viernes, 1 de febrero de 2013

LA MUERTE DE JEAN DEWOLFF


Jean DeWolff, la capitana de policía DeWolff, era uno de esos personajes que, sin aparecer mucho en las páginas de las colecciones gráficas de Marvel Comics, había logrado captar atención de los lectores. Esto, en parte, se podía deber a que en el mundo gráfico eran muchas las féminas que poseían un espíritu lacónico y apocado, además de ser fácilmente mangoneadas por los demás. DeWolff era todo lo contrario y, además, había logrado sobresalir en una profesión mayoritariamente masculina, cargada de testosterona. 

Su primera aparición en Marvel Team-up# 48 (MTU) sentada sobre la lápida de un cementerio -ante los atónitos ojos del trepamuros y Iron Man- dejaba, bien a las claras, la actitud vital de la aguerrida capitana del distrito 37 de la ciudad de Nueva York. Por aquel entonces, Jean DeWolff poseía dos pasados distintos, merced a los errores de coordinación de la Casa de las Ideas. En un principio, el personaje era la hija del comisario general de la policía de Nueva York, Phillip DeWolff. Ambos mantuvieron siempre una tensa relación, dado que el padre acusaba, de manera velada, a su hija de la muerte de su esposa, muerta ésta al nacer la niña. Además, Phillip DeWolff nunca disimuló su predilección por su hijo Brian, primogénito y blanco de todas las atenciones paternas, en detrimento de su hija pequeña.

Al final, sería Jean quien seguiría los pasos de su padre, tras la aparente muerte de su hermano Brian, a pesar de las críticas y el ambiente hostil por el que siempre se movió la vida de Jean DeWolff. Lo cierto es que, tras su primer y movido encuentro con Spider-man (MTU# 48-51) Jean DeWoff se convirtió en una suerte de enlace “no oficial” del departamento de policía para con el denostado Spider-man, siempre en el objetivo de los editoriales vomitados por J.J. Jameson. 

El segundo origen, a ojos de Marvel Comics  el oficial y definitivo, lo aportó el genial guionista Peter David, durante su estancia en la serie Peter Parker: The Spectacular Spider-man (SSP). David transformó el primer pasado de la capitana en otro, no mucho mejor e igualmente condicionado por su relación paterna. Tal y como se puede leer en el número 107 de dicha colección, Jean era la hija de un matrimonio separado, cuyo padre, el agente DeWolff respondía al estereotipo de “policía machista y amante de tirar de revolver sin que le temblara por ello el pulso”.

Tras la separación, Jean se quedó con el apellido paterno y con su madre, quien no dudaría en perder de vista el DeWolff al casarse de nuevo. Una vez aceptado el cambio familiar, Jean encontró en su padrastro, el también agente de policía Carl Weatherby, el padre que nunca había tenido y su admiración por él inclinaría la balanza vocacional de la niña hacia la carrera policial, en contra la opinión de su madre.

Del agente Carl Weatherby Jean DeWolff aprendió no sólo a ser una buena policía, sino a no sonreír nunca, seña de identidad aportada por el guionista Bill Mantlo décadas atrás y que Peter David no quiso olvidar, mientras rescribía el currículum vitae de la capitana de policía para el arco argumental titulado The Death of Jean DeWolff (SSP#107-110, octubre 1985-enero 1986)

Aunque, originalmente, la historia no se llamaba así, David no tardó ni tres páginas en mostrar que aquella historia tenía que ver con la muerte de la capitana de policía y la de un sangriento psicópata llamado Sin-Eater (El Comepecados) rompiendo, con ello, buena parte de las normas no escritas sobre cómo se debe narrar la muerte de un personaje en un relato escrito.

Por lo general, los personajes suelen morir en medio de una batalla, un conflicto, o una catástrofe y siempre en las páginas finales de la obra, recurso que busca el autor para acentuar el dramatismo que de por sí ya trae aparejado una muerte. Y esta regla se aplica tanto a los héroes como los villanos, en especial cuando la épica anda de por medio.   
  
Peter David no sólo vulneró esa suerte de dogma estilístico, sino que, además, planteó la muerte de Jean DeWolff y la de las otras tres víctimas que aparecen en la historia de una forma clara, directa y sin vuelta atrás. Vista con los ojos de quien lleva mucho tiempo en esta profesión, La Muerte de Jean DeWolff podría ser la antesala de series como Criminal Minds, tanto por la virulencia de la muertes- plasmadas con toda la crudeza posible- como por el dilema moral que se plantea. 

A la vista de los ciudadanos de a pie y del propio Peter Parker, la persona que se esconde tras el nombre de El Comepecados, el también agente de policía Stan Carter, es un malnacido que sólo se merece un castigo, por brutal que éste pueda parecer a los ojos del otro héroe que también protagoniza el relato, el abogado y vigilante ciego Matt Murdock. Para el segundo, los delitos cometidos por Stan Carter, el psicópata de la escopeta recortada que ha sembrado la muerte en su ciudad, merecen ser tratado como los de cualquier otro delincuente, por difícil que todo este razonamiento sea de aceptar.  

La virtud de Peter David es no caer en maniqueas posturas y abusar de la dualidad blanco/ negro, recurso demasiado manido y más en una sociedad tan polarizada, antes y ahora, como la norteamericana. Carter es un psicópata de manual, incapaz de sentir remordimiento alguno y convencido de su labor de cruzado contra quienes, según él, comete pecados imperdonables. Otra cosa muy distinta es dejar que Spider-man o los ciudadanos de a pie se tomen la justicia por su mano, algo que, al final sí ocurre con unos de los personajes secundarios que aparecen en la historia, Ernie Popchik, que tirotea a un grupo de jóvenes que tratan de robarle en el metro.

Popchik es también un recurso para que Peter David denuncie la ola de vengadores callejeros que, durante parte de los años setenta y ochenta, sacudió las calles de algunas ciudades norteamericanas y que tuvo su posterior reflejo en la saga cinematográfica Death Wish, protagonizada por el actor Charles Bronson, el cual aparecerá en la segunda página del SSP# 108, cortesía del dibujante Rich Buckler, autor del apartado gráfico de toda la narración.

Nadie duda de las razones del anciano para hacer lo que hace, sobre todo ante la situación de indefensión que se muestra a lo largo de la historia, pero, como dirá Matt Murdock, la solución no pasa por uno convertirse en juez, jurado y verdugo, aunque defender su posición casi le suponga terminar siendo apaleado por la multitud.

La realidad es que, casi tres décadas después de su publicación original, la muerte de Jean DeWolff sigue siendo una de las mejores historias de Spider-man, llena de momentos dignos de recordar, tanto por los aciertos literarios de Peter David como por el buen hacer de Rich Buckler. Además, las cuestiones éticas y morales que plantea la historia, así como la problemática generada por la desmedida implantación de las armas de fuego dentro de la sociedad norteamericana no han perdido ninguna relevancia sino, más bien, todo lo contario, en especial tras sucesos como los acaecidos en la escuela primaria de Newtown, en el estado de Connecticut.

Y si bien el fallecimiento de Jean DeWolff no posee el aura mística que rodea a la muerte de Gwen Stacy, no hay duda de que su impronta aún permanece en la memoria de quienes todavía, en pleno siglo XXI, disfrutamos de la lectura de un buen cómic, sin mayores complicaciones.

Termino esta columna con la noticia que saltó en los medios especializados en el mundo del fandom, la cual estaba relacionada con un infarto y/o derrame cerebral que sufrió el guionista Peter David, a finales del pasado año 2012.  Según cuenta el propio autor, ya está mejor, pero, para quien quiera conocer su situación, le recomiendo que consulte la web http://www.peterdavid.net/ y, de paso, acuda a su tienda más cercana y adquiera cualquiera de sus siempre amenas y recomendables obras, como señal de apoyo al guionista- escritor.




Peter Parker The Spectacular Spider-man #107, page 3 : Death Of Jean DeWolff, Part 1 : Original Sin (10/1985)
Peter David / Rich Buckler / Brett Breeding
© Marvel comics 2013


1 comentario:

  1. El gran Peter David es todo lo que un guionista de comics debe ser. El hombre capaz de coger serie en el olvido y convertirlas en flamantes exitos

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