lunes, 2 de abril de 2012

ESPECULA, ¡MAMÓN!...HASTA QUE EL MERCADO ESTALLE.

Uno piensa, sobre todo cuando se deja llevar por su infinita estupidez, que las personas son capaces de aprender de los errores pasados y actuar en consecuencia, más si se tiene en cuenta la situación económica y social en la que estamos inmersos.

Sin embargo, la misma avaricia y codicia que nos ha colocado al borde del abismo, parece no dar tregua en las mentes de quienes sólo son capaces de ver el negocio inmediato, vulgo pelotazo, que les permita continuar con sus deleznables prácticas.

El mundo del cómic no es ajeno a todas estas maniobras y, quienes llevamos varias décadas trabajando en él, recordamos la fiebre especuladora de mediados de los años noventa o las muestras de saturación que empezó a dar el mercado del entretenimiento -del que forma parte el mundo gráfico-, a mediados de la primera década del actual siglo XXI. Al final, con la crisis económica que golpeó todas las esferas de la vida económica y social mundial, la palabra crisis dejó de ser un rumor y se convirtió en una especie de quejoso estribillo, en especial para los tenderos y buena parte del mundo editorial.

Entonces, como una década antes, fueron pocos los que quisieron asumir su parte de responsabilidad al inundar el mercado con toda una legión de ediciones especiales, ediciones con trading cards, ediciones con portadas metalizadas, ediciones firmadas y sin firmar y cualquier cosa que se les ocurriera con tal de sablear el bolsillos de unos aficionados que respondieron tarde y mal a las ansias especuladoras de quienes sólo vendían humo y espejos.

No negaré que muchas de aquellas propuestas no sólo estaban muy bien pensadas y desarrolladas, sino que además premiaban la fidelidad del lector, cosa que ahora no se hace, justo cuando más falta hace fidelizar a quienes aun acuden a las librerías especializadas, mes a mes. Baste recordar las propuestas de Valiant Comics, para darse cuenta de que el negocio no debe estar reñido con la calidad a la hora de fomentar el gasto mensual de un lector de cómic cualquiera.

Otra cosa muy distinta es publicar un larga cadena de portadas todas iguales, con distinto acabado, distinta tirada –y distinto precio- muchas de las cuales acababan en manos de especuladores, cuyo único interés era revenderlas luego, por cuatro veces su precio.

Aquello, como no es muy difícil de imaginar, infló un mercado hasta un nivel imposible y, tras unos años de auge incontrolado, llegó la dura realidad, al igual que ocurrió diez años después, sobre todo en el mercado juguetero y del entretenimiento, el cual se resume en el catálogo mensual Previews.
Los extremos son malos y, tras avisos como los ya comentados, las personas deberían haber aprendido la lección. Pues no, ni mucho menos. Y para muestra un botón. Hace unos meses, contacté con una galería francesa especializada en la venta de páginas y portadas originales para adquirir varias de ellas. Mientras estaba escogiendo y calculando cuál de ellas me podía permitir, pude ver las diferencias que existían entre ellas, dependiendo de los personajes y la temática de cada una de ellas.

Al final me decanté por dos, las cuales ahora cuelgan de la pared de mi casa, una circunstancia que nunca pensé poder disfrutar.
El caso es que, hace unos días, buscando material para mi trabajo, me topé con una de aquellas páginas, la cual estaba entre las posibles candidatas para ser adquirida por mí, aunque con una clara diferencia, mayúscula, diría yo. Cuando yo la vi por primera vez, aquella página costaba menos de doscientos euros y, quien, ahora, la había colocado en una conocida casa de subasta en la red, pedía por ella la nada desdeñable cantidad de 600 euros más gastos de envío; es decir, otros 50 euros.

Tal y como verán, la jugada le supondría al vendedor embolsarse la nada despreciable cantidad de 400 euros, más lo que quiera arañar en los portes, práctica habitual sobre todo cuando se debe enviar algo valioso y/o delicado, tal y como lo es una página original.
Sé que alguno me dirá que el mercado es legítimo, que si la oferta, que si la demanda… Y sí, el mercado es legítimo y soberano, pero, como dice Mortadelo –gracias a Ibañez por la sabiduría- “la carne es débil y la cara, durísima”.

No obstante lo que más me molesta no es tanto esta muestra de especulación salvaje, la misma que nos ha llevado a estar como estamos, sino la estupidez de la gente por querer comprarla -ya tenía dos ofertas de compra- y la poca o nula capacidad de las personas por utilizar las herramientas que tienen a mano. Si quienes gustan de estos productos emplearan un poco más de tiempo en buscar, jugadas como éstas no se repetirían tanto como, desgraciadamente, lo hacen y el mercado se libraría de tanto especulador de tres al cuarto, dispuesto a inflar, otra vez, la burbuja con tal de obtener réditos de la situación.

Bueno sería que quienes se jactan de coleccionar, invirtieran más tiempo en buscar y comparar y menos en gastarse su dinero en operaciones como las que les he contado. Si no, volverá a pasar lo mismo y todo costará un 200% o un 300% más por el artículo de la ley de los especuladores “infla los precios hasta el infinito y cuando ya no quede nada, empieza otra vez que alguien nos seguirá la corriente”.

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