domingo, 5 de febrero de 2012

THE WALKING DEAD: TEXTOS PARA UNA EXPOSICIÓN

¿Se imaginan si un día se levantaran y no pudieran abrir la página de Facebook, para ver qué habían colgado sus respectivas amistades? Más de uno pensaría que el Apocalipsis está llegando y que, de ahí a ver a los muertos saliendo de sus tumbas, solamente hay un paso.

Cierto es que, si esto sucediera, los zombis serían todos aquellos que ya no sabrían qué hacer sin colgar las tropecientas mil fotos, aunque me temo que ésta no fue la motivación que llevó a George A. Romero a escribir y, posteriormente, rodar La Noche de los Muertos Vivientes.

Hasta ese momento, los zombis eran unos seres carentes de voluntad, al servicio del hechicero de turno y/o el malvado científico. Sin embargo, cuando Romero rodó su película, estos mismos zombis se convirtieron en unos seres voraces, cuya única motivación era hincarle el diente a los pobres humanos que se cruzaban en su camino.

Tras la primera de sus películas, en donde no hay supervivientes entre los protagonistas, Romero rodó otras dos historias desarrolladas en un mundo plagado de zombis, en las cuales sí había supervivientes. No obstante, a los espectadores siempre les quedaba la duda de qué les pasaba a esos supervivientes después, una vez se leía Fin.

Por curioso que pueda resultar, la respuesta a esta pregunta no llegó desde el mundo del cine, sino gracias a una serie de cómic. A finales del año 2003 llegaba al mercado el primer número de la serie The Walking Dead, escrita por el guionista Robert Kirkman con dibujo de Tony Moore. The Walking Dead pretendía, según el propio Kirkman, contar aquello que las películas de George A. Romero o Lucio Fulci obviaron. La serie utiliza a los zombis como telón de fondo para relatar los problemas que rodean a las relaciones humanas, en especial cuando éstas se ven sometidas a un ambiente tan hostil como en el que se desarrolla la trama. En ella, Robert Kirkman vuelca todas sus querencias, tanto su gusto por la mitología zombi como su habilidad para tejer intrincadas relaciones personales que van complicando la trama.

Con el paso de los años, la serie ha ido ganando en intensidad y en popularidad, aunque el espaldarazo definitivo le ha llegado con el estreno de la adaptación televisiva, la cual comenzó su andadura el 31 de octubre del año 2010. Gracias a dicha adaptación, el mundo de los zombis, walkers, o muertos vivientes se ha convertido en uno de los temas de conversación favoritos de personas de todo tipo y condición, muchas de las cuales no sabían quién era George A. Romero o, mucho menos, Robert Kirkman.

Esta exposición pretende contar en qué se parecen ambas series y en qué se diferencian, haciendo especial hincapié en la versión gráfica, pero sin dejar a un lado los aciertos de la versión televisiva. La exposición termina mostrando aquellos caminos que ya ha recorrido la serie gráfica y que puede que, en un futuro cercano, recorra también la serie televisiva.

La exposición abrirá sus puertas, en las instalaciones del Gran Canaria Espacio Digital, formando parte del evento Gran Canaria Comicfest 2012, a partir del día ocho de febrero del presente año 2012.
Más información en la página www.grancanariacomicfest.com

Textos de la exposición

En el momento en que la serie gráfica debutó en el mercado, los zombis no aparecieron en la primera de las portadas. En ella, en cambio, aparecía Rick Grimes cargando su arma, con un gesto de determinación en su rostro.

Meses después, cuando se recopilaron los seis primeros números, Tony Moore dibujó una portada que reflejaba no sólo los acontecimientos narrados en dichos seis números, sino la idea central sobre la que se sustenta toda la historia.

La foto familiar de Rick, acompañado de su esposa Lori y su hijo Carl dentro de un marco destrozado y ensangrentado, y que hace las veces de telón de fondo junto con las los torsos de varios zombis son un resumen perfecto de la serie escrita por Robert Kirkman desde el año 2003.

En la adaptación televisiva, escrita por Frank Darabont, la acción no empieza de igual forma que en el comic sino de una forma mucho más impactante. Rick Grimes llega hasta una gasolinera -la cual sí que aparece en el cómic- y, tras comprobar que no hay combustible, escucha el ruido de unas zapatillas sobre el asfalto. Al agacharse para ver a quién pertenecen, ve a una niña arrastrado un peluche y dando muestras de estar desorientada.

Una vez que el agente llama a la niña, ésta se gira y es cuando Rick comprueba que lo que quien antaño fue una niña se ha convertido en un monstruo, ansioso por devorarle, tal y como le sucede a los progenitores de la niña que aparece en la película de George A. Romero, Night of the living dead.

Tras caer herido en un enfrentamiento con un delincuente fugado, Rick permanece en coma en la cama de un hospital hasta que un día despierta. La imagen, repetida por Darabont en el capítulo piloto de la serie, estuvo rodeada de cierta controversia al guardar un parecido “más que razonable” con la imagen con la que comienza la película de Danny Boyle, 28 días después. Y, si bien es cierto que la película del realizador británico se estrenó más tarde en los Estados Unidos de América que en Europa, Kirkman declaró que él escribió el guion del primer arco argumental un año antes de ver la película de Boyle.

Además, ni uno ni otro son originales, dado que ya existía un antecedente anterior. En este caso se trata de la película, El día de los Trífidos, en la cual se planteaba una situación muy similar a la que se puede ver tanto en la película de Boyle como en el comic de Robert Kirkman.

Tal y como le sucede al personaje de Rick Grimes en el cómic, al Rick televisivo tampoco es que le vaya mucho mejor. La diferencia es la forma en la que Tony Moore y Frank Darabont plasman ese momento. En el caso del primero, sus lápices tienen una clara influencia de la adaptación televisiva de la novela de Stephen King, The Stand. Darabont, sin embargo, prefiere resaltar el ambiente dantesco en el que se despierta Rick, casi apocalíptico, y obvia, por ejemplo, el plasmar a los zombis en los minutos iniciales, algo que sí hace Moore en las páginas del primer número, cuando Rick llega hasta la cafetería y abre las puertas.

Tras salir del hospital, el único pensamiento que mueve a Rick es tratar de encontrar a su familia. Durante su camino de vuelta, Rick conocerá en qué se ha convertido su mundo, sobre el todo el protagonista de la versión televisiva, dado que, en el cómic, Rick sí se las ve con los zombis en el hospital.
La imagen de un torso esquelético y desmembrado (niña en bicicleta, el cual, aún en su estado, no cesa en su empeño de obtener un pedazo de carne de Rick –algo que queda palpable en la versión televisiva- hará las veces de cancerbero del nuevo mundo en el que, desde ahora, le tocará vivir a Rick.

Al llegar a las inmediaciones de su antigua casa, Rick conocerá a Morgan y su hijo Duane, dos supervivientes que le contarán a Rick todo lo que ha pasado en su ausencia. A su vez, Rick conocerá a la mujer de Morgan, uno de los muchos zombis que deambulan por las inmediaciones del lugar.
El personaje, el cual no aparece en la versión gráfica de la serie, guarda un gran paralelismo con la mujer de Robert Morgan, personaje que protagoniza la novela de Richard Matheson, Soy Leyenda. En ambos casos, sus esposas, tras ser contagiadas y morir, regresan a sus casas y acosan con su mortecina y anti-natural presencia a sus deprimidos esposos.

Tras conocer la nueva realidad del mundo en el que ahora le tocará vivir y comprobar que su esposa Lori y su hijo, Carl, no están en su antigua casa, Rick decidirá regresar a la estación de policía para ponerse su uniforme, colgarse su arma y recuperar aquellos símbolos que, para él, eran importantes.
De camino, Rick se detendrá en el lugar en el que se topó con la “chica” en bicicleta nada más salir del hospital y la librará de su tormento. En la serie de televisión, Rick recorrerá el mismo camino, aunque, al contrario que en la serie gráfica, sí le hablará al torso desmembrado y putrefacto que no cesa en su empeño de encontrar un trozo de carne que llevarse a la boca. Robert Kirkman declaró, después de la emisión del capítulo piloto de la serie, que Frank Darabont había escrito las frases que él no fue capaz de escribir cuando desarrolló el guion de esta escena.

Morgan y Duane no volverán a aparecer en la serie de televisión, pero Rick, hombre optimista y que no arroja la toalla así como así, continuará hablando por el walkie, a la espera de que Morgan le llegue a responder.

En la serie gráfica, la esperanza de obtener respuestas, por esquivas que éstas puedan llegar a ser, están simbolizadas en el teléfono que Rick encuentra en una casa abandonada y que le sirve para hablar con Lori, su mujer, una vez que ella muere. Los diálogos de Rick con Lori y toda la carga emocional que traen consigo pasan por ser algunos de los textos más brillantes de cuantos ha escrito Robert Kirkman desde que empezara a escribir la serie.
Una vez que Rick se queda sin gasolina en su coche patrulla, éste decide cambiar su cabalgadura mecánica por una animal; es decir, una yegua. Gracias a este hecho, Rick se aproxima aún más a la imagen del héroe clásico del viejo oeste. Luego, en la serie de televisión,  Frank Darabont acentuará estos rasgos hasta acercar al personaje de Rick a uno de los iconos cinematográficos del cine del oeste, el sheriff protagonista de la película Solo ante el peligro.

Al verse rodeado de zombis, cuando se cae de su cabalgadura, Rick deberá luchar por su vida, circunstancia que se verá reflejada de dos maneras distintas según sea el formato. En la serie gráfica, Rick empezará a disparar convulsivamente a los zombis, queriendo así vengar la muerte de la yegua. Justo cuando su arma se queda sin balas, Rick cruzará su camino con Glenn. En la serie de televisión, Rick no tendrá más remedio que ocultarse en el interior de un tanque abandonado y, una vez allí, será Glenn quien se ponga en contacto con él, a través de la radio del vehículo. Después de esta imagen, el capítulo piloto terminará con un increíble contrapicado en el que nos podemos hacer una idea de la situación en la que se encuentra Rick.

Y, mientras esto sucede, en la serie de televisión veremos al primer grupo de supervivientes, dado que, al revés de lo que ocurre en la serie gráfica, los supervivientes con los que se encuentra Rick están divididos en dos grupos.

Gracias a la ayuda de Glenn, Rick logra escapar del vehículo blindado en el que está escondido y, tras una frenética carrera, se encuentran con el segundo grupo de supervivientes, en la ciudad de Atlanta. Dicho encuentro está marcado por la violencia verbal y física que rodea a los protagonistas. Primero será Andrea quien apunte a Rick con su arma; después el racista e intolerante de Merle se cebará en T-Dog, el afro-americano, blanco de su ira; y por último será Rick quien, tras desarmar a Merle, le apunte para dejar claro que, todavía, se rigen por unas reglas.

Después de dejar las cosas claras hay que buscar una solución para salir de la ciudad. A Rick no se le ocurre otra mejor idea que trocear un zombi e impregnarse de su olor nauseabundo, tanto él como Glenn. En la serie gráfica, Rick descuartiza un cadáver que encuentra tirado y no pierde tiempo en pensar. En cambio, en la serie de televisión, Rick se detiene un momento y saca una cartera de la chaqueta del cadáver escogido. En esta cartera está el carnet de conducir de quien fuera antes una persona, excusa que le da pie a Rick para teorizar acerca de quién fue ese cadáver en vida. Esta secuencia pasa por ser una de las más bonitas de la primera temporada, a pesar de la sencillez de la idea que hay detrás.

Rick, Lori y Carl se encuentran después de mucho tiempo. Tanto Tony Moore como Frank Darabont hacen un magnífico trabajo a la hora de reflejar este momento, el cual significa un nuevo comienzo y el final de algo. Ese final queda reflejado en la página de The Walking Dead #4, en donde Lori le dice a Shane que lo suyo fue un error. En la serie de televisión, la llegada de Rick no solo terminará con la relación entre Lori y Shane, sino que acabará desembocando en un conflicto latente que cada vez se hará más evidente. Este conflicto le acarreará a Shane una marcada frustración, la cual terminará por pagar Ed, el impresentable marido de Carol.

En la serie gráfica, algunas de las protagonistas femeninas, al ir a lavar la ropa, hablarán de los derechos de la mujer y de cómo éstos no han cambiado mucho, a pesar de que el mundo ya no es como era antes. Lo que añadió la serie de televisión fue el personaje de Ed, al que solamente se nombraba en la serie gráfica.
Ed también sirve para poder ver la evolución de Carol, una esposa y madre maltratada por su marido, que logra librarse de ese recuerdo cuando destroce la cabeza de su marido muerto, tras un ataque de los zombis, en la serie de televisión.

Por extraño que pueda parecer, los zombis no son una presencia recurrente en las páginas de la serie gráfica. No obstante, hay imágenes que te hacen recordar qué clase de serie estás leyendo. Éste es el caso del zombi que aparece devorando a un ciervo en las páginas del tercer número. Dicha imagen será luego reproducida en la serie de televisión, de una forma muy fidedigna, con un zombi de excepción; es decir, Greg Nicotero, productor ejecutivo y responsable de la imagen de los zombis televisivos.

La portada del número 9 de la serie gráfica, bien pudiera ser una instantánea del ojo del mencionado zombi devorador de ciervos. Esta portada pasa por ser una de las mejores que dibujó Tony Moore en su etapa en la serie.

Por otro lado, la serie de televisión recorrió otros caminos que nunca se habían visto antes en la serie escrita por Robert Kirkman. Así, en el tercer capítulo, veremos cómo Glenn, Rick, T-Dog y Daryl regresan a la ciudad en busca de Merle, el hermano mayor de Daryl, siendo testigos de lo que tuvo que hacer Merle para poder escapar de las esposas que lo tenían retenido en la azotea del edificio en donde se encontraba. La secuencia no solo es una de las más impactantes de la serie, sino que es una vuelta de tuerca a un suceso que ocurre en la serie gráfica, relacionado con Rick.

El cuarto episodio, escrito por Robert Kirkman, solo utiliza de la serie original la bolsa de armas que pierde Rick al llegar a la ciudad. Todo lo demás; es decir, la banda de chicanos, el intercambio de prisioneros, y el secreto que esconde dicha banda es invención del guionista, trama que, de haber tenido más tiempo, hubiera desarrollado en el cómic.

La trama del quinto número de la serie gráfica está marcada por el fuego de campamento, donde los supervivientes cuentan algunas cosas de su pasado y, a su vez, por el cumpleaños y la posterior muerte de Amy, la hermana pequeña de Andrea. En el cómic este suceso está plasmado de una forma increíble por Tony Moore, en el que, posiblemente, sea el mejor de los seis números que dibujó.

Al adaptarlo para la serie de televisión, Frank Darabont y el resto de los guionistas utilizaron dicho material de una manera casi mimética. De esta forma, el zombi que ataca a Amy en la serie de televisión, además de también ser Greg Nicotero, se nos muestra prácticamente igual que el que dibujó Tony Moore. Lo que añade la serie de televisión es la tensa y agónica espera que debe soportar Andrea hasta que su hermana Amy se transforma en un zombi.

El personaje de Jim es la última víctima del ataque sufrido durante el fuego de campamento, aunque su agonía es más larga que la del resto de bajas. El modo en el que la infección se va propagando nos sirve para ir viendo cómo actúa la “enfermedad” que convierte a una persona en muerto viviente.
Las magníficas páginas dibujadas por Tony Moore –las cuales sirvieron como story-board para Darabont y su equipo- no fueron las únicas que sorprendieron a los lectores, dado que tras ver cómo Jim era abandonado a su suerte, a Robert Kirkman no se le ocurrió nada mejor que matar al personaje de Shane. La muerte de uno de los personajes principales, hasta ese momento, recayó, además, sobre las espaldas del hijo de Rick, Carl quien no dudó en apretar el gatillo para defender a su padre.

Kirkman confesó, tiempo después, que la razón de eliminar a Shane tan pronto, tuvo que ver con que él pensaba que la editorial Image iba a cancelar la serie, de ahí que tomara una decisión tan drástica antes que ver que su historia se quedaba inconclusa.

En la serie de televisión, los supervivientes, tras abandonar a Jim, logran llegar hasta las instalaciones del CDC de Atlanta, lugar que simboliza buena parte de la fe depositada en encontrar una solución a todo aquel desaguisado.
Al principio, la llegada está marcada por el fracaso, dado que el grupo se encuentra con la puerta bien cerrada. Luego, y tras la férrea insistencia de Rick, los enormes portones del centro de abren y, con ello, la “luz” del interior reafirma la obstinación del agente de la ley Rick Grimes.
Una vez dentro, todos conocerán al profesor Edwin Jenner, el último investigador que aún busca una explicación y/ o cura para la plaga que ha diezmado a la población mundial. Jenner, al igual que el mago Merlín de la leyenda artúrica, permanece en su cueva a causa de una promesa que selló con su pareja ya fallecida, también conocida como el paciente número 19 (TS-19)

Y si bien los momentos que pasan en las instalaciones del CDC les sirven a los nómadas supervivientes para recuperar un poco de normalidad, duchándose o sentándose a cenar como se hacía antaño, la realidad demostrará que aquel lugar no es sino un estadio más en medio de un camino hacia ninguna parte, por duro que esto pueda resultar.

Una vez que regresan al camino, en la serie de televisión, los supervivientes se topan con una marea de coches abandonados, los cuales se presentan como una suerte de muralla desvencijada que, sumado a la marea de zombis con la que se encontrarán, se convierten en una trampa mortal.
La consecuencia de todo aquello es la pérdida de Sofía, la hija de Carol, a quien Rick deberá abandonar para evitar que los zombis los atrapen a ambos. Esto desembocará en una búsqueda contra reloj, en medio de un territorio desconocido y hostil.

Sin tiempo para encontrar a Sofía, Carl caerá abatido por las balas de Otis  uno de los supervivientes que habitan en la granja de Hershel. La granja, la cual aparece tanto en la serie gráfica  como en su versión televisiva, tendrá sus luces y sus sombras, al igual que su propietario, el adusto y recio Hershel, personaje que esconde, como casi todos los supervivientes, un trágico secreto.

Ahora, la atención de los supervivientes se dividirá en dos escenarios, en la serie televisiva. Por un lado, Otis y Shane  deberán arriesgar sus vidas para buscar las medicinas y utensilios médicos necesarios para que Hershel opere, con ciertas garantías, a Carl. La misión logrará su objetivos, aunque sólo Shane regresará y, al hacerlo, su personalidad de superviviente nato se radicalizará más aún, si cabe.

Mientras tanto, el resto de los supervivientes no cesarán en su empeño por encontrar a Sofía, peinando los alrededores de la granja de Hershel, en especial Daryl, quien asume el papel de hermano mayor, un rol desconocido por él hasta ese momento. (foto de Daryll, ballesta en mano.  Durante la batida, el pequeño de los Dixon resultará herido y, en pleno delirio, se verá las cara con su expeditivo y salvaje hermano mayor.

El encontronazo, entre las brumas de la fiebre a causa de las heridas sufridas, será el revulsivo que le faltaba a Daryl para dejar atrás su pasado y asumir su nuevo papel, como miembro del grupo liderado por Rick.

Paralelamente a estos dos sucesos, Glenn y Maggie, la hija de Hershel, también irán a la búsqueda de suministros médicos y, de paso, a por un encargo muy personal de Lori, la mujer de Rick. El encargo, un test de embarazo, pondrá sobre la mesa una realidad que ya había quedado más que patente en la serie de televisión. Dicha realidad es la relación de Lori y Shane, cuando éstos creen que Rick ha muerto.

En el cómic, Lori le confesará a Rick que está embarazada, en las páginas del número siete  ante el marcado estupor su marido, dado lo repentino de la noticia. Sin embargo, el anuncio por parte de la protagonista tampoco cogió a los lectores habituales de Kirkman con el paso cambiado, puesto que los embarazos en los momentos más inoportunos son una de las señas de identidad de las historias escritas por el guionista norteamericano.
Luego de una tensa espera, Carl logra recuperarse de las heridas sufridas. El primer regalo que recibe es el sombrero de su padre, símbolo del poder que éste poseía en nuestra primitiva sociedad. La diferencia es que en la serie de televisión, Sofía sigue desaparecida, al revés de lo que se cuenta en la serie gráfica.

De igual forma, la metamorfosis que sufre el personaje de Andrea, la cual se va transformando en una mujer decidida y combativa –a imagen de la mujer guerrera que aparecía en Mad Max 2- (The Walking Dead# 47, página completa) se verá acelerada en la serie de televisión. Esto sucede, en gran medida por su cada vez más cercana relación con Shane, quien asume el papel de mentor y maestro de armas para con Andrea, una mujer superviviente nata, como lo es él.
Tal y como suele suceder, los secretos no se pueden mantener ocultos siempre y el que oculta el granero de Hershel acaba por salir a la luz, y de qué manera. En la historia gráfica escrita por Robert Kirkman, en empecinamiento de Hershel acabará por diezmar a su propia familia, víctima, ésta, del ansia por la ingesta de carne humana que atesoran los zombis allí retenidos.

Frank Darabont y el resto de los responsables de la adaptación televisiva le dieron una vuelta de tuerca al concepto del granero que está lleno de zombis, llevándolo un paso más allá. La excusa de poner fin a toda aquella insensatez dará pie a Shane para reclamar el liderazgo del grupo o, por lo menos, para no acatar las órdenes de Hershel tan sumisamente.

Con lo que nadie contó es que el secreto que escondía aquel granero era mucho más desgarrador que la desazón que embargaba a los supervivientes, tras volver de la búsqueda diaria e infructuosa de Sofía. La imagen de la niña que fue, ahora transformada en un cerúleo y espasmódico zombi, colapsó todos los foros dedicados a vomitar las noticias relacionadas con el universo de la serie y el trabajo de Robert Kirkman. En realidad todos sospechábamos que algo así pudiera suceder, pero la realidad siempre, siempre, supera la ficción, y esta vez, no fue distinto.

El disparo final de Rick, el único dispuesto a asumir la responsabilidad de acabar con aquella pesadilla -tal y como ya sucediera en los momentos iniciales del capítulo piloto-, pusieron un punto y aparte para una serie que, lejos de decepcionar, no ha dejado de sorprender desde su debut, en octubre del año 2010.

Ahora sólo queda saber qué camino elegirán los siguientes capítulos de la segunda temporada televisiva, teniendo en cuenta que la serie gráfica original publicada por Image Comics cumplirá este año el centenar de números y que, de ella, se pueden coger muchas y muy buenas ideas.

Imágenes individuales: Por donde la serie gráfica ya ha pasado y la serie de televisión no.

Después de abandonar la granja de Hershel, los supervivientes encontrarán un lugar, una cárcel, que antes de la plaga significaba la privación de libertad y la soledad más absoluta, pero que en este nuevo mundo representa todo lo contrario.

Es más. Para Rick, aquel lugar es perfecto para vivir, como si se tratara del hogar perfecto e idílico que cualquiera de nosotros ambicionara antes de que nuestra civilización se fuera por el retrete.

Una vez instalados, llegará hasta las puertas de la cárcel que hace las veces de hogar la resolutiva Michonne, una dura mujer afroamericana que no está dispuesta a dejarse vencer por el nuevo mundo en el que ahora vive. Michonne protagonizará algunos de los momentos más duros y explícitos de toda la serie, sobre todo cuando cruce su camino con el demente Gobernador.

Lo primero que uno piensa es que el título de la serie The Walking Dead –Los Muertos Vivientes, en nuestro idioma- hace referencia a los zombis que acosan a los protagonistas de las historia. En realidad, esos “muertos” no son los que han vuelto a la vida, sino los humanos que aún pretenden seguir viviendo. Así lo expresa Rick, durante las páginas finales del número 24, cuando, en uno de los pocos momentos de lucidez total a los que puede aspirar un ser humano a lo largo de su vida, sentencia: “WE ARE THE WALKING DEAD” (Nosotros somos los muertos vivientes) ante el asombro del resto de supervivientes, contando con la complicidad del magnífico dibujo de Charlie Adlard.

Ya se ha hecho mención a la figura del Gobernador a la hora de hablar de Michonne, pero una psique tan perturbada como la de Philips, nombre real del sujeto en cuestión, daría para escribir muchas páginas de análisis. Baste como ejemplo, la doble página, dibujada por Charlie Adlard para el número 29 de la serie gráfica, donde se puede comprobar el nivel de demencia del personaje, así como sus gustos a la hora de seleccionar un canal de televisión.
El número cincuenta de la serie gráfica es algo más que un aniversario. Es todo un canto a la inocencia perdida y al paso de la infancia a la edad adulta, sin tan siquiera pasar por la adolescencia. Carl deberá asumir el papel de persona adulta cuando su padre caiga enfermo. Solo y sin más ayuda que su ingenio y su afán de superación, Carl se enfrentará a sus miedos y a los peligros que acechan en el exterior, casi con la misma entereza que siempre ha demostrado su padre. Sin embargo, al caer la noche, las sombras de la oscuridad vuelven a ser fantasmas interiores y vemos que Carl no es más que un niño asustado y solo.

Este recorrido y toda la exposición, termina con la portada alternativa del número 75 de la serie gráfica, la cual está basada en la portada del primer número de la serie regular, aunque la situación ha cambiado. Ahora Rick no aparece en aquella postura tan decidida y altanera, sino que su rostro está oculto entre las sombras y el escenario dista de ser el mismo, pues, en estos momentos, Rick es el condestable de Alexandria, la colonia montada por el ex-congresista Douglas Monroe. Alexandria es un lugar donde comenzar de nuevo, según unos valores tiempo atrás olvidados, y que, como ya ocurriera con la granja de Hershel, esconde más de un oscuro secreto, algunos de los cuales a punto han estado de acabar con quienes decidieron residir allí.

¿Qué otras sorpresas nos deparará el futuro? Quién sabe, aunque seguro que Robert Kirkman no cesará en su empeño por hacernos leer su serie, mes tras mes, como el primer día.

Derechos de las imágenes

The Walking Dead está dibujado, páginas interiores y portadas por Tony Moore (TWD# 1-6 y TPB# 1-4) y Charlie Adlard (TWD# 7- más las portadas de todos y cada uno de los números salvo las portadas alternativas de la serie gráfica)

The Walking Dead (including all prominent characters featured herein), its logo and all characters likenesses are TM and © 2012 Robert Kirkman, LLC, unless otherwise noted.

© Image Comics por la edición original de la serie gráfica. 2012. The Walking Dead (Los muertos vivientes) está publicada en nuestro país por la editorial Planeta DeAgostini Comics.
Las fotos de la serie de televisión © AMC TV 2012 además del © de los autores que figuran en cada una de las fotografías que se pueden ver en la muestra.

© Juan Pedro Rodríguez Marrero y Eduardo Serradilla Sanchis 2012, por el diseño de los paneles de la exposición dedicada a la serie The Walking Dead y Robert Kirkman, montada con motivo del Gran Canaria Comicfest 2012, en las instalaciones del Gran Canaria Espacio Digital.

© Eduardo Serradilla Sanchis 2012, por los textos que acompañan cada uno de los paneles (19) así como del texto de presentación de la exposición

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