jueves, 28 de febrero de 2013

LA GÉNESIS DE LA SERIE THE WALKING DEAD



¿Que por qué creo que nos fascinan los zombis? Creo que los zombis eran populares durante la Guerra Fría y que, ahora, han vuelto a escena por la amenaza del terrorismo y por el hecho de que vivimos con miedo. Considero que si vivimos en un ambiente en el que te ordenan ir a comprar lonas y cinta adhesiva, como si fuéramos a construir un búnker en nuestro jardín, pues uno empieza a pensar en el fin del mundo.

The Walking Dead tuvo la buena fortuna de salir al mercado poco después de que la película 28 días después se estrenara en cines. La película fue todo un éxito, se hicieron otras de la misma temática después, con lo que la serie, simplemente, se aprovechó de todo ello.

The Comics Journal# 289, abril de 2008

Lo primero que hay que decir, en relación a lo comentado en el párrafo anterior, es que se ha “acusado” a Robert Kirkman de plagiar algunas de las escenas de la película de Danny Boyle, en especial la que abre la película protagonizada por Cillian Murphy, Noami Harris y Christopher Eccleston. En dicha secuencia inicial, 28 días después, Jim (Cillian Murphy) despierta de un coma, en la cama de un hospital, totalmente abandonado. Tras aceptar que está solo, empieza su peregrinar por una ciudad de Londres desierta y saqueada, una imagen difícil de asimilar por el recién llegado.

No negaré que lo que le ocurre a Jim es prácticamente lo mismo que le sucede a Rick Grimes cuando despierta en la cama del hospital, tras ser herido. A fin de cuentas, el escenario al que se enfrentan es muy parecido. No obstante, ya hemos dicho que en la adaptación televisiva de la novela de Stephen King, The Stand, el personaje de Stu se encuentra con una situación muy parecida.

Si nos remontamos más atrás, una situación similar ya se pudo ver en la adaptación cinematográfica de la novela de John Wyndham The day of the Triffids (1962), protagonizada, en este caso, por el personaje Bill Masen. Masen, marino mercante británico que ha sufrido un accidente en sus ojos, descubre que el resto de la población se ha quedado ciega a causa de un meteorito, mientras él estaba con los ojos vendados. Tras salir del hospital, situado en la ciudad de Londres, irá encontrándose con distintos supervivientes, tal cual le sucede al personaje de Jim. Cartel de la película The day of the Triffids

Ya puestos a buscar similitudes con la película de Boyle, el personaje de Jim se encuentra con dos supervivientes después de pasar todo el día deambulando por las calles londinenses. Uno de ellos es Selena, una dura y decidida anglo-africana, armada con un machete, que no dudará en acabar con la vida de quien había sido su compañero hasta ese momento, Mark, cuando esté quede infectado a causa de una mordedura. Las similitudes, si se quieren buscar, son más que evidentes con el personaje de Michonne, la dura y resolutiva afroamericana que debuta en el número 19 de la serie gráfica y que, con el paso del tiempo, se convertirá en una de las pocas personas en las que Rick Grimes pueda confiar.

De todas formas, Kirkman también se pudo basar en el personaje de Diana “Sugar” Hill, interpretado por la actriz afroamericana Marki Bey, en la película del mismo nombre, estrenada en 1974. En dicha cinta, producida en plena explosión del “Blackexplotation”, “Sugar” Hill recurrirá al mismísimo Barón Samedí, -Loa (espíritu) de los muertos- para que le ayude a vengar la muerte de su novio. Éste, a cambio de su alma, le proporcionará un ejército de zombis para lograr su propósito.

Termino esta lista de paralelismos entre la película de Boyle y la serie gráfica de Kirkman señalando las similitudes entre el personaje del mayor Henry West y el demente gobernador Philip. Ambos no son lo que parecen a simple vista y ambos son tan dementes y megalómanos como para tener a un infectado y/o zombi atado a un poste, como si se tratara de una mascota. Cierto es que el mayor West no puede competir con el capitán Rodhes, de la película Day of the Dead, pero ambos son una clara inspiración para los desmanes que, luego, se pueden leer en la serie gráfica escrita por Robert Kirkman.

Sea como fuere, The Walking Dead llegó a las librerías en un momento más que apropiado, no sólo porque la serie prácticamente coincidió con el estreno de la película de Danny Boyle en los Estados Unidos de América, sino por los sucesivos estrenos de otras realizaciones, tales como Dawn of the Dead (Zack Snyder, 2004); Land of the Dead (George A. Romero, 2004); Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004); 28 weeks later (Juan Carlos Fresnadillo, 2007); Diary of the Dead (George A. Romero, 2007) o Day of the Dead (Steve Miner, 2008) por citar algunos de los títulos más significativos.

De todas formas, llevar al papel la idea, más o menos influenciada, de Robert Kirkman tampoco es que fuera una tarea sencilla, tal y como se cuenta, a continuación.

Robert Kirkman me mandó un e-mail, -por aquel entonces yo no sabía quién era él- y me pidió que le echara un vistazo a sus trabajos, porque tenía algunas ideas para la editorial que pensaba que me podrían interesar. Lo cierto es que, tras ver su trabajo, le llamé y le dije que me gustaría escuchar sus ideas. Robert me contó que le gustaría hacer un cómic de zombis, tomando como base la película de George A. Romero, Night of the living dead, cuyos derechos eran de dominio público. Él pensaba que como la gente conocía la película de antemano le sería más fácil vender el cómic una vez que éste se publicara.

 Sin embargo, en aquellos días, los cómics de zombis no estaban muy de moda y Jim Valentino, entonces editor en jefe de Image, me dijo que no estaba interesado en la idea. Unos meses después, Robert volvió a la carga con una serie de ciencia ficción titulada Dead Planet. En este caso, se trataba de la clásica historia de alienígenas que invaden la Tierra y todo eso, aunque para lograrlo, la raza invasora propagaba un virus que iba diezmando a la población mundial. A Jim (Valentino) tampoco le gustó la idea.

Pasados otros dos o tres meses, Robert me mandó la propuesta para The Walking Dead, la cual era, en esencia, muy similar a Dead Planet, aunque, ahora, la historia se desarrollaba todo el tiempo en la Tierra y el virus propagado por los alienígenas terminaba por transformar a los humanos en zombis. Al leerla me di cuenta de que aquello podía funcionar y, al final, Jim le dio el visto bueno.

Es verdad que su lanzamiento se pospuso un año, dado que Jim quería lanzar una línea de cómic de terror -la cual estuvo encabezada por una adaptación gráfica del clásico de la literatura Drácula-, pero el caso es que Robert logró salirse con la suya, aunque tuvo que esperar.

La serie se vendió muy bien desde el principio, con una tirada inicial de 7.000 ejemplares –algo que se ha ido incrementando hasta los 30.000 actuales- y las reacciones eran muy positivas. No obstante, y luego de publicarse el número seis, le pregunté a Robert que cómo pensaba desarrollar todo el tema de la invasión alienígena, dado que en las seis primeras entregas no se había hecho mención alguna en ninguna página de la historia. Entonces Robert me dijo “¿Qué invasión alienígena? 

En The Walking Dead no hay ninguna invasión alienígena, ni la habrá. Sólo dije lo que dije para que aprobaran el proyecto. Yo sabía que no podía seguir insistiendo en una serie que contara aquello que las películas de Romero no cuentan y por ello decidí seguir con la idea de Dead Planet, aun a sabiendas de que lo que yo quería hacer no era lo mismo. Además, tan convencido estaba de que al público le gustaría mi historia, que no paré hasta lograr verla publicada”
Admito que su respuesta me sorprendió, pero luego me di cuenta de que tenía toda la razón.

The Walking Dead Primera Temporada Edición especial de 3 DVD (zona 1)

De esta forma tan elocuente contaba Eric Stephenson, uno de los responsables de la editorial Image, cómo la idea original de Robert Kirkman se transformó, con el tiempo, en una de las series gráficas más aclamadas del mercado editorial.
Kirkman, por su parte, cuenta una historia similar, aunque, como es lógico pensar, enfocando las cosas bajo su óptica de creador. 

La idea de escribir The Walking Dead surgió cuando me di cuenta de que Battle Pope no daba más de sí y que necesitaba hacer algo nuevo. Una vez que tanto Tony (Moore) como yo dejamos de hacer Battle Pope nos pusimos a pensar en cuál podría ser nuestro próximo proyecto y fue entonces cuando se me ocurrió escribir algo sobre zombis.

Desde que descubrí Night of the living dead (NOLD)he sido un gran aficionado al trabajo de Romero y, cuando me enteré de que los derechos de la película eran de dominio público, me empecé a imaginar lo que sería escribir un cómic que contara lo que les pasaba a los supervivientes de las películas de Romero, justo después de que éstas acabaran. Conocía las claves de las historias de zombis y sabía que a los lectores les gustaría ir descubriendo, poco a poco, cómo sería un mundo infestado por estos seres según fuera pasando el tiempo. Según pasara un año, cinco, o diez años en el futuro.

Es más, el primer borrador de la historia lo titulé NOLD y cuando hablé con Tony, éste dibujó una página calcada de la película, aquella en la que aparece un presentador con gafas y en mangas de camisa, sentado en un estudio de televisión, contando las últimas novedades sobre los extraños sucesos que se repiten por todo el país.

Una vez que les planteé a los responsables de Image la posibilidad de adaptar NOLD al formato gráfico, ellos me dijeron que no. Meses después les planteé una historia titulada Dead Planet, la cual contaba cómo una raza alienígena se valía de un virus para diezmar la población mundial. En realidad, Dead Planet fue una excusa que utilicé para que Image me aprobara el proyecto inicial, dado que yo seguía empeñado en contar una historia similar a la que contaban las películas de Romero.

Tras otra nueva negativa y la sugerencia por parte de Jim Valentino para que buscáramos un título original que no tuviera nada que ver con NOLD, ni con el resto de las películas de la saga, presenté una propuesta con el nombre The Walking Dead, propuesta que esta vez sí fue aceptada, en parte porque en Image pensaban que mi idea seguía teniendo que ver con el proyecto Dead Planet, algo que pronto descubrieron no era así.

Al final, The Walking Dead no solo mantuvo el tono narrativo impreso por Romero en sus películas, sino que el cómic se imprimió en blanco y negro, en parte por respetar el estilo visual de NOLD y en parte porque era más barato imprimir en blanco y negro. Así nos asegurábamos de que la serie duraría más en el mercado, ya que no costaba tanto.

The Walking Dead Primera Temporada Edición especial de 3 DVD (zona 1)

Tony Moore, responsable del dibujo de los primeros seis números –además de las 24 primeras portadas- que aparecía, en los primeros momentos, como co-creador de la serie junto con Kirkman también recuerda el comienzo de la serie gráfica.

Mientras trabajábamos en Battle Pope y Brit solíamos hacer algún descanso y ver alguna película. Las de zombis eran nuestras favoritas, ya desde que éramos pequeños. Todavía recuerdo estar sentados en la sala de estar de su casa, comiendo sandía a medianoche, mientras veíamos Braindead y The Evil Dead, cuando aun estábamos en el colegio. Imagen del dibujante Tony Moore

De ahí que, en uno de nuestros descansos, ya adultos y trabajando en el mundo del fandom, Robert me propusiera crear un comic sobre zombis. La idea era algo así como qué sucede justo después de que las películas de zombis terminan. Recuerdo estar sentado ante el tablero de dibujo mientras Robert me contaba su idea y yo decirle ¿Crees que a alguien le importa lo que ocurre después? 

Admito que, conociendo a mi amigo, pensaba que la serie podría tener éxito, aunque nunca creí que llegara a triunfar de la forma en la que lo ha hecho. El éxito terminó por sorprendernos a nosotros mismos (risas)

Revista Dolmen# 188, junio de 2011

Dicho todo esto, hay que puntualizar algunas cosas de lo declarado anteriormente. Es absolutamente cierto que NOLD (Night of the living dead) es una película que bien pronto pasó a ser de dominio público, merced a un error al registrar el copyright de la obra. Ésa es la razón del sin fin de copias y ediciones que existen de la cinta y es también la razón del remake dirigido en 1990 por Tom Savini, el cual sirvió para recuperar parte del dinero perdido a lo largo de los años por Romero. Se entiende, por ello, que Robert Kirkman se planteara escribir una secuela gráfica de la primera película del director americano, la cual enlazara los acontecimientos que se desarrollan en la primera película con los que luego se verán plasmados en la segunda.

En NOLD, John A. Russo, el co-guionista, desarrolló un argumento en el que se daba una posible causa y su relación con  que los muertos abandonaran sus tumbas y empezaran a caminar sobre la Tierra. Esta tenía que ver con un satélite llegado desde el planeta Venus, el cual mostraba un inusual nivel de radiación. Tal peregrina explicación estaba motivada por las exigencias de la distribuidora cinematográfica que luego se hizo cargo del estreno de la película en las salas comerciales.

En el guion original de Russo, éste se refiere a los zombis como “the insidious alien force” y también se hace mención a una plaga o virus propagado por el ya mencionado satélite llegado del espacio exterior. Si lo piensan bien, todo esto no es sino la premisa en la que se basaba la propuesta de Kirkman titulada Dead Planet, aunque luego, en su serie The Walking Dead no se mencione ningún satélite, ni salga ningún científico hablando de ningún virus, ni nada por el estilo.

En lo que difiere la serie de Robert Kirkman del original NOLD es que The Walking Dead se desarrolla en nuestro presente, mientras que la película de Romero tiene como escenario los años sesenta. Aun así, el trabajo de Kirkman no puede evitar recordarnos parte de los conflictos personales y vitales que tan bien supo reflejar George A. Romero en su primera película de zombis, aunque nadie los llame de esa forma.

En cuanto a la propuesta original, cuyo borrador Kirkman incluyó en The Walking Dead# 1 Special Edition, cabe decir que ésta no varió mucho en relación con lo que luego se vio en la serie regular, salvo en algunos detalles como el nombre de la mujer de Rick o cambiar un instituto -planteado como una suerte de fortaleza medieval en el primer guion- por la cárcel en la que acabarán viviendo los personajes protagonistas durante unos cuantos números. Después están las consideraciones propias del mercado editorial, tales como el número de páginas por ejemplar, impresión o los recopilatorios anuales, pensados por Kirkman para doce números, aunque al final se decidiera hacerlos con la mitad de entregas.

Una vez conocidos los antecedentes de la serie, lo que toca ahora es explicar qué es lo que cuenta, exactamente, la serie The Walking Dead.

¿DE QUÉ VA THE WALKING DEAD?

Tanto si hablamos de serie gráfica como de la adaptación televisiva de la cadena AMC TV, The Walking Dead gira alrededor de las peripecias vitales de Rick Grimes, un oficial de policía de una pequeña localidad del estado norteamericano de Kentucky llamada Cynthiana, aunque, originalmente, la acción se iba a desarrollar en el estado de Pensilvania.

Rick es una persona normal, amante de su familia, Lori, su mujer y su hijo, Carl, y amigo de sus amigos, especialmente de Shane, compañero suyo desde el instituto y que, ahora, guarda su espalda cada vez que ambos salen de patrulla juntos. Sus convicciones son las de un hombre que posee un gran sentido de la responsabilidad. Es disciplinado, serio y leal para con los que quiere.

En la propuesta original, antes mencionada, Rick se muestra muy escéptico cuando escucha las noticas que aparecen en televisión. Para él, todo aquello de que los muertos se han levantado de sus tumbas y atacan a las personas son sólo exageraciones. En su cabeza no cabe que el “fin del mundo”, en el sentido más bíblico de la palabra, esté llegando en aquellos precisos momentos. Su percepción de las cosas cambiará, radicalmente, cuando un zombi trate de entrar en su casa y convertirlo en cena. Rick y su esposa en la propuesta original de la serie TWD.

 Luego, en el primer número de la serie publicado por Image Comics, Rick deberá aceptar todo aquello, sin tan siquiera tener un conocimiento previo de la situación. Esto se debe a que el personaje ha estado en coma, tras caer herido en un tiroteo contra unos delincuentes, situación que se ve reflejada en la primera página del cómic.

Una vez que regresa al mundo de los vivos -los pocos que quedan- Rick emprenderá una exhaustiva búsqueda de su familia mientras su mente trata de asimilar lo que le ha sucedido al mundo que él conocía antes de llegar a la cama en la que ha estado postrado.
Ahora, como antes, sus prioridades están claras y el mejor ejemplo de todo ello es que, tras encontrarse con Morgan Jones y el hijo de éste, Duane, Rick acudirá a su antigua oficina para recuperar su uniforme de policía, un símbolo –el de otra época más simple- el cual le dará fuerzas para continuar su búsqueda.
A partir de ese momento, todos y cada uno de los personajes, en mayor o menor medida, tendrán relación con Rick, en algunos casos para bien y en otros para mal, dada la fragilidad evidente que rodea a los restos de la otrora sociedad civil.

La motivación de Rick será la de “proteger y servir”, aunque, a medida que transcurre la narración, sus prioridades se volcarán, más y más, en su familia, la cual pasará a ser su única y más absoluta prioridad, a pesar de las decisiones erróneas que tome y  los cadáveres que vaya dejando a su paso.

Para muchos, Rick no es un héroe -el héroe de la historia-, dada la degeneración que sus principios van mostrando a la largo de la serie gráfica, tras noventa y tres entregas ya publicadas. Sin embargo, el camino que debe recorrer y dicha transformación son muestras inequívocas de las señas de identidad del héroe. Es cierto que puede que no en el sentido más clásico de la palabra, pero sí en su vertiente más contemporánea y, sobre todo, si se trata de un héroe surgido de las cenizas post-apocalípticas de nuestra civilización.

La civilización y el esperpento en que se ha convertido, con el paso de los siglos,  ha deformado y casi diría que prostituido, muchas de las imágenes acuñadas en la antigüedad y está claro que el concepto de héroe virtuoso y recto, simbolizado, por ejemplo, en el personaje griego de Heracles, o en los héroes artúricos, no han salido indemnes de dichos cambios.

No obstante, ¿qué rasgos definen a una persona para que la llamemos héroe? Para explicarlo de una forma clara, recurriré a las palabras del galardonado escritor Brian Keene, recogidas en su novela zombi Dead Sea
Keene pone en boca de unos de los protagonistas de la novela una suerte de resumen de los principios vertidos por Joseph Campbell, autor del ensayo The Hero with a thousand faces, obra que pasa por ser la base en la que se sustenta el propio concepto del héroe en nuestra sociedad contemporánea.

Básicamente, el héroe es un arquetipo universal que personifica las mejores y las más veneradas cualidades de una cultura o de una sociedad. No obstante, el héroe no nace simplemente, no es tan fácil. El héroe debe de ser creado, forjado si quieres, en una hoguera de pruebas y confusión. Para conseguirlo, debe emprender una misión, una búsqueda. 

Joseph Campbell, dice que esta búsqueda es el viaje del héroe. Diferentes viajes ofrecen diferentes recompensas. En tu caso, te encuentras en un viaje de autoconocimiento. Campbell cree que, independientemente de cuál sea tu cultura o la época en la que vivas, la estructura básica del viaje es la misma, como lo es el arquetipo. Se le llama monomito. En su forma más básica, durante esta búsqueda, el héroe experimenta una llamada a la aventura. Normalmente, el héroe rechaza responder a la llamada o duda en hacerlo. Pero algo muy importante en la formación del héroe es que el viaje lo aleja de su hogar y de su vida normal, obligándolo a entrar en un mundo de incertidumbre o, como lo llama Campbell, maravillas sobrenaturales.

Otro aspecto importante del monomito es el héroe desinteresado. Puede emprender el viaje por motivos interesados, pero le terminará aportando sabiduría y orden a su pueblo. Por eso, el héroe se crea para todo su pueblo, no solo para él mismo.
Lo importante que debemos recordar es que el héroe se crea durante el viaje, que es el resultado de lo que le sucede durante su viaje. Los acontecimientos lo conforman, lo cambian, lo vuelven menos egoísta y más preocupado por los que lo rodean, por la sociedad.

Una vez leídas las palabras escritas por Keene –y traducidas al castellano por Francisco Pérez Navarro- debo estructurar el razonamiento por el cual a Rick Grimes sí se le debe considerar el héroe de la historia, a pesar de sus contradicciones vitales.

Para empezar hay que decir que Rick Grimes posee, por su alto sentido de la responsabilidad y entrega a la comunidad, una especial predisposición para convertirse en el héroe, aunque su intención original no fuera ésa. Siguiendo las premisas de Joseph Campbell, un héroe no nace, se hace, aunque la persona tiene que atesorar una serie de cualidades, que le ayuden a encontrar el camino que lo convierta en el eje central de una historia y/ o peripecia vital. Rick sí tiene la capacidad no solo de aceptar un reto, sino de emprender lo que Campbell llama “la llamada de la aventura”, quizás más de lo que debiera, tal y como su mujer Lori comenta tanto en la serie gráfica como en la adaptación televisiva. Imagen del escritor Joseph Campbell

Serán sus experiencias -buenas y malas- adquiridas durante dicho viaje las que vayan forjando su carácter y le hagan ver la realidad tal y como es, y no como muchos quieren verla. Además, la lucidez mental de Rick cuando asume que los “verdaderos” muertos vivientes son ellos, los supervivientes, que no los “walkers” que rodean la cárcel, en las páginas finales del número 24 de la serie gráfica, lo emparejan aún más con el concepto del héroe, sobre todo de antaño.

El problema viene cuando Rick, un hombre de FAMILIA con mayúsculas, pierde a parte de ella, durante el enfrentamiento con un cabestro como lo es Philip, el “Gobernador”. Si hasta entonces Rick se había comportado como el sheriff que protagoniza una película tan inolvidable como lo es High Noon, lo que vendrá después lo llevará de la mano hacia el vacío interior que caracteriza a un personaje como Max Rockatansky, Mad Max, sumido en su viaje hacia el corazón de sus propias tinieblas. 

Will Kane, nombre del personaje que interpreta el actor Gary Cooper en High Noon es un sheriff que ve cómo la ciudad a la que ha protegido durante años le da la espalda, cuando un forajido al que Kane encarceló, años atrás, regresa en busca de venganza. En un principio, parece que Kane logrará ayuda, pero a medida que pasan los minutos de la historia dirigida por Fred Zinnemann, el recto y estricto sheriff deberá aceptar que nadie le echará una mano.

 Sus dudas, sus miedos y sus principios éticos y morales son magistralmente reflejados en la pantalla por un Gary Cooper en uno de sus mejores momentos interpretativos. El dilema moral entre la necesidad de cumplir con la obligación que supone la placa que lleva colgada del pecho y el temor a perder la vida que tiene en común con su pareja Amy Folwer (Grace Kelly) humanizan al personaje y lo aproximan al espectador de una forma poco habitual.

El que la película esté rodada, prácticamente en tiempo real –los ochenta y cuatro minutos que dura la película es, más o menos, el tiempo en el que Will Kane debe sufrir su calvario personal- acentúa más el carácter dramático de una historia que es una clara alegoría a la cobardía que demostró buena parte Hollywood durante la execrable caza de brujas.

Si ahora pensamos en los primeros números de la serie gráfica escrita por Robert Kirkman, son muchas las similitudes que tiene Rick Grimes con Will Kane. Y hay que añadir que algunas, luego, fueron acentuadas por Frank Darabont, una vez que la serie gráfica llegó hasta la pequeña pantalla. Rick es la imagen contemporánea y, a su vez, post-apocalíptica de ese sheriff que no abandona los deberes inherentes a su cargo, por muy mal que pinte la situación. De ahí que no dude en continuar con la búsqueda de su familia, a pesar del adverso escenario en el que se encuentra, y que luego, una vez la encuentra, continúe asumiendo las responsabilidades propias de un agente de la ley, en medio de un mundo en el que la ley no vale ni el precio de la tinta que se utilizó para escribirla.

Puede que personaje escrito por Kirkman no posea el halo melancólico y distante que sí mostraba Will Kane en la película de Zinnemann, merced a la ya mencionada interpretación de Gary Cooper. Sin embargo, Darabont sí que pensó en un actor que poseyera las cualidades demostradas por Gary Cooper mezclado con el talento interpretativo de Sam Shepard, durante el casting. El resultado fue la elección de Andrew Lincoln, en el papel del Rick Grimes televisivo.

Tal y como venía diciendo, son innegables las raíces que, para con el western más clásico, tiene la historia gráfica de Robert Kirkman, en especial en sus primeras entregas. No obstante, estas raíces, a medida que vaya avanzando la historia, dejarán paso a las pesadillas y la oscuridad descrita por el escritor Joseph Conrad en su magnífica novela En el corazón de las tinieblas.

Rick Grimes se va trasmutando desde la personalidad controlada de Marlow hasta el desenfreno que se convierte en las señas de identidad de Kurtz, el antagonista del citado Marlow, en la novela de Conrad. 
La escritora Araceli García Ríos, responsable del prólogo y de las notas de la edición española de la novela de Joseph Conrad –publicada por Alianza Editorial, en 1998- lo expone de la siguiente forma:  Marlow, aun consciente de su parentesco remoto con el salvajismo de esta tierra primigenia, no sucumbe ante las fuerzas de la oscuridad. Él representa la vida ciudadana, el peso de la tradición y los lazos sociales.

Kurtz es diferente, carece del autocontrol de Marlow y su corazón está hueco. El encuentro a solas con la naturaleza, en su estado primitivo, la ausencia de presiones sociales y de reglas establecidas, acaban por dominar a este hombre que no tiene en su interior la capacidad de dominar sus propios instintos.

Kurtz simboliza la fusión de las tinieblas de la selva con la oscuridad interior del ser humano. Marlow emerge de su viaje, consciente de los cambios que ha sufrido. Aun así, Marlow acaba por entender el hechizo al que se vio sometido Kurtz "Estamos acostumbrados a ver la tierra bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal.

Tras leer las palabras de la escritora, solamente hace falta cambiar la selva por el mundo post-apocalíptico para entender el cambio de mentalidad y de principios que sufre Rick, el cual se va acentuando a medida que el personaje recorre -como también les sucede a los personajes de Conrad- el camino que va trazando sobre las cenizas de la sociedad.

Ésa es la degeneración moral y personal a la que somete Robert Kirkman a su personaje, a quien el escritor no considera el “héroe” sino el protagonista principal. Rick es el protagonista y uno de los pilares sobre los que se asienta la serie. Los lectores estaban presentes cuando despertó y después de averiguar lo que le sucedía, lo acompañamos cuando comenzó su camino en busca de su familia.

Rick es un personaje muy conflictivo, dado que es básicamente una persona de reglas en medio de un mundo sin ellas. Por ello tiene que soportar una presión muy alta y ello le conduce a un fracaso tras otro. Personalmente, me encanta ver fracasar a Rick aunque verlo no sea muy agradable.

Dolmen #188, junio de 2011

Lo cierto es que la degeneración que sufre el personaje se acrecienta, exponencialmente, cuando parte de su familia muere en medio del tiroteo resultante del asalto que sufre el grupo de supervivientes por parte de los seguidores del gobernador. A partir de ese momento, Rick se convierte más en el anti-héroe -sumido en las neblinas de su propio pasado- que en el ser optimista que caracteriza la mayoría de sus acciones. El cambio, claro está, no sucede de la noche a la mañana, pero la muerte de Lori es la gota que colma el vaso y acaba con buena parte de los principios del personaje.

Es, justo entonces, cuando Rick Grimes comparte el camino con Max, el guerrero Max, the Road Warrior, otro de los arquetipos heroicos, o anti-heroicos -según se quiera ver- de las últimas décadas. Max, al igual que Rick, es un hombre de familia, felizmente casado con Jesse, fruto de cuya unión nació Sprog. En los dos casos, su trabajo –ambos son oficiales de policía- es algo más que una ocupación, aunque el escenario en el que se desarrolla la película Mad Max es muchísimo más violento que aquel en el que vive Rick con su familia. Además, las tácticas que utiliza Max, a bordo de su interceptor del MFP (Main Force Patrol) no serían del agrado de Rick Grimes, mucho menos temerario.

No obstante, su dedicación y su apego por su trabajo y sus principios los emparenta y terminarán por pasarle factura, la cual pagarán sus familias. Poco importa que sean los miembros de la banda de “toecutter” o los seguidores del Gobernador, quienes acaben por ser los causantes de la muerte de los seres queridos de ambos personajes. El resultado será el mismo y el cambio de actitud ante la vida, también, abrazando una ambigüedad moral tan dañina como peligrosa para quienes les rodean.

La línea entre el bien y el mal, tal y como describe Joseph Conrad en su novela, va desapareciendo y Rick -como luego admitirá otro personaje de la serie gráfica, Abraham- llegará a igualar o, incluso a superar, a la bestia más depravada de la humanidad. Por momentos, Rick, a imagen y semejanza de Max, se convierte en un zombi, mucho más desorientado que los “walkers” que sirven de telón de fondo para la historia de Kirkman. Rick termina por ser la sombra de lo que fue y no será hasta su llegada a la colonia de Alexandria que el personaje encuentra un suerte de redención momentánea, tal y como le sucede a Max, al final de la segunda entrega de su trilogía cinematográfica.

No me quiero olvidar de los personajes Shane, en el caso de Rick Grimes, y Goose -si se habla de Max Rockatansky- quienes representan el papel de mejor amigo del protagonista. Los dos tendrán una clara influencia en la vida de cada uno de los personajes, aunque, en el caso del primero, Shane, éste muere muy pronto en la serie gráfica, mientras que, en la adaptación televisiva, se convierte en una de las aristas del triángulo amoroso que también forman Lori y Rick.

Goose, por su lado, será la penúltima gota que colme el vaso de Max, dado que su muerte abrirá la puerta a las pesadillas que los seres humanos llevamos dentro y que la sociedad pugna por no dejar salir. Sin la figura de Goose a su lado, y con buena parte de la confianza perdida en su jefe, Fifi, Max dará rienda suelta a toda su rabia y su sed de venganza. Una circunstancia que también le sucederá a Rick, sobre todo durante el arco argumental Fear the hunter (TWD# 62-66).

En los dos casos, sus actos no son lo que la sociedad se imagina como “actos heroicos”, en el sentido clásico de la palabra, pero responden a un nuevo modelo, inmerso en un nuevo modelo de civilización. Son personajes movidos por unos principios que se cimentan en la supervivencia y no en el bien común. Si, luego, las personas que hay a su alrededor se benefician, pues genial, pero ya está. Tal y como dice Max, cuando regresa al asentamiento donde está el pozo de petróleo con el camión que ayudará a llevarse el remolque cisterna, “Believe me, I haven´t got a choice”. Dicho de otro modo, para ellos, el fin sí justifica los medios, por muy drásticos que éstos puedan llegar a ser.

Así mismo, ambos personajes recorren un camino que los lleva hasta otra de las personalidades descritas por Joseph Campbell en su libro The Hero with a thousand faces; es decir, el guerrero. Esta explicación, mucho más clara y concisa, también está tomada del libro de Brian Keene, El guerrero es otro arquetipo psicológico. El guerrero es la representación de una pauta de conducta que favorece la confrontación física para conseguir sus objetivos. El guerrero puede utilizar sus dotes físicas de una forma positiva para ayudar a los demás y a la sociedad en pleno.

Tanto Rick como Max se transforman en guerreros, dejando atrás la mentalidad de superviviente y/ o presa, según las circunstancias, para luego convertirse en un ser totalmente nuevo, en un depredador, e incluso un conquistador. El mundo en el que viven ya no es un territorio hostil, sino un escenario para dar rienda suelta a sus nuevos principios.

En el caso particular de Rick, éste logra acceder hasta el peldaño reservado a los líderes, gracias a su perseverancia y a su empeño por no abandonar el camino que cada día marca su destino. Poco importan los errores y los obstáculos. Rick, y esto es algo que la serie de televisión deja muy claro, es un hombre de fe y nada parece interponerse en su camino.  Imagen de Rick, al final del ep7, el guerrero Rick

Llegados a este punto, uno puede llegar a preguntarse si, tal y como les acaba sucediendo a Philip -el Gobernador- y Alexander Davidson, el fundador de la zona segura (Safe-Zone) de Alexandria, Rick sucumbirá ante el poder que tiene entre sus manos. 
La respuesta a esta pregunta la da el escritor Jonathan Maberry en su ensayo Triumph of The Walking Dead. ¿Rick convertirse en un monstruo, como el Gobernador? No, no lo creo. Aunque Rick sí es capaz de estar dolido, no es capaz de ser corrompido. Las víctimas de sus malas decisiones pueden argumentar en contra de esta tesis, pero la historia que se cuenta en The Walking Dead es la historia de Rick Grimes, y Kirkman no ha estado contando un descenso hacia la corrupción y la maldad. Incluso en los momentos en los que el personaje es de lo más oscuro se puede observar un hilo de optimismo e idealismo entretejido entre la propia trama de la serie y, especialmente, en los capítulos de la serie de televisión.

Cierto es que todavía quedan muchas cosas que contar o, por lo menos, así lo ha expresado Robert Kirkman en varias ocasiones, y cabe la posibilidad de que un día Rick deje pequeñas las atrocidades cometidas por el gobernador. No obstante, por ahora, el espíritu del personaje parece estar a salvo de la corrupción que acabó con la humanidad de Philip y Alexander Davidson.

Sea como fuere, lo que es importante resaltar es que, tanto en la serie escrita por Robert Kirkman como en su posterior adaptación televisiva, los diferentes sucesos que se van desarrollando tienen como eje central la figura de Rick y el lector y/o espectador, irá conociendo al resto de los personajes cuando éstos entren en contacto con él, de manera más o menos directa. Es más, en la serie gráfica, Rick aparece ya en la primera viñeta algo que también sucede en el capítulo piloto de la serie de televisión.

The Walking Dead © Robert kirkman 2013
The walking Dead TV series © AMC TV 2013


viernes, 15 de febrero de 2013

ENTREVISTA AL DIBUJANTE E ILUSTRADOR EDUARDO GONZÁLEZ



Eduardo González es uno de esos dibujantes que parece no hacer nada, pero, en realidad, lo hace todo y muy bien. Su estilo, curtido en mil batallas, no ha parado de evolucionar. Fruto de ello es la publicación por parte de la editorial Dolmen del álbum Dentro de la noche (ver reseña en este mismo blog, publicada en enero del pasado año 2012)

Por todo y por su especial talante personal, alejado del divismo y el papanatismo que suele rodear a muchos autores del mundo del fandom, le remití a Eduardo González unas cuantas preguntas para conocer algún detalle más de su carrera profesional.  

La primera pregunta es simple. ¿Cuál fue la razón que te llevó a elegir una profesión tan dura y exigente como la de dibujante, en vez de ser político, banquero o gigolo, profesiones mucho más tranquilas y mejor remuneradas?

El sufrimiento curte, da templanza, se desglosan del mismo una serie de virtudes que no tenemos espacio suficiente para detallar. Lo de banquero, gigoló y el resto de los simpáticos oficios que nombra es cierto que me hubiesen dado dinero a espuertas, mujeres a tutiplén y comodidades sin cuento, pero ¿qué son todas esas fruslerías comparadas con lo de la templanza y todo lo que le decía al principio? ¿Eh? ¡¿Eh?!

Una vez decidida la profesión, ¿cómo fueron los comienzos y con qué apoyos contaste?

Empecé colaborando con algunos fanzines de la península con los que contacte en mis viajes al Salón del Comic de Barcelona. Como vacas mirando el tren que lo llevaban Gerardo Sanz y Nacho Casanova;  451º con Jesús Saiz, Fernando Blanco, David López… Fue sobre el año 96 o 97, todos ellos se han dedicado después en mayor o menor medida a esto. Entonces éramos solo unos pipiolos intentando abrirnos paso en este mundo, algunos seguimos en ello, pero sin lo de pipiolos.

También hice alguna historia corta para Azoth de Camaleón Ediciones. Fue algo muy especial para mí. Camaleón fue el banderín de enganche y la puerta de entrada al comic de una generación, la mía, que se había quedado huérfana con la gran debacle de la industria de la historieta española en los noventa. Allí llegaron todos los que señalé más arriba y también Germán García, Bachs, Busquet, Monteys, Alex Fito, David Ramírez, Adanti, Velarde, Fontdevila…  Muchísimos más, vamos, todos los que después han hecho historia en el cómic, tanto en España como fuera. Recuerdo aquella sensación de libertad y creatividad absoluta, aquella ilusión. Es bonito haber participado, aunque fuese de forma casi testimonial, con aquellas pocas páginas. Es como aquello de “¡Yo estuve allí!”

Sin embargo, lo que realmente supuso para mí la oportunidad de dedicarme al comic de forma profesional fue la ocasión de dibujar tiras de prensa para un periódico, La Opinión de Tenerife, un par de años más tarde. Gracias a la apuesta de su, por aquel entonces, director, Paco Pomares, un enamorado de la historieta, tuve la oportunidad de dibujar tres tiras de prensa durante casi diez años ininterrumpidamente; es decir, La venta de Floro, que era diaria, con mi amigo Patricio Ducha a los guiones; Don y doña, semanal, con guiones de Juan Luis Calero y Patri; y Becarios, también semanal y de la que me ocupaba también de los guiones.
Fui muy afortunado todo ese tiempo. Siempre le estaré agradecido a Paco.

Quienes hemos leído, y disfrutado, con Becarios –lectura imprescindible para cualquier estudiante universitario actual- tenemos claro lo crítica que es tu visión para con la universidad. Sin embargo, ¿sigues pensado de la misma manera o crees que se ha evolucionado, para mejor, en la formación artística académica?

Estoy bastante desconectado. Hace ya veinte años (¡Coño, veinte años, ya! Soy un yayo…) que terminé los estudios, pero por lo que oigo, todo va a peor a velocidad de crucero. En Bellas Artes hasta han quitado anatomía como asignatura obligatoria ¿¿¿¡¡¡¡¡¡!!!!!!!??? Un disparate. El cuerpo humano es el protagonista del 90% de la Historia del Arte.

Has tenido la oportunidad de dibujar no una, sino dos tiras de prensa diarias, una disciplina que pocos dibujantes españoles han podido cultivar, dada la escasa tradición que hay en nuestros rotativos españoles. ¿Piensas que el formato “tira de prensa” es bueno para que un artista logre aprender y evolucionar o, por el contrario, crees que es un formato demasiado restrictivo?

Bueno, aprendes mucho en cuanto a sacar partido de las herramientas de las que te puedes valer. La tira de prensa tiene unos parámetros muy bien definidos y delimitados. Tiene límites físicos muy rígidos, por lo tanto te obliga a sintetizar. En mis tiras, la ausencia de fondos me obligaba a cultivar la gestualidad, las expresiones y el movimiento de los personajes. 
Una vez tuve que ser guionista en Becarios, pues a no abusar de los textos, a ser claro… Es una gran escuela, sí, pero también es cierto que, como me decía en cierta ocasión Jordi Sempere, la tira, debido a esa rigidez, lógica por otra parte, te permite llegar hasta cierto punto. Necesitas, para seguir evolucionando, probar otros formatos.

Otra faceta que has cultivado es la caricatura. ¿Te gustaba desde siempre o fue algo que vino dictado por las necesidades profesionales de aquel momento?

Absolutamente forzado por la situación. Nunca había hecho caricaturas hasta que me cayó el encargo de hacer una de grupo… Eran veintisiete (han leido bien) las de las candidatas a reina infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife del año 2003, para el periódico de las fiestas. Tenía dos días.
Cuando terminé me dio un aire.
Desde entonces no he dejado de hacerlas por un motivo u otro, sigo aprendiendo y cada vez me gusta más. Pero es difícil, oiga.

Para que no falte de nada, tu carrera como ilustrador también es extensa. ¿Con qué formato te encuentras más a gusto y por qué?

Me gusta todo. Alternar todos esos formatos hace que no te aburras. A fin de cuentas el dibujo es un juguete, cambiarlo de vez en cuando es lo que tiene gracia.

Al final, un proyecto tan personal como lo es “Dentro de la noche” logró ver la luz. ¿Qué significó para ti verlo publicado?

Pues mucho. Quizás el más importante desde que me dedico a esto. De alguna forma, más allá de los resultados comerciales, el hecho de haberlo sacado adelante y verlo publicado y en la calle, le da sentido a todo. Era algo que esperaba desde la primera vez que agarré la carpeta y me fui a buscarme la vida entre salones y editoriales, hace muchos años. Es cumplir el sueño.

Desde entonces, no has parado de viajar y de firmar ejemplares, aunque, por cierto, el mío está sin firmar. ¿Cómo llevas las sesiones de firmas, entrevistas y todo lo que rodea al mercado comiquero?

¡Déme su comic, hombre de Dios, y no solo se lo firmaré, sino que le haré un machango bien bonito! Lo de firmas, entrevistas y todo eso que nos rodea a la gente famosa (ejem…) lo llevo bien ¡De qué me voy a quejar! Que alguien me pida una firma, un dibujo o, como es tu generoso caso, me haga unas preguntas sobre mi insulsa vida me hace sentirme muy agradecido.

¿Habrá segunda parte?

Pues no, vamos no me lo he propuesto, y eso es que hay más historias, pero creo que hay que dejarlo aquí y pasar a otra cosa.

¿Qué opinión tienes, después de tantos años en esta profesión, de la labor de los salones de cómic a la hora de promocionar y ayudar a los autores que asisten a estos encuentros?

En los salones te lo pasas bien, porque ves a los amigos, conoces gente, sales por ahí, frecuentas la mala vida inherente a los tebeos.
Y eso.

Si pudieras elegir ¿qué te gustaría hacer, además de terminar La Papelera?

Dormir un poco.

Si has llegado hasta el final de la entrevista y se te ha quedado alguna cosa por comentar –y no vale usar monosílabos, ni frases hechas- ahora es tu oportunidad.

Siempre he querido decir “El perro de San Roque no tiene rabo”…  Lo cual es una faena para el pobre chucho, me veo obligado a añadir.
Y que muchas gracias, Eduardo. Te debo un Mcmenú.


sábado, 9 de febrero de 2013

SONRISAS DE BOMBAY



Vivimos en un mundo esperpéntico y lleno de desigualdades. Un mundo lleno de gobiernos que se preocupan más de protegerse las vergüenzas y tolerar los excesos de quienes pagan sus campañas que de defender los intereses de los más desfavorecidos. Un mundo donde la máxima “sálvese quien pueda” nos ha llevado a ver cómo, durante décadas, se han dilapidados los recursos y, ahora, quienes no tenían nada que ver con esos excesos deben pagar con sus trabajos, sus viviendas y su futuro una crisis que se pudo haber evitado, por lo menos, en gran medida.

Vivimos en un mundo en el que cada navidad las familias derrochan más comida de la que consumen mientras las colas en los comedores sociales no paran de crecer. En un mundo en donde el deber de cada uno para con la sociedad en la que vive se deja para al vecino de enfrente o, mejor, se deja “para mañana” con el convencimiento de que puede que llegue alguien y lo haga por ti.

Y en medio de todo esto surgen personas de carne hueso, tales como Jaume Sanllorente, un periodista catalán que, en cualquier dictadura fascista, hubiera sido tachado de “loco revolucionario, peligroso y subversivo”.

Su historia es digna de ser narrada en un formato gráfico, dado que si uno lee Sonrisas de Bombay -novela gráfica publicada por Norma Editorial y magníficamente dibujada por Susanna Martín- lo primero que piensa es que todo aquello es un bonito cuento de hadas contemporáneo y que, tal y como están las cosas, ahora y hace una década, nadie en su sano juicio abandona una cómoda vida en nuestro país, en plena década del despilfarro neoliberal, y se marcha hasta la paupérrima India a montar una fundación y ayudar a mujeres y niños abandonados. La propia idea es, como podrán ver, disparata y subversiva, sobre todo en un país en el que el sistema de castas sigue imperando de la misma forma en la que funcionaba hace siglos. Además, el gobierno estatal hindú, corrompido en muchas de sus esferas, y el tejido criminal que maneja los hilos de quienes tratan de sobrevivir con lo mínimo, no verían con buenos ojos una iniciativa como la de Jaume.

No obstante, la historia, la verdadera historia no la escriben los prohombres, sino quienes detallan los párrafos debajo de las grandes gestas y los eslóganes patrióticos. Hombres como Jaume que, armado de su empeño, su determinación y su fe en lo que estaba haciendo logró que su idea original se convirtiera en lo que hoy se conoce como Sonrisas de Bombay, una fundación dedicada a la educación, la salud y la ayuda en el desarrollo socioeconómico de grupos marginados. Sonrisas de Bombay gestiona desde becas para estudiar, pasando por programas de autogestión para mujeres que viven en chabolas y el tratamiento de niños con cáncer, entre otras muchas cosas.

Gracias al trabajo de Jaume Sanllorente ya son legión los niños, niñas, mujeres y enfermos que han logrado salir el agujero en el que se encontraban y ahora disfrutan de una vida mejor y con un futuro delante de sus ojos. Atrás quedan los meses en los que Jaume tuvo que vivir acompañado de un guardaespaldas ante las amenazas de las mafias y algún que otro sector de la sociedad hindú, descontentos con la labor que este visionario pretendía implantar en algunas de las zonas más desfavorecidas de la India.

La novela gráfica que ahora publica Norma Editorial es una sensacional oportunidad de conocer la apasionante historia detrás del proyecto Sonrisas de Bombay, disfrutar del trabajo de la dibujante Susanna Martín y, de paso, colaborar, aunque sea con una pequeña aportación, a la labor de la fundación, dado que Norma Editorial dedicara el 0.7 % del precio del cómic a Sonrisas de Bombay.

Si quieren más información, consulten este link: www.SonrisasdeBombay.org

SONRISAS DE BOMBAY
Susanna Martín y Jaume Sanllorente
Colección: NÓMADAS
Formato: Cartoné
Páginas: 128
Color: Bitono
ISBN: 978-84-679-1013-1
PVP: 16,00€
Norma Editorial 

  

viernes, 1 de febrero de 2013

LA MUERTE DE JEAN DEWOLFF


Jean DeWolff, la capitana de policía DeWolff, era uno de esos personajes que, sin aparecer mucho en las páginas de las colecciones gráficas de Marvel Comics, había logrado captar atención de los lectores. Esto, en parte, se podía deber a que en el mundo gráfico eran muchas las féminas que poseían un espíritu lacónico y apocado, además de ser fácilmente mangoneadas por los demás. DeWolff era todo lo contrario y, además, había logrado sobresalir en una profesión mayoritariamente masculina, cargada de testosterona. 

Su primera aparición en Marvel Team-up# 48 (MTU) sentada sobre la lápida de un cementerio -ante los atónitos ojos del trepamuros y Iron Man- dejaba, bien a las claras, la actitud vital de la aguerrida capitana del distrito 37 de la ciudad de Nueva York. Por aquel entonces, Jean DeWolff poseía dos pasados distintos, merced a los errores de coordinación de la Casa de las Ideas. En un principio, el personaje era la hija del comisario general de la policía de Nueva York, Phillip DeWolff. Ambos mantuvieron siempre una tensa relación, dado que el padre acusaba, de manera velada, a su hija de la muerte de su esposa, muerta ésta al nacer la niña. Además, Phillip DeWolff nunca disimuló su predilección por su hijo Brian, primogénito y blanco de todas las atenciones paternas, en detrimento de su hija pequeña.

Al final, sería Jean quien seguiría los pasos de su padre, tras la aparente muerte de su hermano Brian, a pesar de las críticas y el ambiente hostil por el que siempre se movió la vida de Jean DeWolff. Lo cierto es que, tras su primer y movido encuentro con Spider-man (MTU# 48-51) Jean DeWoff se convirtió en una suerte de enlace “no oficial” del departamento de policía para con el denostado Spider-man, siempre en el objetivo de los editoriales vomitados por J.J. Jameson. 

El segundo origen, a ojos de Marvel Comics  el oficial y definitivo, lo aportó el genial guionista Peter David, durante su estancia en la serie Peter Parker: The Spectacular Spider-man (SSP). David transformó el primer pasado de la capitana en otro, no mucho mejor e igualmente condicionado por su relación paterna. Tal y como se puede leer en el número 107 de dicha colección, Jean era la hija de un matrimonio separado, cuyo padre, el agente DeWolff respondía al estereotipo de “policía machista y amante de tirar de revolver sin que le temblara por ello el pulso”.

Tras la separación, Jean se quedó con el apellido paterno y con su madre, quien no dudaría en perder de vista el DeWolff al casarse de nuevo. Una vez aceptado el cambio familiar, Jean encontró en su padrastro, el también agente de policía Carl Weatherby, el padre que nunca había tenido y su admiración por él inclinaría la balanza vocacional de la niña hacia la carrera policial, en contra la opinión de su madre.

Del agente Carl Weatherby Jean DeWolff aprendió no sólo a ser una buena policía, sino a no sonreír nunca, seña de identidad aportada por el guionista Bill Mantlo décadas atrás y que Peter David no quiso olvidar, mientras rescribía el currículum vitae de la capitana de policía para el arco argumental titulado The Death of Jean DeWolff (SSP#107-110, octubre 1985-enero 1986)

Aunque, originalmente, la historia no se llamaba así, David no tardó ni tres páginas en mostrar que aquella historia tenía que ver con la muerte de la capitana de policía y la de un sangriento psicópata llamado Sin-Eater (El Comepecados) rompiendo, con ello, buena parte de las normas no escritas sobre cómo se debe narrar la muerte de un personaje en un relato escrito.

Por lo general, los personajes suelen morir en medio de una batalla, un conflicto, o una catástrofe y siempre en las páginas finales de la obra, recurso que busca el autor para acentuar el dramatismo que de por sí ya trae aparejado una muerte. Y esta regla se aplica tanto a los héroes como los villanos, en especial cuando la épica anda de por medio.   
  
Peter David no sólo vulneró esa suerte de dogma estilístico, sino que, además, planteó la muerte de Jean DeWolff y la de las otras tres víctimas que aparecen en la historia de una forma clara, directa y sin vuelta atrás. Vista con los ojos de quien lleva mucho tiempo en esta profesión, La Muerte de Jean DeWolff podría ser la antesala de series como Criminal Minds, tanto por la virulencia de la muertes- plasmadas con toda la crudeza posible- como por el dilema moral que se plantea. 

A la vista de los ciudadanos de a pie y del propio Peter Parker, la persona que se esconde tras el nombre de El Comepecados, el también agente de policía Stan Carter, es un malnacido que sólo se merece un castigo, por brutal que éste pueda parecer a los ojos del otro héroe que también protagoniza el relato, el abogado y vigilante ciego Matt Murdock. Para el segundo, los delitos cometidos por Stan Carter, el psicópata de la escopeta recortada que ha sembrado la muerte en su ciudad, merecen ser tratado como los de cualquier otro delincuente, por difícil que todo este razonamiento sea de aceptar.  

La virtud de Peter David es no caer en maniqueas posturas y abusar de la dualidad blanco/ negro, recurso demasiado manido y más en una sociedad tan polarizada, antes y ahora, como la norteamericana. Carter es un psicópata de manual, incapaz de sentir remordimiento alguno y convencido de su labor de cruzado contra quienes, según él, comete pecados imperdonables. Otra cosa muy distinta es dejar que Spider-man o los ciudadanos de a pie se tomen la justicia por su mano, algo que, al final sí ocurre con unos de los personajes secundarios que aparecen en la historia, Ernie Popchik, que tirotea a un grupo de jóvenes que tratan de robarle en el metro.

Popchik es también un recurso para que Peter David denuncie la ola de vengadores callejeros que, durante parte de los años setenta y ochenta, sacudió las calles de algunas ciudades norteamericanas y que tuvo su posterior reflejo en la saga cinematográfica Death Wish, protagonizada por el actor Charles Bronson, el cual aparecerá en la segunda página del SSP# 108, cortesía del dibujante Rich Buckler, autor del apartado gráfico de toda la narración.

Nadie duda de las razones del anciano para hacer lo que hace, sobre todo ante la situación de indefensión que se muestra a lo largo de la historia, pero, como dirá Matt Murdock, la solución no pasa por uno convertirse en juez, jurado y verdugo, aunque defender su posición casi le suponga terminar siendo apaleado por la multitud.

La realidad es que, casi tres décadas después de su publicación original, la muerte de Jean DeWolff sigue siendo una de las mejores historias de Spider-man, llena de momentos dignos de recordar, tanto por los aciertos literarios de Peter David como por el buen hacer de Rich Buckler. Además, las cuestiones éticas y morales que plantea la historia, así como la problemática generada por la desmedida implantación de las armas de fuego dentro de la sociedad norteamericana no han perdido ninguna relevancia sino, más bien, todo lo contario, en especial tras sucesos como los acaecidos en la escuela primaria de Newtown, en el estado de Connecticut.

Y si bien el fallecimiento de Jean DeWolff no posee el aura mística que rodea a la muerte de Gwen Stacy, no hay duda de que su impronta aún permanece en la memoria de quienes todavía, en pleno siglo XXI, disfrutamos de la lectura de un buen cómic, sin mayores complicaciones.

Termino esta columna con la noticia que saltó en los medios especializados en el mundo del fandom, la cual estaba relacionada con un infarto y/o derrame cerebral que sufrió el guionista Peter David, a finales del pasado año 2012.  Según cuenta el propio autor, ya está mejor, pero, para quien quiera conocer su situación, le recomiendo que consulte la web http://www.peterdavid.net/ y, de paso, acuda a su tienda más cercana y adquiera cualquiera de sus siempre amenas y recomendables obras, como señal de apoyo al guionista- escritor.




Peter Parker The Spectacular Spider-man #107, page 3 : Death Of Jean DeWolff, Part 1 : Original Sin (10/1985)
Peter David / Rich Buckler / Brett Breeding
© Marvel comics 2013