viernes, 28 de septiembre de 2012

EL VIAJE A LA LUNA DE ESPOO CINÉ

Hay imágenes que, con el paso de los años, acaban por formar parte del legado cultural contemporáneo aunque solamente unos pocos conozcan su origen real. La lista sería muy larga de enumerar, pero, para la ocasión, me centraré en una imagen a la que se recurre cuando se habla de los vuelos hacia la Luna.

En dicha imagen aparece la superficie lunar, en este caso, dotada ésta de ojos, nariz y boca, justo después de que una cápsula espacial se haya estrellado contra uno de sus ojos. Tan disparatada y genial idea surgió de la mente de unos de los mayores creadores del séptimo arte, capaz de ver en un arte recién nacido como el cine –a principios del siglo XX- unas posibilidades que nunca vieron ni los hermanos Lumière, ni Thomas Alba Edison al otro lado del océano. Para George Méliès, responsable de dicha imagen, el cinematógrafo creado por los hermanos Lumière era la puerta que llevaría los espectadores a descubrir mundos ocultos hasta ese momento.

No obstante, pocos podían llegar a pensar que aquel heredero de una empresa zapatera, criado de una forma clásica y acomodada acabaría siendo conocido, primero, por ser el propietario del teatro Théâtre Robert-Houdin -en donde Méliès se forjó una sólida reputación como mago- y luego por ser el director de más de medio millar de realizaciones, algunas tan icónicas como Le Voyage dans la Lune (1902), película a la que pertenece la imagen con la que empiezo este artículo.

Dicen que el tiempo pone a cada cual en su sitio y esa frase tiene una doble connotación en la vida del genial creador francés. Es cierto que, durante una década, el público -tanto el de su país natal como el del resto del mundo- disfrutó con su trabajo como director, guionista, actor, figurante y mil cosas más, en medio del desarrollo de lo que hoy conocemos como la industria del cine.

Sin embargo, no es menos cierto que muchos de sus contemporáneos, especialmente aquellos que comenzaban a expandir el negocio cinematográfico en los Estados Unidos de América, se apropiaron de una forma descarada y delictiva del trabajo de Méliès, pirateando sus películas con un descaro que, hoy en día, los llevaría hasta la mismísima puerta de una cárcel.

Luego, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Europa vivió una pesadilla que, una vez finalizada, le hizo olvidar a quienes tanto le habían aportado a la sociedad de su tiempo en los años previos a una contienda como aquella, tal y como fue el caso de George Méliès.
Tuvo que pasar una década desde que la Gran Guerra finalizara para que muchos de sus contemporáneos y varios periodistas especializados en el mundo del celuloide volvieran la vista atrás y se preguntaran qué había sido de un genio creativo como George Méliès.

La respuesta les llegó de la forma más inesperada y en el último lugar en el que cualquiera de ellos se hubiera podido imaginar. En realidad, George Méliès llevaba todos esos años sobreviviendo como vendedor de golosinas y juguetes en la estación parisina de trenes de Montparnasse.

Tras el interés generado por su figura, George Méliès recibió un sonado homenaje, en diciembre del año 1929, y luego la Légion d'honneur, de manos de Louis Lumière, dos años después. Solamente así se palió una de las mayores injusticias de cuantas se han ido sucediendo en los más de cien años de historia del séptimo arte.

Por desgracia, en el momento en el que la cinemateca francesa se puso manos a la obra y comenzó a recopilar el trabajo del realizador galo, más de la mitad de sus películas se habían perdido para siempre, algunas por culpa del propio Méliès, quien destruyó no sólo los copiones de sus películas, sino los escenarios, decorados y trajes, una vez que su compañía cinematográfica quebró.

En el caso particular de Le voyage dans la Lune sí se encontró una copia en buen estado, en el momento en el que Méliès fue reivindicado, aunque -y como también ocurriera con otras tantas películas de la época- los problemas derivados por la forma en la que se revelaban las películas en estos primeros momentos obligaban a una continua búsqueda para sustituir las películas deterioradas por otras en buen estado.

Al final, la solución llegó desde la filmoteca de Cataluña, cuyos responsables encontraron, en el año 1993, una copia, aparentemente en buen estado, de la película de Georges Méliès. Una vez que la copia de Le voyage dans la Lune recaló en manos de los responsables de la cinemateca francesa empezó un largo proceso de restauración ante el estado real de la copia, mucho más deteriorada de lo que se podía pensar en un principio.

En total, el proceso de restauración duró hasta principio del año 2011. Se ha restaurado no sólo el metraje original, sino coloreado el negativo tal cual se desarrollaban los procesos de coloreado manual en aquellos años. Sumados los años, el viaje a luna rodado por Méliès duró 109 años, desde el año de su estreno original en el año 1902 hasta su posterior restreno en el festival de cine de Cannes, durante la edición del año 2011.

El documental Le voyage extraordinaire (París-Barcelona-París 1993-2011) de Serge Bromberg & Eric Lange cuenta ese largo proceso de restauración y cómo un grupo de profesionales se entregaron, durante casi un década, para lograr que el trabajo original de George Méliès recuperara su espíritu original. Además, el documental cuenta con los testimonios de los directores Costa Gavras, Jean-Pierre Jeunet y el actor Tom Hanks, los cuales sirven para situar la influencia de George Méliès dentro del cine contemporáneo.

Programado como uno de los grandes estrenos del festival de cine de Espoo, tras el documental se proyectó la película restaurada de George Méliès acompañada por la música del grupo finlandés Cleaning Women, que se ha forjado su reputación creando bandas sonoras para grandes clásicos del cine mudo, tales como Aelita (Aelita: Reina de Marte. 1924) -película que da nombre al primer disco del grupo finlandés- Metrópolis (1927) o El viaje a la Luna del profesor Barbenfoullis, claramente basado en la novela homónima del escritor francés Jules Verne.

Al final, el genio creador de George Méliès ocupó un lugar de honor dentro de la programación de este veterano festival de cine finlandés, en el mismo año que otro veterano director, Martin Scorsese, ha estrenado Hugo, entrañable visión del mundo de Méliès en sus años previos a su redescubrimiento, mezclados con las vivencias de un niño, Hugo, casi tan genial como el mismo Méliès.

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