lunes, 16 de diciembre de 2013

CERRANDO EL CÍRCULO


Hace seis años acepté el reto de hacerme cargo de una sección dedicada al mundo del cómic, no sólo hablando de series, autores y editoriales, sino comentando algunas interioridades del mundo del fandom.

Seis años después, este blog tiene más de doscientas entradas y más de veinte mil visitas a lo largo de su historia. Una vez que me planteé celebrar este sexto aniversario fueron varias las opciones que barajé, pero, dado que este año ha sido un año de puntos y finales, me gustaría dejar claras algunas cosas.

Una de las cosas que se han terminado, aunque esto ya lo dije hace dos años, ha sido mi participación en cualquier tipo de evento comiquero que se organice en las islas canarias. El punto y final lo ha puesto el Gran Canaria ComicFest 2013, evento al que asistí, única y exclusivamente, porque Juan Pedro Rodríguez Marrero- su director y una de las pocas personas a las que respeto dentro del mundo del fandom a nivel nacional- me lo pidió.

Yo ya sabía lo que me iba a encontrar antes de poner el pie en el Gran Canaria Espacio Digital y, salvo honrosas excepciones, no me equivoqué. Es más, sin tan siquiera haber aterrizado en las islas, me di cuenta de lo poco que servía una década de trabajo, medio millar de artículos, diez libro y medio centenar de exposiciones, además de mi obsesión por la documentación y cierto academicismo. ¿Por qué lo sé? Pues, porque me hicieron cambiar un dato específico e importante, dato que no era un delirio por mi parte, sino contrastable por personas tan reputadas como el crítico y documentalista de cómic norteamericano Paul Sassienie, autor del libro The Comic Book, una de las mejores guías que se han escrito en los últimos treinta años sobre la historia del cómic contemporáneo.

El problema es que se me olvidó que, en un centro público, vale más la opinión del que manda que un trabajo bien hecho y bien documentado, que no arbitrario, ni caprichoso –como llegaron a decir.-

Eso sí, no les importó que yo pagara –incluyendo los taxis y una cena a la que acudimos tanto invitados como curritos- y cediera el material que pagué y cedí para organizar el evento. Faltaría más.

De todas formas, y vuelvo a repetir, veinticinco años te enseñan cuándo le caes rematadamente mal a alguien y esa persona hace todo lo posible por que te sientas bien a disgusto, cuando lo único que pretendes es hacer tu trabajo.

En el extremo contrario diré que, trabajar en el Gran Canaria ComicFest, me permitió volver a colaborar con el ya mencionado director, Juan Pedro Rodríguez Marrero, sino el conocer a personas tan válidas como a la diseñadora Bárbara Luego, o a la dibujante Yesenia Acosta, una de las responsables del YESLAND Studio.

Todo lo anteriormente dicho se puede resumir en el energúmeno que puso el evento en general, y a mi persona en particular, a la altura de los pies de los caballos, pero cuando escribí una sensata, pero grauchiana, réplica en su blog se negó a publicarla, por el artículo 25, que dice "no la publico, porque no me gusta que me lleven la contraria". Artículo muy en boga, también, en los centros públicos de las islas.

El otro punto y final que me gustaría comentar tiene que ver, casualmente, con los seis años en los que he formado parte de los escritores que trabajaban para la Editorial Dolmen. Lo cierto es que este último año lo he pasado en dique seco y lo único que he podido publicar ha sido un artículo, en la revista mejicana 
Comikaze, relacionado con el libro sobre el guionista Robert Kirkman, libro que escribí y publicó la editorial Dolmen en el verano del 2011. Mi situación este último año ha tenido que ver, únicamente, con la realidad del mercado editorial español. Sin embargo, debí aceptar que tras seis monográficos, dos Pretextos Dolmen, un libro sobre una serie de manga/anime, y mi participación en el enciclopédico ensayo sobre Los Vengadores, además de una docena de artículos en la revista Dolmen, mi tiempo dentro de la editorial se había terminado.

Salvo algunas experiencias no muy gratas -fundamentalmente durante la redacción y posterior corrección del libro de Los Vengadores, momento en el que asumí que yo era el outsider recomendado por el editor, dado que no tengo relación directa con ninguno de los otros escritores del libro- mi estancia dentro de Dolmen Editorial ha sido muy buena, tirando casi a genial. No solo no he tenido problemas con mis editores, sino que he podido tratar los temas que he querido con alguna salvedad relacionada con exigencias de la propia editorial.

Al final me gustaría pensar que he aportado algo bueno a la línea de libros teóricos de Dolmen Editorial, aunque ahora mismo el mercado no esté para dar cabida a escritores de mis características. Ahora me toca continuar mi trabajo en este blog, así como en la sección de cómic del magazine Tumbaabierta.com, y en el blog de Dos Ningunos de Dudosa Reputación, aparte de desarrollar mi labor organizativa muy lejos de las islas.

No todo ha sido malo, ni muchísimo menos, pero mi nivel de tolerancia ante los desprecios, ninguneos y exigencias caprichosas de quienes, en un centro público, se creen con el derecho de comprar tu alma, cuando solo están pagando por un trabajo, ha terminado. ¡Salve y que ustedes lo pasen bien, y yo no lo vea!

PD: el dibujo que acompaña a esta reseña es obra del diseñador, dibujante y responsable del magazine fantástico www.tumbaabierta.com, Daniel Fumero Jiménez. Se trata de una portada inédita y que se llegó a barajar para ser la cubierta del monográfico Dolmen# 12, dedicado al dibujante Todd McFarlane, durante la primavera del año 2006. Al final se decidió utilizar una imagen del vecino arácnido pero, pese a la negativa,  la calidad del trabajo de Daniel Fumero Jiménez está fuera de toda duda y no se me ocurre mejor imagen para ilustrar este artículo que dicha imagen.

© Daniel Fumero Jiménez, 2013 


      

viernes, 29 de noviembre de 2013

THE KID WHO COLLECTS SPIDER-MAN (Amazing Spider-man# 248) y A SPIDER-MAN CAROL (Marvel Holidays Special# 1)


Hace unos meses -en febrero del presente año, para ser más exactos- se publicó la entrega número 700 de la colección Amazing Spider-man. Atrás quedan las mil y una peripecias del vecino arácnido, los sinsentidos editoriales que han jalonado buena parte de su trayectoria –algunos de los cuales deberían formar parte del “museo de los horrores” particular del noveno arte- y un personaje que hace tiempo que traspasó las barreras físicas del formato en el que está impreso para ocupar un lugar de honor dentro de la cultura contemporánea.

Entre las muchas historias que han llevado a Peter Parker a ser quien es, hay muchas que, lejos de ahondar en la vertiente súper heroica del personaje, se detienen en su personalidad y en cómo la imagen del arácnido puede influir en la vida de los demás, tanto en el mundo real como dentro del universo Marvel.

Una de esas historias, la cual ocupa un lugar de honor en el imaginario de los buenos seguidores del personaje, se publicó en las páginas del Amazing Spider-man# 248 (enero 1984) con guión de Roger Stern y dibujo de Ron Frenz. The kid who collects Spider-man nos cuenta la historia de Tim Harrison, uno de los mayores fan de vecino arácnido, que salta a la palestra como consecuencia de una entrevista que le hace el columnista del Bugle Jacob Conover.

Tim es un niño amante de las películas de ciencia ficción –se ha visto la trilogía de La guerra de las galaxias completa, varias veces- pero que, además, posee una de las mayores colecciones de recuerdos sobre la figura de Spider-man. En su habitación guarda celosamente álbumes de recortes, revistas, fotos y todo aquello que tenga relación con las andanzas del vecino arácnido desde el mismo instante en el que Peter Parker asumió su nueva identidad.

Bien se podría decir que Tim es un verdadero archivista del pasado y presente del héroe, muy a pesar del cascarrabias editor del Bugle, quien dudo mucho que simpatizara con la afición y el empeño del joven por preservar la memoria de su héroe.

Por todo ello, no es de extrañar que un veterano como Conover se fijara en Tim para escribir una de sus columnas, un trabajo que además pretendía hacer de altavoz para que el joven lograra su más ansiado sueño; es decir, conocer a su héroe en persona.

¡Dicho y hecho! Nada más leer la columna de Conover, Spider-man se coló por la ventana de la habitación del joven y, una vez que éste asumió que no estaba soñando, el amistoso vecino arácnido puso todo su empeño por lograr que su anfitrión viviera una velada inolvidable. Desde comprobar la enorme fuerza del héroe, pasando por conocer el secreto del fluido arácnido y terminando con algunos de los momentos más significativos a lo largo de la historia del héroe, la noche se convirtió en una “montaña rusa emocional” para Tim Harrison y uno de esos momentos que uno siempre recordará.

El problema es que Tim Harrison no era un niño normal, a pesar de todo su entusiasmo juvenil y sus ganas de vivir. Quizás por dicha circunstancia, Peter Parker sí responderá a una de esas preguntas que todo el mundo se hacía, desde que el mundo conociera al héroe arácnido, y decidiera contarle quién era, en realidad, Spider-man. Son tres páginas inolvidables, en las que el lector comprueba el carácter noble y comprometido de un héroe por casualidad, quien, con el paso de los años, fue adquiriendo todas las señas de identidad de los héroes con mayúsculas.  

¿Y qué era aquello que hacía que Tim Harrison no fuera un niño como otro cualquiera?...Tim Harrison no era un niño normal, porque estaba enfermo. Tenía leucemia, y los médicos sólo le daban unas semanas de vida, justo cuando Jacob Conover le hizo la entrevista.

No nos hace falta ver el rostro de Peter Parker cubierto por la máscara de la araña para saber que está llorando, encaramado sobre el muro que circunda el hospital en el que está ingresado Tim.


Años más tarde, en las páginas del Marvel Holiday Special# 1 (1991), el hermano mayor de Tim, Joey, le confirmará al héroe –y al cascarrabias de J.J.Jameson- el fallecimiento de su hermano, pero también le expresará su gratitud porque gracias a la visita de Spider-man, “Timmy murió sintiendo que había logrado alcanzar la mayor meta de su vida”. El rostro de Joey Harrison, sujetando uno de los cuadernos de recortes de su hermano, el cual también incluye episodios relacionados con la familia del editor del Bugle, logrará que, por una vez, Jameson admita que, incluso Spider-man, puede tener sentimientos nobles y altruistas. 

THE KID WHO COLLECTS SPIDER-MAN está compuesto por once páginas imborrables, sinceras, dignas de figurar en cualquier biblioteca gráfica y que, de manera más que merecida, se encuentran entre las diez mejores historias de cuantas han sido escritas sobre el vecino arácnido –y no solamente porque en su día lo dijera la ya desaparecida, e influyente, revista Wizard.

De la misma forma, A SPIDER-MAN CAROL, nombre del relato que forma parte del Marvel Holidays Special# 1 antes mencionado, también merece la pena tenerlo guardado en el imaginario, dado que recoge no sólo el testimonio de Joey Harrison, sino de otros seres anónimos cuyas vidas dieron un giro, gracias al empeño del héroe por tratar de hacer las cosas bien. Dichos testimonios son el mejor bálsamo contra las mentes estrechas e inmovilistas, sello inconfundible del carácter de J.J. Jameson, por lo menos, cuando se habla del vecino arácnido.

Ambos relatos demuestran que no hace falta un duende demente y asesino, arrojando a una joven desde un puente, o ningún clon para volvernos a todos locos y obligarnos a comprar un sinfín de ejemplares para encontrar una respuesta a todo aquel galimatías.


Con tan sólo plasmar la tremenda ilusión demostrada por un niño y su devoción por el personaje, todo terminamos siendo Tim Harrison por una noche y, después de conocerlo, nunca olvidaremos al vecino arácnido, ni a Timmy, por muchos años que pasen. 

© Marvel Comics, Inc 2013 

lunes, 14 de octubre de 2013

ENTREVISTA AL DIBUJANTE E ILUSTRADOR JAIME CALDERÓN


Jaime Calderón es de esos artistas gráficos que, gracias a su buen hacer, y su empeño ha logrado hacerse un hueco en el siempre exigente mercado del noveno arte francófono. Obras como Isabelle Le louve de France y Les Voies du Seigneur reflejan un talento artístico que, en su día, ya supo ver el gran Rafael López Espí, aunque no estén publicadas en castellano. Contar con Jaime Calderón como invitado durante la celebración del Gran Canaria ComicFest 2013 fue no solo un privilegio, sino un tremendo placer, dada la profesionalidad y calidad humana del artista.

La primera pregunta es simple. ¿Cuál fue la razón que te llevó a elegir una profesión tan dura y exigente como es la de dibujante, en vez de ser político, banquero o gigolo, profesiones mucho más tranquilas y mejor remuneradas?

Está claro que no fue una cuestión de rentabilidad. Desde pequeño he tenido la ilusión de poder dedicarme al dibujo, pero, verdaderamente, fue a partir de los 22 años cuando se me abrió una pequeña puerta y decidí intentarlo. Realmente no sabía exactamente en qué disciplina del dibujo tendría cabida, pero lo que sí tenía claro era lo que no quería hacer. A veces eso es más importante que tener una idea, en ocasiones errónea, de lo que uno quiere hacer con su futuro profesional.

Una vez decidida la profesión, ¿cómo fueron los comienzos y con qué apoyos contaste?

Duros, como los de cualquier profesión, supongo, pero la ilusión, el ímpetu y las ganas suplían la inmadurez artística y el desconocimiento del medio. Tengo que decir que, en aquellos primeros años, fue fundamental para mí el apoyo de mi mujer, Ester García, pues a ella le debo el que ahora me dedique a esto.

En un principio, alternaste tu labor en el campo de la publicidad junto con el trabajo en proyectos de cómic, tales como Extrahumanos y con colaboraciones con editoriales de la talla de Recerca y Aleta, ambas desaparecidas por ese monstruo grande y terrible que es la crisis. ¿Qué recuerdas de aquellos años?

Pues un poco lo que decía antes, había más ganas que talento. La verdad es que guardo un recuerdo casi romántico de aquella época, pues todo era nuevo para mí y había mucha pasión en cada una de las cosas que hacíamos, todo era visceral y poco racional. Además fueron años donde conocí a la gran mayoría de colegas con los que aún mantengo amistad. Sobre todo cabe destacar la figura del Maestro Lopez Espí, pues no solo tuve la suerte de recibir sus magistrales clases, sino que, también, me permitió dibujar a sus personajes.

Después, y como buena parte de los autores gráficos españoles, fuiste a parar, acompañado de tus lápices y tu talento, al mercado francés. ¿Fue una decisión propia o las circunstancias del mercado propiciaron tu marcha?

El mercado me obligó a emigrar, aunque tengo que decir que en aquel momento casi había tirado la toalla, pero un colega envió mi trabajo a un editor francés y así empezó todo.

¿Cómo es el mercado francés actual, visto por quien lleva ya unos cuantos años trabajando allí y con mucho éxito, debo añadir?

Ha cambiado mucho en los últimos años, la estrategia por parte de los editores no es la misma. Antes había una dependencia de los autores y la marcha de éstos a la competencia ponía en serios problemas la solvencia de los editores. Ante esta situación tomaron la decisión de inundar el mercado de novedades y repartir las ventas. 
Para ellos es mejor vender menos ejemplares de más libros que vender muchos de uno, de esta manera tienen más autores y títulos y  se aseguran de no depender de la fidelidad de sus autores. Lógicamente, esto no es bueno para nosotros, porque cada vez tenemos más dificultad para cobrar los deseados derechos de autor. A pesar de eso están a años luz de nosotros.

¿Le recomendarías a un autor nobel que encaminara sus pasos hasta dicho mercado, tal y como está la situación?

Aunque no me guste, tengo que decir que sí, siempre y cuando uno quiera vivir de esto. Tristemente el mercado nacional no da para poder dedicarte con exclusividad a este oficio, así que lo mejor es mirar hacia fuera.

¿Hay algo que aún a día de hoy no te acabe de gustar? ¿O consideras que, como con otras tantas cosas, el mundo francófono sabe cuidar sus productos, independientemente de la situación socio-económica que se esté viviendo?

Nada es perfecto, siempre hay cosas que se pueden mejorar. El problema de cualquier industria es que siempre hay diferencias entre los distintos colectivos, porque cada uno defiende sus intereses, pero, en general, y viendo el panorama de opciones creo que es la mejor. 
Allí el cómic es un fenómeno cultural y la valoración que se tiene por el autor y su obra no se produce en ningún otro lugar del mundo. Además, como bien dices, ellos saben lo que tienen e intentan protegerlo al máximo, de hecho están donde están gracias a esto.

Háblanos un poco de tus dos series Les Voies du Seigneur e Isabelle Le louve de France. ¿Qué destacarías de ambas y por qué se las recomendarías a un lector de cómics?

La primera se engloba en lo que conocemos como ficción histórica. Son cuatro libros que recogen cuatro periodos diferentes unidos entre si por un mismo  hilo argumental “el famoso mapa de Vinland”.
La segunda hace referencia a los acontecimientos previos a la guerra de los cien años entre Francia e Inglaterra a través de los ojos de la protagonista, la reina Isabelle.
En mi opinión estos libros  -como tantos otros-  son recomendable no solo a “ los lectores de cómic”, sino también a los amantes del género histórico, pues es una muy buena manera de conocer la historia y romper un poco con los prejuicios que seguimos teniendo a la hora de leer un “ tebeo”.

Si pudieras elegir ¿qué te gustaría hacer una vez que termines tu estancia en ambas series?

Uff, pues no lo sé, la verdad. Gracias a Dios tengo diferentes opciones y aún no he tomado la decisión. Lo que sí tengo claro es que me gustaría publicar algún proyecto que tengo por aquí, con un colega patrio, pero tengo que encontrar el momento.

¿Te ves trabajando para el mercado anglosajón? Si fuera así, ¿hay alguna serie y/ o personaje que te gustaría dibujar?

A priori, no. Las exigencias en ritmo de entregas de la industria anglosajona se alejan mucho de mi filosofía de trabajo, pero uno no sabe lo que le deparará el futuro así que… Veremos. En caso de que llegara el día en el que me encontrara trabajando allí, me haría especial ilusión dibujar a Superman.

Tras tu estancia en el Gran Canaria Comicfest 2103, ¿qué opinión tienes de la labor de los salones de cómic a la hora de promocionar y ayudar a los autores que asisten a estos encuentros, después de tantos años en esta profesión?

Verdaderamente no he encontrado demasiadas diferencias en cuestión de capacidad organizativa e ilusión entre nuestros festivales y los que se hacen en Francia, más bien es una cuestión de medios. Allí, como he dicho antes, la BD es un fenómeno social y cultural que atrae a miles de personas a los eventos, por lo tanto hay más inversión por parte de las administraciones y eso se va retroalimentando, pues hay más capacidad de difusión, etc.

Además de ser dibujante, también eres el fundador de la Escola de Ilustració i Còmic Fem Art, en Barcelona. ¿Te gusta asumir el papel de profesor y formar a las nuevas generaciones?

Pues la verdad es que sí, es agradable ver cómo gente a la que has “ayudado” va haciendo sus pinitos en la industria, es muy gratificante. Nosotros llevamos 14 años con la escuela y ahora es cuando estamos viendo los frutos de la formación que hemos impartido. Además es una muy buena forma de seguir aprendiendo, porque de alguna manera estás obligado a racionalizar aquello que, a veces, haces de manera natural.
Realmente tengo mucho que agradecer a la escuela y a sus alumnos.

¿Tienes miedo al “relevo generacional” o consideras que el cambio y la evolución son buenos para la industria gráfica?

No, en absoluto, es ley de vida. Además, es importante que las nuevas generaciones se incorporen al mercado y aporten nuevas formulas artísticas, porque, a su vez, conectan con nuevos colectivos y eso es bueno para la industria. Además, a nivel didáctico, es la manera de que uno mismo vaya evolucionando y aprendiendo.

Si has llegado hasta el final de la entrevista y se te ha quedado alguna cosa por comentar –y no vale usar monosílabos, ni frases hechas- ahora es tu oportunidad.

Simplemente profundizar en la idea de que el Cómic, BD o Historieta no es solo para los lectores especializados, sino para todas las personas. Me encantaría que los amantes de géneros determinados vieran en el cómic un disfrute más, como con la literatura, el cine o la poesía.

Muchas gracias.

Gracias a vosotros y felicitarte especialmente por la labor de divulgación tan importante y necesaria que llevas a cabo.

Quien quiera conseguir las últimas obras del autor, por favor diríjase a la tienda online Amazon (Francia).

martes, 10 de septiembre de 2013

EL GRAN DUQUE, EL ÚLTIMO VUELO Y MÁS ALLÁ DE LAS NUBES


Desde el mismo momento en el que los hermanos Orville y Wilbur Wright lograron hacer volar sus primeros modelos de aeroplanos, la historia de la aviación contemporánea ha estado rodeada de un halo de romanticismo y cierto misticismo que nunca le ha abandonado. Si Leonardo Da Vinci ya postulara que también el hombre podía volar, y no sólo sobre el papel, los hermanos Wright lograron que dicha teoría cobrara carta de naturaleza –aunque, sinceramente, creo que Leonardo también logró que alguno de sus artilugios voladores surcara los cielos.

Sea como fuere, tras el hito marcado por la pareja de hermanos estadounidenses, el desarrollo de la aviación sufrió un vuelvo radical con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el uso que del aeroplano se hizo en los años de tan desmesurada contienda. Aquellos fueron los años de los “Caballeros del aire” y del barón Rojo, Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, el mayor as de la contienda, abatido el 21 de abril del año 1918 sobre los cielos franceses. 

Ese espíritu de caballerosidad, mancillado y mutilado por quienes sólo veían la guerra como una sádica carnicería sin fin, no impidió que el ataúd de von Richthofen fuera llevado a hombros por los oficiales del tercer escuadrón de las Reales Fuerzas Aéreas Australianas –sobre el papel, los “enemigos” del as alemán- cuyos oficiales también ejercieron de guardia de honor durante el entierro del as alemán, un día después de su muerte.

Luego,  y mientras el mundo evitó solventar sus problemas con una nueva contienda, visionarios tales como Howard Robard Hughes, Jr., potenciaron el desarrollo no solamente de la aviación militar, sino de la comercial, un segmento que vivió un auge similar al que había logrado la aviación militar durante la Gran Guerra. Tachado de excéntrico y desmedido, el talento de Hughes quedó reflejado en el enorme, pero majestuoso H-4 Hercules "Spruce Goose", un auténtico prodigio de la ingeniería aeronáutica moderna y que SÍ logró volar.

Por desgracia para el mundo, en septiembre del año 1939, los campos, los mares y los cielos del mundo volvieron a teñirse de rojo, merced al estallido de la Segunda Guerra Mundial, aunque, unos años antes, fueron los campos, las costas y cielos de nuestro país los que recibieron su baño de sangre, tras el levantamiento militar protagonizado por el general Francisco Franco en contra del legítimo gobierno de la República española.

Y tal y como sucediera en la década que rodeó a la Gran Guerra, la nueva contienda bélica impulsó hasta el infinito “y más allá” el desarrollo de la aviación, siendo la mejor muestra de esta afirmación, la aparición del motor a reacción y del revolucionario Me-262 alemán.
No obstante, el mundo de la aviación y sus protagonistas, los pilotos, continúo estando rodeado del mismo halo de misticismo, soledad y cierta dosis de caballerosidad, aunque, las ideologías y los fanatismos terminaron por desvirtuar buena parte del mismo espíritu que rodeo el sepelio de von Richthofen, sólo unos años antes.

Por lo menos, algunos lograron mantenerlo intacto, tal y como lo reflejan tres obras gráficas sobresalientes, El Gran Duque, El último Vuelo y Más allá de las nubes.  

El Gran Duque es la historia de un avión revolucionario, el Heinkel 219 Uhu (Eagle-owl), el mejor interceptor nocturno alemán de cuantos llegaron a combatir en los cielos europeos en la Segunda Guerra Mundial.  Y es también la historia del Oberleutnant (subteniente) Wulf Hauptmann, un veterano piloto de la Luftwaffe destinado en el frente oriental. Wulf es un piloto de la vieja guardia, criado en unos valores que tiempo atrás se olvidaron, pero que él aún se empeña en preservar. Un detalle de esto sería que no lleva la cruz gamada pintada en la deriva de su Focke-Wulf Fw 190, dado que, según su opinión, la esvástica era un símbolo de un partido político, el Nacionalsocialista alemán, y no una enseña militar.

En realidad, tal desobediencia estaría castigada con el calabozo, por no decir con un pelotón de fusilamiento, pero para el líder del grupo del Oberleutnant Wulf, el Kommodore Wolfgang von Reinschneider, la osadía de Wulf era una buena muestra de su carácter, algo que el Kommodore apreciaba y valoraba en sus hombres.

Wulf, al igual que von Reinschneider, pertenecen al mismo grupo de pilotos que Günther, también conocido como “el Experto”, otro as de la aviación alemana, siempre a los mandos de su Messerschmitt Bf 109, veterano del frente ruso y uno de los protagonistas del álbum El último vuelo.

Cada uno de ellos representa a todos aquellos pilotos que vieron en la Luftwaffe del Reichsmarschall Hermann Wilhelm Göring la herramienta para devolver a su país al lugar que se le arrebató tras la firma del tratado de Versalles. Y cada uno de ellos, en especial Wulf y Günther, representan la decepción y el hastío que invadió el ánimo de buena parte de los combatientes alemanes, inmersos en una contienda ideológica y megalómana, la cual a punto está de acabar con el país que ellos mismos habían jurado proteger.

Puede que el más desencantado y anacrónico de todos sea Wulf, incapaz de tolerar las bravuconadas de quienes se apuntan como victorias el derribo de los obsoletos biplanos de observación soviéticos y los aparatos poco armados. ¡Tampoco contabilizamos el tiro al pichón! ¡Eso lo dejamos para las hienas como tú, que no tienen esa clase de escrúpulos!, le dirá el veterano aviador a un teniente recién llegado y con ganas de ascender en el escalafón, sin importarle cómo.

Günther tiene esa misma mentalidad y no duda en rendirle respeto a quien sólo unos minutos antes le ha desafiado en el cielo de un lugar cualquiera de la Europa en guerra, tal y como sucede en “El Salto del Ángel”, el cuarto de los relatos que se encuentra recopilado en El último Vuelo.

Son seres tan anacrónicos como Teruo, el piloto japonés que protagoniza la primera de las aventuras de El último Vuelo, a los mandos de su Mitsubishi A6M5 "Zero", unos de los cazas más famosos de la contienda bélica.  “La Flor del Cerezo” reproduce los instantes finales en la vida de uno de aquellos jóvenes pilotos de caza japoneses que, llegado el momento, se sacrificaron por su emperador y por su nación, lanzándose en picado sobre un navío aliado, en los instantes finales de la Segunda Guerra Mundial.

Los pensamientos y sentimientos de Teruo están plasmados en una carta a su padre en la que trata de reivindicar todas aquellas cosas que motivaron la entrada en la guerra del imperio japonés contra las fuerzas aliadas, por unas causas que ya resultan huecas y ajadas, por mucho que el joven pretenda mantenerlas vivas.

Sus motivaciones fueron las misma que las de Günther, las de Wulf, las del Kommodore Wolfgang von Reinschneider, o las de Alain de Champalaune, el joven piloto francés que se alistó para luchar junto a los soviéticos –formando parte del regimiento de caza Normandía-Niemen- o las de la teniente Lylia Litvasky, una “Nachthexen” (Bruja de noche) ascendida a piloto de caza del ejército soviético, pilotando un Lavochkin-5.

Lylia Litvasky es, además, la excusa argumental utilizada por el guionista Yann –Yannick le Pennetier, responsable de la historia que se cuenta en El Gran Duque- para plantearnos las tensas y complejas relaciones entre los combatientes de uno y otro bando, además de la consideración que se tiene para con las mujeres, combatientes o no, en medio de un escenario bélico.

Las páginas en la que Wulf descubre cómo un grupo de pilotos tratan de violar a Lylia y su posterior comportamiento para con sus subordinados recuerdan poderosamente al comportamiento del sargento Rolf Steiner, el recio e inquebrantable soldado alemán protagonista de la película de Sam Peckinpah, Iron Cross. Al igual que Wulf, Steiner tampoco tolerará el comportamiento de Zoll, un sádico miembro del partido, carente de toda ética y sentido moral, a quien abandonará a su suerte, una vez que éste quede herido e indefenso, frente a las mujeres que ha querido violar.

Lylia es también el catalizador de las tensas relaciones entre los combatientes y los comisarios del partido comunista soviético, empeñados en mantener la pureza ideológica y los dictados del Gran Camarada, Joseph Stalin, a costa de la vida y los sufrimientos de quien sea. Sus tiras y aflojas con la camarada Politruk son una buena muestra del sesgo ideológico que dominó la Segunda Guerra Mundial, algo que igualmente simboliza Verena, la chivata nazi que va destapando cualquier atisbo de traición hacia los dictados del Reich nacionalsocialista, sin importarle lo más mínimo las consecuencias de su acciones.

Llegado el momento y tras el fallecimiento de su hija pequeña, Rommy, durante el execrable y sanguinario bombardeo de la ciudad de alemana de Dresde por parte del ejército aliado, Wulf perderá el único anclaje con la realidad que aún le mantenía sereno  y cuerdo, transformando su existencia en una sucesión de combates, muertes, más combates y más muertes, a imagen y semejanza de la vida de Günther.

Resulta curioso apuntar que será otra niña, Catherine, quien salva la vida de Tom, un piloto americano, herido tras atacar un convoy alemán a los mandos de su Curtis Republic P-47D "Thunderbolt", en la segunda historia del álbum El último Vuelo. La niña le dará a su muñeca Lily, a modo de amuleto, al igual que Rommy, le diera a su padre un búho de madera, para que le protegiese durante sus misiones.

Tom logrará devolverle a Catherine su muñeca, justo antes de embarcarse como instructor en un portaaviones, un navío que luego se convertirá en el objetivo principal de Teruo, el piloto japonés del que ya hemos hablado anteriormente. Wulf perderá el búho que le regaló su hija, a causa de su afán por salva a Lylia, y el juguete acabará destruido, pasto de unas llamas que también consumirán el cuerpo de su hija pequeña.

Sin reparar el ello, será Tom quien derribe a Günther, cansado de ver cómo masacran a los reclutas que le envían sus superiores para tratar de defender lo que ya era indefendible. Más adelante será cuando Tom caiga herido y conozca a la pequeña Catherine, quien hizo la veces de “ángel de la guarda” del piloto, pero que, llegado el caso, no pudo acompañarle cuando el barco en el que navegaba Tom se convirtió en el objetivo del ataque suicida desatado por Teruo.

En otro instante, y en otro continente, el Kommodore que sustituyó al desaparecido Wolfgang von Reinschneider, era arrestado por la SS, acusado de traición y de formar parte del complot que casi logra acabar con la vida de Adolf Hitler, una mañana del mes de julio del año 1944. Su sustituto, un desfigurado y leal nazi llamado Testhoff, no dudará en dejar clara su postura frente a cualquier acto de sedición o insubordinación hacia los dictados del tercer Reich y sus mandatarios, fiel reflejo de la locura que poseyó a buena parte de los ciudadanos de la Alemania de aquellos años.

Su último acto de piedad hacia Wulf, una vez que la víbora de Verena denuncia su comportamiento y su permisividad ante el intento de deserción de un compañero de armas, es ponerle a los mandos de un Mistel 1 (Ju 88 A-4/Bf 109 F-4) o Beethoven-Gerät, una “bomba volante” pilotada, similar a las bombas Yokosuka MXY-7 Ohka japonesas.

Para Wulf, la misión es igual de suicida y sin retorno que para Teruo, pero el destino y la vida de un piloto está regido por unos parámetros diametralmente opuestos a los de una persona de a pie, un hecho que el piloto alemán certificará cuando se encuentre con Lylia en el mismo tren de prisioneros en el que él está metido.

Dejo para el final Más Allá de las Nubes, porque su desarrollo argumental transcurre en un lapso de tiempo mucho mayor y no solamente en la guerra sobre los cielos de Europa, durante la primera década de los años cuarenta, del pasado siglo XX.

Más allá de las nubes es una historia de amistad, entre dos pilotos de caracteres bien distintos, Allan Thompson, un americano de espíritu indómito, y Pierre Lucas-Ferron, otro apasionado de la aviación, en cualquiera de sus facetas, pero con un espíritu mucho más atormentado que su antagonista americano.
Su primer encuentro fue providencial, justo después de que Pierre diera con sus huesos y con los de su avión en lo alto de una montaña perdida y helada, en medio de los Alpes. Allí, en medio de la nada, Allan arriesgó su vida para salvar a Pierre, sin titubear lo más mínimo, un acto de valentía que sedujo al accidentado piloto francés casi de inmediato.

Luego, sus vidas se volverían a cruzar en pleno auge de los raids aéreos, las carreras de velocidad y los show acrobáticos que llenaron los cielos de buena parte del mundo hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Eran tiempos en donde los constructores apostaban todo su prestigio para ganar un determinado trofeo que luego les permitiera obtener un suculento contrato gubernamental, tal y como pretendía la firma Caudron, fundada en 1909 por los hermanos Gaston y René Caudron.

Dichos juegos de intereses y poderes político-económicos truncarán la carrera profesional de Pierre Lucas-Ferron y supondrán el principio del fin de su relación con Marie, su prometida, quien luego se mudará hasta los Estados Unidos, merced a la ayuda recibida por Allan.

Será, precisamente, en los cielos de Norteamérica, donde la vida y el rostro del piloto francés queden seriamente desfigurados, obligando a Pierre Lucas-Ferron a desaparecer de la escena pública para luego regresar escondido tras la máscara del temerario piloto conocido como "The Black Angel".

Una vez que todo parece que había vuelto a la normalidad, Pierre verá el rostro de su amigo Allan impreso en un las páginas de un periódico en el que se ensalzaban las hazañas de los pilotos norteamericanos que habían acudido hasta el viejo continente, como parte del contingente que acudió en defensa del imperio británico, en su desigual lucha contra el Reich alemán.

Aquella foto hace que Pierre deje atrás su vida de acrobacias y, una vez de regreso en Europa, se aliste en las fuerzas aéreas británicas, la última línea de defensa contra la invasión alemana que sobrevolaba Gran Bretaña.

Desde el primer momento, Pierre Lucas-Ferron demostró ser un piloto excepcional, capaz de sobrevivir en medio de una letanía continua de muertes y más muertes. Sin embargo, su encuentro con Allan le devolverá a un estado de rivalidad, tiempo atrás olvidado, el cual le empujará hasta una suerte de competición sin sentido, tratado de superar la marca del contrario, pero sin tan siquiera contar con quien cuidará el marcador final.

El último acto de Pierre Lucas-Ferron sobre los cielos de Europa lo empareja con los otros pilotos antes mencionados, aunque su sacrificio sólo sea conocido por unos pocos, mientras que el resto lea una historia bien distinta.

Al final, la guerra en el aire es una guerra de personas en solitario, que toman decisiones en solitario y luego deben aceptarlas tal cual son, sin poder descargar la culpa sobre el compañero. Pierre Lucas-Ferron, como también hiciera Wulf Hauptmann, Alain de Champalaune, Lylia Litvasky o Teruo forman parte de la hermandad que, desde el principio de los tiempos de la aviación moderna, se desarrolla en los cielos de cualquier parte del mundo durante una contienda, y cada una de estas obras es un magnífico ejemplo de todo ello.

Por último, y no por ello menos importante, están los verdaderos protagonistas de estas tres historias, magníficamente plasmados sobre el papel por el dibujante Romain Hugault –quien también es el autor del guión de El Último vuelo. Su sobresaliente trabajo sólo queda eclipsado por el hecho de que se trate de una obra en dos dimensiones en vez de en tres. Si así fuera, podríamos apreciar la pureza y el realismo de sus aeroplanos, los cuales parecen querer salir volando de las páginas dibujadas y coloreadas por el autor francés.

Bien se pudiera decir que estas obras son, en conjunto, una enciclopedia visual que recogen algunos de los mejores aparatos que lucharon, frente a frente, durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Su nivel de detalle y verosimilitud los hacen todo un placer para que, quienes disfrutamos con el mundo de la aviación, en cualquiera de sus facetas, no dejemos de sorprendernos ni un instante, mientras leemos estas tres sensacionales obras publicadas por Norma Editorial, en su formato original y con una calidad digna de reseñar.


Son tres obras para los amantes de la aviación y de los dramas humanos, que se desarrollan dentro y fuera de un conflicto bélico, escenario ideal para que el ser humano brille tal cual es, sin parafernalias vanas, ni verborrea hueca y sin sentido. Sólo el cielo, los mandos de un avión y un instante antes de entrar en combate.  

EL GRAN DUQUE
Autores: Yann (guión) y Romain Hugault (dibujo y color)
ISBN: 978-84-679-0675-2
PVP: 25,00€

EL ÚLTIMO VUELO
Autor: Romain Hugault (guión, dibujo y color)
ISBN: 978-84-679-1000-1
PVP: 14,00€

MÁS ALLÁ DE LAS NUBES
Autores: Regis Hautière (guión) y Romain Hugault (dibujo y color)
ISBN: 978-84-679-0863-3
PVP: 18,00€

 © Romain Hugault , 2013.
 © Norma Editorial, 2013. 



viernes, 16 de agosto de 2013

ABSOLUTE PLANETARY



Para regresar al sello editorial con el que Cassaday logró un reconocimiento generalizado, Wildstorm, el dibujante escogió –y/ o le tocó, según se mire- uno de esos proyectos que sólo aparecen unas pocas veces, y en muchos casos sólo una vez, en la carrera de un profesional.  Puede que resulte exagerado, pero pocas veces el talento conjunto de dos autores ha logrado producir una obra de tal magnitud como es Planetary. Casos como éste los hay en la historia gráfica, pero son pocos y con nombres y apellidos muy reconocidos.

Después de leer todos los números publicados –ahora recopilados por Norma Editorial en su magnífica edición Abslute Planetary- y de llenar varias páginas con apuntes de todo tipo, he decidido dejar paso a opiniones de personas más versadas que yo, las cuales aciertan, plenamente, con la complicada definición de una obra con tal cantidad de matices como es Planetary. Tres son las opiniones que he seleccionado y que considero que son las que mejor logran dicha definición.

Imaginaos una agencia de viajes con la que se pudiera contratar una gira de visita a todos los mitos de la ficción del siglo XX. Excursiones para conocer de primera mano a los héroes, criaturas y fantasmas que han dotado de vida los pulps, las películas y los tebeos de la última centuria.

En un principio, Planetary nos ofrece eso: un acercamiento oblicuo a los mitos de la ficción pop. Doc Savage, los justicieros de novelitas de los 20 y 30, Godzilla, Mothra y los monstruos de películas japonesas, los fantasmas orientales y los polis de películas de acción hongkonesa, la ciencia-ficción de las revistas de la primera mitad de siglo, los Cuatro Fantásticos, el increíble Hulk, los grandes personajes del universo DC, John Constantine y toda la legión de Vertigo, las pelis de ciencia-ficción de serie B de los años 50, los tebeos psicotrópicos de Grant Invisibles Morrison...

Planetary lo toca todo, y podríamos decir que todo lo deja sucio... porque pronto descubrimos que cuando creíamos haber contratado un viaje de placer, en realidad ha sido la agencia la que nos ha tendido una trampa, y obedece a intereses secretos que ocultan una trama de profundidad insospechada.

Si Planetary fuese sólo una sucesión de estampas revisionistas de mitos que ya conocemos, ya sería interesante gracias a la capacidad que Ellis ha demostrado para tocar la fibra sensible de esos mitos… Pero la inquietante subtrama que enlaza todo, ese aire a Expediente-X, a conspiración, a paranoia y a que "todo es mentira" que cada vez se hace más palpable a medida que avanza la colección, provoca una lectura urgente, una ansiedad por recibir el siguiente número y devorarlo en busca de alguna revelación que nos alivie de tanta tensión.

Trajano Bermúdez, en Volumen Dos #4.

Warren Ellis y John Cassaday han manufacturado un inteligente ingenio a través del cual pueden explotar las posibilidades de nuestra situación contemporánea, descrita más arriba. Los héroes de su historia no son luchadores contra el crimen ni guardianes globales, sino, por un golpe perfecto de inspiración, arqueólogos. Gente que hurga bajo la superficie del mundo para saber de su pasado, sus secretos y sus maravillas. En este caso, sin embargo, el mundo que se está excavando no es nuestra esfera inmediata, a pesar de que nos resulta casi igual de familiar. Estamos excavando un planeta que es nada más y nada menos que el paisaje acumulado de casi un centenar de años de fantasía, de cómics.

Por suerte para un escritor como Warren Ellis, en Planetary tiene como cómplice el talento opalescente de John Cassaday, un artista capaz de ofrecer unas vistas, trajes y construcciones asombrosamente imaginativas, a través de una línea que combina la fuerza con una delicadeza casi etérea. Cassaday parece sumido en una rivalidad dinámica con el guionista, donde cada uno intenta superar al otro con un nuevo y asombroso concepto, con la plasmación de una idea que nos llevará más allá de la frontera, hasta el territorio de lo que nunca antes había sido concebido. El resultado final es una extraordinaria obra de ciencia ficción.

Alan Moore en el primer tomo recopilatorio de Planetary

Planetary me obsesiona.

Me obsesiona como una película de ciencia ficción oscura y de bajo presupuesto de los años cincuenta, vista en un televisor en blanco y negro cuando todavía eran demasiado pequeños como para poder afrontarlas.

Me obsesiona como una de esas historias cortas y visionarias publicadas en revistas de formato bolsillo con palabras como “Amazing”, “Astounding” o “Asimov” en la portada. Como una clase de Historia tan buena que por un momento te das cuenta de que hubo gente que vivió esas cosas, y que te encuentras junto a ellos.

Como un western de Leone. Como James Bond, si de verdad fuera tan bueno como lo recordamos.

El amor por Ellis por la literatura y la historia, filtrado a través de su propia y extraña visión, le sitúa junto a su contemporáneo Alan Moore en algo más que en la calidad. Lo que les diferencia es que, mientras las páginas de Moore rebosan de información visual y sus viñetas están llenas de una explosión de vida y saber, Ellis nos ofrece un encuentre  más espartano, más cinematográfico. Se toma su tiempo. Espera.

Y entonces, las hormigas gigantes… O el cohete, el pozo de fantasmas, el trazo de hielo sobre la hierba de un parque. Su sentido del ritmo, del espacio, es verdaderamente épico.
En esto le ayuda el extraordinario John Cassaday. Capaz de un detallismo extremo, sin embargo nunca da más información de la necesaria en ese momento, Cassaday es el complemento perfecto para la visión de Ellis.

Es evidente que Ellis quiere que las imágenes cuenten su historia (otro arte casi perdido en los cómics), y Cassaday nos recompensa con panoramas que quitan el aliento, alternados con momentos de humanidad, calmados y ácidos. Nos mete en bóvedas alienígenas gigantes y estamos ALLÍ. Nos acerca a momentos de asombrosa violencia y estamos ALLÍ. Lo captura todo. Y, además, Jakita Wagner: como un tren.

Joss Whedon en el primer tomo recopilatorio de Planetary

Sinceramente creo que los tres autores, Moore y Whedon de una manera más visceral, y Trajano Bermúdez desde la óptica del estudioso del mundo gráfico, desmenuzan las interioridades de una obra que no para de crecer, desde el primer momento.

Lo único que añadiría serían otras influencias, muy presentes en la obra, como pudieran ser la obra de Julio Verne,  Edgar Rice Borroughs, Bram Stoker y sir Arthur Conan Doyle –con mención directa al Nautilus del capitán Nemo, el viaje a la Luna, Tarzán, Pellucidar y John Carter, Drácula o Sherlock Holmes- además de personajes como The Shadow y The Spirit del maestro con mayúsculas Will Eisner. 

No se me escapa que una reunión de personajes con unas características tan definidas también podrían enlazar con una serie como The league of extraordinary Gentleman, escrita por Alan Moore aunque de ellos hablaremos en otra columna.

Volviendo a la serie en cuestión, en Planetary también son palpables grandes acontecimientos reales sociales del pasado siglo XX como la fueran la guerra fría, la caza de brujas y el miedo nuclear, o una despiadada crítica a los años del gobierno conservador de la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher y el presidente de los EEUU en esos mismos momentos, Ronald Reagan.

Sin embargo y a pesar de lo atractivo de todo el planteamiento, lo cierto es que la colaboración entre John Cassaday y el guionista Warren Ellis a punto estuvo de no llegar a buen puerto.

La primera opción de colaboración entre Warren Ellis y yo surgió tras mi primera visita al ComiCon de San Diego. Unos meses después de aquel encuentro me llamaron de Cavalier Comics para ofrecerme hacer un cómic con tipo llamado Warren Ellis. Yo no sabía quién era. Por aquella época estaba haciendo las portadas de Excalibur y otras cosas y no tenía tiempo para nada más. Después nos propusieron conocernos y así podríamos ver de qué se trataba el proyecto.

En principio la idea era hacer varias miniseries –llegué a dibujar las primeras treinta páginas del primero número-. Se trataba de un proyecto pequeño para Cavalier, de ésos en los que no ganas mucho dinero, pero te interesa para poder tener, luego, algo que presentar a los editores. Y al final decidimos no hacerlo y pasar a otras cosas, pero nos gustó la experiencia de trabajar juntos. Warren quedó muy impresionado con mi trabajo y estábamos esperando la oportunidad para poder coincidir, de nuevo.

Tiempo después comencé mi trabajo en Desperadoes y, aunque me gustaba el trabajo, no quería encasillarme. Quería dibujar superhéroes y así se lo dije a Warren, pero él estaba trabajando en otro tipo de historias –criminales y dramas-. Aquello tampoco ayudaba a que lográsemos trabajar juntos, pero yo no estaba dispuesto a dejarme vencer por el desaliento (risas)

Más o menos medio año después lo llamé y me comentó una idea como Planetary. La propuesta me pareció acertada y tenía suficiente de… emmm,… le puedes encontrar el punto medio entre las historias de misterio que Warren quería escribir y tiene el elemento superheroico que yo estaba buscando. La verdad es que no podía dejarlo escapar y encima llegó en el momento oportuno. 1

Planetary está protagonizado por tres personajes principales –además de la historia contemporánea del pasado siglo XX-. Dichos personajes son Elijah Snow, Jakita Wagner y John Cassaday… perdón, quiero decir The Drummer.

Los tres, dotados de súper poderes, conforman la columna vertebral de la organización Planetary, aunque están supeditados a la enigmática figura de El Cuarto Hombre Sólo sabemos que tiene más dinero que dios. Y que financia todo lo que hacemos sin preguntar nada le cuenta Jakita a Elijah Snow, cuando éste le pregunta qué se esconde detrás de unas siglas como Planetary. Han transcurrido seis páginas y el relato arranca sin dejarnos siquiera tomar aire.

  Tras esto, Ellis nos mostrará algunas de las cartas que conforman la serie –cuáles serán las claves sobre las que se moverá la serie- mientras Cassaday no deja de sorprendernos con sus dibujos, cada vez más detallados y espectaculares. Queda claro que, tras el previo de la serie, publicado en las colecciones Gen 13 y C 23, en septiembre del 1998 –más un poster promocional comercializado en los salones de San Diego y Chicago, en ese mismo año- ambos artistas se pusieron manos a la obra para no defraudar las expectativas de los aficionados, depositadas en la nueva colección.  
 
En tan sólo 24 páginas ambos artistas nos trasladan a un universo poblado de referentes culturales populares y al concepto de una nueva realidad –con forma de un brillante y atractivo copo de nieve teórico que existe en un espacio de 196.833 dimensiones…El copo de nieve gira. El número total de rotaciones es igual al número de átomos que constituyen la Tierra. Cada rotación hace una nueva Tierra. Esto es el multiverso-. Apasionante, atractivo, una puerta a lo desconocido y todo en menos de veinte páginas del primer número.

No es de extrañar el subtítulo de la colección ARQUEÓLOGOS DE LO DESCONOCIDO, el cual aparece en la primera de las portadas, en la que también se encuentran los tres protagonistas y el atractivo logotipo diseñado por Cassaday.

LOS DETALLES DEL PROYECTO

Cuando empezamos a trabajar, Warren me dio una descripción de cada uno de los personajes. Por ejemplo de Snow me dijo “lleva un traje blanco y tiene el pelo blanco”. No era demasiada información, pero, a partir de ahí, me imaginé a Snow muy pálido y con unos ojos negros, muy negros, ya que en los cómics o en las películas siempre ves a tipos con el pelo y la piel muy blanca y con unos ojos muy azules y brillantes.

Por eso mi interés en ponerle unos ojos muy oscuros, para lograr el mayor contraste.

Otro elemento muy importante, en la creación del personaje, es su relación con Jenny Sparks, protagonista de la serie The Authority.

Ambos han nacido a principios del siglo XX –el uno de enero de 1.900- aunque al principio no estaba al tanto de dicha relación. Conocía la existencia de la serie StormWatch, colección en la que aparecía el personaje por esas fechas, pero no la leía. Más tarde, Warren me puso al día de la coincidencia en su fecha de nacimiento y otros detalles de Snow y Sparks.

También está un personaje como Ambrose Chase, el anterior tercer hombre de Planetary y que aparece en el número nueve. Su aspecto es menos majestuoso que el de Snow, pero mucho más atlético y decidido.

Con Jakita, lo que Warren me sugirió sobre su aspecto estuvo relacionado con el traje, semejante a la piel de un gato negro y yo le añadí las líneas rojas que recorren todo el traje. Lo que no me gustaba es imaginármela sólo vestida con el traje negro. Quería añadirle otros elementos y después le coloqué las rodilleras y coderas, no tanto para su protección, sino para cuando tuviera que golpear a alguien.

En cuanto a The Drummer, tuve más problemas a la hora de diseñarlo. En un principio lo imaginé calvo y con grandes ojos cóncavos. Sin embargo, Warren no estaba muy seguro de ello, por lo que hablamos varias veces sobre todo aquello, tratando de llegar a una solución que nos convenciera a los dos. Al final logramos darle un aspecto que nos gustó a ambos.

 Warren quería ver cosas específicas en cada uno de los personajes, pero yo tenía mucha manga ancha para poder desarrollarlos. Al final los personajes son producto de mi imaginación, aunque con el beneplácito de Warren. 1

Debo añadir, en relación con el personaje de The Drummer, y de ahí mi “confusión” anterior, que su rostro y su mismo aspecto físico es muy similar al propio Cassaday. Además, Cassaday es un gran aficionado a la música –The Drummer significa, el batería- con lo que muy bien se le puede considerar su “alter ego” gráfico. Y si no me creen, compárenlos y verán que sus parecidos son más que razonables.  

De todas formas, lo mejor de una serie como Planetary –y el trabajar con un autor como Warren Ellis, por añadidura- es que tengo la posibilidad de experimentar y dar rienda suelta a mi creatividad. Por ejemplo, Warren me comenta una determinada historia “En este número quiero que dibujes un cementerio lleno de personajes (Planetary 6) de los años ochenta” y, a partir de esa idea, dibujo las páginas. Me puede decir “Haz un personaje similar a John Constantine” y yo dibujo mi versión de dicho personaje. Hago las cosas que quiero, pero contando con Warren.

Lo que está claro es que Warren es quien escribe la historia y luego yo la traduzco en imágenes. Si tengo alguna idea acerca del guión, se lo comento y él puede añadirlas luego a la narración final. 1

 Un buen ejemplo de ello es la viñeta que abre el número 11 de la colección. En ella, una terrorista apodada “la Novia” –que recuerda a personajes como Madame Hydra- le vuela la cabeza a un personaje vestido de negro y con unas señas de identidad tan definitorias como un parche negro y un inconfundible cigarro puro, en el año 1.969…¿Les suena de algo?

 ¡Aquello fue una idea mía! Supuestamente no tenía que aparecer ningún Nick Furia, pero aquel número estaba protagonizado por todos aquellos agentes tipo James Bond, con look de los años sesenta. En el guión, la villana le volaba los sesos a uno de aquellos agentes, muy similares a los de SHIELD, razón por la cual se me ocurrió añadirle al personaje el parche y el puro entre los restos del cerebro. Lo mejor fue que mucha gente supo verlo también.

El poder dar mi propia versión de personajes como Los cuatro fantásticos, Superman, Wonder Woman, Green Lantern o Capitán Marvel también supuso una de mis mejores experiencias profesionales.

No obstante, hay varios números de los cuales me siento especialmente orgulloso. Uno de ellos es el número cinco, El buen doctor. Me encanta, porque trata de un personaje totalmente basado en la estética “pulp”. De lo que me siento más orgulloso es de haber logrado que algunas de las páginas de esta historia sean, literalmente una novela “pulp”. Warren quería hacer algunas escenas como si fueran un flash-back y yo le dije que las planteáramos como si fueran páginas de una novela “pulp”.

Para mí era fácil lograrlo, simplemente tenía que hacer las ilustraciones sobre un fondo color sepia y añadir algún tipo de fuente antigua. Además, Warren hizo un gran trabajo con la prosa, desarrollando un estilo que recuerda al que se utilizaba en aquellas novelas baratas, pero tremendamente populares.

El otro número del que me siento muy orgulloso es el décimo tercero –Century-. Lo hice con estilo de lápiz muy diferente, que le da un aire a los relatos de los años veinte y treinta, sobre todo a las películas de terror de la Universal. Encima, pude dibujar a dos clásicos de la literatura universal como Sherlock Holmes y Drácula, interactuando con Snow, con lo que la experiencia no pudo ser mejor. 1

Personalmente, destacaría tres números, aparte de los que anteriormente comenta el propio Cassaday.
Por un lado están los números Puertos extraños (Planetary 4) y Hark (Planetary 16)  ambos protagonizados por James Wilder y Ms. Hark, ésta digna heredera de Zhang Ziyi, actriz protagonista de, entre otras, de la película Tigre y Dragón. 

Los dibujos de Cassaday, en Hark, parecen coreografiados por el director Zhang Yimou, incluyendo la estética que rodea a muchas de sus películas. 

La magia y la pérdida (Planetary 10) resume en sus páginas alguna de las esencias mismas del universo DC, con todo el respeto del que los autores son capaces, pero sin olvidar el espíritu trasgresor de Ellis.

En Planetary también tuve la oportunidad de experimentar con distintas técnicas para lograr los efectos que buscaba para algunas de las historias. En el tercer número, “Pistoleros muertos” aparece un policía fantasma que busca venganza. Muchos pensaron que el personaje estaba hecho por ordenador, pero no fue así. Dibujé una página normal del cómic, en dos partes diferentes: la página normal y la página sin el fantasma. De esa manera, el fondo y los personajes están dirigidos hacia donde está el fantasma. Entonces cogí otra página y dibujé el fantasma en tonos grises.

Después, con el programa Photoshop, le quité el color y lo añadí a la página normal como una transparencia. En la editorial WildStorm no lo entendieron al principio, pero cuando lo expliqué, y vieron los resultados finales, les encantó. En el Planetary número 22, Warren rinde un homenaje a un personaje como El llanero solitario y debo admitir que volqué mi experiencia dibujando Desperadoes en recrear la figura de John Leather. 1

Imagino que, llegados a este punto se preguntarán si una serie como Planetary, tan llena de parabienes, buenas críticas y mejor ambiente de trabajo entre sus dos responsables directos, tiene algún “lado oscuro” recurriendo al símil cinematográfico.

Pues, sí, y uno de ellos sacó de quicio a buena parte de la legión de seguidores que la serie ha cosechado desde su estreno. 

En esta ocasión se trata de la falta de periodicidad que la serie ha arrastrado desde los primeros meses de su publicación.

Originalmente los planes de Warren Ellis eran poder escribir una narración dividida en 24 partes y de salida bimensual. Los cuatro primeros números llegaron a las librerías especializadas, de manera continuada, durante los meses de abril a julio de 1.999. 

Las tres siguientes entregas cambiaron su cadencia de salida, pasado a ser bimensuales. Durante los años 2.000 y 2.001 los siguientes episodios de Planetary alternaron su llegada al mercado, pasando de ser mensuales, bimensuales o trimestrales, según la agenda de los autores, cada vez más llena.

El verdadero problema llegó en octubre del año 2.001, momento en el que la serie se vería interrumpida hasta… dos años después.

La causa principal estaba motivada, porque Ellis se encontraba cada vez más ocupado, desarrollando otros proyectos como Ministry of space, Global frecuency o su aclamada serie Transmetropolitan, situación que acabó pagando la serie Planetary

La conclusión final de todo, y después de que el propio Ellis declarara que Planetary se había convertido en una serie de aparición a-periódica, es que en tres años y medio, casi cuatro, sólo se llegaron a publicar un total de diez números –el último con fecha de portada del diciembre del 2.006-, además de tres especiales, uno de los cuales, el Batman/ Planetary estuvo a cargo de Cassaday.

El primero de dichos números especiales fue el cruce entre The authority/ Planetary, escrito por Ellis, pero dibujado por Phil Jiménez. 
La verdad es que no quería dibujar el crossover entre The authority y Planetary. Recuerdo que tenía tiempo para hacerlo, pero creo que The authority tiene un estilo muy diferente y no me acababa de convencer.

No me interpreten mal, creo que The authority es un cómic genial, pero es un tipo de animal totalmente distinto. Prefiero los cómics como Planetary, los cuales te hacen pensar. Te obligan a leerlos, en busca del misterio que los recorre, pero que nunca sale a la luz.

Además, Phil es un buen dibujante y estaba convencido de que su trabajo merecería la pena.
En cambio, sí que estaba interesado en hacer el crossover entre Batman y Planetary. La razón es que yo he crecido leyendo a Batman y es como mi primer amor en el mundo de los cómics. De ahí que estuviera tan ilusionado con dicho proyecto. 1

La historia del cruce entre los arqueólogos de Planetary y Batman, escrita por Ellis -con mucha ayuda de Cassaday, seguro- es todo un homenaje al personaje del cruzado de Gotham City y a algunos de sus más recordados autores. De ahí que Cassaday aporte su personal interpretación de los dibujos realizados por artistas como Bob Kane, Jerry Robinson, Carmine Infantino, Dick Giordano, Neal Adams, Frank Miller y Alex Ross. 

Ellis recurre a la escabrosa senda del crimen y la posterior redención, todo en medio de un ambiente hostil, tal y como es la ciudad de Gotham.

Batman/ Planetary se puede considerar como una pequeña enciclopedia visual donde encontrar los diseños más definitorios del murciélago de Gotham -a lo largo de los años- según los lápices de un heredero “natural” del legado de los mencionados autores.  

El tercer número especial protagonizado por los miembros de Planetary se publicó en el año 2.002, dentro de la colección Elseworlds. Se trata del Planetary/JLA: Terra oscura.

La serie Elseworlds se podía definir, según la propia editorial de la siguiente manera: En  Elseworlds, hemos sacado a los héroes de sus ambientes naturales para colocarlos en tiempos y lugares extraños, algunos de los cuales ya han sucedido, y otros, en cambio, no deberían, o no podrían haber sucedido en la realidad. El resultado de esto son historias con personajes que son la mar de familiares, pero con un toque muy fresco.
Por ello, no es extraño que la historia se aparte de la continuidad de la serie original aunque, al estar escrita por Ellis, mantiene el espíritu del Planetary original.

Personalmente, me gustan más los dibujos de Phil Jiménez que los de Jerry Ordway a la hora de reproducir a los personajes de la serie, en ambos especiales, aunque cada uno tiene sus gustos.

Las últimas noticias, dejando a un lado los rumores propios de la red, es que Ellis pensaba terminar la serie en el número 27, presumiblemente, durante el año 2.007 aunque, hubo que esperar dos años más para ver el desenlace de toda la historia.  

Cierto es que dicha ansiedad se palío, en buena parte por la publicación de números tales como Untitled, el cual dejaba atados muchos cabos de la serie. No obstante, no es menos cierto que una serie como Planetary, que posee tantos sub-tramas y argumentos, resultaba muy difícil ponerle un punto y final, el cual contentara a todo el mundo.

Del trabajo de Cassaday, poco más que añadir a lo ya dicho por el mismo y por las opiniones de quienes ejercieron de teloneros para esta reseña salvo que de brillante, en los primeros números, pasa a sobresaliente en las últimas entregas, y eso que cada vez estaba más solicitado, sobre todo como portadista.  
Brian Hitch, el espectacular dibujante a cargo de la serie The Ultimates, apostilla con la verdadera grandeza del trabajo de Cassaday en una serie como Planetary 

Cassaday es increíble a la hora de contarte una historia. Si lees los cómics que dibuja, es como estar viendo una buena serie de televisión o una gran película. No sientes que estás leyendo un cómic, sino que, por el contrario, estás allí, con los personajes, estás inmerso en la trama. Y lo mejor de todo, siempre resulta creíble y real. 

Con la publicación por parte de Norma Editorial de la versión definitiva de esta sensacional historia, se nos abre la puerta al deleite y el disfrute sensorial de una aventura como pocas se han visto en el mundo gráfico, de manera completa y con una calidad de impresión y presentación que tampoco es ya habitual, dentro del convulso y crítico mercado editorial nacional.

ABSOLUTE PLANETARY
Autores: Warren Ellis (guión); John Cassaday (dibujo) y Laura Martín (color)
Colección: WILDSTORM
Este volumen contiene: PLANETARY 1 y 2 (nº1-27 USA y LA HISTORIA “PRIMAVERA NUCLEAR”).
Formato: Cartoné con sobrecubierta
Tamaño: 20,5 x 31,3 cm.
Páginas: 664
Color: Color
ISBN: 978-84-679-0665-3
PVP: 49,50€


Notas:
1-       1-. Dolmen# 70. Enero 2002.

© John Cassaday por el dibujo de la portada de la presente edición, 2013
© Norma Editorial por la edición española de la obra, 2013.



lunes, 12 de agosto de 2013

URIZEN Y MCFARLANE


Muchos de los que fueron a ver, el momento de su estreno, El dragón rojo, primera de las aventuras literarias del asesino inteligente y encantador, Doctor Hannibal Lecter creado por el escritor Thomas Harris en 1.981, muy probablemente no habían oído nunca hablar de un pintor llamado William Blake.

Tampoco es de extrañar dada la poca cultura artística que se tiene en nuestro país, donde los museos son unos lugares donde se guardan cosas pero que sólo se ven desde lejos y donde las clases de arte se dan en medio de una maraña de otras asignaturas más importantes, asignaturas que la acaban por eclipsar. 

Además el arte es válido sólo si te reporta beneficios. Si no, como le decían al personaje interpretado por  Ewan McGregor en Moulin rouge, antes de partir para el París Bohemio: “arruinarás tu vida mezclándote con esa gente”.

De todas maneras, la vida y obra del escritor, filósofo y pintor británico, ha estado siempre rodeada de un aura de misticismo que ha apartado a muchos estudiosos y redactores de planes de estudio de su persona por lo complejo que esta llegó a ser.

Blake vivió entre 1.757-1.827, alternando su labor  de poeta con la de filósofo y pensador y la de pintor, faceta por la cual Harris recurre a él como hilo conductor de su novela, magistral intriga psicológica, donde el simbolismo marca el tiempo narrativo de la narración.

La obra que da base a la trama; el Gran Dragón rojo refleja la personal visión del pintor sobre los temas humanos y su relación con lo divino. Quizás el mayor problema de Blake en vida es que se adelantó a su tiempo y puede que aun hoy, en pleno siglo XXI, todavía estemos lejos de llegar a la claridad de ideas sobre la existencia humana lograda por el escritor de Albión. Su trayectoria profesional transcurrió en medio del romanticismo inglés, amante de los excesos y del disfrute vital, frente a las rígidas normas de la sociedad encorsetada por las reglas de Imperio británico.  Y en medio de todo aquello, aparece, cual faro de poniente, la obra, a ratos difusa, a ratos intensa y siempre arrebatadora de William Blake.

Sin embargo,  no pretendo realizar un estudio en profundidad del autor, lejos estoy de poder hacerle justicia en estas páginas por mucho que lo intente. De Blake me interesa un personaje creado en 1.794, dentro del grupo de obras denominadas “proféticas”. El personaje en cuestión da título a una de las cinco mencionadas obras bajo el título: El libro de Urizen.

“Uizen” representa la abstracta moralidad de Blake, un dios inmortal, que junto con “Los” y “Orc” forman parte del intrincado esquema filosófico de autor, en su búsqueda por encontrar una relación aceptable entre lo humano y lo divino. Esta búsqueda ocupó gran parte de su vida y se puede extrapolar a todas sus facetas artísticas. Como muy bien reconocían sus contemporáneos, Blake era un todo imposible de separar. Un todo que, aún hoy esconde muchos secretos.

Dicho esto, mi interés por el demonio viene dado por su aparición en otra expresión artística, muy poco considerada  por las personas que viven en mi país, pero arte con mayúsculas: el cómic. La colección en cuestión es Spawn, en los últimos anteriores al número 100, cantidad nada despreciable por entonces, para una colección nacida en medio de los convulsos años noventa y tachada de oportunista y de poco recorrido por los detractores de su creador, Todd McFarlane. 
En esos números, el engendro renegado del infierno, Spawn/ Al Simmons y un ángel renegado, Angela, se enfrentan a la batalla definitiva  entre el bien y el mal, cuya primera muestra de destrucción y muerte viene de la mano de un demonio, terrible e inmenso que responde al nombre de Urizen.

No he ocultado nunca mi especial predilección por McFarlane y su particular universo. Me gustaba cuando dibujaba Spider-man y me gustó cuando lanzó al mercado su creación más personal, Spawn, después del portazo dado en 1.991 a Marvel junto con un grupo de dibujantes disidentes, los cuales plantaron cara a las grandes editoriales y le ganaron la partida por la mano. El caso es que McFarlane siempre ha presumido de gustarle los cómics, el baseball -iba para jugador profesional de este deporte hasta que se lesionó en la universidad, el hockey y poco más. Dada la fortuna personal que posee, lo demás le da igual.

Sin embargo ¿cuál es la realidad?. Amén de la pose y los atropellos cometidos con los derechos de autor (léase Neil Gaiman, creador de la mencionada “Angela” o Alan Moore) McFarlane ha adoptado una posición que le es cómoda y además le evita dar más explicaciones de las necesarias. Otra cosa es que los demás, sobre todo sus detractores, se crean los argumentos de dicha pose cuando son ellos, normalmente, amantes irredentos del fandom, quienes son capaces de rebuscar entre un millar de comics para encontrar un error de tipografía o una variación en una portada. 
Por todo ello, aceptar dicha pose, me parece reducir los méritos de un autor a la mínima expresión, negándole sus aportaciones por un decreto ley que nadie conoce ni tiene por qué respetar.

Aconsejado y de cosecha propia, Mcfarlane ha incluido todo un universo de simbologías, fácilmente reconocible  en la literatura considerada “seria” pero más difícil de encontrar en una colección mensual para el gran público como Spawn. Nadie pretende que un autor lo sepa todo aunque bien es cierto que hay autores como Neil Gaiman, Alan Moore, Chris Claremont, Peter Davis, Frank Miller o los veteranos Stan Lee o Jack Kirby, capaces todos de contar las más elaboradas historias y con unos conocimientos enciclopédicos sobre muchos temas Aun así, la -virtud de McFarlane ha sido recurrir a muchos de esos autores -medios le sobran- para contar las historias de su engendro, y además tomar prestado los elementos y personajes que mejor se adaptaran al desarrollo de la historia. Y de alguna u otra forma, también McFarlane supo encontrar en Blake la inspiración para terminar su primer centenar de números.

De todas maneras, ayudado o no, McFarlane ha sabido situar su creación en medio del firmamento de las colecciones mejor vendidas del abigarrado mercado mundial del noveno arte y con su estética recargada y oscura, introducirnos en un universo paralelo tan agobiante como apasionante. No sé qué pensaría Blake de la utilización de su “Urizen” por parte del autor canadiense pero, al igual que sucede con Thomas Harris, los resultados no desmerecen a la fuente original perpetuando. 
La suma de todo ellos es que, gracias a Harris y McFarlane, el legado de uno de los autores más completos  y misteriosos de cuantos han dado la historia del arte y la creación de nuestra  historia contemporánea permanece vivo para quien quiera u ose acercarse a su universo.

Como bien escribió el oscuro autor británico, antes de morir:

La crueldad tiene un Corazón humano
Y los celos un Rostro humano
El terror la Divina Forma humana
Y el secreto el Ropaje humano

 WILLIAM BLAKE Los cantos de Experiencia

                               (“La Imagen Divina”)      

The Great Red Dragon and the Woman Clothed in Sun es propiedad del Brooklyn Museum, lugar al que fue cedido por William Augustus White

martes, 30 de julio de 2013

¡SALVE Y QUE USTED LO PASE BIEN!


Fecha: 17 de Julio
Respuesta a un comentario aparecido en un blog y en relación con la última edición del Gran Canaria Comicfest. 

Después de tres décadas trabajando en el mundo del cómic y la ilustración, sé que no es posible llegar a todo el mundo, más cuando raramente se obtienen respuestas claras sobre lo que se quiere, cómo y en qué formato.

No obstante, el trabajo que se ha realizado para acompañar las actividades del Gran Canaria Comicfest 2013, teniendo en cuenta el tiempo y el presupuesto aportado -además de lo que han ofrecido los distintos patrocinadores, entre los que me encuentro- ha sido más que satisfactorio, aunque el mensaje no se entendiera.

Está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero tampoco hay ninguna regla que deba encorsetar una muestra dedicada al noveno arte y limitarla a mostrar sólo dibujos y/ o ilustraciones. Los cómics tienen autores que los hacen, editoriales que los publican y todo se desarrolla en un determinado contexto histórico. Si se olvidan estos detalles raramente se logrará que un arte tan complejo como éste pueda ser reconocido como tal.

Además, no es cierto que en la exposición sobre la editorial E.C. -NO sobre la guerra de Corea- no hubiera dibujos, ilustraciones, páginas de cómics o portadas. Dicho material era un elemento importante, pero no el único, el cual pretendía contar una historia con el rigor que una muestra como ésta permite.

Si el texto era muy grande -cito “Yo no me leo esto”- es una valoración personal que, como comisario de la muestra y escritor de libros teóricos, no puedo compartir. Mi interés era ofrecer un fresco lo más ameno, pero igualmente riguroso, posible sobre una época desconocida en nuestro país, dada la situación política que se vivía en España cuando las series de E.C. se podían encontrar en las librerías de los Estados Unidos de América. Y, para hacerlo, había que explicar las razones, los protagonistas y todo lo que sucedió. 
Una vez terminada y con las limitaciones antes comentadas, creo que los textos cumplen dicha función, aunque sean complicados de leer, dada su extensión.

No entraré en valoraciones sobre la exposición dedicada a la Muerte de Superman, porque el personaje arrastra demasiados tópicos y, seguro, que quien escribió esta entrada bloguera tenía en mente un personaje más apropiado que Superman, como casi siempre suele pasar.

Si, al final de todo, lo vio -y cito “Y lo vi yo…bastante negro”- es una valoración personal de quien escribe este blog (que no soy yo) la cual siento que fuera, así aunque espero que quien venga detrás de nosotros lo haga mejor o sea del agrado de quienes sólo conciben este tipo de eventos de una forma con la que yo no estoy del todo de acuerdo.

Y ahora, como no hay nada más que decir, ¡Salve y que usted lo pase bien!

Eduardo Serradilla Sanchis
Comisario de las exposiciones “La Muerte de Superman” y La Guerra de la E.C”
Coordinador de actividades del Gran Canaria Comicfest 2013

Esta es la respuesta que escribí y que NUNCA fue publicada por el responsable de un blog que consideró que mi trabajo ni había estado a la altura ni respondía a las expectativas que un evento comiquero debía colmar. Mi respuesta, inédita hasta ahora, me ayuda a presentar mi punto de vista para esta columna y, de paso, me confirma algo que sabía.

Empezando por final puedo afirmar, después de una década escribiendo en medios digitales –aquellos que permiten un interacción con el lector, impensable en un medio físico- que cuando respondes a una crítica, comentario destructivo o, simplemente una excusa para ponerte a parir, quienes así actúan no suelen tener una buena replica a tu comentario. 
Para ellos, sólo vale lo que ELLOS piensan y, cuando el blanco de sus críticas, burla o descrédito, responde a su “comentario” les entra una atrofia en los dedos, se les acaba el contrato con su proveedor de Internet o, simplemente, censuran tu entrada y se acabó el problema.

Creo que, en todos estos años, sólo una persona me ha respondido después de haberle explicado mi postura, aceptado y/o asumido el error o compartido su postura. El resto, siempre, siempre, han dado la callada por respuesta como moneda de cambio, eso sí, tras contentar a su parroquia. La verdad es que se pierden la oportunidad de un intercambio dialéctico que, a buen seguro, nos alegraría el día a todos y nos obligaría a estrujarnos el cerebro, cual discípulo de Groucho Marx, buscando a conquistar  al señora rica de rigor.

Sin embargo, es muy fácil decir que he plagiado algo, cuando no se tiene NI IDEA de lo que se está hablando. O afirmar que tal o cual evento es un desastre porque no se montó y/o no se organizó y/o no se trajo a tal y cual autor, sentado en el salón de casa o emborrachándose con los colegas. Así todos ganamos campeonatos del mundo de algo y montamos las siete maravillas del mundo antiguo en el patio trasero de casa.

Estaría bien que, en vez de tanta estrechez de miras, tanta verdad absoluta –IMPAGABLE aquel día en el que me encontraba en una tienda de cómic y un energúmeno le quitó un cómic de superhéroes a un niño y le puso en las manos uno de “DIOS MILLER”. Si, hasta ese momento,  albergaba alguna duda de que el hombre había evolucionado del mono, se me disiparon todas las dudas en un segundo- y tanta memez todos nos pusiéramos a trabajar por un bien común.

¿En qué tratado mágico y maravilloso pone que una exposición de cómics NO deba tener textos que los expliquen y/ o ilustren?...Quién dijo que una exposición era una excusa para llenar una o más vitrinas con todo lo que tengo, sin ningún tipo de criterio?...Es eso una exposición o un “mira lo que tengo y tu NO TIENES?...Acaso el rigor y el trabajo de investigación se deben dejar atrás en pos de un artificio y/ o espectacularidad que solamente gusta a los mismos de siempre pero que no deja que nadie ajeno se acerque hasta este tipo de eventos?

¿Qué derecho tienen todos esos inquisidores de tercera, carentes del más mínimo bagaje profesional y criterio estético para teorizar y pontificar sin tan siquiera ver lo que se hace en otros lugares?...Qué ocurre, que en Francia, en Inglaterra, en Finlandia o en los Estado Unidos, son unos anormales por crear eventos dirigidos para toda la familia y en dónde se plantean asuntos tan serios como los abusos, el alcoholismo o el absentismo escolar, apoyándose en novelas gráficas y/ o series de comic?

Si tanto tienen que contar, lo hacen todo tan bien y tan decepcionados están ante el trabajo de los demás, ¿Cuál es la razón que les impide organizar no uno sino cien eventos y escribir no un libro sino una docena?
Hablar es muy fácil pero poner encima de una mesa lo que se ha hecho, a lo largo de 5, 10 o 25 años, como es mi caso particular, no lo es tanto (y si alguien duda de éste último dado, estaré encantado de recordarle mi trayectoria –con datos-, que para eso me gusta guardar cosas y así, de paso, se le cierra la boca a tanto memo de vía estrecha)

¿Quiere decir esto que yo tengo todas las respuestas? NO y NUNCA lo he dicho ni lo diré. He cometido más errores de los que quisiera recordar pero lo he hecho mientras trabajaba en eventos no en salones cerrados, de ambientes asfixiantes y colmillos retorcidos por doquier. He peleado por el mundo del fandom y no solamente por aquello que estaba de moda sino por el lenguaje secuencia en sí, lejos de etiquetas y estereotipos. Lo que me gustaba antes, me gusta ahora y no me he cansado de decirlo. 
Hace 20 años me gustaba Superman y hoy en día, me sigue gustando Superman. Hace 20 años no me gustaban los cómics oscuros, depresivos y carentes de lógico y hoy en día, siguen sin gustarme.

Y no me importa decirlo, escribirlo y plasmarlo en una pared. Luego están quienes, merodean, critican, disfrutan buscando tus errores y luego aprovechan cualquier oportunidad para lanzártelo a la cara, tras una frase que suele ser “Yo seguro que lo haría mejor y le gustaría más a la gente”. Pues bien, 25 años después sigo esperando la réplica ingeniosa y esa nueva opción que demuestre lo mal profesional que soy y lo buenos y capaces que son ellos y aquí estoy esperando, lejos, eso sí, del fandom de las islas y de mi país.

La distancia no sólo es terapéutica sino que te permite estar ajeno al ruido de fondo y a los olores y las plumas de quienes se creen el centro de atención por estar en tal o cual lugar geográfico. El mundo es muy grande pero mucho se empeñan en vivir en un corralito y así les va.

Me imagino que, aunque no me puedo censurar a mí mismo en este blog, sería una tamaña estupidez, quienes censuran mis comentarios y desacreditan mi trabajo, gustarán de “perder y/ o traspapelar” esta entrada, tal y como se comportan y visto lo visto. No se preocupen, lo escribiré, diré otras mil veces, no para que una mentira se torne verdad sino para que se les quiten las ganas de criticar el trabajo ajeno sin tan siquiera aportar nada nuevo al panorama frikkie.

Y ahora, como no podía ser de otra forma: ¡Salve y que usted lo pase bien!

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