para montar su versión. Y lejos de lo que se pudiera pensar, la mezcla de estilo le aporta un aire “retro” el cual ayuda a acentuar buena parte del discurso visual de la narración, algo que posiblemente se pierda en la versión en Blu-ray anunciada para el próximo año 2013.
Nightbreed –the Cabal cut- justifica, por si sola, la celebración de un festival de cine como Night Visions, dado que gracias a él, iniciativas como éstas se pueden ver en pantalla grande y en un escenario tan adecuado como lo es el cine Maxim, un detalle que no pasó por alto el restaurador durante el tiempo en el que visitó sus instalaciones y dialogó con el público allí congregado.
Al final, 22 años después la historia de Aaron Boone, Midian y sus habitantes han logrado sobrepasar la incomprensión y la ignorancia empresarial y nos han contado su historia, tal cual la escribió Clive Barker en su novela Cabal.

viernes, 26 de octubre de 2012

R&A 2012. Iron Sky

¿Se imaginan que el Reich de los mil años, aquel que iba a dominar TODO el mundo conocido durante centurias, no hubiese desaparecido con la caída de Berlín y la muerte de su canciller, Adolf Hitler, en abril del año 1945?...Y ya puestos a imaginar ¿se imaginan que la maquinaria tecnológica y bélica nacionalsocialista hubiera logrado colonizar la luna, décadas antes de la llegada de los astronautas del proyecto Apollo 11?

Escondidos en la cara oculta de la luna, la base del nuevo Reich alemán, lo nazis tendría todo el tiempo del mundo para preparar una nueva invasión del planeta -ahora llegada desde el espacio exterior- ante los atónitos ojos de los ciudadanos del planeta Tierra.

La premisa, por disparatada que pueda sonar, no lo es tanto, más si se tiene en cuenta los tremendos avances tecnológicos desarrollados por los ingenieros alemanes al servicio del Reich, los cuales crearon, entre otras muchas cosas, el primer caza a reacción y el primer misil de la historia de la humanidad, antesala de los cohetes que llevaron al hombre hasta la superficie lunar.

Si a esto se le junta el demente discurso sostenido por Hitler y sus acólitos -y sus ansias por dominar, no el mundo, sino el universo entero- teorizar sobre una supuesta colonización lunar por parte del Reich alemán es sólo cuestión de tiempo y tener ganas de hablar acerca de realidades alternativas.

Me imagino que algo de esto fue lo que motivó al director, guionista, actor y cantante finlandés Timo Vuorensola a embarcarse en un largo y farragoso proyecto que acabó siendo Iron Sky, su primer largometraje para la gran pantalla. La película, escrita por Johanna Sinisalo y Michael Kalesniko, además del propio Vuorensola, parte de la premisa con la que empieza este artículo; es decir, tras la derrota del Reich alemán, un grupo de supervivientes nazis se instalan en la luna para, desde allí, preparar la que será la invasión definitiva, en el año 2018.

Timo Vuorensola, conocido por sus parodias sobre el universo Star Trek -Star Wreck IV: The Kilpailu; 1997: Star Wreck V: Lost Contact y Star Wreck: In the Pirkinning, la última de las cuales se convirtió en todo un éxito en la Red- pudo mezclar en Iron Sky su pasión por la ciencia ficción, la historia más reciente del continente europeo, la sátira social y política, y su querencia hacia el cine más clásico, en especial, el Gran Dictador del genial Charles Chaplin.

Y es en detalles como éstos, en donde Iron Sky se diferencia de otras propuestas de género, las cuales beben sólo de otras propuestas similares, pero olvidan influencias externas del séptimo arte que no tienen nada que ver con la ciencia ficción o la fantasía. Piensen que el discurso sobre el que se sustenta este cuarto Reich es una selección de secuencias de la película el Gran Dictador, sobre todo aquellas en la que Adenoid Hynkel, dictador de Tomainia, disfruta con la imagen del “mundo en sus manos”, jugando como un niño pequeño que quiere tenerlo todo, todo, todo.

Dicha idílica imagen del dictador cinematográfico, interpretada por Charles Chaplin justo cuando el mundo no había despertado del embrujo del nacionalsocialismo hitleriano, es la que ha motivado el empeño y la dedicación de Renate Richter, profesora de estudios terrestres en la colonia lunar y entusiasta hija del doctor Richter, el megalómano científico creador del todopoderoso acorazado galáctico Götterdämmerung.
La vida de Renate gira alrededor de la expansión de la ideología del cuarto Reich y su relación con el no menos megalómano comandante Klaus Adler, quien se postula como relevo del decrépito führer Wolfgang Kortzfleisch.

Sin embargo, su rutina y sus creencias cambian con la llegada de James Washington, un astronauta afroamericano, pues Renate sólo conocía a los afroamericanos según los dictados del régimen y los consideraba seres inferiores. Washington llega hasta el satélite por obra y gracia de la incalificable presidenta de los Estados Unidos de América que recuerda PODEROSAMENTE a cierta ex-candidata a la vicepresidencia de la misma nación que, afortunadamente, sólo fue eso, una candidata.

A partir de entonces la vida de Renate Richter cambia drásticamente y, sin casi poder asimilarlo, viaja hasta el planeta Tierra, en compañía de su prometido Klaus Adler –dentro de un platillo volante del cuarto Reich- y, poco después, ambos acabarán convirtiéndose en la imagen publicitaria para la relección de la grotesca e igualmente totalitaria presidenta electa que aparece en la película. La esperpéntica política se sirve de la ingenuidad de la profesora y de los delirios de Adler para lograr darle un empujón a su farisea campaña de relección.

Mientras tanto, la vida de James Washington se ha convertido en una pesadilla, en especial cuando el régimen nacionalsocialista jugó con sus genes para lograr que luciera como un ario puro e inmaculado. En esto, los guionistas satirizan, sin querer ser irrespetuosos con la historia, los deleznables experimentos del doctor Joseph Mengele, “el ángel de la muerte”, quien llegó a inyectar tinta de color azul en los ojos de los niños judíos para tratar de cambiarles su color original. Para desgracia de Washington, los experimentos del padre de Renate irán un paso más allá, tal y como se podrá comprobar.

Paradójicamente será la película de Charles Chaplin, fuente de inspiración ideológica de la joven profesora, la que acabe con su sueño de un Reich que lleve la paz y la prosperidad a todos los rincones del mundo y le abra los ojos antes lo que, en verdad, fue el Reich de Adolf Hitler y todos sus lugartenientes.

A partir de entonces, la película combina la epopeya galáctica, a lomos del crucero estelar USS George W. Bush -enviado por la presidenta para detener la invasión nazi- momentos exportados de la no menos satírica y, a ratos, esperpéntica Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, dirigida por Stanley Kubrick 1964, y la carrera contra reloj, protagonizada por Renate Richter y James Washington, con quien la profesora se encontró en la ciudad de Nueva York tras el regreso del astronauta, tras su aventura en la luna, en su afán por detener los malévolos planes del ya führer Klaus Adler.

Iron Sky no es sólo una muestra de que el cine de género, el buen cine de género, ya se puede encontrar en cualquier lugar del globo, sino que, las películas pueden tener una doble y hasta una triple lectura, sean del tema que sean.

En Iron Sky hay ciencia ficción y ficción científica, pues los platillos volantes que aparecen están basados en diseños de los ingenieros alemanes de aquella época y hay fuentes que afirman que aparatos de estas características llegaron a volar durante los meses previos al final de la guerra. Además, la película pone sobre la mesa el tremendo error que supone la elección de personajes desprovistos de cualquier tipo de ética y catadura moral, únicamente empeñados en sobrevivir en su puesto, a costa de quien sea. La pelea de los representantes de las principales potencias, imagen que ocurre de verdad en algunos parlamentos electos, es una exageración que, cada día que pasa, se vuelve más plausible.

Por último, el discurso totalitario nacionalsocialista -utilizado en la película por la demente presidenta- no forma parte de un guion cinematográfico, sino que conforma el ideario de muchos partidos que se califican de democráticos, pero que no dudarían en emular las tácticas y las querencias del partido liderado por Adolf Hitler, si llegaran a ocupar el poder en sus respetivos países.

En Iron Sky, Renate Richter es capaz de asumir su error, pero, en el mundo real, y con la crisis actual, es difícil saber si el resto de los ciudadanos serían capaces de recapacitar como ella y no dejarse seducir por la demencia que invadió no sólo Alemania, sino buena parte del mundo, incluyendo nuestro país.

Imagen Julia Dietze © Blind Spot Pictures 2012

miércoles, 17 de octubre de 2012

EL CAPITÁN SKY Y EL MUNDO DEL MAÑANA

La poca repercusión que acabó por tener una película como El Capitán Sky y el mundo del mañana deja bien a las claras las dos siguientes cosas: la deuda que todavía tiene el fantástico por cobrar en nuestro país y la falta de evolución en buena parte de la crítica especializada (más allá de festivales como Sitges) y de muchos espectadores que no terminan por definir sus gustos cinematográficos o se dejan influir con demasiada facilidad

Puede que para muchos la película, con ese toque retro-años cuarenta, no aporte nada a un arte que está viviendo tiempos de sequía creativa.
Considero, por mi parte, que El Capitán Sky es un maravilloso homenaje a muchos grandes clásicos del cine y los cómics de ciencia ficción y aventuras, colocados de la manera correcta y no al revés.
Y pienso que el problema reside, precisamente ahí, en el aunar clásicos del fantástico, muchos de los cuales no son del dominio público, por causas ajenas a su voluntad, pues no se puede culpar a varias generaciones de la estrechez de miras de los responsables de estrenar tal o cual título, o de publicar tal o cual historia.

Es por ello que referencias a la serie de animación de Superman, creada por los estudios de Max Fleischer en 1.941, serán pasadas por alto por muchos de los espectadores.
Sin embargo, los robots que llegan para atacar a la ciudad de Gotham -la misma que la de cierto caballero nocturno- son muy similares al robot al que se enfrenta Superman en el episodio The mechanical Monster.
Igualmente y, a pesar de contar con una adaptación cinematográfica protagonizada por la espectacular Brooke Shield, Brenda Starr, reportera intrépida, sólo es conocida por los seguidores de las tiras de prensa clásicas de los treinta y cuarenta en los Estados Unidos. Conociendo a la susodicha periodista gráfica de The Flash (desde el año 1.940) verían sus similitudes con Polly Perkins, papel interpretado por Gwyneth Paltrow.

Otra referencia clara y diáfana al mundo del fandom, en este caso una referencia mucho más actual, se encuentra en el papel que interpreta Angelina Jolie, la comandante del escuadrón submarino de la R.A.F, Francesca “Franky” Cook, a bordo de una base aérea flotante. En este caso, las similitudes con un veterano personaje de Marvel Comic son sobresalientes. Dicho personaje, soldado y espía, responde al nombre de Nicholas “Nick” Furia.
Éste, coronel y el jefe de una agencia de espionaje llamada SHIELD, también tiene su sede en una base aérea llamada el Helitransporte.
La mayor similitud es que ambos, además de tener un peculiar sentido del humor, llevan un parche cubriendo uno de sus ojos (Cook el izquierdo y Furia el derecho)
El cambio en el sexo no evita que los aficionados a las aventuras del espía masculino por excelencia del Universo Marvel (el espía femenino es Natasha Romanova, la Viuda Negra) reconozcan las similitudes al instante.
Y qué pueden decir de Dex, el genio capaz de lograr que el avión del Sky navegue cual submarino, además de estar equipado con todo tipo de artilugios. Dex se presenta como cualquiera de los inventores medio locos, desde Katatakus Pott (Chitty-Chitty, Bang-Bang) pasando por el bueno de Q (el suministrador de accesorios para James Bond) y terminando por Tony Star, Iron Man "el hombre de hierro", inventor, entre otras cosas del Helitransporte de SHIELD.

Para terminar, el Capitán Sky en si mismo resume varios elementos del imaginario histórico de la década de los treinta y cuarenta.
Además, es uno de los miembros de los míticos Tigres Voladores -cuerpo de pilotos voluntarios, también llamados mercenarios, por los japoneses. Éstos estaban pagados por el gobierno chino y por las fuerzas aéreas americanas para atacar a las formaciones japonesas que asolaban buena parte de China.
Al mando del capitán Claire L. Chennault, los Tigres voladores se forjaron una reputación de temibles adversarios, a bordo de sus anticuados Curtis P-40B (uno de los cuales pilota el Capitán Sky en la película) adornados con sus dientes de tiburón en el morro y luciendo su emblema del tigre entre la V de la victoria, diseñado por la propia empresa Disney.
Además, los Tigres Voladores contaron con el duque, John Wayne, para emularlos en la pantalla grande en 1.942.

Con todos estos elementos, el director Kerry Conran recurrió a buena cantidad de referentes muy conocidos.
Así nos encontramos con la silueta del zeppelín Hindenburg (destruido en un accidente rodeado de misterio en 1.937), a trasatlánticos hundidos en el mar como el Lusitania (al Titanic lo dejamos tranquilo) o a animales en miniatura como los que aparecían en las películas Dr. Cyclos (1.940) o Devil Dolls (1.936)

Para el climax final llegaremos a una isla perdida con escenarios muy reconocibles -el árbol que deben pasar Polly y Joe es el mismo que se puede ver en las versiones clásicas de King-Kong- y bases secretas estilo James Bond, en donde se esconde cohetes calcados a los utilizados en Cuando los mundos chocan.
Por último, está muy clara la influencia de Fritz Lang y su inmortal Metrópolis, sobre todo en la misteriosa Ling Bai, remedo de la María de Lang, y de los seriales cinematográficos de los cuarenta y cincuenta, Buck Rogers y Doc Savage entre otros.

Ahora, mézclenlo todo bien mezclado, con elementos propios del fandom y les saldrá una apasionante aventura que no deja tiempo para respirar al espectador, siempre con la sombra del misterioso Totenkof, quien resulta ser el rostro de un joven y siempre recordado Sir Laurence Olivier.

Tendremos persecuciones aéreas, submarinas, buenos, malos, científicos desaparecidos, robots diabólicos y pistolas de rayos, trampas mortales y bombardeos aéreos como el de Pearl Harbour, causados por unas naves que enrojecerían de envidia al mismísimo Ed Wood.
Sin embargo, la mejor sensación de todas es el derroche visual al que asistimos desde el mismo momento que las luces se apagan, símbolo inequívoco que, para algunos, el cine sigue siendo una fábrica de sueños y no un lugar donde ir a despotricar de lo que se ha visto.

Título original: SKY CAPTAIN AND THE WORLD OF TOMORROW
USA: 2004
Director: Kerry Conran
Intérpretes: Jude Law, Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Giovanni Ribisi, Michael Gambon, Ling Bai y Sir Laurence Olivier

Sky Captain and the world of tomorrow © Paramount Pictures 2012.

sábado, 6 de octubre de 2012

Espoo Ciné 2012: Muerte de un superhéroe

Si existe una verdad absoluta, desde el mismo instante en el que nacemos, es que nuestra vida es finita. La muerte, dama enjuta e implacable, la cual siempre está a nuestro lado, será quien, un buen día, nos diga que nuestro tiempo ha pasado y que debemos abandonar este mundo cogidos de su mano.

Otra cosa es cómo y cuándo nos toque abandonar este mundo, y de qué forma. En algunos casos, los seres humanos pueden disfrutar de una existencia casi placentera, siempre y cuando los que te rodean no se metan en tu vida por capricho, sin consultar.
En otros casos, el momento de partir es tan cercano al nacimiento que a la persona ni siquiera le da tiempo de aprender las reglas sobre las que nuestra demencial sociedad se sustenta y poder disfrutar de un momento de tranquilidad.

Donald (Thomas Brodie-Sangster) es un joven de quince años que, enfermo de cáncer, responde al segundo modelo antes citado. Desde bien pequeño ha estado visitando hospitales, salas de urgencia y consultas de especialistas, mientras su cuerpo era sometido a mil y un experimentos, los cuales poco han podido hacer para remedir su situación. Su vida, al revés que las de sus compañeros de clase, significa estar atrapado en una continua y dolorosa pesadilla, de la cual no hay vía posible de escape. Los únicos momentos en los que Donald logra olvidar su existencia los consigue gracias a sumergirse en sus oscuros, pero balsámicos dibujos, instantes en los que el joven deja de ser una víctima y se convierte en un superviviente.

Sus historias gráficas, las cuales transcurren como una suerte de serie animada en su mente, están plagadas de enfermeras sexis, pero sádicas, dementes doctores y hospitales exportados de una antesala del infierno. En medio de tan hostil escenario, el héroe de la historia dibujada por Donald se comporta como lo hiciera el mítico personaje de Den, creado por Richard Corben en 1975, haciendo frente a todas las amenazas sin que le tiemble el pulso.

El problema es que, al revés que su personaje gráfico, la vida de Donald cada vez se resiente más, y nada parecer calmar la creciente ansiedad que vive el joven. Sin embargo, la llegada de una nueva alumna, la contestataria Shelly (Aisling Loftus) y conocer al doctor Adrian King (Andy Serkis), un tanatólogo que también ha perdido a su esposa por culpa del cáncer, le hará afrontar su condicionada vida de una forma diametralmente opuesta.
La muerte de un superhéroe es una película clara, directa, sin edulcorar la situación que les ha tocado vivir a los personajes y que pone sobre la mesa asuntos tan delicados como la calidad y la forma en la que se debe afrontar el momento de la muerte, sin los estereotipos tal del gusto de las mentes “bien pensantes”.

Donald es un adolescente real, con los problemas de cualquier joven de su misma edad, aunque condicionado por una enfermedad que le hace ver las cosas de otra forma. Su rebeldía y hastío está, en su caso, mucho más justificada que en muchos de sus compañeros, los cuales no tienen ninguna razón de estar enfadados con el mundo.

A su lado, unos padres que no saben muy bien qué hacer ante la cruda realidad, un hermano igualmente despistado, y una joven, Shelly, con las ideas un tanto más claras que Donald, algo, por otro lado, normal. La última pieza del puzle, el doctor Adrian King, no sólo le abrirá los ojos al joven en muchos aspectos, sino que, por su relación, también él recordará cosas que quedaron guardadas con la muerte de su esposa.

Además, la película demuele muchos de los tópicos que rodean al mundo gráfico y su nula capacidad para tratar los problemas reales de nuestra sociedad. El uso que de ellos hace el director de la película Ian Fitzgibbon y el guionista Anthony McCarten -autor de la novela original en la que está basada la historia- son una buena muestra de lo equivocados que están los que creen que los cómics son sólo para niños y que quienes disfrutamos con su lectura somos incapaces de aceptar la realidad tal cual es.

Y puede que los superhéroes también mueran, pero su vida y sus actos no pasarán desapercibidos para muchas personas, sobre todo para aquellas con la mente abierta. No para quienes su inmovilismo e ignorancia los hace incapaces de ver qué ocurre a su alrededor. Por todo ello, ésta es una película muy válida y recomendable, a pesar de a lo que recuerde su título.

viernes, 28 de septiembre de 2012

EL VIAJE A LA LUNA DE ESPOO CINÉ

Hay imágenes que, con el paso de los años, acaban por formar parte del legado cultural contemporáneo aunque solamente unos pocos conozcan su origen real. La lista sería muy larga de enumerar, pero, para la ocasión, me centraré en una imagen a la que se recurre cuando se habla de los vuelos hacia la Luna.

En dicha imagen aparece la superficie lunar, en este caso, dotada ésta de ojos, nariz y boca, justo después de que una cápsula espacial se haya estrellado contra uno de sus ojos. Tan disparatada y genial idea surgió de la mente de unos de los mayores creadores del séptimo arte, capaz de ver en un arte recién nacido como el cine –a principios del siglo XX- unas posibilidades que nunca vieron ni los hermanos Lumière, ni Thomas Alba Edison al otro lado del océano. Para George Méliès, responsable de dicha imagen, el cinematógrafo creado por los hermanos Lumière era la puerta que llevaría los espectadores a descubrir mundos ocultos hasta ese momento.

No obstante, pocos podían llegar a pensar que aquel heredero de una empresa zapatera, criado de una forma clásica y acomodada acabaría siendo conocido, primero, por ser el propietario del teatro Théâtre Robert-Houdin -en donde Méliès se forjó una sólida reputación como mago- y luego por ser el director de más de medio millar de realizaciones, algunas tan icónicas como Le Voyage dans la Lune (1902), película a la que pertenece la imagen con la que empiezo este artículo.

Dicen que el tiempo pone a cada cual en su sitio y esa frase tiene una doble connotación en la vida del genial creador francés. Es cierto que, durante una década, el público -tanto el de su país natal como el del resto del mundo- disfrutó con su trabajo como director, guionista, actor, figurante y mil cosas más, en medio del desarrollo de lo que hoy conocemos como la industria del cine.

Sin embargo, no es menos cierto que muchos de sus contemporáneos, especialmente aquellos que comenzaban a expandir el negocio cinematográfico en los Estados Unidos de América, se apropiaron de una forma descarada y delictiva del trabajo de Méliès, pirateando sus películas con un descaro que, hoy en día, los llevaría hasta la mismísima puerta de una cárcel.

Luego, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Europa vivió una pesadilla que, una vez finalizada, le hizo olvidar a quienes tanto le habían aportado a la sociedad de su tiempo en los años previos a una contienda como aquella, tal y como fue el caso de George Méliès.
Tuvo que pasar una década desde que la Gran Guerra finalizara para que muchos de sus contemporáneos y varios periodistas especializados en el mundo del celuloide volvieran la vista atrás y se preguntaran qué había sido de un genio creativo como George Méliès.

La respuesta les llegó de la forma más inesperada y en el último lugar en el que cualquiera de ellos se hubiera podido imaginar. En realidad, George Méliès llevaba todos esos años sobreviviendo como vendedor de golosinas y juguetes en la estación parisina de trenes de Montparnasse.

Tras el interés generado por su figura, George Méliès recibió un sonado homenaje, en diciembre del año 1929, y luego la Légion d'honneur, de manos de Louis Lumière, dos años después. Solamente así se palió una de las mayores injusticias de cuantas se han ido sucediendo en los más de cien años de historia del séptimo arte.

Por desgracia, en el momento en el que la cinemateca francesa se puso manos a la obra y comenzó a recopilar el trabajo del realizador galo, más de la mitad de sus películas se habían perdido para siempre, algunas por culpa del propio Méliès, quien destruyó no sólo los copiones de sus películas, sino los escenarios, decorados y trajes, una vez que su compañía cinematográfica quebró.

En el caso particular de Le voyage dans la Lune sí se encontró una copia en buen estado, en el momento en el que Méliès fue reivindicado, aunque -y como también ocurriera con otras tantas películas de la época- los problemas derivados por la forma en la que se revelaban las películas en estos primeros momentos obligaban a una continua búsqueda para sustituir las películas deterioradas por otras en buen estado.

Al final, la solución llegó desde la filmoteca de Cataluña, cuyos responsables encontraron, en el año 1993, una copia, aparentemente en buen estado, de la película de Georges Méliès. Una vez que la copia de Le voyage dans la Lune recaló en manos de los responsables de la cinemateca francesa empezó un largo proceso de restauración ante el estado real de la copia, mucho más deteriorada de lo que se podía pensar en un principio.

En total, el proceso de restauración duró hasta principio del año 2011. Se ha restaurado no sólo el metraje original, sino coloreado el negativo tal cual se desarrollaban los procesos de coloreado manual en aquellos años. Sumados los años, el viaje a luna rodado por Méliès duró 109 años, desde el año de su estreno original en el año 1902 hasta su posterior restreno en el festival de cine de Cannes, durante la edición del año 2011.

El documental Le voyage extraordinaire (París-Barcelona-París 1993-2011) de Serge Bromberg & Eric Lange cuenta ese largo proceso de restauración y cómo un grupo de profesionales se entregaron, durante casi un década, para lograr que el trabajo original de George Méliès recuperara su espíritu original. Además, el documental cuenta con los testimonios de los directores Costa Gavras, Jean-Pierre Jeunet y el actor Tom Hanks, los cuales sirven para situar la influencia de George Méliès dentro del cine contemporáneo.

Programado como uno de los grandes estrenos del festival de cine de Espoo, tras el documental se proyectó la película restaurada de George Méliès acompañada por la música del grupo finlandés Cleaning Women, que se ha forjado su reputación creando bandas sonoras para grandes clásicos del cine mudo, tales como Aelita (Aelita: Reina de Marte. 1924) -película que da nombre al primer disco del grupo finlandés- Metrópolis (1927) o El viaje a la Luna del profesor Barbenfoullis, claramente basado en la novela homónima del escritor francés Jules Verne.

Al final, el genio creador de George Méliès ocupó un lugar de honor dentro de la programación de este veterano festival de cine finlandés, en el mismo año que otro veterano director, Martin Scorsese, ha estrenado Hugo, entrañable visión del mundo de Méliès en sus años previos a su redescubrimiento, mezclados con las vivencias de un niño, Hugo, casi tan genial como el mismo Méliès.

martes, 11 de septiembre de 2012

Sobran culos y faltan opiniones

Tal y como saben, hay una frase que dice “Las opiniones son el agujero del culo, todo el mundo tiene uno”. Lo que ocurre es que hay opiniones cargantes, por no decir nauseabundas, y éstas proliferan cada vez más.

Todo esto viene a colación por la opinión de un sesudo, reputado y patético crítico literario que hace unos pocos años declaró “sentirse escandalizado, porque en nuestro país se había instaurado un premio nacional de cómic”. Para el mentado personaje colocar al mismo nivel a un “pinta monigotes” que a un literato o a un poeta era casi un crimen de lesa humanidad.

No voy a entrar en la majadera y ramplona rasgada de vestiduras, tan del gusto de estos personajes cuando no están de acuerdo con algo. Lo que me parece indignante es que, a las alturas en las que estamos de la película, todavía estemos con descalificaciones estúpidas, más propias de la rancia mentalidad del siglo XIX que de un mundo en el que la cultura dejó de estar dividida en compartimentos estancos.

Además, me parece de una ignorancia supina catalogar el talento y la valía de autores, tales como Harold Foster, Will Eisner, Juan Giménez, o John Romita Sr., tachándolos de “pinta monigotes”. Lo más triste de esta historia es que, gracias a esa mentalidad tan pueblerina, la industria del cómic en nuestro país ha ido de más a menos, hasta prácticamente ser un residuo de lo que, durante cuarenta años, fue.

Aunque muchos no lo sepan, cada vez hay más nombres españoles en las grandes editoriales americanas de cómic, y en Francia premian un año sí y otro también, el talento que en España son incapaces de ver, considerar o valorar.

Y hablando de valoraciones, estaría bien que de una vez por todas dejasen de marear la perdiz y le concedieran el premio Príncipe de Asturias a un artista que no necesita presentación. Éste responde al nombre de Francisco Ibáñez, y para los que no están muy duchos en la materia, es el padre de Mortadelo y Filemón, la T.I.A, el Profesor Bacterio y todas esas historias que nos han hecho reír y olvidar, por momentos, la mediocridad de nuestro país.

Para apoyar esta propuesta lo único que se ha de hacer es firmar en la página web change.org, propuesta Príncipe de Asturias para Francisco Ibáñez, o seguir el siguiente enlace

http://www.change.org/es/peticiones/fundaci%C3%B3n-pr%C3%ADncipe-de-asturias-principe-de-asturias-para-iba%C3%B1ez

Ya sé que España es un país de mierda en cuanto a lo que hablar de cultura se refiere. Siempre hay algo más importante que formar a las personas, pero, por una vez, estaría bien que se reconociera en vida el talento de un creador de cómic.

El (C) del logotipo de la Fundación Príncipe de Asturias pertenece a dicha institución y se ha reproducido en esta reseña para ilustrar la petición que se solicita en el cuerpo de texto. 2012

martes, 4 de septiembre de 2012

ENTREVISTA CON DEAN CLAYTON, RESPONSABLE DE LA EMPRESA HEADHUNTER

El británico Dean Clayton es la viva imagen de una persona inquieta por naturaleza. Coleccionista y amante de los juguetes desde bien pequeño, decidió que su futuro pasaría por la venta y la difusión de este tipo de productos. Tras una larga etapa trabajando en tiendas, a principios de este año decidió independizarse, en plena crisis, y hacer buena la frase del ámbito de la publicidad que dice “La clave del éxito reside en la exclusividad de aquello que vendas”.

Sobre esta base se sustenta Head Hunter, una propuesta empresarial ubicada en Finlandia, país al que se mudó Clayton hace más de una década, la cual pretende ofrecerle al cliente aquello que no puede encontrar en una tienda convencional, ya sea para un aficionado habitual o para alguien que quiere tener una figura o un busto de un personaje que aparee en su película preferida, del cual no hay ninguna versión comercializada. Por todo ello, y ante lo atractivo de la propuesta, me decidí a formularle unas preguntas, sobre todo después de ver la tremenda calidad de su trabajo.


¿Cuándo y por qué surgió la idea de crear HEAD HUNTER?

Llevaba ya quince años trabajando en una tienda y decidí que quería hacer algo más creativo.
Además, las figuras coleccionables se han transformado en algo estático, todas son iguales, pues se producen en serie. Me empecé a plantear si podría haber mercado para un producto personalizado.


HEAD HUNTER nació en enero de 2012. Empecé en el festival de cine Night Visions, en Helsinki. Me llamaron y me invitaron a asistir al festival.

¿Qué fue lo que más le gustó a la hora de empezar con esta aventura?

La gente, me encanta reunirme con gente que es aficionada a la ciencia ficción y a la fantasía, pero también se trata de hacer cosas para ellos, hacer lo que quieren, o necesitan. A eso añade la libertad que tengo de hacer lo que yo quiera, cuando yo quiera.
Mi idea es empezar con personajes sumamente reconocidos y, poco a poco, llevar el producto a otro terreno. A mi propio terreno. Y no hablo solamente de zombis, no. Las cosas que tengo en mente son muy del estilo de Clive Barker. Tengo que admitir que él ha sido una gran influencia en mi trabajo, él y HR Giger.


¿Ha tenido ayuda o se lo tragado usted todo solo?

Pues, la verdad, ambas cosas. El trabajo es cosa mía, la empresa es cosa mía -un hombre en un estudio, o en distintos festivales- pero, a la vez, los medios de comunicación se han volcado conmigo. Las revistas me ofrecieron espacio publicitario gratis al empezar. Los festivales de cine me pidieron que hiciera los premios de sus ediciones. Todo eso fue de gran ayuda. Mis amigos me han ayudado tanto en concepto de transporte, como dedicándome su tiempo y esfuerzo. No puedo ni empezar a decir lo agradecido que le estoy a todos ellos.

¿Cómo ve el mercado en la actualidad?

La situación económica que vivimos no es buena y eso ya se sabe. Sin embargo, creo firmemente que la gente siempre tiene ganas de que la entretengan, por lo que siempre aparecen unos cuantos euros disponibles para coleccionar. El nombre de mi empresa hace referencia, precisamente, a eso; es decir, coleccionar es otra forma de decir cazar el parecido de tus ídolos.

¿Es posible comprar en su tienda si uno vive fuera de Finlandia?

Sí, claro que sí. Los precios que se ven en mi página web son tanto para envíos domésticos como para internacionales. Tan solo hay que escoger el que se necesite. De todas formas, siempre es mejor ponerse en contacto conmigo a través de e-mail y así podemos hablar acerca del precio y las necesidades de cada envío. Siempre trato de apurar el precio al máximo, para que el comprador no sufra demasiado con los gastos de envío.

Para más información consultar la página: http://headhunterstore.weebly.com/

La filosofía de HEAD HUNTER

Yo soy el que hago todos los proyectos, partiendo de cero. Para muchas obras que realizo hoy en día hago uso de kits y juguetes, que tomo de base de la obra final. La razón de usar juguetes es que han sido mi fuente de inspiración durante muchos años y quiero prestarles homenaje. Además, como mi idea es que las obras finales sean únicas, pero a la vez, no prohibitivamente caras, esto ayuda.

Ésta es la primera etapa de la que hablé. En la siguiente empezaré a crear mis propias obras, basadas en figuras y muñecas, eso sí, pero de cosecha propia. Seguirán siendo igual de personalizables para el comprador, pero tendrán más mi espíritu. En un futuro me gustaría tener mi propia línea de bustos, accesorios y dibujos basados en mis propias ideas, para todo tipo de media.



Agradezco a Dean Clayton la cesión de las imágenes que aparecen en esta entrevista. (C) Head Hunter 2012