miércoles, 24 de abril de 2013

DEATH WISH



En las páginas que cierran el número 110 de la colección Peter Parker, The Spectacular Spider-man, publicada en enero del año 1986 una azorada Tía May llama a su sobrino Peter Parker para contarle que su amigo Ernie Popchik ha sido detenido tras tirotear a tres jóvenes desarmados que habían tratado de asaltarle en el metro. Dicho número forma parte del arco argumental The Death of Jean DeWolff, la recia capitana de policía, amiga del trepamuros, la cual muere a manos de un sanguinario asesino autoproclamado el “Comepecados”.

Cronológicamente hablando, esta historia se publicó cuando aún coleaba un suceso –el tiroteo que abatió a cuatro jóvenes afroamericanos en el metro de Nueva York, protagonizado en 1984 por Bernard Goetz- y su posterior sentencia, la cual le absolvió de todos sus cargos salvo el de tenencia ilícita de un arma de fuego.

Goetz, apodado por la prensa más sensacionalista como “The subway vigilante” fue una clara inspiración para el guionista Peter Davis, responsable de escribir dicha historia, el cual también tuvo tiempo para traerse hasta las páginas de la colección a Paul Kersey, el vigilante urbano interpretado por el actor Charles Bronson en la saga Death Wish, entre 1974 y 1994, saga de la que hablaremos más adelante.

Sin embargo, el vigilante gráfico por excelencia tiene un nombre, Frank Castle, forjado con la pólvora y la sangre de sus víctimas. Castle, boina verde, experto en la guerra de guerrillas y francotirador letal –claramente inspirado en el personaje de Mack Bolan, “The Executioner”, creación del escritor Don Pendleton en 1969- declarará la guerra al crimen organizado tras el asesinato de su mujer y sus dos hijos en pleno Central Park neoyorkino.

Tras el suceso, Castle se enfundará su icónica camiseta con una calavera impresa y se dedicará a impartir justicia de la única forma que sabe; es decir, eliminando a cualquier criminal que se le cruce en el camino. Todo esto sucedió a partir del Amazing Spider-man# 129 (Febrero 1974) según un guión de Gerry Conway –quien sí sabía cómo tratar al personaje- y dibujo de Ross Andru. Frank Castle fue ganando adeptos y acabó por convertirse en un personaje recurrente dentro del universo Marvel.

Volviendo a la cronología antes mencionada, Frank Castle nació cuatro meses antes que Charles Bronson interpretara, por primera vez, el personaje de Paul Kersey en la primera entrega de la serie Death Wish. La película, dirigida por el recientemente desaparecido director británico Michael Winner, adaptaba, a su vez, la novela homónima del escritor Brian Garfield, publicada en el año 1972.

Lejos de lo que se pueda pensar, sobre todo por los tópicos y estereotipos que han rodeado este tipo de argumentaciones, la intención de Garfield no era la de alentar el modelo de vigilante urbano, sino denunciar hechos tan incontables como la enorme tasa de criminalidad que imperó en buena parte de los Estados Unidos de América entre 1969 y 1981. Asimismo, la novela de Garfield también incidía en el desencanto generacional motivado por la desastrosa escalada bélica en Vietnam, alimentada por la demente administración del Presidente Richard Nixon, el cual acabo siendo víctima del escándalo Watergate.

Otro de los problemas -el cual sobre todo reflejan las tres primeras películas de las saga Death Wish,  dirigidas todas por Michael Winner- y del que se quejó, en repetidas ocasiones, Bernard Goetz a lo largo de su juicio era la facilidad que tenían los delincuentes en salir libres tras ser detenidos. Goetz declaró que el único de los tres asaltantes que fue detenido tras el primer asalto que sufrió en 1981 pasó la mitad de tiempo que el propio Goetz en comisaría y sólo se le acusó de una falta menor, suceso que le convenció para solicitar un permiso de armas, cosa que se le denegó.  

Un último elemento, magníficamente plasmado en la novela y luego en la adaptación cinematográfica, es el descenso a los infiernos de un buen hombre, Paul Benjamin –luego Paul Kersey- quien, de la noche a la mañana ve cómo su mujer es asesinada y su hija termina en un estado casi vegetativo, a causa de las secuelas tras ser asaltada de manera brutal. El personaje, objetor de conciencia durante la guerra de Corea, verá que todas sus creencias liberales y su fe en la justicia se resquebrajan y, llegado el momento, decide tomarse la justicia por su mano, algo que ni siquiera se le hubiera ocurrido antes en la peor de sus pesadillas.

Tal y como es lógico pensar, el subidón de adrenalina que invade a Paul Benjamin -una vez aceptado el hecho de que ahora ya no es la víctima sino el juez, el jurado y el verdugo- desencadenará una espiral de violencia que irá demoliendo sus principios y su buen juicio, emparentándolo con los criminales que va eliminando.

En eso, la película de Winner va un paso más allá, mostrando a un Paul Kersey, con el rostro y el talento de Charles Bronson, mucho menos demente y bastante más consciente de la labor que está haciendo, por muy punible y moralmente reprochable que ésta pudiera llegar a ser considerada.

La influencia de esta primera película de la saga volvió a verse reflejada en el tercer número de la miniserie protagonizada por el grupo Challengers of the Unknown, escrita por Jeph Loeb y dibujada por Tim Sale en 1991. En las páginas 21 y 22 de dicha serie limitada, el personaje de Red Ryan tirotea a dos jóvenes que pretenden asaltarle en el metro de Gotham City, a imagen y semejanza de la secuencia en la que Paul Kersey hace lo propio en el metro de la ciudad de Nueva York y, de igual modo que Bernard Goetz hizo en la vida real.

No negaré que, con el tiempo, las andanzas cinematográficas de Paul Kersey fueron perdiendo fuelle e impronta, sobre todo a partir de la cuarta entrega, Death Wish 4. The Crackdown, ya con el binomio Bronson/ Winner fuera de la ecuación. No obstante, sí que es cierto que, cuando se estrenó la tercera -y más violenta de todas las películas que se rodaron-, en 1985, no había pasado ni siquiera un año desde el incidente en el que se vio envuelto Bernard Goetz, razón por la cual el estreno estuvo rodeado de cierta controversia.

Por añadidura, el tono narrativo y más coherente que habían mantenido las dos primeras entregas se dejó a un lado, en pos de la espectacularidad y de una violencia, en algunos momentos, gratuita, que terminó por ser el detonante que separó definitivamente la carrera del actor Charles Bronson de la del director Michael Winner, después de varias décadas de colaboración mutua. Además, hay momentos en los que cuesta entender cómo una persona como Kersey se apunta a situaciones más propias de un boina verde -como Frank Castle- que a las que debería desarrollar un arquitecto como él, aunque, la verdad sea dicha, Kersey es una persona que ya no tiene nada que perder y sólo le queda el deseo de venganza, algo que explica buena parte de sus actos.

Puede que hoy en día -que estamos demasiado acostumbrados a niños que se “enfadan con el mundo” y deciden tirotear a sus compañeros de colegio con un fusil de asalto- las imágenes de Death Wish 3 nos causen risa y regocijo, tal y como sucedió durante su proyección en el festival Night Visions Back to Basics 2012. Sin embargo, hay que reconocer que las batallas campales, las violaciones y asesinatos, y el efecto de una Wildey 475 Magnum en el cuerpo de los delincuentes que aparecen reflejadas en la película son sólo para paladares acostumbrados a las emociones fuertes.

Queda  claro que estas películas, al igual que el resto de los personajes y situaciones de los que hemos hablado, son propios de un momento histórico y social muy definido, de ahí que sea bueno analizarlas bajo esa premisa y no según los estándares de nuestra sociedad actual.

No obstante, volver a ver Death Wish 3 se me antoja un muy buen homenaje tanto a la trayectoria del director Michael Winner como al actor principal, Charles Bronson, de quien se han dicho muchas cosas, en su mayoría erróneas, y que se merece una consideración mucho mayor. 

Death Wish © Paramount Pictures 2013

1 comentario:

  1. Magnifica película a la que me une un recuerdo inolvidable de tardes de cine con mi familia. Lástima que en los últimos 3 meses el canal 13 la haya puesto la friolera de 8 veces, lo que solo ayuda a desvalorizar tanto el film como su mensaje hasta reducirlo a "¡¿OTRA VEZ LA DEL JUSTICIERO!?". Otra victima de la mala programación televisiva en este nuestro pais, junto al Quo Vadis y Ben Hur cada Semana Santa y Mary Poppyns y Dumbo cada Navidad. Pero mas allá de eso es una cinta que merece una oportunidad seria y a poder ser no por televisión.

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