lunes, 10 de diciembre de 2012

THE ROCKETEER. UNA HISTORIA QUE DEBERĺA HABER VOLADO MUCHO MÁS ALTO.Textos para una exposición.

Aunque no se crea, desde que empecé a dibujarlo siempre me imaginé que The Rocketeer era una película. Nunca me fijé en las palabras y las imágenes que hacía en el papel. En cambio, lo  veía y lo oía en mi cabeza, por lo que, para mí, siempre fue una película.

Son palabras de Dave Stevens, creador del personaje gráfico The Rocketeer, el cual, finalmente, fue llevado a la gran pantalla en 1991de la mano del director Joe Johnston. Stevens, uno de los artistas más sobresalientes de finales del pasado siglo y de principios del actual, –hasta su prematura muerte, en marzo del año 2008- terminó por plasmar buena parte de sus querencias y pasiones en una obra tan sencilla como hermosa de ver y leer.
Las páginas que forman cada uno de los números en los que aparece el personaje y sus aventuras bien merecen colgar en la pared de una prestigiosa galería de arte o en las salas de cualquier museo de arte contemporáneo que se precie.

¿Y de dónde me vino la inspiración para crear el personaje? En realidad, la idea de que un hombre volara tan solo con un invento enganchado a su espalda me fascinaba ya desde mi juventud; es más, Commando Cody (1) me tenía alucinado.
Sin embargo, no quería quedarme estancado contando las mismas historias de marcianos, rayos mortales y naves espaciales. Un día, de vuelta en casa, tras haber vuelto de una edición del San Diego ComiCon, dibujé unos cuantos bocetos, escribí un par de ideas y por fin conseguí crear una historia que no tenía mucha ciencia, pero tampoco se suponía que tenía que ser nada densa.
Lo único que me habían pedido era algo de relleno, que no pasara de los dos números, y, la verdad sea dicha, me lo pasé genial creando esta historia. Además, al hacerlo, recordé cuando, años atrás, quise adaptar Commando Cody al formato gráfico, llegando incluso a dibujar varias páginas del personaje en un tono sepia, tal cual lucían las fotos de aquella época.


La historia, ya se ha dicho, es sencilla, a veces tontorrona o sin exhibir esa profundidad psicológica de la que hacen gala autores como Grant Morrison, Alan Moore o el mismo Joss Whedon. No obstante, sus dibujos, pensados y retocados hasta la extenuación hacen de The Rocketeer una obra digna de figurar en cualquiera de las estanterías de quienes disfrutan con el noveno arte, junto al trabajo de guionistas como los anteriormente citados.

Dave Stevens nació el 29 de julio de 1955 en la ciudad de Lynnwood (Washington). Su infancia estuvo marcada, en un primer momento, por los primeros seriales televisivos, protagonizados por Commando Cody, Flash Gordon, Superman, Flash Gordon, El Zorro de Johnston McCulley o el Tarzan de Edgar Rice Burroughs.  Tras la televisión, llegarían los cómics, a la edad de cinco años, y fue entonces cuando Stevens descubrió un mundo que luego se transformó en toda una carrera profesional.

En realidad el desencadenante de todo fue su padre, quien guardaba en el sótano de su casa una caja con algunos ejemplares de la editorial EC Comics, principalmente números dedicados a la ciencia ficción –Weird Fantasy- y algunas historias publicadas por la editorial Walt Disney. Los primeros estaban dibujados por artistas tan reconocidos como John Severin o Wally Wood, quienes ilustraron, en aquellos años, relatos de grandes autores del género fantástico, tales como Ray Bradbury, Sir Arthur Conan Doyle, o H. G. Wells.

Por esa la misma época, Stevens se aficionó a coleccionar las tiras de prensa que aparecían en los periódicos, en especial las protagonizadas por El príncipe valiente, obra del gran Harold Foster. Fueron también momentos de acompañar a su padre a ver antiguas películas de aventuras, tales como King Kong –cuyos dinosaurios impresionaron muchísimo a Stevens- junto a otras contemporáneas de su época, tales como La guerra de los mundos, de George Pal o Cuando los mundos Chocan de Rudolph Maté.

La consecuencia directa de todo aquello fue la siguiente: empezar a dibujar, a toda hora y en cualquier sitio. Durante mi etapa escolar hice lo que la mayoría de los chiquillos hacen; es decir, dibujar y decorar todo lo que cayera en mis manos, incluso mi pupitre. Me acuerdo de una vez que terminé castigado en el despacho del director. Sin querer me fijé en que tenía una de mis acuarelas enmarcada… ¡Colgada en la pared!

Se da la circunstancia de que uno de los cuadernos para colorear preferidos por Stevens en aquellos años tenía por título “Planes of tomorrow”. Su predilección por dicho cuaderno explica, aunque sea de una forma un tanto anecdótica, el posterior gusto del artista por los aviones, los ingenios aéreos y sus máximos representantes en la materia, algo que luego plasmaría en The Rocketeer.
El resto de su infancia trascurrió de la misma manera que la de cualquier niño de clase media americano, con mudanza familiar incluida.

Fue precisamente a raíz de la mudanza hasta una zona rural del sur del estado de Idaho, descrita por Stevens como el escenario perfecto para una película del gran Frank Capra, cuando el futuro artista descubrió la palabra ¡Excelsior!

Para quienes no lo sepan, dicha expresión fue acuñada por el guionista y escritor Stan Lee como seña de identidad de la editorial Marvel Comics, frente a la veteranía de la que hacía gala DC Comics. Lee fue el responsable, junto a un increíble grupo de artistas, de revolucionar el panorama editorial y llevar al noveno arte hasta una expansión que no se recordaba desde los años cuarenta y su Golden Age.
Los títulos de la nueva editorial, los cuales llegaban poco a poco, pero de manera continuada hasta una tienda llamada Perkins General Store, se convirtieron en una especie de “libros de texto para aprender a dibujar” para el joven Stevens.

Perkins General Store no era igual que una tienda de comics de hoy en día, pero sí que ofrecía varias cabeceras, de forma periódica, de comics de la editorial Marvel. Eso era más que suficiente para alimentar mi joven imaginación y en Perkins General Store conseguía encontrar alguna que otra joya de vez en cuando. En cuanto a los comics se refiere, siempre compraba los títulos según las ilustraciones de las páginas interiores de los mismos. Jack Kirby, John Buscema, John Romita sr, Steve Ditko y Gene Colan fueron mis maestros. Copié y copié los comics una y otra vez, especialmente aquellos de Buscema, Colan y Kirby.

Al leer estas palabras de Stevens es fácil reconocer la fascinación que cautivó a toda una generación de jóvenes lectores, muchos de los cuales se convirtieron en el relevo de los artistas anteriormente comentados. De todas formas, todavía le quedaba por descubrir al dibujante que más terminó por influir en su carrera profesional.

De vez en cuando, a finales de los años sesenta, parábamos para cenar en un lugar un tanto antiguo. Tenía, entre otras cosas, un pequeño expositor de comics. La imagen que recuerdo me atrajo fue la de la cara gigante de Garra Amarilla, el Capitán América, la estatua de la libertad y Nick Furia, todos delante de los rascacielos de Manhattan.
Era el número 161 de la colección Strange Tales, con una portada tal que me abalancé sobre ella como si hubiera encontrado oro. Desde la primera página hasta la última, una splash page alucinante, mi boca no hizo otra cosa que abrirse cada vez más. Al terminar de leerlo busqué con avidez el nombre del dibujante. Era obra de Jim Steranko. A él le debo más que a ningún otro dibujante del mundo del comic y la ilustración.

James Steranko es, por derecho propio, uno de los artistas más importantes del mundo gráfico y su influencia aún hoy en día, cinco décadas después de su debut, es tan importante como antaño. Steranko muy bien podría llevar el sobrenombre de “renacentista” a tenor de sus créditos. Además de dibujante, ilustrador, diseñador gráfico y agente publicitario, artista conceptual para el cine, escritor, documentalista y editor, Steranko también ha sido, a lo largo de su vida, músico, cantante y compositor de Jazz, gimnasta, mago y escapista en una feria ambulante. El mismísimo Jack Kirby se basó en el pasado de Steranko para crear al personaje de Mister Miracle, como parte de su obra El cuarto Mundo.

Años más tarde, Stevens también se basaría en el pasado de Steranko para contar, a su vez,  el pasado de su personaje Cliff Secord, protagonista de The Rocketeer. Secord, al igual que Steranko, había trabajado en una feria ambulante como escapista y ayudante de un mago, “The great Orsino”, antes de dedicarse a pilotar aviones. (2)

No obstante, la admiración así como las influencias y el legado de Steranko en el trabajo de Stevens van mucho más allá, tal y como el mismo autor reconocía en las páginas del libro Brush with pasión. The art and life of Dave Stevens.

Steranko era el Sean Connery del mundo del comic. Dinámico, osado, en cierto modo desafiante y, desde luego, peligroso. Jim estiró los límites del medio mientras experimentaba con los límites del Comic Code.
Steranko combinó sus experiencias personales de gimnasta, músico, ilusionista, escapista y delincuente juvenil a tiempo parcial con su gusto por las novelas pulp y la edad dorada de la ilustración para crear algunas de las historias más atrevidas y llenas de acción que el lector medio pudiera encontrar en el mercado. Steranko era subversivo y molón incluso antes de que ninguno de nosotros supiera qué era eso. Quería ser Steranko de mayor. Todavía quiero serlo. 


Y es que una vez leída The Rocketeer de manera íntegra queda claro que la sombra de Steranko está muy presente. Ya se ha comentado que Cliff Secord heredó de Steranko su pasado como escapista y ayudante de un mago. A esto se le podría añadir el carácter bravucón y con cierta pose de delincuente juvenil del joven Secord -en especial por el rechazo que le produce la autoridad uniformada-, algo de lo que el propio Steranko hizo gala en su juventud.

Otro punto en común, heredado de Steranko,  fue el gusto por personajes de la era pulp, tales como The Shadows -personaje para quien Steranko dibujó las portadas de una serie de novelas publicadas en los años setenta por Pyramid Jove- y Doc Savage, hercúleo personaje que Steranko inmortalizó en las portadas de la serie Doc savage the man of bronze, publicadas por Marvel Comics en la misma década de los setenta. Lamont Cranston también conocido como The Shadow aparecerá en la segunda historia del personaje creado por Stevens, Cliff's New York Adventures, mientras que el segundo, Savage, interactuará con Cliff Secord en el último acto de su primera aventura gráfica, aunque su nombre “real” nunca salga a relucir, por aquello de los derechos de autor.

Por añadidura la amistad que se entabló entre ambos creadores ayudó a profundizar no sólo en los elementos ya reseñados, sino en otras facetas artísticas que luego volcaría Stevens en su trabajo.

A partir de entonces y a lo largo de más de una década, Stevens dedicó todos sus esfuerzos a convertirse en un artista gráfico ya fuera tanto de forma autodidacta como asistiendo a clases para aprender distintas técnicas artísticas.
En aquellos años Stevens acudió por primera vez al San Diego ComiCon (1972), encuentro al que no dejaría de asistir a partir de entonces. En San Diego, Stevens no solamente conoció a muchos de sus “maestros” gráficos, sino que fue conociendo los entramados de la industria y lo difícil que es lograr un trabajo.
Por ello, el joven Stevens –en aquel momento acababa de cumplir los 17 años- se matriculó en la escuela de dibujo comercial y publicitario de la ciudad de San Diego, experiencia que, si bien le ayudó a mejorar, no logró convencerle de que su futuro pasaba por estar en las aulas otros dos años más.

Recién desembarcado en el mundo laboral, Stevens tuvo que admitir que aún le quedaban muchas cosas que aprender, aunque, gracias a su talento, logró comenzar su carrera de dibujante publicitario. Uno de sus primeros clientes fue el campeón del mundo de karate y artista marcial Chuck Norris. Más tarde, y merced a los contactos adquiridos en el ComiCon, Stevens trabajó como entintador de las tiras de prensa de Tarzán junto a otro de sus ídolos de infancia y juventud, Russ Manning. 

En 1975, Stevens llegó a tener una entrevista –bastante fallida, en palabras del dibujante- con George Lucas para trabajar en los diseños de Star Wars. La entrevista no prosperó, pero le dio la oportunidad para visitar las primitivas oficinas de LucasFilms y conocer a Joe Johnston quien, años después, sería el director de la película The Rocketeer.

Cinco años después, Stevens logró trabajar para la compañía fundada por George Lucas. Stevens realizó parte de los diseños conceptuales de la película En busca del arca perdida de Steven Spielberg, muchos de los cuales terminaron siendo utilizados como ideas para su precuela, Indiana Jones y el templo maldito. Lo curioso es que el artista responsable del look de buena parte de la película y, sobre todo, del personaje de Indiana Jones no fue otro sino Jim Steranko.

Al final, en el verano de 1981, todo comenzó a encajar y Stevens sacó a la luz su gran obra. The Rocketeer debutó en las páginas de la colección Starslayer: The log of the Jolly Rogers, en abril del año1982. Ante la buena acogida por parte de los lectores, la serie se continuó publicando en una nueva cabecera titulada Pacific Present. En esta nueva colección el personaje de Stevens compartía cabecera con la serie Missing man meets the Queen Bee, obra del Steve Ditko, padre gráfico de Spider-man.

Tras dos números publicados, The Rocketer tuvo que esperar más de un año para ver terminada su primera aventura, algo que ocurrió en octubre de 1984, en el especial The Rocketeer Special Edition# 1. Ésta se publicó ya bajo el paraguas de la editorial Eclipse, editorial que también sacó al mercado el tomo recopilatorio con todos los números que formaban esta primera historia y, por añadidura, engañó al autor con las cifras en las tiradas de dicho tomo para no tener que abonarle la totalidad de sus derechos de autor.

El caso es que, si se analiza en conjunto, los problemas de publicación de la serie gráfica -merced a los sucesivos cierres de las editoriales que la publicaban- se repitieron en la aventura cinematográfica.
En un primer momento, The Rocketeer era un proyecto que debería haber sido llevado al cine por la compañía Amblin Entertaiment de Steven Spielberg y Universal Pictures. Antes de eso, United Artists también se mostró interesada, pero nunca se pasó de una primera conversación.
Al final, el proyecto cayó en manos de Walt Disney Company, la cual planteó el proyecto para el sello Touchstone.  Acabábamos de firmar una trilogía con Touchstone, el sello adulto de Disney, pero antes de que la tinta se secara en el papel nos dijeron “No, va a ser de Disney, porque Disney necesita un éxito de taquilla en acción real para el verano.

Éste fue uno de los muchos cambios que Stevens debió soportar mientras trataba de llevar a la gran pantalla su creación. Lo que artista ignoraba era que aquellos eran tiempos muy convulsos para Disney -tanto que se llegó a hablar de una venta a otra compañía, y durante varios años fue Warner Bros quien se encargo de la distribución de sus películas- e, incluso, se llegó a plantear un cierre del estudio. Stevens, desgraciadamente, terminó por pagar, en carne propia, muchas de las arbitrariedades de la veterana compañía.

Por fortuna el proyecto recayó en las manos de un director de la talla de Joe Johnston, capaz de entender e interpretar adecuadamente la atmósfera y las referencias propias del momento en el que se desarrolla la acción, algo que terminó por salvar el proyecto.

En cuanto al guión de la película se refiere -obra de Danny Bilson y Paul De Meo- éste parte de las mismas premisas que la obra original; es decir, la estética y el ambiente de los años treinta en los que se mueve Cliff Secord, pero, como era de esperar, introdujeron algún que otro cambio. El resultado final fue que la historia cinematográfica de The Rocketeer está mejor contada que su homónima gráfica y tiene muchos más elementos que la vuelven más entretenida para el espectador. La idea es la misma, pero los guionistas se apoyaron en elementos y/o en personajes secundarios para darle mayor sustancia a la narración. Tal y como suele ser habitual, hay cambios y alguna que otra visión controvertida, pero, en este caso, la historia original salió ganando al adaptarla a la gran pantalla.
 
El primero de todos estos cambios -motivado por la audiencia final a la que iba dirigida la película, al llevar el sello Disney- fue cambiar el carácter y la apariencia física de la novia de Cliff, Betty. En su versión a imagen real, Betty pasó de ser una modelo que no duda en posar desnuda –a imagen y semejanza de uno de los iconos de Stevens, Betty Page- para llamarse Jenny Blake, una aspirante a actriz sin demasiada fortuna y mucho más recatada.
Blake será el nexo de unión entre su novio, Cliff Secord, y el afamado actor Neville Sinclair, interpretado por Timothy Dalton.

Neville Sinclair –cuyo nombre está prestado de un relato de Sherlock Holmes- es, sin ningún género de dudas, un homenaje al actor Errol Flynn. Es más, lo vemos actuar en un escenario calcado al de Las aventuras de Robin Hood, protagonizadas por Flynn en 1938, aunque los guionistas añadan unas señas de identidad más que controvertidas y luego desmentidas.

En su libro Errol Flynn. The untold story, el escritor Chales Higham sostiene que Flynn fue un fascista bisexual que espió para los nazis, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En la película, Sinclair actúa como un auténtico espía alemán –con una máquina de códigos Enigma y todo- empeñado en obtener la mochila cohete para entregársela a los ingenieros nazis. Dicha mochila había sido desarrollada por uno de los pioneros de la aviación contemporánea, el multimillonario Howard Hughes quien, según cuenta Higham, fue amante de Flynn en la vida real.

Dejando a un lado las interpretaciones basadas en rumores, lo cierto es que, dos años antes del estreno de la película The Rocketeer, se publicaron dos libros en los que no solamente se desmentían las acusaciones de Higham, sino que se aportaban datos que demostraban que Higham falseó documentos para apoyar sus propias teorías. (3)

Sea como fuera, Timothy Dalton realiza un trabajo sobresaliente, y se nos muestra como una mezcla de canalla encantador y despreciable traidor, al servicio del Reich alemán. A sus órdenes se encuentra el gigantón Lothar, un personaje que, originalmente, apareció en la segunda aventura gráfica de The Rocketeer como compañero de Cliff Secord en la feria de monstruos en la que el joven militó, años antes. El aspecto físico del personaje está basado en Rondo Hatton, mítico actor de serie B, cuyo rostro sirvió de inspiración a Dave Stevens para su historia gráfica.

En cuanto al personaje de Howard Hughes, éste no aparece como un personaje en el cómic original, aunque sí se le llega a nombrar, pero Disney prefirió incluir en el reparto al controvertido ingeniero y personaje público de aquellos años por dos razones. La primera tenía que ver con no tener que pagar los derechos del personaje de Doc Savage quien era el propietario original de la mochila cohete, según se daba a entender en la historia escrita por Stevens. 
Hughes, a su vez, era una excusa argumental que le servía a Disney para poder vender una de sus atracciones turísticas, la cual pasaba por ser la única que le reportaba pérdidas en su cuenta de resultados a final de año. Dicha atracción era el Hughes H-4 Hercules “Spruce Goose”, considerado uno de los mayores aviones construidos a lo largo de toda la historia y el mayor hidroavión. El gigantesco avión fue desarrollado durante el conflicto bélico de los años cuarenta y eran muchos los que pensaban que tan enorme estructura nunca podría llegar a volar. De ahí que cuando Secord utilice un modelo escala del Spruce Goose para escapar de sus perseguidores, Howard Hughes diga “That son of a bitch WILL fly!” (4)

Otro de los personajes añadidos -además de Howard Hughes- es el gánster Eddie Valentine, magníficamente resuelto por el actor Paul Sorvino. Valentine será el responsable del robo de la mochila cohete, pero, al enterarse de las verdaderas intenciones de Sinclair, no dudará en ponerse del lado de los hombres del FBI quienes, momentos antes, querían detenerle.
La actitud de Valentine no es ningún invento, dado que, tras el ascenso del “Duce” Benito Mussolini en Italia, las grandes familias del crimen organizado fueron perseguidas por el nuevo estado fascista y sus fuerzas del orden. Dicha situación desencadenó una esperpéntica colaboración entre las tropas aliadas y los capos criminales, unidos en un frente común contra el fascismo impuesto sobre el país transalpino.

No me quiero olvidar de la elección de Alan Arkin en el papel de Peevy, el mentor de Cliff e ingeniero de mantenimiento del circo volador en el que trabajan ambos. Arkin engrandece al personaje gráfico creado por Stevens y lo lleva a un estadio superior, algo que la narración cinematográfica agradece.
Secundarios de lujo, tales como Jon Polito o Ed Lauter completan un reparto capaz de contentar a los espectadores más exigentes.

En cuanto a la pareja de protagonistas, Jennifer Connelly –Jenny Blake- vuelve a demostrar sus dotes como actriz versátil y decidida, aunque, por exigencias del guión, su papel está un tanto condicionado. Lo que sí queda claro es que, lejos de las heroínas lacrimógenas tan del gusto de Disney, Jenny Blake sabe cómo defenderse en el mundo real y eso siempre es de agradecer.
Bill Campbell en el rol de Cliff Secord se me antoja como la mejor elección para el papel, no solamente por su parecido físico –el actor se llegó a cortar el pelo para lucir igual que su homónimo gráfico- sino porque se comporta tal y como lo hace el personaje en la historia creada por Stevens; es decir, como un tipo normal obligado a ser el héroe de la historia, pero sin mucha convicción en el empeño.

Tal y como suele ser habitual, la crítica se cebó en la elección del actor, demostrando que, entre otras muchas cosas, no se habían leído el cómic original y, por añadidura, estaban añorando ver a Johnny Depp en el papel de Secord, nombre que también sonó durante la preproducción de la película.

El que, además, la producción contara con profesionales tan reconocidos como la diseñadora de vestuario Marilyn Vance-Straker, el director de fotografía Hiro Narita o el compositor James Horner tendrían que haber ayudado a que la película triunfara o, por lo menos, lograra mayor trascendencia. Sin embargo, la realidad fue otra bien distinta. Dave Stevens explicó el fracaso de la película en estos términos.
Después de haber estado varios años trabajando en la película, estar presentes en los procesos de producción y de haberla presentado ante un público más que entusiasta sabíamos que teníamos una buena película, con muchas posibilidades de triunfo. Nunca imaginé que pudiera fracasar en taquilla. ¿Qué fue lo que falló?
The Rocketeer se estrenó la semana después de que lo hiciera Robin Hood: El príncipe de los ladrones y la semana antes de Terminator 2: Juicio Final, la que resultara ser la película más taquillera del verano de 1991. Entre las dos nos hicieron papilla.


No es mi intención desmentir las palabras del autor, pero, además de lo ya dicho, yo añadiría alguna cosa más.
Primero, el error garrafal por parte de Disney de pretender vender The Rocketeer como una película familiar y de aventuras, empapada de los finales edulcorados que tanto gustan a los ejecutivos de Disney. Ni siquiera con los cambios que sufrió el personaje de Betty y otros detalles se puede considerar a la película un producto clásico de la factoría Disney, por lo menos en aquellos años tan convulsos. Después está la propia desidia y los errores de promoción, sobre todo fuera de los Estados Unidos de América, los cuales en nada ayudaron al conocimiento de la película, por mucho que unos cuantos nos empeñáramos en lo contrario. (5)
 Y por último, y no por ello menos importante, hay que sumar la ceguera de un público que ni siquiera fue capaz de darle una oportunidad a una historia tan atractiva como apasionante y divertida, algo que también es habitual en la historia del séptimo arte.

Las cosas cambiaron algo con su lanzamiento en video y en DVD, pero la realidad, casi dos décadas después, es que The Rocketeer sigue siendo una película digna de ver y, sobre todo, de descubrir por quienes no repararon en ella, todavía una gran mayoría de espectadores.

Dicho esto, tampoco es que Disney pusiera mucho empeño en sacarle mayor provecho a su inversión, pues la película se amortizó, pero poco más.

Con motivo del décimo aniversario, se planteó la posibilidad de realizar una lujosa edición especial para conmemorar el evento. Disney descargó buena parte de la responsabilidad sobre las espaldas de Dave Stevens.

Tras un largo proceso que implicó varias etapas de diseño, búsqueda de escenas eliminadas y otros elementos intrínsecos a la producción de la película, Disney dio marcha atrás y decidió no hacer nada con el nuevo material, dejando a Dave Stevens “compuesto y sin edición especial” además de sin cobrar ningún tipo de derecho  de autor por las sucesivas ediciones en video, DVD, o pases en televisión.

Tal injusticia -una de tantas cometida por una empresa, Walt Disney, especialista en hacer las cosas no mal, sino peor- nunca pudo ser restituida, dado que, para cuando se celebró el 20º aniversario del estreno, Dave Stevens ya había fallecido de leucemia, razón por la cual no pudo disfrutar de los fastos organizados por Disney y su club de fans, D23.

Un año después de su muerte, la editorial IDW publicó dos tomos recopilatorios con la práctica totalidad de las aventuras del personaje gráfico y material extra, sobre todo en la segunda versión, The Rocketeer Deluxe Complete Collection. Al año siguiente, en julio del 2010, el lujoso y completo tomo de 272 páginas, con material inédito, dibujos preliminares, sketch y un sinfín de cosas más recibió el premio Eisner a la Mejor colección o proyecto de recuperación de material: comic-books. Tras el éxito de la iniciativa, IDW continuó publicado otras ediciones limitadas de la historia original de Dave Stevens - The Rocketeer jetpack treasure edition y Dave Stevens’ The Rocketeer: Artist’s Edition- hasta que, en la primavera del año 2011 presentó Rocketeer Adventures, serie limitada de cuatro números realizada por un selecto grupo de artistas.

Nombres tan conocidos como Alex Ross, Mike Allred, John Cassaday, Mike Mignola, Kurt Busiek, Michael Kaluta, Mark Waid, Darwyn Cooke, Geof Darrow, Bruce Timm, Dave Gibbons o Laura Martin unieron su talento y su pasión por la obra original y recrearon las aventuras y los personajes ideados por Dave Stevens, décadas atrás.
Un año después se publicó la segunda serie limitada The Rocketeer: Cargo of Doom, escrita por el guionista Mark Waid, y ya está anunciada una tercera serie limitada, The Rocketeer: Hollywood Horror para el mes de febrero del año 2013.

En nuestro país y tras dos décadas de ausencia en las librerías especializadas, Norma Editorial ha publicado The Rocketeer: las historias completas, un tomo de 288 páginas que recoge no sólo las historias gráficas originales, sino toda una colección de material adicional, a imagen de la edición original americana de la editorial IDW con un precio más que razonable.

Lástima que Dave Stevens nunca pueda volver a dibujar las aventuras de Cliff Secord, aunque, a buen seguro que debe estar disfrutando, desde el cielo que surcaba su personaje Cliff Secord, con esta nueva oportunidad que se le está brindado a su personaje, aunque todavía esté pendiente la comercialización en Europa del Blu-ray que salió a la venta en los Estados Unidos de América con motivo del 20 aniversario.

Siempre nos quedará su trabajo y su tremenda pasión artística, la cual plasmó en The Rocketeer para deleite de quien supimos apreciarla desde el principio. 


(1)    Commando Cody: Sky Marshal of the Universe. Serial cinematográfico, de 12 episodios, producido en 1952 por Republic Pictures. 

(2)    The Rocketeer. Cliff′s New York adventure. En sus páginas también aparece un personaje llamado Teena, una joven con la que Secord compartió aventuras y algo más, durante su estancia en el circo ambulante. Teena y el resto de los integrantes de la troupe son, a su vez, un homenaje de Dave Stevens al clásico cinematográfico Freaks, mítica película de género dirigida por Todd Browning en 1932.  

(3)    Los libros que rebaten la teoría de Higham son My days with Errol Flynn: The autobiography of a stuntman, escrito por Buster Wiles; y Errol Flynn. The spy who never was, obra de Tony Thomas. Su hija Rory Thomas, en su libro, The Baron of Mullholland, también desmiente las teorías de Higham, aportando pruebas de que su padre era, lejos de toda duda, un hombre que amaba estar y tener relaciones con mujeres, además de tener una ideología que hoy catalogaríamos de “liberal de izquierdas”, razón por la cual, no dudó en apoyar la causa republicana durante la Guerra Civil española, ayudando económicamente a las Brigadas Internacionales.

(4)    En la actualidad el Spruce Goose se encuentra expuesto en el estado de Oregon, dentro de las instalaciones del Evergreen Aviation & Space Museum, un escenario mucho más apropiado y digno para conservar un modelo aeronáutico de estas características que donde Disney lo expuso durante más de una década, como mera atracción turística.

(5)    En nuestro país la única manera de lograr información sobre el trabajo de Stevens y la propia película pasaba no por llamar a las oficinas de Warner Española –empresa que distribuyó la película- sino llamando a las oficinas de Toutain Editores y hablar con alguien de la editorial. En mi caso me atendió el propio Josep Toutain. Gracias a su ayuda pude no solamente elaborar un artículo sobre el autor y el personaje gráfico, sino leer, de manera íntegra, las aventuras de Cliff Secord, dado que fue Toutain Editores quien publicó en la revista Comix Internacional, la historia gráfica de Dave Stevens.

The Rocketeer (C) Dave Stevens 2012
The Rocketeer las historias completas (C) Norma Editorial 2012




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