jueves, 15 de marzo de 2012

La cara oculta del éxito

No sólo de cómics viven los lectores y de ahí que el nuevo artículo de Laura Martín esté dedicado a una faceta de la cultura popular japonesa desconocida en nuestras fronteras pero que la autora trata de una forma amena y digna de ser leída.
Sin más preámbulos, les dejo con el trabajo de Laura.
Eduardo Serradilla Sanchis


Un fenómeno frecuente en el país nipón (que aquí en España no tiene equivalente) es el de los idols. En su mayoría son chicas (aunque también se da el caso de algunos artistas masculinos) que alcanzan la fama cantando, desfilando en pasarelas o actuando, y que en ocasiones se dedican a más de uno de estos aspectos. Son muy jóvenes, desde los doce años hasta algo más de los veinte, y aunque principalmente sean, por ejemplo, cantantes, grabarán anuncios, películas, series e incluso pueden llegar a presentar su propio programa de radio o televisión.

La mayoría de las idols son consideradas kawaii (adorables, lindas) y muchas veces se utilizan para dar buen ejemplo (cuidan mucho su comportamiento moral y ético, y se evita que protagonicen escándalos, como si vivieran una vida perfecta). Es muy frecuente verlas en campañas de, por ejemplo, reciclaje, por lo que se dice que la mayoría de las madres se alegrarían de que su hija se conviertiera en una idol.

Este fenómeno comenzó en los años ochenta, época en la que fueron especialmente importantes Momoe Yamaguchi y Seiko Matsuda. En los noventa decayó el número de idols, aunque alcanzaron la fama Namie Amuro, Ayumi Hamasaki e Hikaru Utada, ahora muy populares también en occidente. En los últimos años de los noventa, grupos como Morning Musume resucitaron el fenómeno idol.

Actualmente el halo de misterio que envolvía a los idols y su vida privada hasta hace algunos años se ha difuminado, pero sin llegar a la libertad de la que gozaría cualquier artista occidental. Un ejemplo reciente es Aya Hirano, cantante y seiyuu (dobladora de voz) conocida sobre todo por interpretar a las protagonistas de anime Haruhi Suzumiya y a Konata Izumi. Hirano declaró en el año 2010 que tenía novio: Muchos fans no le creyeron, otros protestaron, e incluso algunos llegaron a amenazar de muerte a la artista en foros de Internet. Poco después una revista publicó algunas fotos que pretendían demostrar que Aya Hirano había mantenido relaciones con algunos músicos de su banda, lo que provocó un escándalo aún mayor, imágenes de pósters y discos de la artista rotos dispersas en las redes sociales y la prohibición de que Hirano, que actualmente tiene veinticuatro años, interpretara nuevos papeles de personajes de anime en su labor como seiyuu.

El debate va más allá de las restricciones que las compañías imponen a los artistas con los que trabajan: Muchos idol empiezan en estas agencias especializadas cuando son muy jóvenes (algunos incluso con doce o trece años) y no todos continúan sus estudios. Aunque una parte de estos jóvenes talentos no abandona los estudios, o tras unos años de vida mediática se retiran para asistir a la universidad, la mayoría dedican su vida al mundo del espectáculo. Sin embargo, un descuido puede suponer que una revista o un programa de televisión desate un escándalo que acabe con su carrera profesional, así como con sus expectativas de futuro, al haber abandonado pronto los estudios por su labor como idol.

Es el caso de Ai Kago, antiguo miembro del grupo idol femenino Morning Musume, a quien la revista Friday descubrió fumando siendo menor de edad hace seis años. La noticia supuso su despido de la agencia para la que trabajaba, y actualmente ha pasado por dos intentos de suicidio, varios escándalos por salir con hombres relacionados con empresas de servicios eróticos y con la mafia. Recientemente se casó y está esperando su primer hijo.

Y es que el futuro de una joven idol japonesa se limita a permanecer en la esfera pública como presentadora de televisión o radio, cantante, actriz o modelo; o bien anunciar su boda y dedicarse, como cualquier ama de casa, a su vida familiar. Algunos artistas abandonan las agencias que gestionan su trabajo por empresas discográficas menos exigentes con su vida personal, pero como ocurrió con Aya Hirano, no pueden esconderse del juicio de sus fans.

No cabe duda de que el trabajo que realizan los menores de edad en el mundo del espectáculo debe estar regulado, y que en todos los países existen ejemplos de niños cuyos padres o tutores han dejado desprotegidos ante la vida mediática y que han sufrido por ello, como es el caso de Drew Barrymore, las gemelas Olsen o más recientemente, las declaraciones de Daniel Radcliffe admitiendo que en su adolescencia sufrió alcoholismo. Sin embargo la presión mediática y cultural a la que se someten las jóvenes idols en Japón, así como la desprotección que sufren ante la misma parece haberse convertido en la cara negativa que debe ignorarse, más que solucionarse, dentro de la cultura nipona.